Por: DR. JOSE MARIA MANUEL GARCIA-OSUNA y RODRIGUEZ

-ILTMO. SR. DR. DON JOSÉ MARÍA MANUEL GARCÍA-OSUNA Y RODRÍGUEZ-

-ACADÉMICO-CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA DE ASTURIAS (RAMPA).

 

-SOCIO DE NÚMERO DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE MÉDICOS ESCRITORES Y ARTISTAS (ASEMEYA).

 

-DOCTOR EN MEDICINA Y CIRUGÍA.

 

-MÉDICO DE FAMILIA-ATENCIÓN PRIMARIA.

 

HEINRICH HIMMLER: Sippenhaft o Sippenhaftung (“Concepto jurídico del Tercer Reich según el cual un acusado de alta traición extendía su responsabilidad penal en igual cuantía hacia sus parientes, considerados culpables, arrestados y condenados a muerte, en ocasiones, por el delito que cometió su familiar acusado). ‘Haré desaparecer de la tierra a toda la familia Stauffenberg, hasta el último brote’. Exterminar a todos los parientes como castigo a la traición del atentado del 20 de julio de 1944”.

I.-EL ASCENSO DE ADOLF HITLER AL PODER.

«¿Qué hubiera dicho Jesucristo? Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar» (Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller, pastor luterano anti-hitleriano, 1892-1984. Sermón de la Semana Santa de 1946, en Kaiserlautern (Alemania), según la Fundación Martin Niemöller).

En el año 1933, Adolf Hitler [1889-1945] se convertía, a regañadientes del viejo presidente y héroe de la Primera Guerra Mundial, el Mariscal de Campo Paul von Hindenburg (1847-1934), en canciller de Alemania, y tras el fracasado golpe de estado de Munich-München del año 1923, había decidido llegar al poder por los medios legítimos habituales de las democracias.

En el año 1928 el NSDAP (Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, vulgo “nazi”) había obtenido 810.000 votos para el Reichstag o Parlamento Federal Alemán; en el año 1930 unos 6’5 millones de votos y, por fin, en el mes de julio del año 1932 más de 13’7 millones de votos o el 30% de los votos escrutados; pero en el mes de noviembre del año 1932 obtenían el 33% del total de votos escrutados, aunque perdían dos millones de votos, y de nuevo iban a ascender hasta el 43% de los votos con 17’27 millones de votos en el mes de marzo del año 1933; pero en estas últimas elecciones los comunistas habían sido arrestados en masa, tras el “extraño” incendio del Reichstag (culpabilidad casi absoluta de parte de los nazis), aunque el acusado-incendiario comunista holandés llamado Marinus van der Lubbe (1909-1934), fue hallado medio desnudo dentro del edificio en llamas;a lo que hay que añadir la violenta intimidación realizada por las SA o fuerzas de asalto contra el resto de los partidos políticos, incluyendo a los militantes del SPD o Partido Social-Demócrata alemán.

En ese año 1933, Hitler tenía 44 años, Hermann Goering, 39 (1893-1946); Joseph Goebbels, 36 (1897-1945) y Heinrich Himmler, 33 (1900-1945); por lo tanto este movimiento revolucionario naciente estaba en manos de jóvenes y de arribistas, por lo que la primera oposición a los nazis partirá desde los sectores más conservadores de la derecha, y del propio ejército alemán, los cuales seguían despreciando a aquel hombre que no había pasado del empleo militar de cabo, “el cabo bohemio”, en la milicia alemana de la guerra de 1914 a 1918.

Por otro lado la clase trabajadora, que se atrevió a oponerse a los nazis, acabó en los campos de concentración, aunque bastantes trabajadores urbanos les apoyaron por su anhelado pleno empleo. Y, además, algunos universitarios fueron también ejecutados, como por ejemplo los hermanos/estudiantes de medicina Hans y Sophie Scholl (muertos guillotinados en el año-1942, y líderes del movimiento estudiantil católico Rosa BlancaDie Weisse Rose).

También algunos obispos de la iglesia católica se significaron contra el nazismo, pero no fueron encarcelados porque los nazis temían al gran prestigio de los prelados, de entre estos se pueden citar a los cardenales Clemens August Von Galen (1878-1946) y Michael von Faulhaber (1869-1952). Pero la oposición más consistente va a partir, por consiguiente, de parte de los militares.

 «No es suficiente con eliminar al líder, quienquiera que sea; es preciso preparar adecuadamente el terreno en las fuerzas armadas y en la administración civil para que el cambio de poderes sea aceptado como hecho consumado por la totalidad del país. Un círculo interior de hombres de confianza, cada uno con su propio cometido, deben ser admitidos gradual y secretamente en la conjura; hay que preparar una administración fantasma que habrá de hacerse cargo de los servicios establecidos, ya sean civiles o militares, la propaganda debe estar lista para saturar las redes de radiodifusión y la prensa a los pocos minutos de la caída del dictador. La conspiración no es tarea para aficionados, a pesar de que frecuentemente emplea aficionados, siendo ésta una de las principales razones de que fallen tantos golpes de Estado» (R. Manvell. “Conspiración contra Hitler”, 1972).

Por todo lo que antecede, los conspiradores deberían provenir del ejército, la población civil estaba saturada de propaganda y controlada por la siniestra policía política, la Gestapo (“Geheime Staatspolizei”); la citada policía política lo sabía y por ello, entre los años 1934 y 1938, decidió volcar sus esfuerzos para controlar y dominar las posibles veleidades anti-nazis de los militares.

Entre los militares y Hitler existían, no obstante, varias concomitancias:

  • ambos se oponían al comunismo, frontalmente; 2) su ascenso al poder, por medio de las maniobras maquiavélicas de Franz von Papen (1879-1969), canciller de la República de Weimar con von Hindenburg, habían tenido efecto con el apoyo del nacionalismo alemán de derechas; 3) la felicidad del ejército se incrementó cuando, en el año 1934, Hitler desarticuló a las SA, que con tres millones de miembros pretendían ser un ejército dentro del ejército alemán; todo ello, además, aderezado con el asesinato de su jefe y comandante, Ernest Röhm (1887-1934), que además era homosexual, y el único nazi que tuteaba a Hitler por ser amigos íntimos desde el principio.En esta hemorragia de asesinatos o vorágine de crímenes, denominada como “la noche de los cuchillos largos”, cayeron todos los nazis de ideología socialista y, por lo tanto, claramente de izquierdas; el más destacado de ellos sería el número dos y fundador del partido nazi, el farmacéutico Gregor Strasser (1892-1934). Con todo lo que antecede el Führer demostraba que los deseos de la milicia alemana formaban parte de sus prioridades; 4) la restauración del servicio militar obligatorio cumplía otras de las ineluctables aspiraciones de los militares y, 5) estaba claro el anhelo hitleriano de restaurar el antiguo prestigio del ejército alemán dentro de la gran Patria alemana, lo que daría, a posteriori, origen al III Reich Alemán.

-El Valor del Servicio por Gregor Strasser:

«Nosotros somos socialistas, enemigos mortales del sistema capitalista actual y sus modos económicos de explotación, con su injusticia del sistema de asalariados, con su inmoral valoración del ser humano según sus propiedades y riquezas en lugar de según su servicio y responsabilidad.

Nosotros estamos decididos a destruir este sistema del modo que sea necesario.

Y respecto a esto, no es en absoluto suficiente el substituir  un sistema económico por otro – sino que lo que es absolutamente necesario por encima de todo es un absoluto cambio de mentalidad. La mentalidad que debe ser superada, es la mentalidad materialista.

¡Debemos alcanzar una mentalidad económica totalmente nueva! – un  pensamiento que se libere de los conceptos actuales, cuyas raíces se hallan en el dinero, la posesión, la rentabilidad y una falsa idea del éxito.

Es característico del marxismo, el falso socialismo, que su orden de ideas sea exactamente el mismo que el del capitalismo, por ello los considero desde hace algunos años y ya para siempre a ambos unidos en espíritu, sólo diversos en su diseño.

El Socialismo Nacional,  (Nota del Editor: transcripción literal del original) directamente originario de la vida orgánica,  destruye las mentirosas palabras de una teoría ajena al mundo así como también los conceptos sin vida de una moribunda civilización.

Nosotros debemos aprender, que en la economía de un pueblo la cosa no depende de la rentabilidad, ni del beneficio, sino  sólo y exclusivamente de la cobertura de las necesidades de cada uno de los miembros de ese pueblo. Ésta y no otra cosa es la tarea de la  economía de la Nación.

Nosotros debemos aprender que los conceptos como economía mundialbalanza de pagosnivel de exportaciones”, son únicamente conceptos de una época que se apaga, que desde ya hace demasiado tiempo llevan hacia el absurdo, pues chocan directamente contra lo que hay de eterno en la vida orgánica, que ha nacido EXCLUSIVAMENTE  de especulaciones y no de LA TIERRA. También debemos aprender que es un engaño, cuando la producción especuladora crea necesidades artificiales, ficticias, mediante reclamos y estímulos –esto es una burla al trabajo de las personas y sus vidas.

La excitada avidez acrecienta las exigencias, las acrecentadas exigencias multiplican la esclavitud humana, la cual es una esclavitud mental que ha tomado posesión de la vida en el lugar del alma. ¿Qué saben todavía  los hombres actuales sobre lo que significa vivir? Ellos corren y se ajetrean, se torturan, se esfuerzan, se esclavizan como los remeros de las galeras – todo para llevar una vida cuya vacuidad, cuyo vacío, es indescriptiblemente cruel.

