Por: Dr. José María Manuel García-Osuna y Rodríguez

ILTMO. SR. DR. DON JOSÉ MARÍA MANUEL GARCÍA-OSUNA Y RODRÍGUEZ-

-ACADÉMICO-CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA DE ASTURIAS (RAMPA/IDE).

COFRADE DE NÚMERO DE LA IMPERIAL COFRADÍA DE ALFONSO VII EL EMPERADOR DE LEÓN Y EL PENDÓN DE BAEZA. (CREACIÓN AÑO-1147)

-SOCIO DE NÚMERO DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE MÉDICOS ESCRITORES Y ARTISTAS (ASEMEYA).

-DOCTOR EN MEDICINA Y CIRUGÍA.

-MÉDICO DE FAMILIA-ATENCIÓN PRIMARIA.

-RESUMEN-

Refiere el jesuita Baltasar Gracián, en su obra “El político don Fernando el Católico”, que el rey Felipe II de las Españas [Valladolid. Palacio Pimentel, 21 de mayo de 1527-REY DE ESPAÑA desde el 15 de enero de 1556, hasta San Lorenzo de El Escorial, 13 de septiembre de 1598] contemplaba los retratos de su bisabuelo con gran respeto y cortesía, y comentaba que: “¡A ESTE LO DEBEMOS TODO!”.

Durante los cuarenta años de duración del gobierno del rey Fernando II de Aragón, I de Navarra y V de León y de Castilla, su fuerte brazo y su preclara inteligencia habrían conquistado la Granada nazarí, el reino de Nápoles, el reino de Navarra y el norte de África; se habrían descubierto las Indias Occidentales; se habrían reorganizado y modernizado el Estado hispánico, el ejército, la burocracia y la hacienda pública; su política internacional y su diplomacia fueron sobresalientes, consiguiendo concluir tratados y alianzas con la mayor parte de los Estados de la Europa Occidental; se derrota y aísla a ese gran y ambicioso enemigo que era el reino de Francia; se realiza una uniformización religiosa al expulsar a los judíos, con la conversión forzosa de los mudéjares o musulmanes que vivían en los territorios de los cristianos, y con el establecimiento del tribunal del Santo Oficio de la Inquisición.

La unión dinástica de los reinos de León y de Castilla con el de Aragón, van a ser de la directa responsabilidad de Fernando el Católico. El resumen que se puede realizar es el siguiente: a) CONSTRUCCIÓN DE UN ESTADO PODEROSO, b) REFORZAMIENTO DEL PODER REGIO Y c) DESARROLLO DE UNA POLÍTICA HEGEMÓNICA HISPANA EN EUROPA.

«Este rey era ome de mediana estatura, bien proporçionado en sus miembros, e en las façiones de su rostro bien compuesto, los ojos rientes, los cabellos prietos e llanos; ome bien conplisionado. Tenía la habla igual, ni presurosa ni mucho espaçiosa. Era de buen entendimiento, muy templado en su comer e beber, e en los movimientos de su persona, porque ni la ira ni el placer facían en él grand alteración. Cabalgaba muy bien a cavallo, en silla de la guisa e de la gineta; justaba, tirava lança e fazía todas las cosas que ome debe hazer, tan sueltamente e con tanta destreza, que ninguno en todos sus reynos lo fazía mejor. Era gran caçador de aves, ome de buen esfuerço, e gran trabajador en las guerras. De su natural condiçión era muy inclinado a hazer justicia, y tanbién era piadoso, e compadeçíase de los miserables que veía en alguna angustia. Tenía una graçia singular: que cualquier que con él hablase, luego le amava e deseaba servir, porque tenía la comunicación muy amigable. E era asimesmo remitido a consejo, en especial de la Reina su muger, porque conocía su gran sufiçiençia e discreçión (…) No podemos dezir que hera franco (…) E como quiera que amava mucho a la Reina su muger, pero dávase a otras mugeres» (Hernando de Pulgar. “Crónica de los Reyes Católicos”, Apud J. Palao Gil, “Fernando el Católico”, 2002).

Su tenacidad y su constancia eran proverbiales y, siempre, dirigidas hacia un plan de gobierno sin fisuras.

«Para lograrlo hubo de sacrificar muchas cosas y desarrollar cualidades poco loables: fue un rey egoísta, como lo fueron los grandes monarcas de su tiempo; frugal hasta rayar en la cicatería; ingrato con algunos de sus más grandes colaboradores; circunspecto y poco dado a la franqueza» (J. Palao Gil, Op. Cit.).

Pero es obvio que, a este gran monarca, es más que necesario situarlo en el contexto espacio-temporal en que le va a tocar vivir, por ejemplo: la gobernación de los reinos de Castilla y de León va a corresponder a la regia pareja, Isabel y Fernando o viceversa, y por igual, gracias a la afectiva y fluida relación que siempre mantuvieron; será tras la muerte de su esposa, de un carcinoma de cérvix uterino, cuando surge la figura prístina del monarca, con su estilo único paradigmático de conducir los asuntos de sus reinos-Estados: León, Castilla y Aragón.

I.-LA PRIMERA REGENCIA DEL REY FERNANDO “EL CATÓLICO”-

Felipe I “el Hermoso” [Brujas, 22 de julio de 1478- REY IURE UXORIS DE CASTILLA Y DE LEÓN, entre 1504 y, Burgos, 25 de septiembre de 1506], teórico rey consorte de León y de Castilla, se ponía muy nervioso al comprobar que, todavía, no había conseguido sentar sus regias posaderas en ese trono tan preciado; a pesar de que la reina Isabel había recomendado, a Felipe y a Juana: «que sean siempre muy obediente e subjetos al Rey, mi Señor, e quien no le salgan de obediencia e mandado» (Testamento de Isabel la Católica”, Apud J. Palao Gil, p. 109).

-EL REY FERNANDO V “EL CATÓLICO”-

Todo ello partía del testamento de la reina Isabel I “la Católica” [Madrigal de las Altas Torres, 22 de abril de 1451-REINA DE CASTILLA Y DE LEÓN, desde 1474, hasta, Medina del Campo, Real Palacio Testamentario, 26 de noviembre de 1504], que dejaba muy claro que serían Juana I “la Loca”[Toledo, 6 de noviembre de 1479-REINA DE LEÓN Y DE CASTILLA de 1504 a 1555, y de ARAGÓN y de NAVARRA, desde 1516 hasta 1555. Falleció en Tordesillas, 12 de abril de 1555] y su esposo, ligero y vanidoso, Felipe I, los soberanos de León y de Castilla. La reina tenía clara convicción del rechazo de la nobleza a su regio esposo y, por lo tanto, los problemas inclusive bélicos que ello podría conllevar.

Por todo lo que antecede el Rey Católico quedaría en calidad de regente hasta que los príncipes llegasen de Flandes. El borgoñón tenía en su bando al duque de Nájera y al marqués de Villena, los cuales deseaban librarse de la férrea disciplina con la que les tenía encorsetados el grande y maquiavélico monarca de León, de Castilla, y de Aragón.

Pero, Fernando “el Católico”, sabía que su hija y, por supuesto, su marido, aquel príncipe flamenco-borgoñón ambicioso, libertino y mezquino, el taimado Felipe “el Hermoso”, al que no tenía la más mínima simpatía; y que, para agravar más la cuestión, no amaba a su enamorada y embobada hija, eran los auténticos herederos de la Corona de León y de Castilla y así lo reconocería al alzar los pendones regios por ellos en la leonesa Medina del Campo, el mismo día de la muerte de su esposa la reina Isabel, además el rey Fernando estaba solo, por primera vez en su vida, al estar privado de su alter ego, que siempre había sido su eximia esposa.

«…Que devía mirar que era mancebo y no exercitado en gobernar, y estos reinos que eran muy diferentes que los de Flandes y de los otros señoríos que él governava. Y que dexado esto, sabía él bien que no era rey de Castilla é de León, porque el título de rey, de su propia voluntad, se lo avía quitado a sí y dado a su hija doña Juana; pero que otra cosa no quería en Castilla é en León sino ser gobernador de ella. Y que pues así era, que no dexase de venir luego a las Españas, y de traer consigo a la reina doña Juana, su muger, porque después de venidos darían orden en la manera que se avía de tener en la gobernación y rentas del reino…» (A. de Santa Cruz, ibídem, II, p. 5; apud G. Villapalos, ibídem, p. 250; Historiografía de José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, 2018).

