Un Ingreso Mínimo Vital, bien hecho y desarrollado SI sería un gran derecho social.
Un gobierno progresista, que se precie de tal, no se puede conformar con hacer un IMV descafeinado que sigue dejando muchas personas y hogares sin ingresos.
En marzo, para Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y otros gobernantes era urgente “no dejar a nadie atrás”.
Cinco meses después esas personas y familias sin nada (o con muy pocos recursos económicos) siguen cada vez más atrás.
El problema de partida con el que ha nacido el Ingreso Mínimo Vital es el escaso presupuesto:
Con sólo 3.000 millones de presupuesto ni siquiera alguien como yo que brega desde hace años para que no haya ningún hogar y ninguna persona desempleada sin ingresos, sería capaz de lograrlo.
Con 3.000 millones es imposible llegar a más de un millón de hogares que tienen pocos recursos económicos y ni siquiera a esos 600.000 hogares donde no entra ni un céntimo.
Las cuentas son fáciles de hacer y ver a cuanto tocaría cada hogar.
Esos 3.000 millones inicialmente previstos se financian, en parte, al suprimir “los puntos”, el dinero que percibían algunas familias por sus hijos menores.
Ante este panorama, la única solución que tiene el Ministro Escrivá y su Ministerio de Inclusión y Seguridad Social es adaptarse a los 3.000 millones que le han permitido presupuestar las ministras Nadia Calviño y María Jesús Montero.
Y la única posibilidad es poner requisitos y más requisitos, y buscar cualquier interpretación posible, y hasta en algunos casos inventarse excusas como “no tener a su hijo de tres años apuntado al paro” (caso verídico) para ir denegando solicitudes (el propio Escrivá anunció que aproximadamente la mitad de las 600.000 solicitudes recibidas a mediados de Julio serían denegadas).
Requisitos exigentes, no dar facilidades para tramitarlo presencialmente, marear con documentos como el certificado de empadronamiento (en el BOE no se habla de certificado colectivo histórico)… .
El objetivo parece claro: Que el número de solicitudes aprobadas se puedan costear con esos 3.000 millones.
No importa dejar fuera a las personas que necesitan más que nadie ese ingreso “vital”: personas sin techo, personas con pocos recursos económicos que ya hacen milagros para poder compartir un piso o alquilar una habitación y no dormir en la calle, personas y parejas con hijos pero sin ingresos que deben buscar ser acogidos por sus padres o familiares para no acabar debajo de un puente… ¿Es justo que esas personas, y otras tan necesitadas como ellas, no tengan derecho a un Ingreso Mínimo Vital?.
Y las 74.000 familias que cobraron el IMV de oficio el 26 de junio, que se las prometían muy felices (algunas tendrán que devolver lo cobrado al no cumplir los requisitos) quejándose también muchas de ellas porque superado el 10 de agosto siguen sin cobrar el segundo mes. Vergonzoso e inhumano.
Y todo por querer dedicar al Ingreso Mínimo Vital sólo 3.000 millones cuando, por ejemplo, en gastos militares se multiplica el presupuesto por seis o siete.
Solicito un poco de empatía en nuestros gobernantes para que garanticen, como mínimo, que no haya ningún hogar sin ingresos y pongan en marcha un plan estatal de empleo y actividad para todas las personas desempleadas.
No es ninguna utopía. Si se puede (si se quiere) y para eso muchos votamos a los partidos que conforman este gobierno progresista de coalición.
Joaquín García Martín
Presidente Asociación Víctimas del Paro.

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