Y la cuestión no es relativa al excedente (sobreproducción), tal y como afirma el marxismo, sino  al alma de las personas. Y la producción, la economía,  tiene aquí sólo una tarea: cubrir las necesidades económicas de cada persona del pueblo, y la negación de los bienes que sólo existen a causa de necesidades artificialmente creadas, con la negación también de la esclavitud de la  Rentabilidad y Beneficio.

¡Nosotros debemos aprender que el trabajo es más que la propiedad, que el servicio es más que el dividendo!
Es la más funesta herencia del sistema económico capitalista, el que la medida del valor de todas las cosas sea el dinero, la propiedad, la posesión. El hundimiento, la disolución de los pueblos es la consecuencia directa del uso de esta falsa escala de valores, pues la elección según las propiedades es el enemigo mortal de la raza, de la sangre y de la vida auténtica.
Nosotros nunca hemos dejado duda alguna en que nuestro socialismo nacional  rompe con  este privilegio de la posesión y que la liberación del trabajador alemán debe extenderse en  su  participación en la ganancia, su participación en la propiedad y su participación en el servicio.
Pero significaría volver a usar la vieja vara de medir si lo dejásemos aquí y no se iniciara también la necesaria revolución de las mentes, que nos libere de la mentalidad del sistema materialista actual.
Nosotros ponemos conscientemente  el valor del servicio por encima del valor de la propiedad, ¡el valor del servicio es el único valor que realmente reconocemos! Nosotros ponemos el servicio (
Nota del Editor: utilidad social) en el punto central y no los dividendos.
¡Del mismo modo consideramos que la responsabilidad es  la coronación de las aspiraciones humanas, nunca las riquezas o el lujo!
Esta es la nueva cosmovisión, la nueva religión de la economía y con ella se establecerá el final del cruel gobierno del becerro de oro y las diferencias de los seres humanos y de los derechos – serán sólo las diferencias del servicio, diferencias en el grado de responsabilidad; diferencias, en fin,  que provienen de Dios y son sagradas
».

Pero Hitler nunca otorgaba nada gratis y por ello, tras la muerte del presidente de la desdichada República de Weimar, Mariscal de Campo von Hindenburg, se auto-eligió como Jefe del Estado alemán y Comandante supremo del ejército. Asimismo se abolieron los cargos de presidente y de canciller por obsoletos.

Para llevar todo a buen puerto, un militante nazi convencido, el Mariscal de Campo Walter von Reichenau (1884-1942) ideó un juramento de lealtad personal de los militares al FührerAdolfHitler:

«Juro por Dios Todopoderoso este santo (sagrado) juramento: obedeceré incondicionalmente al Führer del Reich y pueblo alemanes, Adolf Hitler, comandante supremo de las Fuerzas Armadas, y estaré siempre dispuesto, como valiente soldado, a defender con mi vida este juramento» O «En presencia de Dios presto este sagrado juramento de obediencia, incondicional, al Führer del Reich y del pueblo alemán, Adolf Hitler, comandante supremo de la Wehrmacht, estando dispuesto como valiente soldado a entregar, en todo momento, mi vida por este juramento».

Este juramento sería un obstáculo constante para que se estableciera un auténtico freno, dentro de la Wehrmacht, contra Hitler, y los que conspiraran contra el Führer siempre serían traidores al caudillo elegido por Alemania y los alemanes,y a la propia persona de Hitler. Por todo ello los conspiradores, para poder retorcer su conciencia y acallarla, llegaron al auto-convencimiento de que el ascenso al poder de Hitler había sido un acto de todo punto ilegal y, por ende, mucho mayor que el de su eliminación.

El proceso conllevaría dos pasos: 1º) se arrestaría a Hitler y se lo juzgaría por alta traición al pueblo alemán y 2º) tendría lugar su ejecución y el de sus secuaces afines y el consiguiente golpe de estado, en este segundo caso era cuando ya la guerra para Alemania se encontraba en niveles desesperados.

El hecho pudo tener éxito en el mes de marzo del año 1943 y, sobre todo, en julio del año 1944, en este último caso fracasó por una planificación inadecuada. La venganza del dictador sería terrible; no obstante si la bomba de von Stauffenberg hubiese acertado se hubieran salvado millones de seres humanos, que murieron de todas formas, en todos los sitios habidos y por haber en los siguientes diez meses y, además, la historia subsiguiente hubiese sido muy diferente.

-ADOLF HITLER EN UN MITIN-

 

II.-EL PRIMER NIVEL DE LA CONJURA-

 

En el mes de enero del año 1935 el Vicealmirante Wilhelm Canaris (1887-1945), de 47 años de edad, fue nombrado jefe supremo de la Abwehr o Servicio de Inteligencia Militar o de Contraespionaje; por su idiosincrasia fue considerado como la persona más adecuada para realizar aquel trabajo tan difícil y complicado. Se debía encargar de mantener relaciones cordiales con la Gestapo y el SD o Departamento de Inteligencia de la SS, a cuyo frente estaba el tortuoso e inteligentísimo Reinhard Tristan Heydrich (Obergruppenführer. 1904-1942), la relación entre ambos provenía de la afición de Heydrich y de la esposa de Canaris, Erika, por el violín, e incluso ambos habían tocado juntos más de un cuarteto de Ludwig van Beethoven (1770-1827) o de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791).

Canaris era voluble, educado, introvertido y ciclotímico, a causa de su cripticismo y un ligero narcisismo por su apellido, que le llevaba a considerarse de origen griego.

Viajaba mucho por el Mar Mediterráneo donde el sol de la zona le calmaba su estado anímico, era un hombre culto, polígloto y de una gran agilidad mental. Había escapado del hundimiento del crucero Dresden, en la Primera Guerra Mundial, tras la batalla de las islas Falkland o Malvinas, producido por la acción de los cruceros británicos Kent y Glasgow, frente a las costas de Chile.

Tras comandar un submarino había sido licenciado al finalizar dicha contienda europea, y entraría en la vida política dedicándose a varias actividades con grupos de la extrema derecha, como por ejemplo participando en el Putscho Insurrección de Kapp contra la malhadada República de Weimar, del 13 al 17 de marzo del año 1920, realizada por el derechista Wolfgang Kapp (1858-1922) y el general Walther von Lüttwitz (1859-1942), contra el socialdemócrata y Reichpräsident,Friedrich Ebert (1871-1925); para finalmente terminar como oficial de Estado Mayor de la Marina de Guerra alemana.

En el año 1933 la figura de Canaris era la de un hombre discreto, benevolente, de aspecto rubicundo y de pequeño tamaño, era muy curioso y un riguroso estudioso de los caracteres de los que lo rodeaban, su Departamento-Z sería el centro de la insurrección contra Hitler.

Su lugarteniente era un curioso personaje y la contraposición de su carácter, se llamaba Hans Oster (1887-1945) y había sido expulsado, hacia poco, del ejército alemán a causa de un lío de faldas con la mujer de uno de sus oficiales superiores, llamaba burlescamente a Hitler con el apelativo sarcástico de “Emil”, y con este apodo podía decir todo lo que quería y opinaba sobre el Führer.

El general Oster era un hombre afable, locuaz, extrovertido, honrado y muy valeroso. Desde el principio Canaris lo honró con su amistad; ambos, por lo tanto, eran nacionalistas de ultraderecha y habían ido, paulatinamente, madurado su convicción de que el Führer, Adolf Hitler, debería desaparecer lo antes posible de la faz de la tierra alemana. Con el incremento de la Wehrmacht, el mencionado Departamento-Z se hizo esencial; pero Canaris y Oster decidieron formar un grupúsculo que comenzase a planear la inevitable sedición antihitleriana.

Canaris consideraba a Heydrich como el nazi más peligroso y preparado intelectualmente de Alemania, y comenzó a fomentar su amistad. Es público y notorio el calificativo con que Goebbels se refería al susodicho: como “nuestro bastardo” en sus Diarios Secretos. La causa estribaba en la etnia hebrea o judía de su familia paterna.Para evitar su pasado, Heydrich consiguió una declaración jurada de su madre, demente senil en ese momento, en la que ella afirmaba que el padre de su hijo Reinhard era un primo carnal. En el Protocolo de Wannsee diseñó la “Solución Final” contra los judíos.

El vice-almirante Canaris vigilaba a Heydrich y el jefe del SD vigilaba al almirante; aunque se sabe que Canaris temía al cerebro despiadado, frío y cínico de Heydrich; quien en estos momentos dejaría al doctor en derecho por Heidelberg y abogado de las SS,Karl Werner Best (1903-1989), más adelante plenipotenciario (Reichsbevollmächtigter) alemán en Dinamarca, la responsabilidad de delimitar las áreas de interés entre la Abwehr y el SD.

«Canaris era muy metódico, un organizador construyendo una vasta máquina que en última instancia empleaba muchos más funcionarios que agentes o espías. No fue muy difícil delimitar las respectivas esferas de actividad; así, el espionaje activo militar para el Ejército y la investigación criminal para la policía. Mucho más difícil–en realidad, prácticamente imposible- fue la división de responsabilidades en el terreno del contraespionaje, aunque habíamos acordado en principio que el seguimiento del espionaje extranjero era un asunto de la Abwehr (aunque sólo fuese porque la Inteligencia de la policía no tenía suficientes agentes para ello). En vez de existir colaboración constante y confianza mutua entre la Abwehr y la Inteligencia policíaca, las rivalidades personales y los problemas de prestigio frecuentemente echaron a perder las mejores iniciativa» (W. Best apud H. Fraenkel. “Himmler”, 1965).

