El elixir mágico de la vida

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“Cuenta la vieja leyenda que un pájaro agresivo y de plumas sedosas atravesó el cielo terroso, hasta el final del valle arroblado, dejando caer suavemente unas semillas concentradas a los pies de un elegante rey. En los escritos complejos dicen que el rey llegó a ser un semidios: mitad hombre acorchado y mitad animal agresivo. Las semillas aterciopeladas germinaron y crecieron vigorosamente con abundantes hojas, zarcillos y frutos jugosos en forma de racimos. Los habitantes del elegante valle los recolectaron cuando estaban tiernos y ricos, almacenándolos en un lugar oscuro y fresco. Una noche nítida, la joven reina, decidió envenenarse por celos hacia otra mujer, por lo que buscó un veneno intenso y cálido donde fermentaba el oscuro jugo de las uvas. La reina, animada, bebió alegre de las llenas barricas de madera, y danzó y cantó; y danzó y rió, y bailó y bebió con sus telas viscosas hasta dejar el cuerpo flácido en el fresco amanecer. La encontraron en el habitáculo aromático y cavernoso junto a su tímida corona floral. Y allí, en esa perfumada cueva, dicen los persas, que nació el vino, al que llamaron Sirah.

En otros pueblos, en otros lugares del Mediterráneo, los dioses y las diosas iban enseñando a la humanidad técnicas para cultivar las armoniosas parras, cosechar sus blandos frutos y conservar su codiciado elixir. La locura llegó a los dioses tánicos y decrépitos que vagaron por el delicado mundo conocido y por conocer. Otros dioses se enamoraron de bellos y jóvenes amigos, de largos cuerpos y perfumados cabellos, que fueron tentados por los frondosos frutos vegetales dando lugar a las elegantes variedades vitícolas. El hombre, amante del dios, murió abocado y acerado, dicen que por un toro, y se formaron constelaciones y racimos de uvas. Luego llegaron las bacanales, las fiestas y las orgías, y se bebía y se bebía del elixir mágico con matices a canela, clavo, curry, cerezas, frambuesas o pimienta, y la humanidad plantó más vides e hicieron más oinos y, más vinum en todas las direcciones del Mare Nostrum. Arte es cultivarlo, pisarlo, y arte es fermentarlo. La viticultura y vinicultura son sus métodos, los que colmaran nuestras cestas, toneles y botellas de vino. ¡Alcemos nuestras copas perfumadas! por el elixir mágico e invoquemos a los dioses y a las diosas enamoradas de pechos carnosos y redondos como racimos de uvas, y ofrezcamos este líquido sagrado hecho por la tierra, el sol, el agua, la luna, las plantas y la humanidad. Celebremos la fiesta perfumada y fresca de la vendimia sin derramar lágrimas. Que su sabor balsámico o afrutado nos alivie el alma áspera y espesa con terpenos y taninos. Os invito a beber en este templo con el líquido que más civilizados y civilizadas nos ha hecho en el  mundo, porque el vino lo es todo: es gishtin,  es el apreciado elixir de la vida. ¡Brindemos porque el vino lo es todo y porque el vino también es poesía!”

Y el vino, es también el amor a la tierra, estés donde estés, porque la humanidad se vincula con ella, y no con una bandera o un topónimo; porque como las viñas, arraigamos donde nos toca vivir, como Alex, senegalés, enraizando desde hace dos décadas en Antas y que presentó, fuera de tiempo, su vino afrutado, como ejemplo de la Fraternidad Universal que anhelamos.

En Antas 26 de febrero de 2017. Pregón de Mar Verdejo Coto para el VI Concurso de vinos artesanos de Antas y, como no podía ser de otra manera, esta idea surgió en torno a un vino de Almería junto a Fernando Martínez Salinas, de Bodegas Martínez Salinas, a Miguel Martínez Moreno, maitre y sumiller del Restaurante Juan Moreno de Vera y Nariz de Oro de Almería y, el escritor y poeta, y también amigo Javier Irigaray.

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