Zarrita hace vibrar al Teatro Apolo con su mezcla de flamenco puro y sones de bolero

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A sus 38 años de edad, Ezequiel Pasamontes, Zarrita para el mundo del cante, no es ni mucho menos un recién llegado a los escenarios. Pero es cierto que el gran papel realizado en el concurso televisivo La Voz, donde formó parte del equipo de Manuel Carrasco, ha relanzado su carrera y le ha permitido llegar a más sitios para poder demostrar las facultades que atesora, que no son pocas. Anoche, el Teatro Apolo de la capital, se llenó para disfrutar de su espectáculo ‘Cante y Bolero’, en un concierto perteneciente al ‘Invierno Cultural’ programado por el Área de Cultura, Educación y Tradiciones del Ayuntamiento de Almería.

Acompañado por una banda de músicos muy bien conjuntada, integrada por Mateo García Pérez en el piano, Antonio Santiago en la percusión, Coqui al contrabajo y David Delgado, ‘El Niño de la Fragua’, en la guitarra, Zarrita demostró un gran manejo en todo tipo de palos, desde la casi ya extinguida trilla, un cante campero, pasando por los fandangos con aires de tango y las tarantas, de letras genuinamente almerienses, con las que continuó su repertorio. Tras esta entrada purista y con una sentida versión de la famosa copla ‘Ojos Verdes’, dedicada a sus padres, Zarrita comenzaría a jugar con chaquetas y sombreros para dar entrada a una sucesión de canciones guiadas por el denominador común del bolero, el son y su calidez. Así, cantes por guajiras, y los boleros ‘Obsesión’ y ‘Me Basta’ cerraron la primera parte de la actuación.

Tras el descanso, la teatral ‘Quisiera Amarte Menos’ y la convertida en leyenda flamenca desde que la tocaran Diego ‘El Cigala’ y Bebo Valdés, ‘Veinte Años’, arrancaron sonoras ovaciones de un público cada vez más bullicioso en vítores y honores. Unas muy sentidas alegrías, con un final muy jaranero, dieron paso al ‘Mediterráneo’ de Serrat y a la rumba cubana ‘Muéveme Despacito’.

El final de la actuación llegaría con ‘La Leyenda del Tiempo’ de Camarón de la Isla, “se la dedico porque él es el culpable, como a muchos de mi generación, que nos empezara a gustar el flamenco’, y una triple tanda de bulerías de Jerez, que culminaría a la vieja usanza, con el baile de despedida con más guasa que academicismo.

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