-HERMANN GÖRING-

 

Ambos departamentos eran ya gigantescos antes de comenzar la guerra. Entonces Canaris y Oster comenzaron a estudiar cuales eran los militares de mayor confianza en la Wehrmacht para sus propósitos antihitlerianos. El más próximo a ellos era el reputado y honrado general en jefe del Estado Mayor del Ejército, Coronel-General Ludwig Beck (1880-1944), quien en este momento tenía 55 años, era un militar brillante, experto en historia militar, amable, íntegro, de ideas derechistas y amplia cultura; pero a Hitler no le era válido ya que no adoptaba decisiones rápidas, el día del juramento de lealtad a Hitler comentó: «Este es el día más triste de mi vida».

Dentro de su puesto clave en el Estado Mayor llegó pronto a la convicción de que Alemania se estaba preparando para una furibunda guerra de agresión, el rearme y el servicio militar obligatorio así lo subrayaban. Beck se enfrentó, entonces, frontalmente al Führer, no aprobando ninguno de sus métodos represivos incluido el anti-judaísmo, aunque sí lo apoyaba en su anti-comunismo. Además, Hitler ya estaba cosechando rechazos entre la alta burguesía y la aristocracia alemanas, por lo que en estos estratos sociales se anudarán pactos con los militares anti-hitlerianos.

Otro de los aliados eximios de los conspiradores será el embajador de Alemania en Italia y yerno del almirante Alfred von Tirpitz (1849-1930. Gran Almirante en la Guerra Europea desde 1914 a 1918. Dirigente del Partido Popular Nacional Alemán desde 1924 a 1928), Ulrich von Hassell (1881-1944). Tras el ascenso de Joachim von Ribbentrop (1893-1946) al cargo de Ministro de Asuntos Exteriores, y tras haber sido embajador alemán en la Gran Bretaña, Hassell será enviado a Berlín sin empleo de ningún tipo. Como había formado parte de las negociaciones del Eje Roma-Berlín; entre Mussolini y Hitler, en noviembre de 1936; tenía el fehaciente conocimiento de que se iba, sin solución de continuidad hacia una guerra terrible y sin cuartel; Hassell era el típico aristócrata alemán, por ello en su casa se podía hablar con total libertad de cualquier tema.

Desde el otoño del año 1938 comenzó a escribir un diario secreto donde iba narrando, de forma pormenorizada, todas las discusiones que se fueron llevando a cabo en relación con la formación y desarrollo de la resistencia política y militar al nazismo.

Pero ni Beck, Canaris o Hassell tenían madera de conspiradores, por lo que era necesario la aparición de un oportuno aventurero en el círculo de los anti-hitlerianos; este papel lo iba a poder interpretar a la perfección el doctor Karl Goerdeler, abogado experto y alcalde de Leipzig. Al principio había apoyado a Hitler incluso con su propio dinero: era brillante, inconstante, emocional y verbalmente violento contra cualquier tipo de injusticia, lo que se produjo abruptamente cuando los nazis le obligaron a quitar la estatua del gran compositor de música culta-académica, Félix Mendelssohn-Bartholdy (1809-1847), por su pertenencia étnica al judaísmo, aunque toda la familia del músico era de religión luterana.

Como tapadera comenzó a trabajar como representante de la empresa Bosch, para así de esta forma poder viajar por toda Europa sin despertar sospechas, y cómo embajador de la resistencia anti-nazi a la par planear el futuro político y económico de la nueva Alemania, que nacería cuando Hitler fuese eliminado; en este año 1938 tenía 52 años. Con estos mimbres se iba a realizar el cesto de la resistencia al nacionalsocialismo, aunque sólo el general Beck ocupaba un puesto de responsabilidad; pero tras los casos de persecución calumniosa lanzados contra los generales Werner von Fritsch (1880-1939) y Werner von Blomberg (1878-1946), dimitió por coherencia moral y ética, por lo que la fuerza de la resistencia en la Wehrmacht se debilitaría notablemente.

 

III.-LA OPOSICIÓN BUSCA APOYOS ENTRE LOS POLÍTICOS DE INGLATERRA-

Conforme se acercaba el momento del control de Alemania sobre los checos (octubre de 1938), la oposición envió  al comandante Ewald von Kleist-Schmensin (1922-2013) a Londres, con la recomendación del periodista Ian Colvin (1877-1938), corresponsal en Berlín del The News Chronicle de Londres y de Sir George Ogilvie-Forbes, funcionario de la embajada británica en Berlín.

Los círculos oficiales londinenses lo recibieron con gran frialdad. Kleist trató de conseguir de los británicos que tuvieran la convicción de que Hitler era un político extremado y que tras la anexión austriaca seguiría la de Checoeslovaquia, además añadió que Hitler tenía claro que Inglaterra y Francia no se iban a comprometer para defender el destino de los checos.

«Herr von Kleist inició inmediatamente la conversación con la mayor franqueza y gravedad. Dijo (y esto coincide con gran parte de otras informaciones que les he suministrado de fuentes enteramente distintas), que la guerra era actualmente algo seguro a no ser que nosotros la detuviésemos. Pregunté: ¿Se refiere usted a un peligro extremo? Respondió: No, no quiero decir peligro extremo, sino absoluta certeza. Pregunté: “¿Quiere decir que los extremistas están ahora arrastrando con ellos a Hitler?” Dijo: No, no quiero decir eso. Solamente existe un verdadero extremista que es el mismo Hitler. El es el gran peligro y lo hace enteramente por su propia iniciativa. Recibe una gran dosis de estímulo de Herr von Ribbentrop (Ministro de Asuntos Exteriores del III Reich alemán), quien dice constantemente que cuando llegue la hora de la verdad ni Francia ni Inglaterra moverán un dedo. Una gran parte del país está harta del régimen actual e incluso los que no están cansados de él están terriblemente alarmados ante las perspectivas de una guerra, y de las condiciones que traerá consigo, y se muestran unánimemente en contra de ella si encuentran algún apoyo. Desearía que alguno de los principales políticos pronunciase un discurso dirigido a este elemento del pueblo alemán, poniendo el acento sobre los horrores de la guerra y la catástrofe general a que nos conduciría. Para terminar, dijo que su salida de Alemania había sido facilitada por sus amigos en el ejército, sobre cuya compenetración ya había hablado antes, estando en relaciones muy estrechas con ellos. Tanto ellos como él se habían arriesgado a salir de Alemania en este momento crucial, aunque no se hacía ilusiones sobre el destino que le esperaba si fracasaba; pero puso claramente de relieve que ellos solos no podían hacer nada sin la ayuda del exterior sobre las directrices que había sugerido”» (R. Vansittart, consejero diplomático británico o lord Lloyd del Foreign Office).

Lo único que hizo el premier británico, Neville Chamberlain (1869-1940), fue llamar a consultas, a Londres, al embajador británico en Berlín, Sir Neville Henderson (1882-1942), que era un contemporizador nato.

Kleist fue recibido, también, por Winston Churchill (1874-1965) en Chartwell, y este le escribió, el 19 de agosto de 1938, tras el regreso del propio Kleist ya a Alemania:

«Le he recibido aquí como alguien que está dispuesto a correr riesgos para preservar la paz de Europa y para alcanzar una amistad duradera entre los pueblos británico, francés y alemán para su mutua ventaja. Estoy seguro de que el cruce de la frontera de Checoeslovaquia por los ejércitos o la aviación alemana provocaría una nueva guerra mundial. Estoy tan convencido como estaba a finales de julio de 1914 de que Inglaterra entrará con Francia, y de que los Estados Unidos son en la actualidad francamente anti-nazis. Es difícil que las democracias, de antemano y a sangre fría, hagan declaraciones precisas, pero el espectáculo de un ataque armado de Alemania a un vecino pequeño y la sangrienta lucha que seguiría pondría en pie a todo el Imperio Británico y obligaría a tomar las más graves decisiones. Le ruego que no tenga dudas sobre este punto. Una vez comenzada esta guerra, se combatiría al igual que la última hasta el fin, y uno no debe considerar lo que sucedería en los primeros meses, sino donde nos encontraríamos todos al cabo de tres o cuatro años. Sería un gran error pensar que la matanza de la población civil mediante ataques aéreos impediría al Imperio Británico emplear todo su poderío militar a pesar de que, naturalmente, al principio sufriríamos más que la última vez. Pero el submarino está prácticamente dominado por los métodos científicos y tendremos libertad de navegación y el apoyo de la mayor parte del mundo. En la medida en que los ataques aéreos al principio causen pérdidas, en esa medida será despiadada la guerra. Evidentemente, todas las grandes naciones comprometidas en la lucha, una vez iniciada ésta, lucharían por la victoria o la muerte. Como supuse que usted querría llevar una respuesta concreta a sus amigos en Alemania que desean preservar la paz y que confían en la creación de una gran Europa en la que Inglaterra, Francia y Alemania trabajen de común acuerdo por la prosperidad de la clase trabajadora, me puse en contacto con lord Halifax. Su señoría me pidió que dijese de su parte que la postura del Gobierno de Su Majestad en relación con Checoslovaquia quedaba definida por el discurso del primer ministro en la Cámara de los Comunes el 24 de marzo de 1938. El discurso debe ser leído como un todo, y carezco de autoridad para entresacar cualquier frase concreta fuera del contexto. Pero debo llamar su atención sobre el pasaje final de este tema. cuando están en juego la guerra y la paz, no se trata únicamente de respetar las obligaciones legales, y, si la guerra estallase, es poco probable que se limitase tan sólo a quienes han asumido tales obligaciones. Sería totalmente imposible predecir dónde habría de acabar o que gobiernos estarían implicados. La presión inexorable de los hechos podría muy bien resultar más poderosa que los pronunciamientos formales y en este caso estaría dentro de los límites de la probabilidad que otros países, además de aquellos que participaron en la primera lucha, se verían envueltos de forma casi inmediata. Esto es especialmente así en el caso de Gran Bretaña y Francia, con largas asociaciones de amistad, con intereses estrechamente entrelazados, dedicados a los mismos ideales de libertad democrática, y decididos a mantenerlos. Añadiré que, hablando por mí mismo, creo que una solución pacífica y amistosa del problema de Checoslovaquia prepararía el camino para una auténtica reunión de nuestros países sobre la base de la mutua grandeza y libertad”».

