Neerlandeses, deriva racista infame

“Lógicamente no es posible someter a la servidumbre a los hombres sin inferiorizarlos parte por parte. Y el racismo no es más que la explicación emocional, afectiva, algunas veces intelectual, de esta inferiorización”. Frantz Fanon.
[Artículo traducido al holandés enviado a los medios de comunicación de los Países Bajos en plena campaña electoral. También a medios latinoamericanos].
¡Las apariencias confunden tantas veces! Así, al contemplar la estampa relamida del ultraderechista islamófobo, de xenofobia delirante, el demagogo de los Países Bajos Geert Wilders, nos puede parecer un supuesto arquetipo de ‘la raza’ soñada por el führer fracasado de Alemania en 1945. Aunque ya Nietzsche afirmase que “la raza pura es la tontería pura”, tal vez haya incluso a quien le parezca que con un corte de pelo a cepillo, al cero por encima de las orejas y con teñidos reflejos dorados, podría hacer de extra en una película sobre la II Guerra Mundial, interpretando v.g. a un oficial nazi degenerado.
Nada más lejos de la realidad. El execrable antisemita, especializado en magrebíes, oculta un amor secreto en la Península Arábiga, aunque vaya de ‘ateo’ (como cierto catolicismo hispano ‘ateo por la gracia de dios’). Esa admiración profesada sin pudor la reserva para el Estado de Israel. Devoción pretendidamente turística que le llevaría a visitar el Estado sionista varias veces, según él ‘de mochilero’, en compañía de su hermano Paul, el cual ahora le desprecia en público por sus incitaciones al odio. El ‘nacionalismo’ de pacotilla de este impúdico hortera, hipócrita y traidor, vamos a ponerlo en conocimiento público en los Estados de habla hispana.
Ya tratamos a este ensoberbecido patán del país de los tulipanes en un anterior artículo (ver ‘Almeria zulú’), donde resaltamos que en su dedicación obsesiva propagandística antiárabe, comenzó sus andanzas con el pseudónimo artístico de Scarlet Pimpernel (Pimpinela Escarlata). Se olvida entre sus insolencias por cuenta de inmigrantes desfavorecidos, y discriminados socialmente en su reino federado, que el chovinismo con derivaciones etnocéntricas, a imitación de Le Pen, Trump y Putin, tiene un alto riesgo.
Por ejemplo cuando se detentan colonias como las que posee Holanda en el llamado Caribe neerlandés. ¡Vaya, hay quien desconocía este hecho! Sí, los mismos que llevan siglos atacando al colonialismo español en América, sólo el de los demás con cinismo de morro de puerco, fueron y plantaron sus reales hasta hoy en la costa venezolana (Bonaire, San Eustaquio y Saba) y en el Caribe insular: Curazao, Aruba y Sint Maarten.
Animamos al ALBA y a todas las naciones latinoamericanas a que ayuden a reivindicar su personalidad propia entre los habitantes nativos de esos enclaves, en las llamadas Antillas de las Indias holandesas; a que exijan autodeterminarse ante Naciones Unidas para la plena desconexión, reconocida para las colonias en la ONU. Una cosa es adscribirse voluntariamente a un régimen democrático real, y otra hacer de Kunta Kinte al que desprecia el señorito chovinista medio en la metrópoli. No sirve el excusarse con que el partido del prepotente Wilders es ‘minoritario’, aun en ascenso. El todavía presidente del Consejo de ministros Mark Rutte pertenece al partido matriz del que se escindió el del anterior, y asume parte de la agenda ‘blanca’ racista de Pimpinela para contener la sangría de votantes de extrema derecha.
Y lo más chocante viene ahora. ¡Cómo se puede hacer el ridículo así, votando a grotescos histriones como Geert Wilders, o imitando a este descerebrado cabezacuadrada como hace la derecha neerlandesa! No vayan a creer que se trata de una manía personal. Porque sería su paisano Lizzy van Leeuwen, historiador especialista en los holandeses emigrados a las antiguas colonias, el que descubriría los orígenes maternos del ‘matamoros’ Geert Wilders. Lo publicó en detalle en el periódico Der Groene Amsterdammer. Afirma Van Leeuwen con datos que la abuela materna del bocazas Pimpinela, Johanna Ording-Meijer, pertenece a una rancia familia judía de Indonesia. Ello explicaría su israelofilia, su amor confeso al colonialismo sionista del ‘apartheid’ en Oriente Medio, y su islamofobia. No obstante, seguro que serán meras casualidades que trabajase varios años en un kibutz judío en la Palestina ocupada, y que esté casado con la también de origen judío Krizstina Marfaï (recordemos que el ‘linaje’ hebraico los de esa confesión han de procurar mantenerlo por línea materna). No es que tengamos nada contra los seguidores de Moisés. Amamos el inmenso legado de nuestra milenaria cultura sefardí/andalusí. Pero que un judío de tapadillo se dedique a remedar viles políticas de nazi de Entreguerras nos da asco.
Llamamos a un boicot activo a todos los productos y relaciones comerciales mantenidas con los Países Bajos, y las que pudieran establecerse en el futuro. Si Viktor Orban en Hungría quiere ser la prostituta política del putinismo y el trumpismo es su problema. Pero no puede tolerarse la injerencia del nazi-sionismo internacional en el occidente europeo, con su lobby del mercado de los diamantes y las semillas holandés, y que se discrimine a ciudadanos con políticas antisemitas al estilo de ese Estado de fuera de la UE, el cual mantiene el ‘campo de concentración’ a cielo abierto más grande del mundo: Gaza.
¡Wilders, basura sociópata, márchate a donde te dan fácil la nacionalidad, sino la tienes ya, a Tel Aviv, tu auténtica patria! ¡Tú si que no perteneces, escoria, a la admirable Nación neerlandesa de Erasmo, Jheronimus van Aken -El Bosco-, Van Eyck o Huygens! Porque del crisol de las culturas y los Pueblos es de donde renacen siempre las nuevas civilizaciones, para grandeza de la Humanidad.

 

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