De un novelista español copié una frase que más o menos decía así:

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Escrito por SEBASTIÁN LORCA, que es escritor

“Es bueno probar a sostener lo contrario de lo que uno cree y comprobar que también puede persuadir, incluso más que la propia ciencia. Luego puede volverse al punto de partida, porque lo importante no es estar en lo cierto, sino estar a gusto”.

Recuerdo cuando, siendo un chaval, llevaba la contraria a otro que tenía igual opinión a la mía:

  • No. De ninguna manera Di Stéfano es mejor que Kubala. –Aseguraba y mentía.
  • Di Stéfano es el mejor–decía-. Ya le gustaría al Barcelona tener a un futbolista como él.
  • Pero Kubala es un fuera de serie: dribla, hace malabares con el balón, lo domina y controla, personifica la elegancia en el terreno de juego y destaca sobre los demás.
  • Y Di Stéfano –contestaba el otro- mete goles, recorre el campo, distribuye el juego, participa en el equipo y, sin tanta ostentación, cautiva la atención del público.

Y, así, sin proponérselo, me facilitaba caracteres de mi ídolo, que era el mismo que el suyo. Y aprendía cualidades que, a mí, no se me hubieran ocurrido. Y aumentaba más argumentos que esgrimir en su defensa cuando llegara la ocasión. Y consolidaba más mi opinión. Y…

  • Estoy convencido que lo ideal es no meterse en política, evitar la crítica, pasar desapercibido y decir lo que antes se recomendaba: “Yo soy apolítico”
  • ¿Pero, acaso, el hombre es un ser no imaginativo e irreflexivo; mudo y contemplativo; sin emociones ni sentimientos que manifestar?

En el fondo de la cuestión, la mayoría de los hombres estamos de acuerdo y comulgamos con el ideal de vivir mejor, en armonía; sin embargo, no somos capaces de convenir cómo hacerlo, qué fórmulas emplear para conseguirlo. Tal vez, una de ellas sea la expuesta y experimentar expresando lo que no se siente, haciéndote pasar por lo que no eres, poniéndote en lugar de los demás. Un ejercicio o juego que enriquecerá para comprender otros puntos de vista, para reflexionar sobre ellos, para prescindir o no de los propios, pero siempre respetando los de los demás, aunque los criterios sean diferentes y estén, como los tuyos, condimentados con  ausencia de violencia y  el deseo de comprender lo que, a veces, resulta incomprensible.

¿Qué fue lo primero?: ¿El huevo o la gallina? ¿El hombre o la mujer? ¿Cuántas veces han surgido tales preguntas? ¡Prescindamos de  las voces de aquellos que las inventaron con una desbordante imaginación y un escaso conocimiento en el espejo de su imagen y semejanza! Un conocimiento que, poco a poco, va cimentando la idea de que pelearse o imponerse a nada conducen, teniendo además presente que el origen y el destino de la vida del ser humano son únicos y seguros, misteriosos y desconocidos, emergiendo y desapareciendo sin explicación.

Institúyase escuelas infantiles, parvularios, procedimientos en el hogar donde se hable correctamente, con buenos modales, educadamente, con palabras impecables que sean voces moduladoras de la imaginación y los sentidos de los críos. Estas, al fin de cuentas, evocarán las emociones que guiarán sus sentimientos de dolor y placer con los que dirimirán sus actuaciones en el futuro que les aguarda, que, en ningún caso, será violento. Y, finalmente, evítese la lucha por las ideas con acritud, de manera desaforada, sin respeto ni armonía, que no es sino un medio perdido, vacío y carente de razón que nos enfrenta y nos destruye.

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