 

IV.-LA IGLESIA CATÓLICA ALEMANA SE APROXIMA A LA “RESISTENCIA”-

También viajaron a Inglaterra en estos momentos, otros dos conspiradores: un científico noble, ex-alumno de Oxford, llamado Adam von Trott zu Solz (1909-1944), y el abogado conde Helmuth von Moltke (1907-1945), este tenía su propio grupo de oposición en su casa de campo de Kreisau. «Praga, dijo Henderson a von Hassell en privado, fue la gota que colmó el vaso. Ahora es imposible que Chamberlain vuelva aquí con su paraguas». Asimismo, en el Pacto Ribbentrop-Mólotoventre Alemania y la URSS del 23 de agosto de 1939, existían unas cláusulas secretas que incluían la división de Polonia entre ambas dictaduras.

                           –CONDE CORONEL CLAUS VON STAUFFENBERG-

El 1 de septiembre de 1939, a las 04’45 horas de la madrugada la potencia militar arrolladora de la Wehrmacht entró en Polonia, tres semanas más tarde Polonia había dejado de existir, por el Este el Ejército Rojo del sanguinario Stalin conquistaba, también su parcela correspondiente de territorio polaco y el autócrata soviético daba la orden tajante de asesinar en el bosque de Katyn, cerca de Smolensk (abril de 1940), a unos 15.000 a 22.000 militares del ejército polaco. Francia y Gran Bretaña, con su cinismo habitual, declararon sólo la guerra a Alemania e ignoraron la genocida agresión soviética a la católica Polonia.

Hitler se irritó sobremanera y ordenó un bombardeo sobre Londres, pero el Coronel-General Franz Halder (1884-1972. Jefe del Estado Mayor del OKH, 1938-1942) anuló el ataque, comenzando lo que se denominó como “falsa guerra” y durante este periodo Canaris autorizó a Oster para que informase a Francia y a Inglaterra de lo que estaba preparando Hitler.

«Canaris, en especial, tenía que jugar ahora un doble papel: controlar las actividades reales de la Abwehr, pero empleándola al mismo tiempo para frustrar en cuanto fuese posible los planes de Hitler en el Oeste, a medida que los veía desarrollarse. Estaba horrorizado por lo que ocurría en Polonia. Goerdeler dijo a von Hassell que Canaris había regresado de Polonia completamente deshecho. La natural melancolía de su carácter se intensificó, y sufría ataques de profunda depresión»(R. Manvell, Op. Cit.).

Canaris llamó en agosto a Hans von Dohnanyi, que tenía el grado de comandante en el Departamento-Z de la Abwehr, y este con Oster, que poseía el rango de Mayor General, van a comenzar la necesaria colaboración. Von Dohnanyi (1902-1945. Era hijo del compositor húngaro de música-culta Ernö Dohnányi) era tranquilo, reservado y preciso en su trabajo; era un cristiano liberal, opuesto a cualquier forma de radicalismo. También apoyaban a Canaris los jefes de algunos departamentos de la Abwehr: los coroneles, Hans Pieckenbrock (jefe del espionaje exterior); Georg Hanson; Hans Grosscurth (jefe del sabotaje en el extranjero) y Erwin Lahousen.

Pero en el OKW (“Oberkommando der Wehrmacht” o Alto Estado Mayor o Alto Mando de la Wehrmacht o Fuerzas Armadas), Halder estaba siendo maniatado, paulatinamente, por Hitler, y, por consiguiente, los generales alemanes padecían, de continuo, ataques de furia, exigencias inesperadas y amenazas de despido por parte del Führer. Todos ellos estaban demasiado unidos a sus pagas, pensiones, rango y privilegios, como para arriesgarse a perderlos.

Oster preparó, entonces, una pequeña red de mandos, que estaban capacitados para el despliegue de tropas. A la par se siguió intentando la paz con los británicos; para ello von Hassell se aproximó a lord Halifax por medio de un conocido llamado J. Lonsdale Bryans, las reuniones tuvieron lugar en Suiza (febrero y abril de 1940), pero tras la invasión alemana de Dinamarca y Noruega, estos acercamientos se volvieron ineficaces. De mayor enjundia fueron las tentativas del Dr. Josef Müller (1898-1979), abogado católico de Munich ante la Santa Sede del Papa Pío XII, para conseguir que Su Santidad se involucrase en unas deseables negociaciones de paz, el intermediario sería el jesuita alemán vaticanista, Robert Leiber (1887-1967).

Pío XII (1876-1958) había sido nuncio papal en Berlín, antes de ser el Cardenal Secretario de Estado, Eugenio Pacelli, en los años veinte del pasado siglo XX, y conocía a Beck y a Canaris.Las negociaciones encontraron poca resistencia en el Santo Padre y el nombre en clave sería el de “Operación X”. Pío XII era, ciertamente, germanófilo, pero estaba seriamente preocupado por la lamentable conducta de la Wehrmacht en Polonia.

El ministro británico ante El Vaticano también intervino, se llamaba sir Francis d’Arcy Osborne, y todos juntos definieron las cláusulas básicas de la paz con Alemania, una copia del MemorandumX fue presentado a Halder y al GeneralfeldmarschallWalther von Brauchitsch (1881-1948. Comandante en jefe del OKH), quien lo calificó exclamando: “¡esto es pura traición!” y se negó a aceptar el documento, la copia alemana fue conservada por un militar de la resistencia no comprometido, el coronel Werner Schrader  (1885-1944); todo quedaría en nada cuando el ejército alemán invadió los Reinos de Noruega y Dinamarca.

 

V.-ENTRA EN ESCENA EL CORONEL CONDE CLAUS PHILIPP MARIA JUSTINIAN SCHENK GRAF VON STAUFFENBERG-

 

En el mes de octubre de 1943 el grupo del general Beck recibió un importante soplo de energía y de frescura, cuando el laureado Coronel Conde Claus von Stauffenberg, de 36 años de edad, se incorporo al susodicho grupo. El mencionado oficial de Estado Mayor era un católico devoto, muy amigo del GeneralHenning von Tresckow (1901-1944), a quien había conocido cuando ambos estaban en el Estado Mayor del cuartel general  del Gobernador alemán de Paris, Capitán General o General de Infantería Carl Heinrich von Stülpnagel (1886-1944), el conde suabo no podía soportar al dictador nazi en “su Sagrada Alemania”.

Así como von Tresckow trató de influir sobre el Mariscal de CampoGünthervon Kluge (1882-1944); von Stauffenberg intentó ganarse hacia su oposición a Hitler, al más brillante y conspicuo militar del ejército alemán, católico ferviente, que era el futuro Mariscal de Campo Fritz Erich von Manstein (1887-1943), quien en privado reconocía algún tipo de vinculación racial con los hebreos;quien era comandante en jefe del Mariscal de Campo Friedrich Paulus (1890-1957) en el Frente Oriental, en la época del colapso alemán de Stalingrado-Volgogrado.

-CARL GÖRDELER-

 

El gran militar que era von Manstein se negó a actuar contra su juramento realizado a su comandante en jefe, que era el Führer Adolf Hitler. En Túnez, a principios del año 1943, von Stauffenberg había sido herido de gravedad al ser atacado su coche por aviones aliados, que realizaban un vuelo rasante. Tras varias operaciones a vida o muerte, salvó su vida, pero a costa de perder su brazo y antebrazo derechos, dos dedos de la mano izquierda y su ojo izquierdo.

Se negó a aceptar la baja militar por invalidez y arregló todas las cosas para que se le asignase, en octubre de 1943, como Jefe de Estado Mayor del Ejército de Reserva, que estaba bajo las órdenes del general Friedrich Olbricht (1888-1944); su despacho iba a estar situado en el Ministerio de la Guerra, en la famosa Bendlerstrasse de Berlín, ahí se iba a unir a von Tresckow para intentar eliminar a Hitler.

Von Kluge visitó entonces a Olbricht para llegar al acuerdo de que el magnicidio de Hitler era la única posibilidad de entablar algún tipo de negociaciones de paz con los aliados, antes de que se produjese la previsible debacle alemana frente al ejército rojo de la URSS.

«Los planes del golpe de estado recibieron el nombre clave de Valquiria, y como operación necesaria enmascarados para ahogar en el frente interior una revuelta en masa de los millones de trabajadores forzados por entonces en suelo alemán. Especialmente incluía los necesarios movimientos de tropas a cargo de unidades de la reserva para ocupar las zonas administrativas de Berlín. La reserva, en 1944, era principalmente de hombres cuya edad o condición física les impedía servir en el frente Oriental. No era el mejor elemento humano para enfrentarse a las formidables unidades SS, cuya misión era mantener la seguridad y la disciplina en Alemania. Desde el punto de vista de la resistencia, la situación cambiaba constantemente; algunos jefes militares de Berlín de los que podían desear colaborar estaban, sin embargo, sujetos a ser destinados a otros lugares y reemplazados por otros que pudieran ser menos adictos llegada una situación de emergencia. Pero tales eran los riesgos que debían correr los responsables del golpe» (R. Manvell, Op. Cit.).

Con la llegada de von Stauffenberg y la marcha, a regañadientes, de von Tresckow al terrible frente ruso, los más jóvenes de los conspiradores tomaron el mando de la oposición al régimen nazi. Von Stauffenberg estimaba y aceptaba la jefatura de Beck, pero no a Carl Friedrich Goerdeler (1884-1945) al que consideraba como el absurdo responsable de una: “revolución de barbas grises y era una especie de reaccionario”.

