Agentes recaudadores (I)

Un sector de la Administración Pública que se alza con el protagonismo en situaciones socio-políticas con dificultades son los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, quienes me vienen sirviendo como fieles indicadores del estado de salud política de los Gobiernos.
Durante la Transición Política, que yo pienso comenzó con la trágica muerte del Presidente Carrero Blanco, jugaron un papel importante la Policía Armada y la Guardia Civil, la primera en las grandes ciudades que eran las más activas políticamente y la segunda en las zonas rurales que empezaban a contaminarse políticamente de las primeras por el Movimiento Estudiantil.


Y en el último lustro también han alcanzado cierto protagonismo pero si durante la etapa de la Transición Política lo fue por el activismo político es ahora cuando ha derivado hacia lo económico, y cierta razón tiene por cuanto el régimen político de libertades públicas de que gozamos lo ha hecho innecesario. Por tanto, está siendo durante la etapa de inflexión económica cuando un considerable sector social ha sentido la percepción de esta derivación.
En los núcleos urbanos el acoso a los conductores estás conteniendo ciertas dosis de psicosis social, al no perder la ocasión las respectivas Policías Locales para multar por las más nimias infracciones, y en ocasiones contraviniendo el reglamento. Me llama poderosamente la atención el comportamiento en la Almería, y extensible a otras capitales como Murcia, Granada y Málaga, donde una grúa desquiciada recorre las áreas más congestionadas por los aparcamientos y en función del parecer del conductor retira el vehículo sin la presencia de agente policial, que se ha extendido la especie entre los almerienses de encontrarse en el depósito.
Otro caso llamativo es el de Mojácar, donde se comenta que su Ayuntamiento recaudó durante el ejercicio económico de 2.014 la nada despreciable cantidad de 300.000 €. En este pueblo parece no escaparse nadie a la acción recaudadora de su Policía Local, que se dice multan indiscriminadamente para posteriormente utilizar los boletines con criterios políticos, es decir, si se es proclive a la regidora nunca se recaudará el importe del boletín pero en caso contrario caerá sobre el conductor todo el peso de la Ley.
No solo el aparcamiento se ha convertido en el principal motivo para la recaudación sino que visitar el municipio supone todo el riesgo de verse obligado a contribuir a engrosar las arcas públicas. Por el Levante Almeriense circulan una desmesurada cantidad de rumores sobre el comportamiento recaudatorio de la Policía Local en Mojácar, lo que evidentemente está repercutiendo negativamente en la economía local, basada principalmente en el comercio y en la hostelería.
No tengo datos sobre los accidentes de tráfico en el Levante Almeriense, pero resulta obvio que los controles de alcoholemia están surtiendo un efecto negativo sobre la hostelería y por muchas medidas que se adopten lo cierto es que en un municipio donde hace treinta o cuarenta años había cuatro discotecas ahora hay una solamente. Y en un casco urbano caracterizado por sus bares/pubs singulares prácticamente están en extinción, contrastando con la gloriosa década de los 70, durante la que Mojácar era todo un referente y catalogada como ‘La Ibiza peninsular’.
Si en los cascos urbanos el acoso hacia los conductores es elevado, no se quedan atrás las agrupaciones de tráfico de la Guardia Civil, que se hacen igualmente merecedoras de la atención de un amplio porcentaje de conductores. Yo siempre he pensado que la prevención es la mejor forma de luchar contra todo en los más diversos órdenes de la vida, desde el vital hasta el social. Resulta obvio que el fumador dejará de encender cigarrillos como máximo hasta que contraiga la enfermedad y que el conductor circulará más prudentemente hasta que le recojan el permiso de conducir, pero entre ambos extremos se encuentra el preventivo, lo que conlleva la moderación.
Con ello quiero decir que por pisar el borde de una acera solitaria, una parte del paso del paso peatonal, circular a diez kms/hr más del indicado o haber ingerido una pequeña dosis de alcohol no se debería abordar implacablemente y considerarlo como más grave de lo que aparentemente es. Por una razón muy sencilla es por la que considero la moderación y mejor la prevención como la forma más efectiva para luchar contra los excesos, y es porque la tendencia inconsciente por ambas partes es la superar el límite establecido legalmente.
En el caso de la GC de tráfico me parece una decisión muy cuestionable la de premiar económicamente por las multas que ponga, algo así como si a un cirujano le incrementaran el sueldo por la cantidad de operaciones que hiciera o a un médico de cabecera le motivaran económicamente por la cantidad de medicamentos que recetara. Pienso humildemente que premiar a un agente por la cantidad de sanciones que imponga supone un ejercicio recaudatorio público cuestionado moralmente, porque entiendo que no todo lo legal es moral.
Decía antes que pasarse del límite es  sumamente fácil, y al respecto me comentaba una persona conocida que le paró la GC en un acceso a la autovía y le multaron por no llevar puesto el cinturón cuando el agente lo veía perfectamente adaptado al conductor, porque “ya que te he parado te voy a multar”. Este comportamiento los convierte en agentes recaudadores al modo de las policías locales, y siempre es más efectivo una llamada de atención previa que una implacable sanción, porque si la sanción es económica puede permitírsela quien tenga un elevado poder adquisitivo en tanto que no le afecte como conductor.

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