La irracionalidad de la Humanidad

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Todo el mundo sabe que la adaptación al medio, es una de las principales cualidades para mantenerse en él.  En la Naturaleza la mayor parte de los seres que prevalecen no son los más fuertes, los más hábiles o los más sanos, sino aquéllos que, sencillamente, mejor se adapten a ella. En nuestro mundo, la vida se da para todos con iguales componentes físicos y con un Sol inundándonos de calor y energía. Las mismas reglas se cumplen entre nosotros, los humanos, dependientes de un proceso neuronal que crean los sentimientos, especiales motivadores del calor y la energía que mueve nuestro ánimo. Por tanto, nuestra adaptación a la vida social, económica y política vendrá dada por un proceso dirigido y aceptado por nuestro sistema cerebral cuyo origen, desarrollo y consecución se ajustan en un tiempo, forma, lugar y circunstancias de las que cabe reseñar la domesticación, educación, ánimo, profesión, crisis, rebeldía, inconformismo, sugestión, interés…

La irracionalidad de la humanidad está llena de ejemplos que nadie ignora. Desde el proceso democrático nacionalsocialista como el alemán, que acabó en la peor guerra hasta la fecha conocida, hasta las sectas cuyos componentes voluntariamente se inmolan en nombre de no sé sabe qué, hemos transitado por revoluciones, guerras santas, cruzadas independentistas, atrocidades religiosas y otras justificadas por identidades, patrias o sentimientos carentes de sentido común y de juicio.

Por eso entiendo el proceso independentista catalán al que se adhieren millones de hombres y mujeres movidos por sentimientos que no necesitan de justificación alguna para seguirlo. Sin embargo, como ello me afecta en menor o mayor medida, pues todos los españoles hemos contribuido a la formación del conjunto del territorio español y aún resta tiempo para poder anular el fin del proceso, evitar enfrentamientos y el dictatorial artículo 155 de la Constitución, yo preguntaría a todas esas personas inmersas en el citado proceso, que se contesten a unas preguntas sinceramente y obren en conciencia de no moverles un interés económico personal.

¿Cuándo se dieron cuenta que eran independientes? o, mejor dicho, ¿cuándo, cómo y por qué se sintieron independientes? ¿Por qué razón o razones es mejor ser independientes de España que no serlo? ¿Porque cuando emigraron fueron acogidos por Cataluña excelentemente o, cuándo, una y otra vez, alguien les comió el “coco”? ¿Acaso con la independencia dependerán de sí mismos o de alguien de su plena confianza? ¿Creen que en un mundo globalizado como en el que vivimos alguien puede ser independiente? ¿No dependerán de conseguir la independencia de otros poderes públicos, partidos, mercados, religiones, medios de información con muy diversos intereses?

Hoy en día, no hay una nación, ni siquiera Corea del Norte, que sea independiente. Ni tampoco ningún proceso se ha generado espontáneo. Todo responde a una causa y los ciudadanos tenemos derecho a preguntarnos por ella y por sus consecuencias. Bien entendido, que ahora empezamos a comprobar sus efectos perniciosos por mucho que nos dijeran lo contrario. Mientras, el paro, la desigualdad, la pobreza, la corrupción galopan en Cataluña como en el resto de España, pese a que dependan de los gobiernos autonómicos. Y Puyol los justificaba diciendo que España robaba a Cataluña cuando era él quien lo hacía, alimentando a sus hijos  como dos o tres mil familias juntas podían alimentar a los suyos, pero sin coste alguno para él. Y también su partido político u organismos afines se enriquecían a base de comisiones (que diría Maragall) para que Mas, su delfín, saliera “dopado” a ganar elecciones, hasta que se le vio el plumero. Entonces, ideó el proceso con el que tanto amenazaba su mentor y tuvo que separarse de su socio de Unión y vergonzosamente cambiar el nombre de su partido y unirse a otra fuerza de izquierdas (ERC) antagónica a su principio burgués. Ésta, hábilmente aprovechó tal oportunidad, cuan zorro disfrazado con piel de cordero, para conseguir alguno de sus fines: la República que tanto anhelaba y quedarse después con el poder. Aun así, derecha e izquierda unidas, no eran suficientes para rematar el proceso y tuvieron que acudir a un grupo anarquista significado en el partido de la CUP, que obligaría a  Mas (denunciado por ellos de corrupción) a no ser el Presidente y designar a Puigdemont. El proceso culminó el primero de Octubre provocando lo que tanto buscaban para tener pruebas con las que justificar el engaño que llevaban durante muchos años perpetrando. El Gobierno del PP cayó en la trampa a fin de evitar un plebiscito ilegal, golpeando duramente a gente inocente, cuando la guardia, por independentistas dirigida se inhibió, cosa que debieron hacer el resto de las fuerzas.

Ya esto no tiene vuelta de hoja como tampoco el procrastinar de Rajoy, un político querido por los suyos a los que promete como un santón, sólo por agradar, lo que nunca puede cumplir convencido que los temas se resuelven sin hacer nada, hasta que las verdades salen a frote o se descubren. También se le ha visto el plumero en muchas ocasiones (el caso Gürtel está lleno de ejemplos e, incluso, ante la justicia) mintiendo descaradamente e, igual que Mas, salir “dopado” a las elecciones por cuestiones de corrupción. A él, hace tiempo, se le advirtió del peligro que España corría por la deriva del proceso catalán; hasta yo lo hice en mi blog en Febrero de este año, pero pensó que algo de mano izquierda y un poco de inteligencia lo retendrían y, como sabemos, no fue así.

El proceso (que no la mayoría de la gente de Cataluña por mucho que a ello se agarren  sus autores) ha llegado a un punto, una vez tensadas al máximo las posturas, que exige a Rajoy tener que actuar sin dejarle más alternativa que la del 155 elegida; justo la deseada por los que quieren ser víctimas, héroes o pasar a la historia como mártires de un ejemplar proceso independentista que, efectivamente, han sabido conducir ocultando lo que no han sabido dar: paz, trabajo, libertad y bienestar a la gente, cuyos impuestos, en parte, han ido a gastos de propaganda, difusión y activación del proceso o plan independentista creando embajadas,viajes, reuniones y demás eventos con que ocupar a los ciudadanos y tapar sus miserias (felonías, corrupciones e intereses partidista de los que no se habla).

Todavía están a tiempo, señores del Gobierno catalán, de mostrar benevolencia para con su pueblo que tanto aman. No lo enfrenten a la barbarie, a la pobreza, al rechazo, al aislamiento internacional y alegrémonos de que no hayan gozado de ayuda peligrosa exterior, pues un conflicto armado no podría evitarse y eso además de irracional es cruel y muy duro para todos. Consideren su triunfo y convoquen elecciones en Cataluña (que nadie lo haga por ustedes) manifestando así su deseo de mantener viva la democracia y el derecho a decidir del que tantos réditos han obtenido, como si el resto de los ciudadanos no tuviéramos también ese mismo derecho. No hacerlo, no parar el 155 o, lo que es lo mismo, no eludir la imposición, la dictadura que a Cataluña se le viene encima, es no querer ver el terremoto que todos sabemos llegará para dejar inerme a la mayor parte de la población catalana, al arbitrio de una fuerza desconocida, cuando ustedes saben que su proceso no lleva a ninguna parte y ha concluido.

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