Además Goerdeler era, para complicar más la cuestión, vigilado por la Gestapo. Con respecto al joven y mutilado coronel recién llegado, el ex-burgomaestre (ex-alcalde) de Leipzig escribió: «se reveló como un tipo inquieto y obstinado en jugar a la política. Tuve varias discusiones con él, a pesar de estimarle mucho. Quería tomar un rumbo muy dudoso con los socialistas del ala izquierda y con los comunistas, y me hizo pasar malos ratos con su abrumador egoísmo».

Por su carisma, inteligencia preclara y capacidad de sacrificio, von Stauffenberg se fue convirtiendo, paso a paso, en la figura central de la oposición al Führer; Olbricht lo apoyaba sin ambages y Beck lo estimaba sinceramente. El diplomático Hans Bernd Gisevius (1904-1974) lo calificaba como: «un soldado apasionado que pretendía para sí, si no el derecho a la jefatura política, al menos la prerrogativa de tomar parte en las decisiones políticas. Representaba el nuevo dinamismo».

Von Stauffenberg combinaba el idealismo con una decisión inquebrantable de acabar con el nazismo, ya que si von Kluge hubiese accedido a detener a Hitler, la conjura hubiese sido exitosa, porqué se necesitaba mucho más que el valor y la gallardía para ello y esto, esencial, era la autoridad que emanaba de todo un Mariscal de Campo cómo era von Kluge.

Verbigracia en el mes de noviembre de 1943 dos jóvenes militares intentaron asesinar al dictador nazi, eran: el barón Axel von dem Bussche (1919-1993), que había sido escogido para servir como modelo para el nuevo capote militar y que introdujo una bomba en el bolsillo del capote, pero cada vez que se preparaba la presentación de la mencionada prenda militar, el Führer no llegaba y debía ser cancelada; tras la herida de gravedad de von dem Bussche en combate (en el Frente Oriental donde perdió una pierna), fue reemplazado por otro joven militar llamado Ewald von Kleist, de 20 años de edad, pero su misión también fracasó. Inclusive el teniente Fabian von Schlabrendorff (1907-1980. Primo-hermano de von Tresckow) estaba dispuesto a pegarle un tiro si se acercaba por el frente ruso, pero Adolf Hitler nunca se presentó.

 

VI.-EL 20 DE JULIO DE 1944-

«Von Stauffenberg se despertó temprano en el dormitorio que le fue asignado en la casa perteneciente a un familiar, en Wannsee. Ya hacía calor. Se afeitó y vistió, usando sus tres dedos con sorprendente destreza. Desde su restablecimiento había insistido en ser tan independiente de ayuda ajena como fuese posible. El coche oficial que debía trasladarle a él y a su joven ayudante, el teniente Werner von Haeften, al aeropuerto de Rangsdorf, debía llegar a las seis de la mañana. Von Haeften estaba tan deseoso de tener éxito en la empresa como el mismo von Stauffenberg. Llevaría una segunda cartera con otra bomba a fin de llevar adelante la operación en caso de que fallase la primera. El automóvil llegó puntualmente, y von Haeften cuidó de acomodar a von Stauffenberg y a la cartera. Fueron hasta el aeropuerto, donde Stieff, el militar del séquito de Hitler a cuyo cargo en nombre de la resistencia estuvo el cuidado de la pequeña provisión de bombas, esperaba para unirse a ellos en el vuelo hacia el Norte. Antes de que von Stauffenberg se presentase voluntario, Stieff era el candidato ideal para la misión. La condesa Nina von Stauffenberg aún lo creía así, y su marido no juzgó conveniente desilusionarla. Pero Stieff parece que perdió parte de su sangre fría durante el largo período de tensión y espera. Von Stauffenberg se enfrentaba a su misión con aire de sosiego, incluso de alegría. No temía a Hitler. El vuelo a Rastenburg llevó casi tres horas en un avión lento de transporte, un Heinkel, asignado a Stieff y von Stauffenberg por el general Wagner de Zossen, quien también estaba al corriente de los hechos. Aterrizaron hacia las diez de la mañana, y dieron instrucciones al piloto de tener el aparato dispuesto para salir inmediatamente después de mediodía. El resto del viaje consistía en un corto trayecto en automóvil de unos catorce kilómetros por una carretera rural hasta los bosques que ocultaban la Guarida del Lobo. Para entrar en la sección central era preciso pasar por tres puestos de control consecutivos bajo el mando de la SS. Los aposentos de Hitler, sombríos bajo la muralla protectora de los altos árboles del entorno, estaban rodeados de campos de minas y alambradas, algunas de ellas electrificadas. Aquí era donde Hitler, estudiando los mapas de gran escala, planeaba los movimientos de sus ejércitos con una estrategia basada sobre la información que sus consejeros militares le daban más o menos desfigurada» (R. Manvell; Op. Cit.).

Los hombres de la SS del control previo pidieron los pases a von Stauffenberg y a Werner Karl von Haeften (1908-1944), pero no existía ningún problema, ya que ambos poseían los necesarios documentos, la salida tras la explosión debería hacerse a toda velocidad. Von Stauffenberg fue, pues, a hablar con el general Fritz Erich Fellgiebel (1886-1944), después de desayunar con von Haeften, aquel sólo se limitaría a enviar a Olbricht la señal convenida de que la misión había sido cumplida, y luego debería cortar todas las transmisiones entre Rastenburg y Berlín, ese sería todo su compromiso. En la capital del III Reich las tropas saldrían a la calle para conseguir el dominio del sector urbano ministerial y, entonces, Beck se encargaría de asumir el mando y comunicar la muerte del dictador nazi.

En Rastenburg sólo el general Hellmuth Stieff (1901-1944) y Fellgiebel sabían algo de lo que se planeaba. A continuación von Stauffenberg acudió a cumplimentar al Mariscal de Campo WilhelmGustav Keitel (1882-1946), el jefe del Estado Mayor de Hitler, quien con gran sorpresa le comunicó que el Führer iba a adelantar media hora la conferencia, a las 12’30 h., ya que BenitoAmilcare Mussolini (1883-1945) era esperado para las 14’30 h., por lo tanto el informe de von Stauffenberg debería ser breve. En unos instantes llegó a la convicción de que a pesar del nuevo horario el asesinato se iba a llevar a cabo.

La señal de Fellgiebel llegaría sobre las 13’30 h., a Berlín, y luego Olbricht llamaría a Beck, y Valquiria se pondría en marcha, en el final del proceso se produciría la inmovilización de las SS, a continuación los comandantes de los frentes recibirían las órdenes pertinentes de cómo deberían actuar. En esa mañana el Coronel-General Erich Hoepner (1886-1944), relevado por Hitler por incompetente (a raíz de su derrota en la Batalla de Moscú-1942, fue expulsado de la Wehrmacht)), llegaría para ayudar a Olbricht, mientras tanto el Capitán General o General de Artillería Eduard Wagner (1894-1944), en Zossen, entraría en acción. El prefecto de la policía de Berlín, el conde Wolf-Heinrich von Helldorf (1896-1944), uno de los factotumde la fatídica “Noche de los Cristales Rotos” contra los judíos, nazí convencido y, ahora, opositor ¿interesado? contra Hitler, se iba a encargar de mantener una fuerza de sus hombres en reserva.

El éxito de Valquiria iba a depender de la sorpresa producida por el impacto de la muerte del Führer en la población alemana y en la SS, por otro lado los jóvenes oficiales conjuradosidolatraban a von Stauffenberg, y se iban a poner a sus órdenes sin reservas. Las mujeres habían sido excluidas, salvo algunas secretarias del ministerio de la Guerra, como la ya citada Delia Ziegler, a causa del enorme peligro que conllevaba la conjura.

En París, el general von Stülpnagel estaba asesorado por el Teniente-Coronel Cäsar von Hofacker (1896-1944), primo carnal de von Stauffenberg, en el cuartel general parisino situado en el hotel Majestic de la avenida Kléber, que era el centro neurálgico de la oposición anti-nazi. En Francia von Kluge ayudaría a la conjura, desde su residencia de La Roche-Guyon, cuando los demás hubiesen completado el trabajo sucio.

Hacia las 12’30 h., el general Hoepner llegó al ministerio de la Guerra vestido de civil, pero en su pequeña maleta portaba su uniforme, se reunió con Olbricht y comieron juntos en el club de oficiales, donde brindaron, disimuladamente, por el éxito de la operación. Una vez en su despacho esperaron ansiosos la anhelada llamada telefónica de Fellgiebel desde Rastenburg, que nunca se produjo.

Esa misma mañana, el Coronel de Estado Mayor de von Kluge,  Eberhard Finckh (1899-1944), recibió una llamada nunca identificada que, vacilante, le llamaba desde Zossen y pronunciaba la palabra convenida: “Maniobra”, entonces informó a von Hofacker, ya que su participación en el golpe era sólo tangencial, lo enigmático de la comunicación les dejó perplejos y lo interpretaron como que era necesario que estuviesen alerta; el pasado 15 de julio la misma palabra había sonado a través del teléfono. La angustia de Finckh era inmensa, ya que él no aprobaba el asesinato del Führer Adolf Hitler.

