Ya hemos comprobado, que el caos que se desencadena de tiempo en tiempo tiene como motivo de fondo la separación del planeta de la armonía universal divina, que se produjo en el curso de los acontecimientos de la Caída. Con respecto a los sucesos de la naturaleza esto puede sonar sorprendente desde un punto de vista convencional, pero no exige del sentido común más que la suposición de que el orden cósmico que admiramos en la naturaleza, es sólo una isla en el caos o  que incluso ha surgido del caos, o también que las catástrofes que se desencadenan una y otra vez vienen motivadas por la actuación casual de leyes de la naturaleza. Evidentemente éstas colaboran cuando se produce una erupción volcánica o un salto de los polos, pero el hecho de que llegue a producirse una acción combinada de las mismas y que lleve al caos, tiene su origen en una inestabilidad del planeta que no se encuentra en fórmulas químicas ni en ecuaciones físicas, ni tampoco en las legitimidades físicas de la “gran explosión”, ni de los movimientos que resultaron de ella. Todo esto son causas secundarias, pues la causa primera nos lleva a la pregunta de por qué se formó una materia tan llena de catástrofes. La respuesta supera a la física y por eso sólo puede encontrarse a nivel espiritual, en el plano de la religión y la revelación.

 

En la publicación “Los campos de irradiación”, que es una Manifestación del mundo espiritual dada a través de Gabriele de Würzburg, se informa a la humanidad de que en el curso de los acontecimientos de la Caída, la materia primaria espiritual fue transformada mediante cambios en los átomos espirituales, de forma que se produjeron sacudidas inimaginables que dieron lugar a desprendimientos de las partes transformadas de los planetas primarios, es decir espirituales, que son los que fueron creados inicialmente y legítimamente. De esta forma fueron arrojados al infinito en expansión por medio de la espiración del Espíritu universal. A partir de una de estas otrora partes de planetas espirituales, se formó mediante una creciente condensación la Tierra, alrededor de la cual se reunieron los seres de la Caída, igualmente de sustancia material cada vez más condensada, aunque esto fue mucho antes de convertirse en habitantes de la Tierra con cuerpo físico. Ellos continuaron al mismo tiempo las transformaciones de los átomos espirituales y cubrieron “su” planeta con campos de irradiación de máxima pulsación.

 

El mundo científico habla hoy en día de revoluciones de la Tierra y descubre al público profano dos mensajes impresionantes a través de un número creciente de científicos: uno dice que la última catástrofe de la Tierra tuvo lugar hace unos 10.000 años, y el segundo indica que los signos de la historia de la Tierra se presentan de nuevo borrascosos. Las estadísticas muestran en los últimos 50 años un rápido aumento de las erupciones volcánicas graves, como si nuestro planeta se estuviera preparando en muchos lugares para una erupción global. Y el último cambio de los polos tuvo lugar hace 700.000 años, por lo que el siguiente hace tiempo que tendría que haberse producido.

 

 

 

 

 

Realmente uno podría dejar de lado fácilmente estas cosas y en la disputa de opiniones de los geofísicos, unirse al que tuviera la posición más optimista, claro está si el menguante campo magnético de la Tierra no fuera acompañado de otros desarrollos internos y externos, que en conjunto producen una constelación francamente apocalíptica, pues el relampagueo geofísico del campo magnético terrestre se acompaña del desmoronamiento de la biosfera, erupciones volcánicas cada vez más fuertes y crecientes terremotos, y para mayor derroche, la Tierra, la perla de la creación, ha acumulado además un potencial destructivo de unos 50.000 misiles nucleares. ¿Sorprende entonces que haya algunos contemporáneos sensibles en los que surge una especie de estado de ánimo de tiempos finales? Tanto es así que incluso un científico desapasionado como el ya fallecido Hoimar von Ditfurth, dio el título siguiente a su último libro sobre el estado crítico de la Tierra: “Todo está a punto”.

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