En el caso del campo de los reinos de Castilla y de León, las cosechas habían ido de mal en peor y el precio del trigo en las ciudades estaba por las nubes, el descontento de los burgueses era importante.

La Santa Hermandad (corporación armada, que era pagada por los concejos municipales, y así perseguir a los criminales) volvía a las andadas, reclutando tropas para auto-enfrentamientos; los linajes nobiliarios tales como los de Medina-Sidonia, Béjar, Benavente, Villena, etc., se agrupaban alrededor de un botarate como lo era Felipe “el Hermoso”, con el señor Juan Manuel de Belmonte a la cabeza; los gastos superaban a los ingresos de la Hacienda pública, por lo que se debe recurrir al crédito: los juros o deuda pública a cambio de numerario (vitalicios, perpetuos y al quitar); los préstamos de la alta nobleza y los de la banca genovesa.

Los reinos de Aragón estaban exhaustos y para sus guerras habían recibido las ayudas económicas de los reinos de León y de Castilla, por lo que en estos reinos los recelos hacia los eficaces secretarios del partido fernandino o aragonés, o del denominado como “catalán Fernando el Católico”, iban en aumento.

En Nápoles era más que necesaria la consolidación del triunfo obtenido por la fuerza de las armas. Además en el año 1503, tras el interregno del papa Pío III [Francesco Nanni Todeschini Piccolomini. Siena, 29 de mayo de 1439. Papa entre 11 de septiembre de 1503 y, Roma, 18 de octubre de 1503], calzaba las sandalias del pescador, San Pedro, el cardenal Giuliano Della Rovere, qui sibi nomen imposuit Julio II [Albissola Marina, 5 de diciembre de 1443-Papa entre 1 de noviembre de 1503 hasta, Roma, 21 de febrero de 1513], que era un papa enérgico y belicoso, partidario de una hegemónica Santa Sede en la Península italiana y, obviamente, los intereses italianos de Fernando el Católico eran indeseados.

-EL PAPA JULIO II-

Además Navarra comenzaba a oscilar hacia el bando francés, de la mano de su reina Catalina de Foix (1468-REINA DE NAVARRA, entre 25 de agosto de 1512, hasta Mont-de-Marsan, 12 de febrero de 15171517), casada con el rey-consorte Juan III de Albret (Ségur-le-Chateau, 1469-REY-CONSORTE DE NAVARRA, hasta, Monein, 17 de junio de 1516). Habían casado al príncipe de Viana, heredero del Viejo Reino, Enrique, con Margarita de Valois, hermana del futuro rey Francisco I de Francia (Cognac, 12 de septiembre de 1494-REY DE FRANCIA desde el 25 de enero de 1515, hasta Rambouillet, 31 de marzo de 1547. “Padre y Restaurador de las Letras, el Rey Caballero, el Rey Guerrero”), yerno, por estar casado con Claudia de Francia [Romorantin-Lanthenay, 13 de octubre de 1499-REINA DE FRANCIA. Fallecería de sífilis en Blois, 20 de julio de 1524] y primo de Luis XII (Blois, 27 de junio de 1462-REY DE FRANCIA, de 1498, hasta París, 1 de enero de 1515. “Luis de Orleans”).  

Por todo ello, este monarca alentaba a la monarquía navarra hacia el rechazo de las tesis de Fernando “el Católico”. En el pasado 1500, Juan de Albret, había estado en Sevilla con los Reyes Católicos. «…Lo que ellos querían que su reino era que él y su sobrina lo goçasen muchos años, con hijos que Dios les diese. Pero que si a él le parecía bien, querrían que los reinos de Castilla é de León y de Navarra fuesen todos unos, amigos de amigos y enemigos de enemigos…» (A. de Santa Cruz, ibídem, Apud L. Suárez Fernandez, “Fernando el Católico y Navarra”, 1985, p. 93; Historiografía por José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, 2018).

Las continuas desavenencias y las desabridas relaciones entre Fernando “el Católico” [Sos, 10 de marzo de 1452-REY DE ARAGÓN, 1479-1516; DE CASTILLA Y DE LEÓN, 1474-1506; DE NAVARRA, 1512-1515. Falleció en Madrigalejo-Cáceres, 23 de enero de 1516] y Felipe “el Hermoso” eran un flanco fácil para poder atacar política y diplomáticamente al monarca aragonés y a sus intereses, aunque Fernando “el Católico” no estaba de acuerdo en que de los ahora reyes de León y de Castilla, solo recibiera el necesario homenaje su atrabiliario yerno, Felipe “el Hermoso”, que le seguía presionando para que le entregase todo el poder, arrollando los usos dinásticos de los reinos de Castilla y de León.

-CRISTÓBAL COLÓN-

«…Y porque se publicaba más cada día que se procuraba por el rey de Francia que el rey don Felipe viniese a las Españas sin la reina, el rey le envío a decir que no se daría lugar a ello, ni podía dejar de cumplir lo que se le había ya advertido en vida de la reina sobre este caso, que era no permitir que entrase en los reinos de Castilla é de León sin traer a la reina su mujer(J. de Zurita, ibídem, 3 p. 345; apud M. Fernández Álvarez, “Juana la Loca”, p. 108, 2000; Historiografía de José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, 2018); independientemente de que su hija Juana siempre sería su predilecta.

Para evitar todo ello, Fernando “el Católico” convocó cortes en la leonesa Toro (1505), con la finalidad de conseguir que su hija Juana fuese jurada como reina y luego incapacitada por enajenación mental, y así seguir él de gobernador de los reinos de León y de Castilla, ya que los súbditos de Castilla y de León estaban a su favor:

«…Con esto se tiene mucha esperanza que en tan gran novedad no habrá cosa nueva, pues en la administración y gobernación de vuestra alteza se acrecienta a los sucesores prosperidad, pacificación y descanso y a los súbditos mucha justicia, libertad y sosiego de que estos reinos tuvieron tanta necesidad hasta que vuestra alteza vino a reinar en ellos y quitó todas las escuridades y tinieblas en que estaban. Pues en la gobernación y administración de vuestra alteza, vuestros herederos y estos reinos (de León y de Castilla) reciben tan gran beneficio, suplicamos a vuestra alteza tome el trabajo que para ello se requiere, pues si lo que la virtud obliga se puede llamar deuda, está muy cierto que lo debe vuestra alteza a los unos por naturaleza y deudo y a los otros por mucha afición…» (J. de Zurita, ibídem, 3, p. 351; apud G. Villapalos, ibídem, p. 251).

Pero la nobleza fue la beneficiada, ya que recibió la anhelada confirmación del mayorazgo, que era la base innegociable de la conservación del poder económico y social por parte de la alta nobleza,

«Ad regem omnia potestas pertinet, defensio et gubernatio; ad singulis proprietas» (Álvaro Pelayo, apud José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, “Breve Historia de Fernando el Católico”, 2013, p. 210).

Pero Felipe “el Hermoso” seguía maquinando contra su suegro y, ahora, firmaba con su padre, el emperador Maximiliano I de Habsburgo [Wiener Neustadt-Austria, 22 de marzo de 1459-EMPERADOR DEL SACRO IMPERIO ROMANO GERMÁNICO, 1508-1519. Falleció en Wels, 12 de enero de 1519], el Tratado de Hagenau (6-IV-1505), por el que Luis XII de Francia iba a recibir, en esa villa abacial, el título de duque de Milán; a causa de esta nueva alianza contraída el “Rey Católico” aragonés iba a quedar excluido de todo; además su desdichada hija, presionada por su marido, le iba a exigir que la dejase gobernar.

Fernando “el Católico” estaba cada vez más aislado y más cercado de enemigos, por lo que intenta una aproximación, hipócrita y coyuntural hacia Francia, su archienemiga, por medio del Segundo Tratado de Blois (12-X-1505), así se compromete a contraer matrimonio con Germana de Foix [Foix, 1488-REINA-CONSORTE DE ARAGÓN, entre 1505-1516. Falleció en Valencia, 15 de octubre de 1536], sobrina carnal del Capeto, por ello el monarca francés le tendría que reconocer sus derechos al reino napolitano, aunque iba a tener que pagar (a Luis XII) una indemnización por los gastos ocasionados por la guerra.