A las 12’30 h., en Rastenburg, von Stauffenberg buscando la tranquilidad de la soledad, dejó su gorra y cinturón militares en la antesala de la sala de conferencias; Keitel estaba malhumorado por el retraso, ya que Hitler odiaba que le hiciesen esperar. Von Stauffenberg pidió perdón, se colocó el cinturón, abrió la cartera y activó la bomba manejando con sus únicos tres dedos un par de pinzas, el detonador de la bomba era de 10 minutos. Von Stauffenberg tardaría tres minutos en llegar hasta el recinto y siete para conseguir llegar hasta la presencia del Führer, depositar la cartera lo más cerca posible de Hitler, excusarse con rapidez sobre una posible llamada que debía realizar a Berlín y escapar en el coche con von Haeften, este le esperaría con la bomba de reserva por si la primera fallase.

La reunión tuvo lugar en la denominada sala de operaciones o de mapas o de conferencias, que era una gran construcción de madera reforzada ligeramente con hormigón, y no en el bunker o Wolfsschanze o Guarida del Lobo de cemento de Rastenburg, a causa del día caluroso; el local era húmedo, con poca ventilación y rodeado de árboles. Adolf Hitler de pie escuchaba los informes desalentadores, aunque suavizados, del frente ruso, la gran mesa de madera estaba próxima a las ventanas, que estaban totalmente abiertas a causa del calor sofocante de aquel día de julio, por todo ello la bomba debería estar lo más cerca posible del Führer.

El Teniente-General o General de División Adolf Heusinger (1897-1982) leía un informe muy pesimista sobre la situación del frente oriental. Von Stauffenberg apoyó su cartera casi a los pies de Hitler, contra uno de los pesados soportes de madera que aguantaban la susodicha mesa; y tras murmurar la disculpa de que debía llamar a Berlín, salió a toda velocidad de la sala y atravesando el recinto llegó a la oficina de Fellgiebel, donde von Haeften le estaba esperando con el motor del coche en marcha.

En el momento en que von Stauffenberg llegaba hasta el automóvil, se produjo la horrísona explosión, eran las 12’42 h. de la mañana y el coronel golpista llegó a la convicción  de que el éxito del magnicidio había sido total. En el primer puesto de control hizo uso de su autoridad militar, pero en el segundo se vio obligado a exigir al oficial de guardia a que obligase al sargento de la SS a que le dejase pasar, además era un héroe nacional y estaba por ello por encima de toda sospecha. El vehículo rodó a toda velocidad hasta el aeródromo, en el trayecto la segunda bomba fue arrojada en piezas entre los árboles. A las 13’15 h. despegaron hacia Berlín. Mientras tanto en Rastenburg, el general Fellgiebel corrió hacia la malhadada sala de conferencias, ya que en ese momento se pensaba que todo el cataclismo lo había producido una bomba lanzada desde un avión ruso solitario. La sorpresa de Fellgiebel fue aterradora cuando se topó, de pronto, con el Führer que salía tambaleándose del edificio y apoyándose en Keitel.

-RUINAS DEL ATENTADO EN EL BUNKER-

VII.-DETALLES DEL ATENTADO Y SU FRACASO-

La secuencia de los hechos evolutivos del atentado había sido:

  1. El Coronel Heinz Brandt (1907-1944), jefe de estado mayor del general Heusinger, al desear aproximarse a Hitler, para una mejor comprensión de lo que se estaba explicando, había tropezado con la gruesa cartera de von Stauffenberg con la bomba, y la había colocado al otro lado de la mesa. Al explotar la bomba, la gruesa base de madera de la mesa había actuado como un escudo, su impacto se había desviado y había matado al coronel Brandt, al Coronel General (a título póstumo) y jefe del estado mayor de la Luftwaffe Günther Korten (1898-1944), al General de Infantería o Capitán General Rudolf Schmundt (1896-1944), ayudante de Hitler como jefe de las fuerzas armadas y a un estenógrafo llamado Berger; el Ayudante General de la Luftwaffe, Karl Heinrich Bodenschatz (1890-1979) y el Coronel-Ayudante de Hitler, Bergman, fueron heridos de gravedad; el resto sufrieron rasguños, heridas leves y ataques de ansiedad o shocks.
  2. El Führer había sido protegido por la gruesa mesa y sólo sufrió magulladuras o hematomas, algunas quemaduras y la rotura de los tímpanos, aparte de rasgarle los pantalones de arriba-abajo. Fellgiebel desolado intentó enviar algún tipo de señal de aviso a Berlín, pero se le manifestó, taxativamente, que la SS se iba a encargar de todo, a partir de ese momento, por lo que no se podía transmitir nada sin la orden expresa de Hitler.
  3. Stieff dijo que el golpe debería ser abortado al estar Hitler vivo, cada conspirador, por lo tanto, debería auto-protegerse y también hacer lo mismo con el grupo. Las investigaciones se le encargaron a H. Himmler y las SS comenzaron los interrogatorios. Entonces W. Keitel empezó a preguntarse cómo se podía explicar y calificar la extraña conducta y la apresurada salida de von Stauffenberg de la sala de reuniones, por lo que se empezó a colegir que aquel joven coronel tuerto y mutilado era quien había colocado la bomba, la cual no había caído del cielo. Hitler estaba ahora convencido de que la Divina Providencia estaba a su lado y, por consiguiente, estaba preparado para poder conducir a Alemania hasta la victoria. Cómo el tren de B. Mussolini, rescatado por el jefe de comandos de la SS Otto Skorzeny (1908-1975), venía con retraso, tuvo tiempo suficiente para poder recuperarse del shock.

 

VIII.-RETRASO “ABSURDO” E INEXPLICABLE EN EL DISPOSITIVO ANTI-NAZI-

A las 16’00 h. von Stauffenberg y von Haeften aterrizaron en Rangsdorf, pero nadie los esperaba, llamaron por teléfono a la Bendlerstrasse y conocieron, con desagrado, que las señales de Valquiria se estaban empezando a enviar, pero que Fellgiebel no había telefoneado todavía; von Stauffenberg exclamó, sin circunloquios, «¡Hitler ha muerto!».

Ante tanta seguridad, Olbricht se animó y se lo planteó a Fromm sin ambages, el Coronel-General Friedrich Fromm (1888-1945) preguntó sombrío que quien le había informado de ello, y Olbricht respondió, mintiendo, que todo partía de Fellgiebel. Fromm deseaba una mayor seguridad antes de poner en marcha a Valquiria, y necesitaba la confirmación por parte de Keitel.

Olbricht lo acepto y la llamada, a Rastenburg, prioritaria, blitz recibió la respuesta de viva voz del propio mariscal de campo Keitel.

«¿Qué está sucediendo en el cuartel general?, preguntó Fromm. “Hay extraños rumores aquí en Berlín”. “¿Qué dicen que está ocurriendo?, preguntó a su vez Keitel. “Aquí todo es normal”. “Me han informado que el Führer ha sido asesinado”, declaró Fromm. “Tonterías”, replicó Keitel. “Es verdad que se ha atentado contra su vida, pero afortunadamente fracasó. El Führer está vivo y ha sido herido muy levemente. Pero, ¿dónde está su jefe de estado mayor, Stauffenberg?” “Stauffenberg no ha regresado aún”, dijo Fromm».

-WILHELM CANARIS-

Tras colgar, Fromm dijo que no había necesidad de desatar Valquiria, Olbricht quedó anonadado y sólo pudo pensar que Keitel, como casi siempre, mentía, por lo que el golpe debería continuar. Una vez en su despacho, como puesto de mando del complot militar, comenzó a recibir a los conspiradores, L. Beck llegó tenso pero resuelto.

Von Stauffenberg y von Haeften irrumpieron en el ministerio excitados y dispuestos para la acción; el ambiente opresivo empezaba a disiparse en la Bendlerstrasse, que se animó para prepararse para el combate, con la llegada de los oficiales más jóvenes, tales como Ewald von Kleist, Hans Fritzsche, el Oberleutnant Ludwig von Hammerstein (1919-1996. Hijo del General Kurt von Hammerstein-Equord, 1878-1943, llamado “El general rojo”, denominaba a los nazis como “una banda de mafiosos y de pervertidos”, era sarcástico, indolente, independiente e irreverente hacia los políticos del III Reich) y el Teniente Georg von Oppen-Segismundo, que habían estado esperando a que se les convocase desde el restaurante del cercano hotel Esplanade; pero el mariscal Erwin von Witzleben (1881-1944) no llegaría hasta las 19’30 h.

Von Stauffenberg comunicó a von Hofacker, en París, que podían actuar contra los líderes de la SS y de la Gestapo. La llegada de Gisevius y Helldorf animó la reunión. “¡Está en marcha!” manifestó el prefecto de la policía de Berlín. Beck estaba alterado por la afirmación de Keitel sobre que Hitler seguía viviendo, pero estaba claro que el Mariscal de Campo mentía a sabiendas.

He visto personalmente todo lo ocurrido. Estaba con Fellgiebel. Fue como si un obús de 150 mm. hubiese estallado en la casa. Es imposible que nadie haya sobrevivido”, manifestó von Stauffenberg sin ningún género de dudas. Beck lo aceptaba, pero le preocupaba que la oposición-pro nazi hiciese el intento de pretender que Hitler estaba vivo, y así tratar de confundir a las fuerzas armadas y al pueblo alemán.Además y aquí estaba el problema, la operación iba con retraso; las unidades implicadas tardarían en llegar al centro de Berlín, mientras que los ministerios y las emisoras de radio aún no estaban ocupados por la Resistencia. Gisevius reprobaba que todavía no se hubiesen tomado las emisoras de radio, y consideraba que el general Fromm debería ser fusilado sino se unía a los conjurados, pero, obviamente, el grupo no lo consideró, ya que ellos no eran unos asesinos pura y simplemente. A las 17’00 h., von Stauffenberg, Olbricht, von Kleist y von Haeften, se dirigieron al despacho de Fromm para la confrontación final.

