Otoño caliente

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Tras un tiempo sin la habitual cita diaria con el amable lector que distrae su tiempo en este espacio periodístico, que con la perspectiva pienso que ha sido una buena decisión porque con la situación política tan inestable, y no precisamente por la paralización gubernamental desde mi punto de vista, estoy seguro que le hubiese brindado a mi amplísimo abanico de detractores –los políticos y quienes de ellos viven- la alegría de ver cómo me hubiesen secuestrado, por supuesto judicialmente, por segunda vez el periódico en el que emito mis opiniones, por cierto eminentemente políticas y jamás inmiscuyéndome en la vida privada de nadie pese a que entiendo como provocación el que me atribuyan otra vida que solo me genera una elevadísima satisfacción personal que hasta físicamente se refleja.

Pues bien, hecho este obligado inciso que da comienzo a una nueva etapa que no diferirá en absoluto de mi trayectoria profesional sino que se agudizará por ser el final de la laboral, me permito iniciar esta reflexión política llevando a cabo la observación de su similitud con la que viví durante la Transición Política, durante la que emergieron una considerable cantidad de Partidos Políticos tal que con evidente sorna decíamos que cada personalidad con aspiraciones fundaba uno.

Una exageración que proyectaba Andalucía pero que tan solo ahora dos organizaciones políticas, PODEMOS y CIUDADANOS, han conseguido provocar la inestabilidad que entonces llevaron a cabo un número considerable a los que se les acusaba de “hacer España ingobernable”. Nada más lejos de la realidad, porque el voto relajado y consciente de su trascendencia consiguió homologar al sistema político que nos estábamos dando con los imperantes en la Europa democrática.

Y en este momento la situación es la misma, fruto del desgaste de la clase política dirigente, de la que ya no se puede excluir a casi nadie sino que cabe la generalización, salvo honrosas excepciones que yo me atrevo a contabilizar con los dedos de una mano por circunscripción electoral. Y como consecuencia de este desgaste de la clase política es la situación actual, de la que nuestros dirigentes políticos no tienen razón alguna para quejarse y a fuerza de lamentos están consiguiendo que una gran parte de la masa le estén riendo la gracia hasta que consigan lo que inevitablemente parece estar cada hora más cerca.

El abuso ha generado exclusión y se ha magnificado durante la reciente crisis económica, por lo que bendita haya sido la crisis ya que gracias a ella ha aflorado y se ha incrustado en las conciencias de las españolitas y de los españolitos de a pie, cuando por todos era conocido el latrocinio existente en nuestra clase política. Tal elevado grado de latrocinio existe que hasta ahora las personas pudientes eran las inversoras y las que arriesgaban su dinero, correspondiendo en estos momentos los grandes capitales en los pueblos y ciudades de nuestra todavía España a personajes políticos con cargo público.

Yo siempre me he ido a la base para conocer la pirámide y jamás he comenzado por el vértice de ésta, por lo que sirva este principio para ver como los Alcaldes de nuestros pueblos y ciudades son los que poseen los sueldos más elevados del municipio del que dicen estar sirviendo cuando en realidad se sirven de sus ingenuos, bien pesantes y honorables convecinos, de tal modo que resulta difícil encontrar a estos supuestos servidores públicos con el mismo nivel de vida del que gozaban con anterioridad a ocupar el cargo. Pero la inestabilidad no solo se está manifestando en la sociedad sino que las organizaciones políticas están en plena ebullición, incluso las emergentes que son hacia las que han acogido a muchos de los desahuciados por los Partidos Políticos clásicos que vine a denunciar habían derivado hacia una casta y que más tarde terminológicamente popularizara El Iluminado.

Por consiguiente, antes como ahora afloraron Partidos Políticos y a nadie se le ocurrió negar una convocatoria electoral, que ahora están tildado los demócratas de pacotilla con epítetos difícilmente irreproducibles por los demócratas. Pero estos demócratas de pacotilla, muchos de los cuales no han cotizado a la Seguridad Social por cuente propia como trabajador no electo en su vida, y que se encuentran en una edad a la que solo cabe en su horizonte la hecatombe, estimo que sean capaces de todo, y digo bien al decir todo, por instinto de supervivencia con el añadido de estar viviendo como jamás habían soñado. Además estos demócratas de pacotilla que piden la formación de Gobierno “por el bien de España”, que no es nada más que su situación personal, están hiriendo a todos los luchadores por la libertad durante el Régimen de Franco en el que algunos pagamos en el mejor de los casos con la destrucción de nuestra vida profesional y otros no tuvieron esa “suerte” y pagaron con su vida la contribución a la implantación de un sistema político de libertades públicas en nuestro país.

Esta demanda por la gobernabilidad de España en el PSOE parece estar siendo correspondida como se merecen, y es con la previsible espantada de militantes socialistas y el alejamiento electoral de muchos españolitas y españolitas de a pie, con lo que aventurando quedarán en la organización política los que únicamente de ella viven por lo que se encamina hacia una refundación similar a la vivida durante la Transición Política con la PSOE-R y el PSOE-H que acabó en una gestora que ofreció casi cuarenta años de estabilidad al PSOE.

Al otro lado de la línea imaginaria de la ideología nos encontramos con el principal causante de la situación en que nos encontramos, con el peor Presidente del Gobierno de la Historia Contemporánea al frente, Mariano Rajoy Brey, Presidente, que no líder, del único, porque no hay otro, Partido Político corrupto, que en mi opinión está utilizando los recursos del Estado para seguir pegado en el sillón de la Presidencia del Gobierno. En ambos casos se encuentran con dos copias, PODEMOS y CIUDADANOS, que como utilicen su afinidad ideológica para aliarse en el Gobierno se encontrarán con que la ciudadanía siempre preferirá el original a la copia y consecuentemente su supervivencia dependerá de esta circunstancia.

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