«…Temió de la necesidad que venido en Castilla é en León á él le podía venir, porque él estaba enemigo con el Rey de Francia sobre los debates y guerras de Nápoles, y las treguas que tenían se cumplían á cierto tiempo que se acercaba…el rey Luis…era contento de tener mucha paz y amistad con el Rey Católico, pero que avía de ser con condición que el Rey Católico casase con madama Germana su sobrina…y que así mesmo él desistía del derecho que tenía al reino de Nápoles…» (A. Bernáldez, p. 724, Apud G. Villapalos, ibídem, p. 252, Historiografía de José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, 2018).

Pero entonces, Felipe “el Hermoso” movió ficha e intentó llegar a un acuerdo con su suegro, plasmado en la denominada “Concordia de Salamanca” (noviembre de 1505), en la que Juana I, Felipe I “el Hermoso” y Fernando V “el Católico” eran reyes, indistintamente, en los reinos de Castilla y de León, según fuese la situación mental de doña Juana y la presencia física en dichos reinos de su marido, ya que si así no fuese, el rey y gobernador sería Fernando “el Católico”; pero Felipe “el Hermoso” trató evitar dicho acuerdo y para ello desembarcará, el 26 de abril de 1506, en La Coruña.

«…Todos los grandes y señores principales que habían llegado a La Coruña, que eran el marqués de Villena y los duques de Nájera y Béjar, el conde de Benavente, los marqueses de Astorga y Aguilar, Garcilaso de la Vega y don Alonso Téllez Girón y otros caballeros, aunque decían públicamente que convenía al rey don Felipe que tuviese al rey su suegro por padre y se gobernase por su consejo que era lo que no se podía negar a la clara, daban siempre sus quejas; y traían sus tratos muy secretamente puesto que el rey don Felipe no hacía más que oírlos y no se les daba tanta parte en los negocios del estado como ellos pensaron…» (J. de Zurita ibídem, p. 488; apud G. Villapalos, ibídem, p. 255).

-LA REINA JUANA I “LA LOCA”-

Pero la esperada y necesaria reunión con su suegro se celebra en la aldea de Remesal, situada entre las villas zamoranas de Puebla de Sanabria y de Asturianos; el rey Fernando se presenta casi en solitario, mientras que su yerno pretende apabullarlo con miles de lansquenetes mercenarios alemanes y las mesnadas de sus linajes nobiliarios partidarios; Fernando “el Católico” llega a la convicción de que es necesaria su desaparición del trono y del poder en los reinos de León y de Castilla, si quiere evitar una guerra civil, pero aún en esta complicada situación hace gala de su habitual y extraordinario sentido del humor.

«…De allí se despidió de él é de los caballeros de Castilla é de León que allí estaban, y abrazó al Duque de Nájera, al Conde de Benavente, é á otros en la partida cuando se despidió del Rey Don Phelipe, los quales algunos de ellos estaban armados de corazas debajo de los sayos, y el Rey motejándolos dijo al Duque de Nájera: Duque, Dios os dé paz, no solía de vos ser tan gordo; y otro tanto dijo al Conde de Benavente, y á otros á lo semejante, dándoles palmadillas en las espaldas; y allí en presencia de muchos Grandes echó la bendición á todos, é les enconmendó que fuesen leales á su Rey, é se quitó de la cabeza un sombrero é el bonete, é quedando en cabello se humilló á todos, é se despidió é volvió las riendas» (A. Bernáldez, Op. Cit., p. 726, Apud G. Villapalos, ibídem, pp. 255-256).

Ya que su nuevo enlace matrimonial, en este caso con Germana de Foix le había conllevado la pérdida de crédito y de fe en muchos de sus partidarios, incluyendo al todopoderoso pero siempre humilde cardenal Cisneros (1436-1517); todo ello quedó claro en la denominada “Concordia de Villafáfila” (27 de junio de 1506), por medio de la cual abandonaba los reinos de León y de Castilla, que habían sido su norte desde hacía muchos años y solo conservaría los Maestrazgos de las Órdenes Militares; los territorios que abandonaba quedaban sometidos a la hambruna, al castigo de la peste y a las luchas de las diferentes banderías nobiliarias.

«…Y aún decían aver pregronado estos señores por todos sus lugares que ninguno diese al rey don Fernando mantenimientos, ni lo acogiesen en ellos. Cierto es cosa de admiración que un rey que no avía casi nada andava triunfando por las Españas, velle en este tiempo andar perdido de lugar en lugar, no queriendo otra cosa sino hablar al rey don Felipe su yerno y a su hija la reina doña Juana…» (A. de Santa Cruz, ibídem, II, 41, 55, apud G. Villapalos, Op. Cit., p. 257).

II.-LA SEGUNDA REGENCIA DEL REY FERNANDO V “EL CATÓLICO” DE LEÓN Y DE CASTILLA-

A finales del mes de julio del año 1506, Fernando el Católico entraba en sus reinos aragoneses; «…Y luego procuró el rey don Fernando de irse al reyno de Aragón. Y se partió de Tudela, por el mes de julio, y salieron con Su Alteza don Fadrique, duque de Alba, y don Bernardo de Rojas, marqués de Denia, que con estos dos fueron los que siempre le siguieron y más estuvieron con él…» (A. de Santa Cruz, ibídem, II, pp. 41 y 55, apud G. Villapalos, Op. Cit., p. 257).

Tras recoger a su nueva esposa, ya citada, en Zaragoza, se embarca en septiembre hacia Nápoles, previa escala en Génova, allí le fue a recibir su virrey, Gonzalo Fernández de Córdoba “El Gran Capitán” (1453-1515), que tenía muy molesto al soberano porque no ejecutaba sus órdenes con la celeridad necesaria, incluso negándose a viajar a las Españas, tal como se le había demandado, además se arrogaba comportamientos regios, repartiendo tierras, proveyendo oficios, disponiendo sobre embajadores y gastando los dineros de la Hacienda Pública en favores, mercedes y prebendas; por el lado del “Gran Capitán”, este no comprendía que a cambio de tanta grandeza alcanzada solo recibiese desconfianzas, cicaterías y suspicacias.

«DESCARGO. LAS CUENTAS DEL GRAN CAPITÁN: –Doscientos mil setecientos treinta y seis ducados y nueve reales en frailes, monjas y pobres para que rogasen a Dios por la prosperidad de las armas españolas. –Cien millones en picos, palas y azadones. –Cien mil ducados en pólvora y balas. –Diez mil ducados en guantes perfumados para preservar a las tropas del mal olor de los cadáveres de los enemigos tendidos en el campo de batalla. –Ciento setenta mil ducados en poner y renovar campanas con el uso continuo de repicar todos los días por nuevas victorias conseguidas sobre el enemigo. –Cincuenta mil ducados en aguardiente para las tropas un día de combate. –Millón y medio de ídem para mantener prisioneros y heridos. –Un millón de misas de acción de gracias y Te Deum al Todopoderoso. -Tres millones en sufragios por los muertos. –Setecientos mil cuatrocientos noventa y cuatro ducados secretamente entregados a los espías, por cuya diligencia he entendido los designios y acuerdos de los enemigos y ganado muchas victorias. –Y cien millones de ducados por mi paciencia en escuchar ayer que el rey pedía cuentas a quien le ha regalado un reino» (Apud J. Mª M. García-Osuna y Rodríguez, ibídem, pp. 216 y 218).

-GONZALO FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA “EL GRAN CAPITÁN”-

Pero el rey Fernando “el Católico” no entendía ni aceptaba que sus vasallos se encumbrasen en demasía o desafiasen al poder y a la autoridad de los soberanos, que encarnaban el dominio sobre la corona.

