La gran España y la tierra del “buen vivir”

España es un gran país. Seguro que usted, estimado lector, comparte esta afirmación. También tenemos claro la mala situación socio-política-económica en la que aún nos encontramos.

Los ciudadanos estamos realizando un master intensivo: “del buen vivir”; leemos, escuchamos y vemos en los diversos medios de comunicación, como se ha conformado el entramado de muchas tramas corruptas, que se han dedicado a saquear dinero público.

Parece ser, según los detalles de los expertos y analistas de esta cuestión delictiva, que participaron diversos actores: algunos empresarios y políticos. A todos ellos les unía “el buen vivir”. No han creído en la grandeza de un país llamado ESPAÑA.

Esta catarsis colectiva que los españoles estamos viviendo, nos está cambiando; y observamos, que cada vez hay más profesionales: de todos los ámbitos, que con valentía, firmeza yla misión de regenerar nuestra Democracia, denuncian a estos personajes tan tóxicos para nuestro país.

No cabe duda que Jueces, Fiscales y miembros de todos los Cuerpos de Seguridad del Estado están desarrollando una excelente labor, en sus respectivos campos de actuación, en la regeneración democrática. Y somos muchos los profesionales de otros ámbitos que desde nuestra pequeña parcela de actuación, intentamos aportar un grano de arena en fortalecer a nuestro querido país.

La grandeza de España es incuestionable: su larga y gran historia, sus diversidades culturales, su talento y conocimiento humano, su gran creatividad artística y literaria, etc. Ahora bien, como ciudadanos españoles de bien, no debemos mirar hacia otro lado.

Analizo a nuestro país en estos últimos años, con el símil de una gran organización. A simple vista observo determinadas deformaciones en el ámbito del liderazgo político, de la mala gestión de los recursos públicos, de una cultura organizacional del compadreo, y de cierta cobardía colectiva de la ciudadanía.

Los buenos y auténticos líderes generan una visión de grandeza colectiva. Una grandeza tangible, basada en valores como la honradez, el mérito y la valía, etc. Un buen líder político debe trabajar con valentía por la mejora de la calidad de vida de todos los ciudadanos. Las organizaciones políticas, de la transición a estos tiempos, han ido bajando el nivel de selección y posicionamiento de su militancia en cargos de dirección.

La gestión de los grandes recursos públicos de nuestro país, más los llegados de Europa, se ha ido deteriorando; pasando del objetivo del bien común, al  objetivo del enriquecimiento personal de algunos políticos y empresarios.

Un factor muy dañino para cualquier organización, desde mi punto de vista como consultor, es la cultura “del compadreo”. Estimado lector, debo manifestar mi gran asombro ante tanto COMPADREO de españolitos metidos a politiquillos; colocando a familiares y amiguetes en distintas administraciones públicas, fundaciones, etc.  Aquellos cuentacuentos que en la transición predicaron sobre el MÉRITO y la VALÍA, dejaron hace tiempo de practicarla a la hora de seleccionar y posicionar: política, profesional y laboralmente.

El último factor que incluyo en mi breve y sintetizado análisis de algunos hechos que nos han traído a este empobrecimiento colectivo, es la cobardía de muchos españoles, que prefirieron mirar a otro lado ante tantos comportamientos poco éticos y algunos delictivos.

España, como toda gran organización, puede cambiar y mejorar si todos los españoles exigimos líderes de calidad, políticos servidores del bien común;  poniendo en valor: la honradez y los valores democráticos.

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