Vivimos en una ciudad que tiene a la quinta parte de sus habitantes en barriadas periféricas, deprimidas, en condiciones tercermundistas y de marginalidad, con bolsas de población en fondo de saco, endogámicas y mal comunicadas, faltas de recursos y de oportunidades.

En la actual situación generada del Covid-19, muchas familias se han encontrado encerradas en sus casas, sin ingresos y sin poder llevar comida a sus hijos. Sabemos que los Servicios Sociales están atendiendo estas situaciones, pero la realidad es que se encuentran desbordados y tardan varios días en hacer el contacto y resolver el expediente para atender cada caso. Pero las personas tienen la mala costumbre de comer todos los días y no pueden esperar a que el Ayuntamiento resuelva sus problemas organizativos y administrativos.

Organizaciones de todo tipo nos hemos lanzado a paliar este problema. Cada una con sus medios, generalmente escasos, y con fondos de ciudadanos anónimos; con voluntad, siempre muy grande, y con determinación, arriesgando la salud.

Hubiera sido deseable que el Ayuntamiento liderara este movimiento solidario, que, con sus recursos –Servicios Sociales, Policía Local, Bomberos y con el refuerzo de otros funcionarios–, hubiera tomado la iniciativa y coordinado a las diferentes organizaciones, atendiendo con inmediatez y eficacia a las familias necesitadas. Reforzar la plantilla de los Centros Sociales hubiera sido muy oportuno, con el apoyo de personal de otras área municipales, realizando contactos y recogiendo datos, lo que habría permitido que los Trabajadores Sociales abordaran los temas desde su perspectiva profesional y que evaluaran las situaciones sobre el terreno.

Pero no, en lugar de esto, nuestro alcalde se ha limitado a dar dinero a entidades como Cruz Roja o Cáritas –de cuya encomiable labor no dudamos–, e, incluso, ha derivado las donaciones realizadas por filántropos lejanos al Ayuntamiento, sin el más mínimo control, sin establecer pautas de actuación ni seguimiento alguno, y, si es que lo tienen, sin trasladarlo a los demás grupos políticos para que podamos aportar sugerencias en beneficio de los que debemos atender. Así, podríamos haber planteado que el hecho de percibir cualquier ayuda, sin un análisis más profundo, no pueda ser a priori un factor excluyente para ser perceptor de otra.

Además, el Ayuntamiento se plantea la atención psicológica de la población a través de un teléfono, labor muy loable que, con todo mi respeto a los profesionales que lo acometen, se ve empañada por realizarse desde una empresa externa, en lugar de implementar dicho servicio utilizando a los profesionales del Consistorio, con objeto de dar continuidad a las intervenciones y tratamientos que pudieran derivarse.

En definitiva, lo único a lo que se ha dedicado el Ayuntamiento en materia social ha sido al lavado de imagen y de conciencias, con apariciones públicas del alcalde, de gran despliegue mediático, y con declaraciones de buenismo, en el mejor de los casos, o de balones fuera, lanzando la responsabilidad a otros, en un ejercicio de dejación de funciones insuperable. Y así, en la alfombra imaginaria de nuestra casa, que es Almería, el equipo de gobierno del PP en el Ayuntamiento va escondiendo lo que no quiere que se vea para poder dormir con la conciencia tranquila. Porque, ya se sabe, ojos que no ven, corazón que no siente.

# Este Virus Lo Paramos Unidos

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