«…Mostró el rey mayor descontentamiento porque el Gran Capitán no le enviaba particular cuenta y relación de las cosas de aquellos estados y repartía las tierras y otros bienes de los confiscados y proveía liberalísimamente de los oficios que solían ser reservados a la provisión y gratificación de los reyes y no de sus generales…También sentía el rey por grave que el Gran Capitán enviase diversas suplicaciones al papa sobre provisiones de iglesias y patronazgos y sobre otros negocios de estado, y permitiese se gastase de la hacienda en cosas de gracia, siendo todo esto reservado para que se proveyese por la persona real, y que él lo hacía sin dar ninguna cuenta ni razón de ello…Mas el Gran Capitán, que era de un ánimo muy generoso y tan altivo que lo más estimaba en poco y no sufría ningunos limites, no pudo buenamente tolerar que él, que fue el principal ministro para conquistar aquel reino con tanta reputación y gloria de la corona real y de la nación española, se redujese a las reformaciones y ordenanzas de los otros; y no mostraba recibir menos pena y fatiga con estas represensiones y mandamientos que la tuvo en el mayor trance y peligro de la guerra pasada…» (J. de Zurita, ibídem, 3, pp. 265-266, Apud G. Villapalos, Op. Cit., p. 260).

Pero aunque lo depuso como virrey de Nápoles para poder evitar su medro, premiaría sus servicios concediéndole los ducados de Sessa y de Terranova; los napolitanos, no obstante, recibieron a su rey Fernando II de Aragón y III de Nápoles con toda su habitual prosopopeya.

«…Fueron a recebir a Su Alteza a Castil del Ovo, donde a suplicación de los de la ciudad de Nápoles se detuvo algunos días…veinte y dos galeras muy bien ataviadas, en que fueron más de dos mil hombres vestidos de seda y brocado, los más con cadena de oro al cuello, y con mucha pedrería. Y entró Su Alteza en su galera con una ropa debrocado aforrada en martas, con mucha pedrería, en el bonete un joyel que le dio el Gran Capitán…que le avía costado veinte mil ducados…Y cuando vinieron a vista de Nápoles, las galeras dispararon el artillería y Castil Novo les respondió con la suya, que fue cosa de ver. Y Sus Altezas desenbarcaron en una puente artificial, donde el Gran Capitán tomó a la Reina del braço hasta ponella debaxo de un arco triunfal que entrava gran pieça en la mar, que avía costado doce mil ducados, y la puente cuatro. Donde avía gran música de cantores, que cantaron Te Deum laudamus…» (A. de Santa Cruz, ibídem, 2, pp. 72-73, apud G. Villapalos, ibídem, p. 261).

Pero, mientras tanto, su yerno trataba de gobernar en León y en Castilla, aunque la tarea iba a ser muy dificultosa, ya que las cortes leonesas y castellanas, reunidas en Valladolid, el 12 de julio de 1506, solo juraron como reina-propietaria a Juana I y se negaron a incapacitarla, él únicamente sería soberano-consorte, la desconfianza de los procuradores de los reinos de León y de Castilla hacia los flamenco-borgoñones empezaba a manifestarse, ya que entre otras lindezas de mayor o menor enjundia quebraba, Felipe I “el Hermoso”, las tradiciones de esos reinos, otorgando oficios públicos a personas ajenas a esos territorios.

Gutierre Gómez de Fuensalida (1450-1535), el embajador de León y de Castilla en Flandes escribía a Fernando “el Católico” sobre los placeres múltiples de que era partícipe y aficionado Felipe “el Hermoso”, los cuales eran las fiestas, los juegos y la sensualidad exacerbada:

Traénlo de vanquete en vanquete, y de dama en dama, y asy va todo como va”.

Todo ello contrastaba con la austeridad de Fernando e Isabel, los “Reyes Católicos”, la diferencia era escandalosa; la sensación de desgobierno era palpable, y sus tropas mercenarias abusaban constantemente de las gentes de León y de Castilla.

A finales de septiembre de 1506, mientras Fernando “el Católico” y “el Gran Capitán” se entrevistaban en Génova, Felipe “el Hermoso” trasladó la corte a Burgos y allí le alcanzó la muerte el 25 de septiembre de 1506, de una brusca e inesperada enfermedad, tras un juego de pelota y beber agua helada a continuación. Entonces los nobles, que temían a Fernando el Católico, intentaron proclamar rey al primogénito de Felipe “el Hermoso” y Juana I “la Loca” que se llamaba Carlos, quien tenía 6 años de edad; aunque durante su minoría de edad, su abuelo-paterno (Maximiliano de Habsburgo) gobernaría los reinos de Castilla y de León. Probablemente pudo pasar a mejor vida por un accidente cerebro-vascular agudo y masivo, un ICTUS, o, porque no decirlo, por causa de un infarto agudo de miocardio, IAM; en ambos indicios vasculares, la muerte del atrabiliario príncipe fue su final.

-FRANCISCO JIMÉNEZ DE CISNEROS-

«…Con la muerte del rey don Felipe se siguió una tan repentina mudanza en las cosas de aquellos reinos (de León y de Castilla), que pareció bajar de una suma prosperidad de que habían gozado por tan largo discurso de tiempo a la mayor confusión y peligro que se pudiera temer. Estaban fundadas con tantas fuerzas antes de esto las cosas del gobierno y de la paz y justicia que se entendió bien cuán necesaria fue la unión de los reinos de Aragón con los de Castilla é de León y que sucediesen en ellos y los gobernasen tanto tiempo en toda igualdad y justicia el rey y la reina…» (J. de Zurita, ibídem, 3, p. 78; apud G. Villapalos, ibídem, p. 257; Historiografía de J. Mª. M. García-Osuna y Rodríguez, 2018).

Juana I “la Loca”, a pesar de su creciente desvarío mental, se opuso a ello como algo desatinado y descabellado.

«La Reina le respondió que en lo que decía de la venida del Rey de Romanos, que no era menester acá para la governación de los reinos (de Castilla y de León), porque en lo de Alemania tenía harto que gobernar; y el Príncipe su hijo era muy pequeño para ponello…» (Apud J. Palao Gil, ibídem, p. 115; Historiografía de J. Mª. M. García-Osuna y Rodríguez, 2018). 

Fernando “el Católico” se enteró en la costa de la Liguria del luctuoso hecho, estando en Portofino, y escribió, enseguida, a los súbditos de los reinos de León y de Castilla.

«…les rogava quisiesen obedecer a la reina doña Juana, su muy cara y amada hija y su señora, como eran obligados. Y que no hiciesen cosa alguna en perjuicio del derecho de la serenísima Reina su hija; ni en perjuicio de su derecho. Y que él llevaba gran cuidado de despachar en el reino de Nápoles algunas cosas de que tenía necesidad, para venirse luego a estos reinos…» (Apud M. A. Ladero Quesada; “La España de los Reyes Católicos”, 2003, p. 39).

Y, por supuesto, los ciudadanos de Castilla y de León tenían muy claro lo que había que hacer.

«…los procuradores de Cortes (de las ciudades con ese derecho, de los reinos de León y de Castilla), votaron todos luego allí que se dixese a Su Alteza que governase…Todo lo cual quedó acordado que dixesen los del Consejo Real, y que algunos de los procuradores se llegasen a ver lo que Su Alteza respondía. La cual, como los del Consejo le hablasen sobre lo que estava acordado, les respondió que dexasen las Cortes hasta que el Rey su señor viniese; porque si a él le pareciese las harían. Y visto esto por los del Consejo y por los procuradores de Cortes, determinaron de no hablalle más sobre ello, y de escribir al rey don Fernando suplicando no dilatase su venida en estos reynos de Castilla é de León, por lo mucho que cumplía al bien y pacificación de ellos…» (A. de Santa Cruz, ibídem, II, pp. 61, 68-69, apud M. A. Ladero Quesada, ibídem, Apud G. Villapalos, ibídem, p. 258; Historiografía de J. Mª. M. García-Osuna y Rodríguez, 2018).

La Alta Nobleza de los reinos de León y de Castilla, reunida en Burgos, decidió constituir un Consejo de Regencia, que estaría conformado por el Almirante de Castilla y de León, y los duques de Nájera y del Infantado, el presidente de dicho organismo sería el arzobispo de Toledo, Francisco Jiménez de Cisneros, cuya autoridad se va a imponer en pro de la solución denominada “Fernando el Católico de Aragón”.

En León y en Castilla, Juana I, sostenía los derechos regios de su padre en contra del marqués de Villena que se inclinaba hacia los de los Habsburgo. Por consiguiente, en esta ocasión la gran mayoría de la Alta Nobleza leonesa y castellana sí está a favor de la gobernación política del monarca aragonés.