 

IX.-ENTRA EN ACCIÓN EL COMANDANTE OTTO ERNEST REMER (1912-1997). Y JOSEPH GOEBBELS TOMA LAS RIENDAS DEL CONTRAGOLPE-

El más conflictivo era el eficiente Batallón de Guardias (Wachbattalion Grossdeutschland) de Berlín, que estaba al mando de un convencido militante de la ideología nazi, aunque no militante del NSADP, el Comandante (luego Generalmajor) Otto Ernest Remer (1912-1997) (siempre negaría el “Holocausto” judío, y moriría en Marbella-Málaga), su superior era el General de División o Teniente-General Karl Paul von Hase (1885-1944), que desde el puesto de comandante militar de Berlín simpatizaba con el golpe anti-Hitler, este sería detenido, a posteriori, por la Gestapo por medio de una celada, cuando estaba cenando con J. Goebbels y ahorcado, como tantos otros en la prisión berlinesa de Plötzensee .

A pesar de toda esta actividad, los hombres de Helldorf permanecían en la mayor ociosidad, en espera de ser llamados; las radios seguían sin ser ocupadas, y salvo excepciones la ocupación de Berlín se produjo de forma intermitente y mal coordinada.

«Los conspiradores simplemente supusieron que sus ordenes serían ejecutadas. Pero tal no era ciertamente el caso. Y en las provincias la situación no era mucho más alentadora. Por ejemplo, el Gauleiter (Jefe Político del Partido Nazi en cada Estado o Región de Alemania) de Hamburgo de la SS, Karl Kaufmann, dijo al colega del autor (R. Manvell) Heinrich Fraenkel, que él y el comandante militar del distrito, un buen amigo suyo, estuvieron juntos durante esa tarde de verano bromeando sobre quien debía arrestar a quien a medida que llegaban las órdenes y las contraórdenes» (R. Manvell; Op. Cit.).

Remer era el mando más eficiente de toda la Operación Valquiria fuera de la Bendlerstrasse y se encontró, sin esperarlo, con la responsabilidad de tener que detener a J. Goebbels, a quien Hitler le previno contra el putsch militar existente en Berlín, y que era necesario que hablase por la radio para cortar de raíz el rumor de su muerte. Antes de redactar el discurso, llamó a Albert Speer (1905-1981. Ministro de Armamento y Arquitecto del III Reich) a su domicilio, para que le ayudase; pero el joven y brillante ministro de armamento del Reich llegó a la convicción de que lo que se deseaba era tenerlo vigilado, por si acaso estuviese complicado en el golpe de estado.

Goebbels telefoneó al comandante o Brigadeführer Theodor Wisch del Leibstandarte-SS Adolf Hitler, que estaba estacionado en Lichterfelde (a 8 km de Berlín) y le pidió que estuviese en alerta. Speer se reunió con Goebbels en su casa de las proximidades de la puerta de Brandenburgo; este sería el lugar central para realizar el contragolpe. Poco tiempo después, A. Speer observó como las tropas comenzaban a ocupar posiciones en las calles, y advirtió a Goebbels de lo que estaba ocurriendo; a la par un escritor nazi llamado Hans Hagen y que, además, era el ayudante de Remer, llegó al domicilio de Goebbels y le aconsejó que hablase con el mencionado comandante Remer, que era un militar fiel y adicto al Führer.

Así se hizo y Remer se puso en contacto con el taimado e inteligente Ministro de Propaganda del III Reich, en ese mismo momento el Dr. Goebbels transmitía la declaración sobre el atentado y la supervivencia del Führer Adolf Hitler, que fue retransmitido todo ello a las 18’45 h., y escuchado todo el programa en toda Europa a través de las poderosas ondas de radio de la Deutschlandsender:

«Se ha perpetrado un atentado contra la vida del Führer con explosivos. El Führer no ha resultado herido, aparte de algunas ligeras quemaduras y magulladuras. Ha reanudado inmediatamente el trabajo y, tal como estaba anunciado, ha recibido al Duce (B. Mussolini) para una prolongada conversación. Poco después del atentado, el mariscal del Reich (H. Göring) se reunió con el Führer».

En ese momento von Kluge, que estaba siendo presionado por Beck, por teléfono, para que se uniera al golpe de estado contra Hitler, recibe una copia del comunicado de Goebbels y se queda perplejo.

«“¿Pero cuál es la verdadera situación en el cuartel general del Führer?”. Beck era demasiado honrado como para negar que las cosas estaban un tanto inciertas en Rastenburg. Esto era demasiado para von Kluge, que había pasado años vacilando, y que no estaba dispuesto a correr riesgo alguno. Ante todo debo discutir esto con mis subordinados, dijo. Después llamaré. Prometió a Beck que le haría saber su decisión, pero éste sabía que con una persona de su temperamento, aquello equivalía a perderle» (R. Manvell; Op. Cit.). Los conspiradores, angustiados, también contraatacaron:

«El comunicado transmitido por la radio no es correcto. El Führer está muerto. Las medidas ya ordenadas deben ser ejecutadas con la máxima rapidez.» Tras el comunicado de Goebbels, los teléfonos comenzaron a agobiar a los hombres de la Bendlerstrasse, por lo que Beck, von Stauffenberg y Olbricht peleaban con sus voces ya roncas y las energías casi agotadas, para tratar de convencer a mariscales de campo, a generales de toda graduación y a coroneles sobre lo que debían hacer y creer; subrayaban que detrás de todo el montaje de la contrarréplica, estaba el mentiroso patológico que era el mariscal de campo Wilhelm Keitel, el “lacayo” (“Lakeitel”) del Führer. Hoepner perdía su aplomo y Olbricht y Beck comenzaban a dudar del enérgico aserto de von Stauffenberg. Sólo en París las cosas iban viento en popa para los intereses de los conjurados. Cuando un iracundo y malhumorado von Witzleben llegó, se entrechocaron los talones y el ambiente informal desapareció; únicamente se dirigió a Beck, ante quien comentó: «Menudo lío que es esto» (R. Manvell; Op. Cit.).

-ROLAND FREISLER-

En la calle las unidades de protección de los golpistas comenzaban a desaparecer y retirarse, y no se las podía detener. Los jóvenes militares deseaban ir a cenar y, como los mandos de las tropas de las calles, sólo confiaban en Hitler y no aceptaban las palabras de Olbricht y del CoronelAlbrecht Mertz von Quirnheim (1905-1944) sobre la muerte del Führer, al mando de dos tenientes coroneles nazis y muy fieles a Hitler, Franz Herber y Bode von der Heyde, estaban prestos ya para iniciar el contraataque contra los conjurados, incluso se vio obligada a intervenir, Delia Ziegler, para que se calmasen y siguiesen siendo leales a Olbricht.

«Llamado por Hagen, el mayor Remer llegó a la casa de Goebbels. Aún ignoraba si Hitler estaba vivo o no. El ministro de Propaganda le recibió en el acto, le preguntó si era absolutamente leal a Hitler. Remer le aseguró que sí, sin reserva alguna. Goebbels insistió en que era un momento histórico. Hitler estaba vivo, pero el futuro del Reich dependía de aquel joven mando. Goebbels no en vano era ministro de Propaganda; sabía cómo influir sobre los sentimientos. Speer le observaba en su trabajo, convirtiendo a Remer en su esclavo. Nos dimos la mano durante largo rato”, dijo Remer después, “mirándonos a los ojos. Era como una comedia en la que él, un activo aspirante, hubiese logrado el papel estelar de sus sueños. El mayor Remer era el David nazi, el valiente militar con su cruz de caballero con hojas de roble enfrentado con los monstruosos Goliat de la subversión, Beck, von Stauffenberg, y los demás. Goebbels, para consolidar el efecto que había conseguido, cogió el teléfono y pidió tranquilamente que le pusieran en comunicación con el Führer. Tenía una línea directa con Rastenburg. Remer estaba de pie anonadado. Hable usted mismo con el Führer, dijo Goebbels, alargándole el auricular. Remer lo tomó, tenso de emoción. La áspera y seca voz era sin lugar a dudas la de Hitler. El Führer también tenía un agudo sentido de la oportunidad. Puso a Remer bajo su mando personal y le ordenó que hiciese todo lo posible por frustrar los designios de los malvados que buscaban la destrucción del Reich. La seguridad de Berlín estaba en sus manos en tanto llegaba Himmler, nuevo comandante en jefe. Acabó ascendiendo sobre la marcha a Remer a coronel. Hitler sabía cómo ejecutar una notificación por teléfono. Remer, colmado de emoción y de sacrificio, salió inmediatamente para reunir a cuantos hombres pudiese a fin de contraatacar. Pero a las ocho de la noche la oposición en las calles comenzaba a disolverse. Al caer la noche, Goebbels, con las luces iluminando la escena, pronunció uno de sus célebres discursos ante la pequeña cohorte que Remer introdujo en el jardín de la casa del ministro. Realmente ya no le quedaba nada por hacer a Remer» (R. Manvell; Op. Cit.).

 

X.-DISPAROS EN LA BENDLERSTRASSE. EL CORONEL- GENERAL FRIEDRICH FROMM SE HACE CARGO DE LA SITUACIÓN Y TRATA DE “SALVAR O LAVAR” SU COMPLICIDAD-

Mientras tanto en la Bendlerstrasse la desesperación iba en aumento. A las 22’30, Olbricht llegó al convencimiento de que los conspiradores se encontraban aislados, incluso en el propio ministerio de la Guerra donde estaban. Herber y von der Heyde ponían en entredicho la autoridad de Olbricht, inclusive los elementos anti-golpe estaban comenzando a introducir armas de fuego en el edificio para poder liberar a Fromm.

