Una autoridad que no cesa

0
187
Escrito por SEBASTIÁN LORCA, que es escritor
«Es desconsolador comprobar que el hombre, desde su existencia, ha sido dominado, dirigido e influenciado por las religiones. Religiones todas controladas por los más absurdos hombres con espíritus envueltos en la mentira, el fanatismo, la ignorancia… cuando no, por la demencia, la superstición o el interés. El invento de los dioses de otro tiempo ha rebasado con creces las fantasías más perfectas. Nos han hecho adorar las cosas más dispares. Se han creado mitos religiosos absurdos y costumbres disparatadas, ofreciendo sacrificios incalificables con cuya irracionalidad aún vivimos.
Las religiones continúan moviéndose al amparo de la ignorancia, el fanatismo, la codicia…  Se encumbran sobre el intelecto, el buen sentido, la tolerancia, la ecuanimidad… Se imponen con estupidez, mediocridad, perversión… sin tener en cuenta la moralidad de quienes no creen en ellas.
Las religiones nacidas con la idea de Dios, el misterio, la revelación, la salvación, la redención, el rezo, el sacrificio, la vida en el más allá, la comunión con Dios en pensamientos y actos, se convirtieron en poder, absolutismo, intransigencia, misoginia, negocio, dogmatismo… ¿Pero es posible?
La historia de las religiones está llena de creencias disparatadas e insensateces. Fanatismos y vulgaridades con las que el hombre de hoy, al pensarlo, se considera estúpido, dadas las prácticas abominables empleadas ante seres superiores capaces de favorecer y de perjudicar. Poderosos supuestos fantásticos e imaginarios que, torpes de darse sosiego, son inspiradores de nuestras vidas y pensamientos dando paso a costumbres y leyes ajenas a la razón. Los hombres al frente, irreflexivamente, no se detuvieron a pensar y, aún hoy, siguen actuando por rutina juntándose instintivamente, yendo como las mariposas a la luz hacia todo cuanto supone sumisión al mando, pleitesía al triunfo, adhesión a la suerte y a lo que impera, sin  pararse a considerar cómo todo ello ha sido conseguido, sin cuestionarse si entraña justicia o injusticia. De tal manera, que la vida continúa, unida a la religión y nada se hace sin contar con ella. El abuso, el exceso de religión fue siempre la característica de los pueblos atrasados. En España, la ignorancia, la exaltación y hasta las artes tuvieron a la religión por madre. Los creyentes de entonces, igual a los de hoy, piensan muy poco y forman una masa convencida de que sólo la fe ha de emplearse siendo fieles a lo que de niños les enseñaron. Los alejados de la fe, con la cual el conocimiento no es en ella de utilidad alguna, son idealistas  o racionalistas sin necesidad de codiciar, adular o intrigar: no precisan de buscar un dios en el que confiar.
La religión desempeña un papel de primera importancia como elemento integrante de la  estructura social. La religión debería ser una cosa íntima de la conciencia seria, comprensiva, respetable, tolerante: algo de muy pocos. Mientras, el fanatismo, que es ignorancia y superstición, es cosa de muchos. El lazo común de todas ellas es la fantasía postulando una conciencia universal. Ya en América, durante su descubrimiento, allí tenían madres vírgenes, confesión, penitencias purgativas… Y, además del engaño y la seducción, que acompañan a plantas y animales, a los hombres les asiste la imaginación y la razón (instinto al temor, admiración, sorpresa, desconocimiento, misterio… y certidumbre, aprendizaje, claridad, explicación, el porqué, el cómo… respectivamente) para dar cabida o no a las religiones, las cuales hacen cesar toda oposición o contradicción que se les pueda probar.
Si el hombre no fuera ignorante o capaz de pensar; si no fuera creyente o rechazara el fanatismo; si dejara de darse golpes de pecho o buscara lo mejor, ¿habría más de una religión? ¿Por qué, en cambio, hay tantas a base de fe ciega, impulsadas por el fanatismo o por lo que les enseñaron de niños? Un conjunto de afirmaciones especulativas, una suma de actos rituales, una relación directa y moral entre el alma humana y Dios, no han dejado de ser intereses sin escrúpulos, vandalismos, absurdos, robos, muertes, engaños y lo seguirán siendo como una autoridad que no cesa.

Dejar respuesta