La guerra civil había estallado, por lo tanto, en Segovia y amenazaba con extenderse como si fuese una epidemia, los perjudicados por las actuaciones de Felipe I “el Hermoso” reclamaban restituciones y compensaciones sin medida, la psicosis maniaco-depresiva de la reina iba en aumento, y sin solución de continuidad. F. Jiménez de Cisneros escribió, a Génova, al rey Fernando, para que acelerase su llegada, pero la indignación y el enfado de Fernando “el Católico” con los nobles de León y de Castilla, por el mal trato y la ingratitud con que le habían obsequiado, eran descomunales, por lo que encargó al arzobispo de Toledo que se hiciese cargo de la regencia hasta que a él le fuese posible regresar, “y que cada cual se cociese en su propia salsa” (E. Belenguer Cebriá. “Monografía de Fernando el Católico”, 2004).

Fernando “el Católico” no aceptaba, bajo ningún concepto, apremios, ya que era el decano de los soberanos del Occidente europeo y el más brillante de todos ellos, inclusive por encima de los más eximios como podrían ser considerados: el papa Julio II y Luis XII de Francia; ahora sabía, además, que era indispensable para los reinos de León y de Castilla.

-LA REINA GERMANA DE FOIX-

Estando el rey don Fernando en Nápoles, muy a menudo sabía las cosas de los reinos de Castilla é de León y los movimientos y nuevas dellos, y sabía cómo algunos de los cavalleros presumían  y tratavan que no fuese reçebido en dichos reynos de Castilla é de León«(A. Bernáldez, ibídem, apud J. Palao Gil, ibídem, pp. 116-117).

Como era de esperar de su complicada, minuciosa y rigurosa idiosincrasia, Fernando “el Católico” estaba perfectamente informado sobre lo que estaba sucediendo en los reinos de León y de Castilla, allí tenía algunos partidarios y espías que le informaban, conocía la abúlica atonía en la que se hallaba su desdichada hija; y Cisneros había perdido en su lucha política frente a los partidarios de Carlos de Gante (de Luxemburgo), de siete años de edad.

Por lo tanto, en esta tesitura llegó a los reinos de León y de Castilla, y a finales del año 1508 ya los había pacificado.

«…É después de muchas fiestas é placeres habidos, el Rey Don Fernando se despidió é vino por los puertos de Marsella é Francia, é por la mar tierra á tierra, como havia ido, é vino á desembarcar á Valencia…á 27 dias de Julio del año de 1507 con su armada de diez galeras y diez y seis naos, y por Capitan de ellas Pedro Navarro…» (A. Bernáldez, ibídem, p. 731; apud G. Villapalos, ibídem, p. 262).

Sus adversarios: el señor de Belmonte, el duque de Nájera y el marqués de Priego, no obstante, estaban dispuestos a resistir.

«…Y comenzaron a publicar por nueva cierta que a la primavera venía el rey de Romanos (el emperador Maximiliano de Habsburgo) y traería a los reinos de Castilla é de León al príncipe (el futuro emperador Carlos V); y esto andaban sembrando el marqués de Villena y el duque…» (A. Bernáldez, ibídem, p. 731; apud G. Villapalos, ibídem, p. 262).

No obstante, ya había conseguido F. Jiménez de Cisneros poner las cosas en su sitio. El 11 de agosto de 1507 los barcos que transportaban todo el ingente séquito del rey llegaban a Valencia. Ahora, Fernando “el Católico” ejercerá el poder, en León y en Castilla, de forma total y absolutamente desinteresada.

«…Antes que el rey se hiciese a la vela del puerto de Nápoles, tenía ya las cosas de Castilla é de León en muy buen estado; é hizo en ellas gran señal el favor que dio al arzobispo de Toledo en procurarle el capelo de cardenal y la comisión de inquisidor general en los reinos de Castilla é de León…En este medio el conde de Benavente se vino a ver con el arzobispo de Toledo, y juntáronse con ellos en Reinoso el duque de Alba y el condestable y Luis Ferrer y los del consejo real para tratar en la provisión que se había de hacer en lo de Ponferrada (la rebelión del conde de Lemos)… Siguiendo el conde el consejo más seguro…entregó luego a Ponferrada y su tierra a la corona real…y dejó las armas; y él se fue a poner en salvo, hasta que por medio del almirante (de Castilla y de León) alcanzó perdón de lo pasado…» (J. de Zurita, ibídem, 4, p. 213; Apud G. Villapalos, Op. Cit. p. 268; Historiografía por José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, 2018).

El 29 de agosto de 1507, en Tórtoles, Fernando “el Católico” se entrevistará con su hija, a la que siempre había profesado un gran amor paterno.

«…Y llegando el rey don Fernando a Tórtoles (Tórtoles de Esgueva. Burgos), do la Reina (Germana de Foix) le estava esperando, fue tanta la alegría que en ella ovo que las lágrimas se le saltaron de los ojos. Y la Reina (Juana I la Loca de Castilla y de León) con no menos placer, hincándose en el suelo de rodillas, le fue a besar las manos, y el Rey no se las quiso dar, y la levantó en los brazos, y la abrazó y besó…” “…vino en este tiempo…y Su Alteza la truxo a Arcos (Arcos de la Llana), para que viese a la reina doña Juana, y entró donde ella estava, y le rogó mucho quisiese ver a su mujer. Y ella se levantó a la reina Germana como si fuera su madre, y le pidió la mano para se la besar; y la reina Germana hiço lo mesmo, y se abraçaron con mucho amor…”» (A. de Santa Cruz, ibídem, 2, p. 96, y 101-102; apud G. Villapalos, ibídem, p. 270).

A continuación se debería ocupar de acabar con el lamentabilísimo espectáculo de su hija Juana, desde el mes de diciembre de 1506, yendo detrás, cómo un alma en pena, de un tétrico cortejo fúnebre que trataba de llevar los restos funerarios de Felipe I “el Hermoso”, desde Miraflores (Burgos) hasta Granada. Entonces, Fernando “el Católico”, conseguirá recluir a su hija en Tordesillas (Valladolid), donde pasaría los siguientes 46 años de su vida.

«…Hallóla muy alegre con su vida y con salud, pero flaca y fatigada de la mala disposición del lugar y de los vestidos que traía, eran  tales que no era para poderlo sufrir ni aun para que se deban escribir, y todo lo demás era de suerte que parecía imposible poder vivir otro invierno si perseverara en aquella manera de vida…” “…Se partió el Rey…y tomó a la Reina (Juana I) y la truxo a Tordesillas, aposentándola en las casas de palacio que allí avía, dexándola su casa concertada, con sus servidores, y el marqués de Denia que la tuviese en cargo, porque no la podía traer consigo por sus indisposiciones…”» (J. de Zurita, ibídem, 4, p. 355; apud G. Villapalos, Op. Cit., p. 272).

En diciembre de 1509, por medio de la Concordia de Blois, iba a llegar a un acuerdo con el emperador Maximiliano de Habsburgo, sobre la debida sucesión en los reinos de Castilla y de León, ya que este tenía miedo de que los hijos de Fernando “el Católico” y de Germana de Foix, si los hubiere, precediesen a su nieto, Carlos de Gante, en los derechos al trono; y aunque tuvieron un hijo, llamado Juan, fallecería una hora después de nacer, y pasaría a mejor vida el 3 de mayo de 1509.

Este deceso cerró, definitivamente, la incertidumbre sobre la separación entre Castilla y León con Aragón. El monarca siempre tuvo in mente la recuperación del concepto de la Hispania romana, que abarcaría a toda la Península, y a la que él denominaría como Reino de España (León+Aragón+Navarra+Portugal+Castilla).

«…Era en coyuntura que el emperador podía hacer mayor confianza que no había el rey de pretender otra cosa que la seguridad y acrecentamiento de la sucesión de su nieto por haber muerto el príncipe don Juan su hijo que parió la reina doña Germana en Valladolid el día de Santa Cruz de mayo de este año, y vivió pocas horas…» (J. de Zurita, ibídem, 4, p. 392 apud G. Villapalos, ibídem, p. 274).

Por consiguiente, el rey Fernando V de León y de Castilla, II de Aragón y I de Navarra aceptó la regencia de dichos reinos hasta que su nieto cumpliese los legales veinte años, con todo puesto en su sitio, Fernando el Católico convocaría cortes en Madrid (octubre de 1510).

