Movilización

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Quizás la palabra que más he escuchado estos días es la de movilización, y como se diría en cualquier discurso regio “me llena de orgullo y satisfacción” escucharlo por fin a compañeros de tantas sensibilidades distintas, pero como soy alcalde de un pueblo pequeño en tamaño pero enorme en historia, de apenas dos mil habitantes, vivo en constante movilización para evitar los peligros con que el futuro nos amenaza.

En líneas generales es muy cierto que sólo cuando le vemos las orejas al lobo tomamos conciencia real del problema que estamos generando, o al que sencillamente nos están llevando. Sólo cuando hemos visto caer los primeros muros es cuando nos ponemos manos a la obra para evitar un efecto dominó demoledor.

En el entorno rural, como en la política general de este país, estamos ante el peligro del extremo. Nosotros, en los pueblos, amenazados por la despoblación y el resto por la desolación que genera no haber aprendido las lecciones que nos da la historia, por no haber levantado muros infranqueables ante aquello que sabemos que sólo enfrenta, discrimina y provoca retrocesos.

Nuestra solución, la de los pequeños que vivimos apartados de las capitales, ha sido tan sencilla como olvidarnos de las siglas, de las personas, de las afrentas históricas, de los rencores territoriales, para luchar contra aquello que sabemos que no es bueno para nadie, para ninguno, pensemos de la manera que pensemos. Y yo hablo de despoblación, pero que cada cual se lleve el ejemplo a su propio territorio.

Si en los momentos difíciles, y éste lo es, no nos centramos en lo que nos une jamás tendremos la fuerza suficiente para hacer frente a aquello que por encima de todo sabemos que destruye lo que tanto esfuerzo nos ha costado construir.

En los pueblos luchamos para que la gente joven no se marche, para generar en su entorno natal un espacio de oportunidades. Esta Almería nuestra de hoy no es aquella en la que había que emigrar para poder comer y a la que parece que nos quieren devolver, pero difícilmente podemos convencerles de ello, de las oportunidades que se le puede ganar al futuro si en una misma familia, y un pueblo es como una familia, no somos capaces de olvidar los malos tragos del pasado e ilusionar con aquello que podemos ganarle al futuro. Para ello, lo primero de todo, es hacer un frente común que sea insalvable ante aquellos que nos quieren hacer retroceder, porque es el momento de no dar ni un paso atrás. Es el momento de plantar cara y gritar alto y claro que los malos tiempos no volverán a pasar.

Y hablo de despoblación rural. Creo que queda claro.

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