Escrito por SEBASTIÁN LORCA, que es escritor

Pasamos un siglo XIX nefasto con guerras y sublevaciones, con el despotismo más absoluto del rey Fernando VII (felón, asesino, tirano, ladrón donde los haya), la triste Primera República que el azar impuso y una fallida regeneración social con la que comenzar el siglo XX. Tampoco este fue  ejemplar. Alfonso XIII estableció una dictadura al margen del pueblo español, analfabeto y religioso, tragicómico y milagrero, dirigido por trepas y caciques, cuya huella de identidad solo sabe de hambre y miseria, de honrar a los muertos y despreciar a sus vivos. Un Golpe de Estado dio comienzo a la más horrorosa guerra de nuestra Historia acabando con la Segunda República y creando otra dictadura, que volvería a implantar la monarquía. ¡Pobre  pueblo el español! Callado y dormido largo tiempo, obligado a obedecer un único pensamiento. Pagó un alto precio sin duda por conseguir su libertad, aunque hoy algunos duden si la pena mereció. No obstante, en XXI, sin haber aprendido la lección, seguimos padeciendo a bandos políticos diferentes enfrentados, que continúan velando por los mismos intereses.

Y a nivel mundial, como aquí en España, sucedieron también cosas trágicas como la Primera y Segunda Guerra Mundial o la implantación de Sistemas políticos nacionales y ultra radicales. Todas después de crisis, hambrunas y miserias en diversas sociedades en las que se creó un caldo de cultivo propicio a ideas dementes de signos desiguales, aprovechado por caudillos cautivando las emociones de la gente, sin necesidad de argumentar razones o remedios.

Actualmente, el mundo entero pasa por momentos delicados con el Coronavirus. Unos y otros buscan sacar rendimientos a su costa, mientras las tumbas se llenan y el miedo no cesa. España no es una excepción. Es un campo de batalla donde los gerifaltes quieren mandar. Son momentos favorables para sacar tajada, para que sus Partidos Políticos realicen sus proclamas. Culpan de las muertes a sus contrarios con descaro. Denuncian desbarajustes y una pésima organización. Y como la Iglesia ya no puede obrar prodigios, ni introducir ideas en cabezas humanas, ellos lo hacen enarbolando banderas de España como si fueran suyas y no solo a ellos los representa, ya que son de todos los españoles. Se parecen a sectas ofreciendo lo que la gente no puede rechazar, abonando el campo para llevar a cabo su estrategia con mensajes y calumnias repetitivas, con ideas venenosas que se asimilan inconscientemente, poco a poco, sin que las personas se percaten que son reclutados para su causa, ni que son sometidos a las maquinaciones de quienes, desde la sombra, les dirigen para hacerse con el poder.

Personalmente, estoy harto de la España de las voces, los insultos y la incultura. Harto de la gente que no decide por sí misma y sigue las consignas de dirigentes políticos que viven de eso y de estómagos agradecidos. Harto que la historia se repita sin haber aprendido nada de ella. Harto de ignorar a los vivos y honrar a los muertos. Harto  de la codicia, soberbia y maldad de afiliados y seguidores de los partidos que arremeten a sus contrarios y prometen lo imposible sin aportar soluciones ni llegar a acuerdos, ya que su único fin es someternos a su antojo. Y lo grave es que apelan a los sentimientos y no a las razones para que la discordia cunda entre nosotros y nos peleemos.

Oí gritos y voces de “libertad, libertad”. ¡Qué extraño cuando los Antitodo la desprecian! Desean volver a otra dictadura y eso no lo debemos permitir por mucho que les prive o, con ella, les vaya muy bien. Son momentos delicados, peligrosos. Tendremos que ir con ojo. Las Cortes y la Democracia han de ser mantenidas y respetadas. Mientras… ¡qué peleen sus padres!

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