«Allí se ratificó la concordia de Blois, juró Fernando el cargo de gobernador, administrador y tutor de los reinos de Castilla y de León en nombre de su hija Juana, y obtuvo un espléndido donativo de cien millones de maravedís. Las ciudades, en contrapartida, le pidieron que fuese más respetuoso con la legislación de Cortes, que la monarquía tan a menudo vulneraba con sus pragmáticas. El rey hizo falso propósito de enmienda, pues desde mucho tiempo antes sabía que la de legislar es facultad intrínseca a un soberano poderoso, y no pensaba renunciar a ella» (Apud J. Palao Gil, ibídem, p. 118; Historiografía por  José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, 2018).

III.-SOBRE EL GOBIERNO DE LAS INDIAS OCCIDENTALES-

Fernando el Católico conocedor de la pésimas dotes de mando, desmanes y vejaciones realizadas por Cristóbal Colón (1451-1506), en su labor como gobernador de las Indias contra los indígenas y contra los propios españoles, le había destituido en el año 1500 y le había traído a la Península Ibérica cargado de cadenas; por ello el rey va a crear la Junta de Navegantes (1508) al mando de Américo Vespuccio (1474-1512), quien se habría naturalizado como súbdito de los reinos de León y de Castilla, ya se tenía la convicción de que las tierras descubiertas pertenecían a un nuevo continente.

-JUAN PONCE DE LEÓN-

Las expediciones se sucederán: Juan Ponce de León (1474-1521) descubre La Florida; se crea un asentamiento español en Panamá y Vasco Núñez de Balboa (1475-1519) conseguirá alcanzar las costas del denominado Mar del Sur (1513). Lo primero que se debería hacer era conquistar y poseer el territorio, luego organizarlo y administrarlo, siempre en paz.

Por otro lado la muerte de Cristóbal Colón (año 1506, en la leonesa Valladolid) iba a permitir la creación de instituciones de gobierno en Las Indias. Se crearán gobernaciones para las islas de Santo Domingo y de Cuba, poco después se crean los cargos de alcaldes-mayores con la finalidad de controlar la vida municipal en Las Indias Occidentales Españolas.

En el año 1511 se crea la Primera Audiencia en la isla de La Española (República Dominicana+Haití).

En los reinos de León y de Castilla, Juan Rodríguez de Fonseca (1451-1524), con la ayuda de otros dos miembros del Consejo Real de Castilla y de León, formaba la Junta de Las Indias, que sería el antecedente del futuro Consejo de Indias. Mercaderías y pertrechos cruzaban el océano Atlántico y esta actividad comercial iba a servir para el enriquecimiento de los reinos de León y de Castilla; como ya lo era para Portugal por medio de su Casa de Indias, que era la encargada de controlar como monopolio el tráfico comercial con Guinea y con las tierras portuguesas en la India Oriental.

Los Reyes Católicos escogieron Sevilla como la ciudad idónea para centralizar la actividad económica con Las Indias Occidentales. La capital hispalense era la ciudad más poblada de Castilla y de León y en ella recalaba la ruta del oro que venía desde Sudán; había sido la base operativa para la conquista de Las Islas Canarias, y tenía de todo en capital humano para las navegaciones ultramarinas. En el año 1503, los Reyes Católicos fundaron allí la Casa de Contrataciones para supervisar y controlar el comercio con Las Indias, pero los Reyes renunciaron al régimen de monopolio sobre los frutos de las colonias; desde los comienzos, los particulares van a poner el capital y obtendrán los pertinentes beneficios.

Los Reyes Católicos van a obtener sus rentas mediante el gravamen fiscal sobre las mercancías y algunos derechos preferentes sobre el comercio de los metales preciosos.

A finales del año 1511, un fraile de la orden de predicadores, es decir un dominico, llamado Antonio de Montesinos (1475-1540) se habría subido al púlpito de la catedral de Santo Domingo, el 4º domingo de adviento, y denunciaría con pelos y señales, la brutalidad ejercida por los colonos y los encomenderos contra los indígenas.

Fernando el Católico trasladaría a dicho fraile a las Españas y le haría comparecer ante una junta de teólogos, que estaba conformada por Palacios Rubios, el obispo Fonseca, fray Tomás Durán y Matías de Paz, en Burgos. La junta elaborará unas claras conclusiones con respecto a la cuestión. En ellas se subrayaba el carácter de los indios como vasallos del rey Fernando el Católico y, por ello, se esclarece la necesaria humanidad con la que deberían ser tratados.

El 27 de diciembre de 1512, se promulgaban las Leyes de Burgos, que se iban a encargar de regular las encomiendas y, además, dispensaban de una amplia protección a los indígenas, todo ello basado en el humanismo cristiano.

Como las leyes fueron incumplidas, de forma sistemática, y las protestas contra la explotación indígena fueron in crescendo, Fernando el Católico se irritaría sobremanera e impediría que una flota de conquista zarpase rumbo hacia Panamá. Como habría invertido parte de su fortuna personal en dicha expedición, se va a ver obligado a convocar una nueva junta de teólogos y juristas en Valladolid, en el año 1514.

Entonces se promulgó el llamado “Requerimiento”que debería ser leído a todos los aborígenes para que su sometimiento fuese de los más pacífico posible, pero este nuevo texto fue otra fuente inagotable de abusos y tropelías contra los derechos de los indígenas.

Pero, ahora, el rey de León y de Castilla estaba ya agotado y deprimido por una larga vida de luchas políticas, guerras y desasosiegos. En este contexto, el soberano, obtendrá del papa León X [Cardenal Giovanni di Lorenzo de Medici. Florencia, 11 de diciembre de 1475. 217º papa de la Iglesia católica. Habemus Papam, 11 de marzo de 1513, hasta Roma, 1 de diciembre de 1521] el derecho de presentación de obispos para el Nuevo Mundo.

«…Envió al Papa…suplicándole le concediese poder para presentar los obispados que se ubiesen de proveer, así en la isla Española, como en las otras islas y Tierra Firme de las Indias…La qual el Papa tuvo por bien, y mandó dar su bula para ello, y para que él como gobernador de los reinos de Castilla é de León pudiese presentar los obispados…» (A. de Santa Cruz, ibídem, 2, p. 250; apud G. Villapalos, Op. Cit., p. 286; Historiografía de José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, 2018).

-VASCO NÚÑEZ DE BALBOA-

IV.-LA MUERTE DEL REY FERNANDO EL CATÓLICO V DE LEÓN Y DE CASTILLA, II DE ARAGÓN Y I DE NAVARRA-

Desde sus tierras de Aragón, Fernando el Católico se dirige a los reinos de León y de Castilla; para a continuación se llegará hasta Andalucía donde se estaba creando una flota para atacar y controlar las acciones de la piratería musulmana berberisca en el Mare Nostrum.

A mitad de camino, en Madrigalejo, lugar del municipio de Trujillo (Cáceres) y cerca del monasterio de Guadalupe, el rey que ya está enfermo y agotado ve como ya le ha llegado el momento de pasar a mejor vida, por lo que en la noche del 22 al 23 de enero de 1516 dicta su testamento, el cual es el resumen de la grandeza inmarcesible de su ideario político.

Pero la evolución de sus males patológicos son relatados por los cronistas de la época, verbigracia como hace Alonso de Santa Cruz (1505-1567) en su ampliamente mencionada Crónica de los Reyes Católicos.

«…Estando la corte en esta villa, por el mes de marzo, y el rey don Fernando en Carrioncillo, lugar apartado de Medina (Medina del Campo. Valladolid) por una legua, deleitoso y de mucha caça, holgándose con la reina Germana (Germana deFoix) su muger; donde como Su Alteza tuviese tanto deseo de tener generación, principalmente un hijo que heredase los reinos de Aragón (Aragón, Valencia, Cataluña, Mallorca, Nápoles, etc.), le hiço dar la Reina algunos potajes hechos de turmas (testículos) de toro  y cosas de medicina que ayudavan a hacer generación, porque le hicieron entender que se empreñaría luego. Aunque otros pensaron que le avían dado veneno o tósigo (veneno, ponzoña)…E…adoleció luego en tal manera que estuvo desauçiado de los médicos, y al parecer de todos era escusado poder escapar. Pero al cabo quiso Nuestro Señor guardarle de aquella enfermedad; aunque no del todo, porque nunca tornó a su primer ser y fuerça, y su gusto que solía tener, aborreciendo las ciudades y lugares, haciéndose amigo de andar solitario por los campos, en caças, y muy enemigo de negocios, a que primero era muy dado…de Valladolid procuró partirse para el reino de León, aunque era invierno, contra el parecer de todos los médicos, porque le certificaron que en cierta parte de aquel reino avía muchas ocas, de que él era muy aficionado a la caça de ellas. Y por agravársele allí más su enfermedad, determinó de volverse a Medina del Campo; y de allí se fue al monasterio de La Mejorada, por estar en él la Semana Santa y Pascua de Resurrección. Donde se le acrecentó mucho su indisposición…» (A. de Santa Cruz, 2, 280-281, apud G. Villapalos, ibídem, p. 302; Historiografía por José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, 2018).

