Susana Díaz tras el fallecimiento de Salvador Távora

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Salvador Távora Triano (Sevilla, 3 de abril de 1930Ibidem., 8 de febrero de 2019)1​, fue un actor y director teatral gitano español, renovador del teatro independiente andaluz con el mundo del flamenco.

Távora creció en un barrio popular, el Cerro del Águila, en medio de las dificultades económicas y culturales que siguieron a la Guerra Civil Española. Hizo estudios primarios en la escuela pública de su barrio, y a los 14 años ingresó como aprendiz en los talleres mecánicos de una fábrica de tejidos, en la que aprendió y ejercitó el oficio de soldador eléctrico, al tiempo que ampliaba sus estudios en las clases nocturnas impartidas en la misma fábrica.

Como los demás niños del Cerro se impregna de la vida del barrio, familiarizándose con los cantes por soleá de “El Papero”, y los fandangos comprometidos de “El Bizco Amate”, un universo de tonalidades que formalizarán más tarde su concepto del flamenco y de su función social. Satisface su afición al toreo saltando por las noches las tapias del matadero municipal, y apadrinado por Rafael Gómez «El Gallo» Távora adquiere cierto prestigio como matador de novillos, en particular en las plazas de toros de Ubrique, Utrera y La Maestranza sevillana.nota 12​ En esa época Salvador vivió «experiencias de comunión entre el riesgo y el arte» que luego se reflejaron en su lenguaje teatral.

Cante y teatro flamenco

Actúa en espectáculos flamencos al uso, y descubre, amargado por el triunfalista panorama folclórico de aquellos primeros años de la década de los 60, que “la realidad de Andalucía andaba por un lado, y sus cantes por otro”. Inicia entonces, en solitario, el intento de una nueva expresión andaluza que, haciendo coral y colectivo el grito angustioso e individual del flamenco, reflejara la situación social de su tierra, y la condición de su medio, tropezando con los intereses de las casas discográficas y con la censura. Actúa en tablaos y salas de fiesta, donde es recibido con recelos y actitudes provocativas. Años después, estas canciones o cantes corales: Campesinos tristes, Segaores, Andalucía la que divierte, entre otras, vieron la luz, grabadas por diversos grupos y cantantes, contribuyendo a crear una conciencia andaluza e intentando rescatar la imagen seria de Andalucía.

A finales de la década de 1960 contacta con el crítico teatral José Monleón a través del Teatro Estudio Lebrijano. El resultado final y fruto de su entendimiento, será la construcción del espectáculo Quejío y su revelación en el Festival de Teatro de Nancy y en París al frente de La Cuadra, en la primavera de 1972.3

Actor y director teatral

Con esta considerable carga de experiencias artísticas profesionales acumuladas a lo largo de su vida, Távora concibe y elabora, en los últimos meses de 1971, en un pequeño local de su barrio el Cerro del Águila el espectáculo teatral Quejío donde arremete contra el academicismo. A propuesta de Paco Lira, dueño de “La Cuadra”, donde se albergaron importantes movimientos culturales comprometidos de aquella época, Távora ultima y presenta su trabajo en el mencionado local del que, más tarde, el grupo, por razones de solidaridad política, tomaría su nombre.

Quejío, por mediación de José Monleón, se presentó en Madrid en el Pequeño Teatro del TEI el 15 de febrero de 1972, y alcanzó resonancias internacionales al presentarse en La Sorbona de París. El espectáculo sorprendió por la dignidad de su compromiso social y su singular lenguaje teatral; y, a partir de ese momento, la vida y el nombre de Salvador Távora quedan íntimamente ligados al grupo de teatro La Cuadra de Sevilla.

En el campo del lenguaje teatral, Salvador Távora ha introducido, paulatinamente, en los escenarios, con singular precisión, al igual que en un ya lejano día lo hizo con los cantes y bailes de Andalucía, el valor poético de las máquinas, de las herramientas, de las frases visuales del color, de la sorpresa y la belleza de los animales, de la armonía del ritmo en los objetos, de la simetría o geometría poética, y una buena parte del universo sonoro y dramático del andaluz, como los pasodobles, las marchas procesionales, las corales populares, el olor de sus rituales, el riesgo o estremecimiento de las corridas de toros, etcétera; todo con la voluntad de dar noticias de la identidad sería de su tierra en particular, y de la sensibilidad de todos los hombres y de todos los pueblos en general.

Távora es reconocido y respetado en su tierra y en los ámbitos internacionales del teatro, por su comprometido trabajo en la búsqueda de la identidad histórica de su país y por las positivas e imprevisibles respuestas que puedan provocar sus productos en el campo social del arte.

Fallece en Sevilla el 8 de febrero de 2019

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