En dicho testamento designaba como heredero de sus reinos a su nieto Carlos de Gante, futuro Emperador Carlos V [Carlos I de España-14 de marzo de 1516 y V del Sacro Imperio Romano Germánico-26 de octubre de 1520. Gante, Prinsenhof, 24 de febrero de 1500-Fallecerá en Cuacos de Yuste, 21 de septiembre de 1558], pero el cardenal Cisneros se encargaría de la gobernación hasta que el susodicho viniese a las Españas.

En este momento terrible de su muerte se entera de la presencia del deán de la catedral de Lovaina, Adriano de Utrecht, quien con el nombre de Adriano VI será Sumo Pontífice de la Iglesia católica [Cardenal Adrian Florisz Boeyens. Utrecht, 2 de marzo de 1459-Regente de Castilla y de León. Habemus Papam, nº 218. 9 de enero de 1522, hasta Roma, 14 de septiembre de 1523] y sería el último papa no italiano hasta Juan Pablo II.

Esa estancia hispánica del prelado flamenco, irritará sobremanera al agotado monarca que se negará a recibirlo.

«…Sospechó mal de aquella venida; y con enoxo que ubo dixo: -No viene sino a ver si muero. Decidle que se vaya, que no puede verme…-. Se le agravó en gran manera su enfermedad, y le fue dado a entender que estava muy cercano a la muerte. Lo qual con gran dificultad pudo creer…con incredulidad que le ponía de no aver de morir tan presto, para que no se confesase ni recibiese los sacramentos. A lo qual dio causa que, estando en Plasencia, uno del Concejo que venía de la Beata del Barco de Avila le dixo que la Beata le hacía saber de parte de Dios que no avía de morir hasta que ganase a Jerusalém…Y por esto no quería ver ni llamar a fray Tomás de Matienço…su confesor…lo echava de sí, diciéndole que venía más con fin de negociar memoriales que no a entender en descargos de su conciencia…» (A. de Santa Cruz, ibídem, 2, pp. 331-338; Apud G. Villapalos, ibídem, pp. 303-304).

-CASA DE SANTA MARÍA. MADRIGALEJO-CÁCERES. SALA DONDE FALLECIÓ FERNANDO “EL CATÓLICO”-

Entonces, a pesar de que comprobaba, con desaliento y disgusto, como se iban agravando sus males, todavía soñaba con devolver Tierra Santa a la cristiandad. «…A media noche, entre una y dos (de la madrugada), entrante el miércoles…pasó desta presente vida. Falleció en abito de Santo Domingo, muy deshecho de las carnes que tenía, por le aver sobrevenido cámaras, que no solo le quitaron la hinchaçón de la hidropesía pero le deshicieron y dessemejaron en tal manera que no parecía el que solía ser…» (A. de Santa Cruz, ibídem, 2, 331-338; apud G. Villapalos, Op. Cit., p. 304).

En los albores del 23 de enero del año 1516, el rey Fernando el Católico V de León y de Castilla, II de Aragón y I de Navarra, pasaba a mejor vida, sub altare Dei.

Su hijo ilegitimo, el arzobispo de Zaragoza y virrey Alfonso (Alonso) de Aragón (1470-1520; tenido con la catalana Aldonza Ruiz de Ivorra), sería nombrado regente para los reinos de Aragón.

Estas últimas voluntades van acompañadas de numerosos consejos que da a su nieto primogénito, al que no ha visto nunca, aunque previamente habría desestimado, “con lágrimas en los ojos”, la opción de su segundo nieto, al que prefería y que se había criado y educado en las Españas, el llamado Fernando de Austria [Alcalá de Henares, 10 de marzo de 1503-EMPERADOR DEL SACRO IMPERIO, 24 de febrero de 1556. Murió en Viena, 25 de julio de 1564; que lo habría acompañado en estos últimos años de su vida], lo que Adriano de Utrecht, que se maliciaba la cuestión, pretendía evitar.

«…Era con publicación de tomar nuevo asiento en las cosas de la governación de los reinos de Castilla é de León, a contentamiento y satisfacción del rey, y más principalmente fue su venida, para en caso que si el rey muriese, se tratase en nombre del príncipe lo que convenía a su servicio, sospechando que el rey tenía fin de dejar los maestrazgos al infante don Hernando, y todo lo demás que pudiese en los reinos de la corona de Aragón en perjuicio del príncipe (el futuro Carlos V), y recibía en ello muy gran engaño…» (Jerónimo de Zurita, ibídem, 5, p. 617; apud G. Villapalos, ibídem, p. 305; Historiografía de José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, 2018).

                                                                      -AMÉRICO VESPUCCIO-

A Carlos de Gante le recomendaba que respetase las leyes de sus reinos hispánicos, que recurriera a los hispanos para administrar los territorios peninsulares y que defendiese la fe católica.

«…Teniendoos tan entrañable amor como os tenemos tenys el cuidado que dezys de nuestra salud y los desseays como nos desseamos la vuestra, y ciertamente havemos reçebido mucho placer y contentamiento de saber tan larga y particularmente…de vuestra salud y prosperidad y buena disposiçion, porque siendo como soys vos en quien ha de quedar toda nuestra memoria y succesion con ninguna cosa folgamos mas que con saber siempre buenas nuevas de vuestra salud a nuestra salud plega de vos la conservar y acrescentar y de vos fazer tan bienaventurado como nos deseamos…» (Apud J. M. Doussinague, “El testamento político de Fernando el Católico”, 1953, 449-450; Apud G. Villapalos, ibídem, p. 306).

Aunque, con ello, se veía obligado a apartar a su querida y desdichada hija Juana de las tareas del gobierno.

«…Está muy apartada de entender en governación ni regimiento de reinos, ni tiene la disposición para ello que convenía…no trate ni negocie las cosas de los dichos reinos sino con personas naturales de ellos, ni ponga personas estrangeras en el Consejo, ni en el govierno y otros oficios…Y ciertamente nos parece mucho necesario se rijan los oficios y se gobiernen y hagan las cosas destos reinos por los mismos que tienen cargo dello; y los negocios se despachen por la forma y por las personas que en nuestra vida se es hecho. Y que no ponga en el regimiento destos reinos de Castilla é de León sino personas naturales dellos, por la misma raçon que en las cosas de los reinos de Aragón los disponemos y ordenamos; mandando asímesmo a los dichos nuestros testamentarios que con la misma cura y solicitud y de la manera que han de instar la presta venida del ilustrísimo Príncipe para los reinos de Aragón, lo hagan para estos de Castilla é de León, pues todo es una cosa y necesidad…» (A. de Santa Cruz, ibídem, 2, 377 y 383-384; Apud G. Villapalos, ibídem, p. 306-307; Historiografía de José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, 2018).

-EL PAPA LEÓN X-

Los grandes nobles de los reinos de León y de Castilla, de Aragón y de Navarra no van a demostrar el más mínimo sufrimiento o la más mínima tristeza por la desaparición física del rey.

«…Es de maravillar que escriba Carvajal (Lorenzo Galíndez de Carvajal), que estuvo muy vario y dudoso en los que le aconsejaron que nombrase por gobernador de Castilla é de León durando la ausencia del príncipe, al cardenal de España (Francisco Jiménez de Cisneros), pues ya el año antes le había nombrado, y que dijese que le conocía bien; y esto era porque le tenía por hombre de muy extraña y peligrosa condición, y de grandes pensamientos y de muy elevado juicio; pues entendiendo que mostró siempre tener mucho celo a la buena ejecución de la justicia, y lo que era de gran consideración, que no tenía parientes, y que era hechura de la reina y suya, y que siempre le había conocido tener la afición que debía a la corona real, y también atendido que los del consejo en aquella ocurrencia de tiempos, no serían parte para conservar en su autoridad el buen govierno de la justicia, y que si se nombrara grande, fuera de mayor inconveniente…» (J. de Zurita, ibídem, 5, 627, 630-632; Apud G. Villapalos, ibídem, pp. 307-308; Historiografía de J. Mª. Mn. García-Osuna y Rgdez., 2018).

También se ocupará del bienestar de la reina Germana de Foix, a la que sabía que dejaba viuda en plena juventud. Para él solo pedía algunas misas y que se le enterrase en la capilla real de la catedral de Granada, junto a su esposa Isabel I “la Católica”.

Así desaparecía una de las figuras regias hispánicas más egregias de la historia y que el escritor jesuita del Siglo de Oro, Baltasar Gracián y Morales (1601-1658) acertaba a definir con indudable acierto.

«…Llegó Fernando donde pocos llegaron; al extremo de la política, a hazer de su gobierno dependencia, a que conociese la Monarquía, que ella le avía de menester a él, y no al contrario los mismos que le auyentaron con su ingratitud le instaron con sus ruegos, buscáronle agraviado pero prudente, y juzgaron por mayor mal carecer de sus acertados dictámenes, que sugetarle a su indignada prudencia…Solo Fernando fue privilegiado desta universalidad: Fenix del mando, que bolvió a renacer a él con aplausos de único. Bolvió a Castilla y a León con triunfo de reputación, y llegó el encarecimiento de un gran político a dezir, que el remedio desta Monarquía, si a caso declinasse, no era otro sino que resucitasse el rey Cathólico, y bolviesse a restaurarla…» (B. Gracián, “El político don Fernando”, pp. 196-197 y pp. 198-199, Apud G. Villapalos, ibídem, pp. 309-310; Historiografía de J. Mª. Mn. García-Osuna y Rgdez., 2018).

-ALGUNAS FUENTES UTILIZADAS-

-Bernáldez, A. (L. de la Calzada editor) (1946): Historia de los Reyes Católicos. Aguilar.

-Colón, H. (M. Carrera, editor) (2003): Historia del Almirante. Ariel.

-González Sánchez, V. (editor) (2001): El testamento (facsímil) de Isabel La Católica. Arzobispado de Valladolid.

-BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA-

-Alvar, M. (2002): Isabel La Católica. Temas de Hoy.

-Arranz, L. (2006): Cristóbal Colón. Marcial Pons.

-Azcona, T. de (1986): Isabel La Católica. BAC/Sarpe.

-Belenguer Cebriá, E. (2001): Fernando el Católico. Península.

-Calderón, J. M. (2001): Felipe el Hermoso. Espasa Calpe.

-D’Ors, E. (1982): La vida de Fernando e Isabel. Juventud.

-Edwards, J. (2001): Historia de España. La España de los Reyes Católicos, 1474-1520. Crítica.

-Edwards, J. (2007): Isabel y Fernando. Biblioteca Nueva.

-Fernández Álvarez, M. y Suárez Fernández, L. (1999): Historia de España. La España de los Reyes Católicos. Espasa-Calpe.

-Fernández Álvarez, M. (2003): Isabel La Católica. Espasa-Calpe.

-Fernández Álvarez, M. (2006): La gran aventura de Cristóbal Colón. Espasa-Calpe.

-Fernández Armesto, F. (2002): Cristóbal Colón. Crítica/Folio.

García Oro, J. (2005): Cisneros. La Esfera de los Libros.

-García-Osuna y Rodríguez, J. Mª. M. (2013): Breve Historia de Fernando el Católico.Nowtilus.

-Javierre, J. M. (2004): Isabel La Católica. Sígueme.

-Kamen, H. (2015): Fernando el Católico. La Esfera de los Libros.

-Martínez Laínez, F. (2016): Fernando el Católico. Crónica de un reinado. Edaf.

-Melero, L. (2006): Colón, el impostor. Temas de Hoy.

-Moreno Echevarría, J. M. (1981): Fernando el Católico. Plaza y Janés.

-Navarro y Rodrigo, C. (1986): El Cardenal Cisneros. Sarpe.

-Palao Gil, J. (2002): Fernando el Católico. Acento.

-Pérez Samper, M. A. (2004): Isabel La Católica. Plaza y Janés.

-Rodríguez Sánchez, A. y Martín Rodríguez, J. L. (2004): Historia de España. La España de los Reyes Católicos. Espasa-Calpe.

-Ruiz-Doménec, J. E. (2002): El Gran Capitán. Península.

-Ruiz-Doménec, J. E. (2004): Isabel La Católica o el yugo del poder. Península.

-Sánchez de Toca, J. M. y Martínez Laínez, F. (2015): El Gran Capitán. Gonzalo Fernández de Córdoba. Edaf.

-Solar, E. (1988): Los Reyes Católicos. Anaya.

-Suárez Fernández, L. (1985): Fernando el Católico y Navarra. Rialp.

-Suárez Fernández, L. (2001): Isabel I, Reina. Ariel.

-Suárez Fernández, L. 2004): Fernando el Católico.Ariel.

-Val, M. I. del y Valdeón Baruque, J. (2004): Isabel La Católica, reina de León y de Castilla.Ámbito.

-Valdeón Baruque, J. (1985): Los Reyes Católicos. Historia-16.

-Varela, C. (2006): La caída de Cristóbal Colón. Marcial Pons.

-Villapalos, G. (1998): Reyes de León y Castilla. Fernando V. Trea/La Olmeda.

-Walsh, W. T. (2004): Isabel de España. Palabra.

-Yarza Luces, J. (1993): Los Reyes Católicos. Nerea.

–CURRICULUM  UITAE-

-+HISTORIADOR DE HISTORIA-16.

-+-HISTORIADOR DIPLOMADO EN  ESTUDIOS AVANZADOS  DE HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL.

-+DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS ZAMORANOS “FLORIÁN DE OCAMPO”.     (CSIC).

-+DEL ATENEO DE VALLADOLID (CREACIÓN AÑO-1872).

-+DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS GERUNDENSES (CSIC).

-+DE LA REAL SOCIEDAD ARQUEOLÓGICA TARRACONENSE (CSIC).

-+DEL CÍRCULO CULTURAL PÉNDULO DE BAZA (UNESCO).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE GRANADA Y SU REINO. (CSIC).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS BENAVENTANOS “LEDO DEL POZO” (CSIC).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS FENICIOS Y PÚNICOS (CSIC).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS JEREZANOS (CSIC).

-+DEL ATENEO JOVELLANOS (CREACIÓN AÑO-1953).

-+DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE ESTUDIOS CLÁSICOS (CSIC).

-+DE LA ASOCIACIÓN HISPANIA NOSTRA.

-+ASESOR DE LA ASOCIACIÓN CULTURAL REINOS DE ESPAÑA (FEAH)

-+DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE ESTUDIOS MEDIEVALES (CSIC).

-+209 TRABAJOS DE HISTORIA PUBLICADOS.

-+34 BIOGRAFÍAS DE MÚSICOS DE MÚSICA ACADÉMICA PUBLICADAS.

-+105 CONFERENCIAS IMPARTIDAS SOBRE HISTORIA.

-LIBROS PUBLICADOS-

1.-EL GRAN REY ALFONSO VIII DE CASTILLA, “EL DE LAS NAVAS DE TOLOSA”. Editorial Alderabán/Alfonsípolis. 2012.

2.-BREVE HISTORIA DE FERNANDO “EL CATÓLICO”. Editorial Nowtilus. 2013.

3.-EL REY ALFONSO X “EL SABIO” DE LEÓN Y DE CASTILLA. SU VIDA Y SU ÉPOCA. Editorial El Lobo Sapiens/El Forastero. 2017.

4.-EL REY ALFONSO VII “EL EMPERADOR” DE LEÓN. Editorial Cultural Norte. 2018.

5.-URRACA I DE LEÓN. PRIMERA REINA Y EMPERATRIZ DE EUROPA. Editorial El Lobo Sapiens/El Forastero. 2020.

6.-EL REY RAMIRO II “EL GRANDE” DE LEÓN. EL “INVICTO” DE SIMANCAS. Editorial Alderabán/Alfonsípolis. 2021.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here