Entonces Herber entró en el despacho de Olbricht y le apuntó con su arma, acusándole de deslealtad al Führer, y exigió ser conducido a presencia del general Fromm; Olbricht, demostrando una gran sangre fría, se limitó a introducir a los intrusos en el despacho del ausente general Hoepner. Entonces D. Ziegler corrió a avisar  a Beck y a Hoepner sobre lo que estaba ocurriendo, pero por el camino se cruzó con von Haeften y von Stauffenberg, quienes al correr a auxiliar a Olbricht, fueron recibidos a tiros y, von Stauffenberg fue herido de gravedad en el brazo izquierdo, ya en el pasillo los conspiradores fueron rodeados por los hitlerianos que los encerraron bajo guardia; aunque los conspiradores menos conspicuos escaparon del edificio. Fromm fue liberado, por fin, y ahora iba a comenzar la hora de su venganza sin límites.

A las 23’00 horas comenzó un sumarísimo Consejo de Guerra presidido por el propio Fromm, y ordenó a los líderes del golpe que depusiesen las armas; Beck exigió su derecho, como jefe militar, a conservar sus armas e intentó suicidarse, pero sólo consiguió rozarse la sien; Fromm accedió a que lo intentase de nuevo y, ordenó que Hoepner, que se negó a suicidarse por sus convicciones religiosas, fuese enviado a la prisión consiguiente, pendiente del subsiguiente y oportuno consejo de guerra.

El resto de los prisioneros fueron conminados a que escribiesen un mensaje a sus esposas. En el patio-Bendlerblock se organizó un  pelotón de fusilamiento, reclutado entre los soldados de Remer. Beck sangrando y casi inconsciente, intentó un segundo disparo, pero al fallar obtuvo de Fromm que un sargento le diese el tiro de gracia. Von Stauffenberg sangraba profusamente y era atendido por von Haeften.

Fromm sentenció a von Stauffenberg, a Olbricht, a von Quirnheim y a von Haeften a una inmediata pena de muerte, y un pelotón de diez hombres se iba a encargar de acabar con ellos. Von Stauffenberg bajaba casi inconsciente por las escaleras, apoyándose en von Haeften, se dio la orden de fuego y el coronel mutilado recuperó, momentáneamente, su consciencia y gritó: «¡Viva la sagrada Alemania! (¡Es lebe heilige Deustchland!)».

Su hermano mayor Berthold Schenk Graf von Stauffenberg, prestigioso jurista, que estaba a favor de derrocar al gobierno de Hitler, aunque no de asesinarlo, esto último defendido radicalmente por su hermano Claus, fue detenido e interrogado, ese 20 de julio, por la Gestapo, y condenado a la muerte en la horca el 10 de agosto de 1944.

Berthold Maria Schenk Graf Von Stauffenberg (1934), primogénito del héroe anti-hitleriano declaró con respecto a su padre, año-2007: «Tenía 10 años cuando perdí a mi padre, por tanto lo conocí muy poco. Mi madre estaba encinta de su quinto hijo (Konstanze Schenk Graf von Stauffenberg, 27 de enero de 1945) en el momento de ser detenida por la Gestapo. Ella admiraba mucho a mi padre. Fui a parar a un orfanato, hasta junio de 1945 y entonces me reencontré con mi madre en la cárcel de Ravensburg. Mi padre hizo algo muy valiente y positivo…porque no todos los alemanes eran nazis».

 

XI.-ARRESTOS Y JUICIOS-

El 17 de agosto, von Schlabrendorff fue llamado a Berlín, estuvo pensando y sopesando las posibilidades de suicidarse, pero decidió seguir con vida y fue el único conspirador de primera fila que sobrevivió a la tragedia.Fue conducido a la terrorífica prisión de la Gestapo, en la Prinz Albrechtstrasse de Berlín. Los generales Fellgiebel y Stieff fueron arrestados en Rastenburg; von Hofacker y Finckh fueron los primeros en ser juzgados.

Von Witzleben llegó a su casa la noche del 20 de julio y le comentó a su hija, «Mañana, el verdugo estará aquí» Fue arrestado a mediodía del 21 de julio, primero intentó desviar sus responsabilidades, pero cuando le enseñaron la lista de los que ya habían confesado y estaban en prisión, tuvo la gallardía de confesar para estar junto a ellos y asumir los hechos.

El Dr. C. Gördeler fue perseguido, a partir del 25 de julio, tras haber abandonado Berlín el mismo día 20 de julio; cómo la Gestapo ya sabía que iba a ser el futuro Canciller de la nueva Alemania, se puso un precio de un millón de marcos por su cabeza, por lo que para evitar comprometer a los que lo ayudaban salió de Berlín a pie con una mochila a la espalda el 8 de agosto, para visitar a su familia en  Marienburg, y se puso a dormir en la sala de espera de la estación del ferrocarril; estaba en una zona muy peligrosa para su huída, ya que su familia era muy conocida, por lo que el 12 de agosto fue reconocido por una mujer vestida con el uniforme de la SS, que conocía a sus familiares, y así fue arrestado en los bosques. «Más tarde esa mujer lamentaría profundamente lo que hizo, y apenas tocó la recompensa que le fue entregada personalmente por Hitler».

                                     -CARL-HEINRICH VON STÜLPNAGEL-

 

Muy pocos de los conjurados lograron escapar, Fritsche tomó el último tren para su ciudad natal, Postdam. Von Hammerstein lograría ocultarse; von Kleist fue arrestado; Delia Ziegler fue interrogada, por la Gestapo, con todo rigor; Gisevius, padeciendo un frío indecible al estar escondido en un terrible invierno berlinés con ropas de verano, tuvo que cruzar la frontera suiza en el verano del año 1945 con documentación falsa; Otto John (1909-1997) tomó un avión de la Lufthansa hacia Madrid (24 de julio) sin ningún tipo de problemas, ya que era consejero delegado de la empresa de aviación comercial alemana.

El 22 de septiembre la caja fuerte de von Dohnanyi, en Zossen, fue abierta por el oficial de la Gestapo Franz Xaver Sonderegger (quien dirigía el equipo de interrogadores) y Walter Huppenkothen (1907-1978. Standartenführer-Coronel) que no tuvo ninguna duda, ante tanta documentación incriminatoria, sobre la implicación de Canaris y del General-Mayor Oster en el complot, los cuales fueron arrestados. Schrader se suicidó y su mujer destruyó la documentación. El Führer A. Hitler encargó a Ernst Kaltenbrunner (1903-1946. Sucesor de Heydrich. Oficina Central de Seguridad del Reich. Obergruppenführer) recoger las pruebas pertinentes para que los juicios fuesen espectaculares. Fueron detenidas e interrogadas unas siete mil personas.

El 7 de agosto comenzaron los juicios en el tribunal popular o Volksgerichtshof del famoso y vengativo juez Roland Freisler (1893-1945. Abogado y antiguo militante furibundo del Partido Comunista de Alemania, en 1925), y unos 200 de los encausados fueron ejecutados. «Adolf Hitler quedó tan horrorizado por la extensión de la oposición a su dominio dictatorial y genocida que prohibió que muchas de las pruebas fuesen presentadas en los juicios» (R. Manvell; Op. Cit.).

Los militares prisioneros fueron degradados, para así poder ser investigados e interrogados por la Gestapo, y en el juicio comparecerían  con ropas civiles raídas y mal cortadas, todos ellos sin cinturones para que la humillación fuese mayor. Los juicios fueron filmados y grabados en cinta magnetofónica para servir de diversión a Hitler, e igualmente se filmaron las ejecuciones, aunque existen testimonios de la época que indican que Hitler nunca vio las ejecuciones, por lo terrible de las películas grabadas.

La Gestapo podía hacer lo que se le antojase con los prisioneros, pero los que estaban en la prisión militar de Tegel fueron mejor tratados, algunos de los prisioneros fueron torturados, encadenados en sus celdas, sin comer y sin poder dormir por estar las luces de las celdas encendidas de continuo, y se les interrogaba a cualquier hora del día o de la noche. El 7 y 8 de agosto fueron juzgados von Witzleben, Hoepner, Stieff, Hase y Peter Yorck von Wartenburg (1904-1944).

  1. Freisler deseaba llegar al cenit de su carrera de desafueros judiciales permanentes, con estos juicios, era muy inteligente y en los interrogatorios alternaba el sarcasmo y los insultos para intimidar a los prisioneros, retorcía de forma torticera los argumentos de los detenidos y volcaba sobre ellos su mayor desprecio. «De pronto se ponía a gritar con la furia calculada y fría de un profesor sádico; al igual que J. Goebbels, era un profesional, antes que un sádico por naturaleza» (R. Manvell; Op. Cit.).

 

XII.-EVOLUCIÓN DE LOS JUICIOS Y DE LAS SENTENCIAS-

La mayor parte de los acusados dejaron pasar su “examen” dando el mínimo de respuestas posibles; lo más sensatos sabían que cualquier otra respuesta distinta de “” o de “no” solamente daría a Freisler la ocasión de un ataque. Von Witzleben (“Pueden entregarnos al verdugo, pero dentro de tres meses el pueblo, asqueado y vejado, les pedirá cuentas y les arrastrará a todos ustedes entre la inmundicia de las calles”) y Hoepner, especialmente, proporcionaron a Freisler innumerables oportunidades de sarcasmo. El ama de llaves de Beck fue llamada a prestar declaración y atestiguó que el lecho de aquél frecuentemente estaba húmedo de sudor durante el período de los atentados, en el susodicho mes de julio.

En conjunto fueron los intelectuales quienes salieron mejor parados. La razonada oposición de Yorck al nacionalsocialismo resultó ser tan eficaz como la invectiva de Freisler, mientras que una curiosa batalla dialéctica, que casi equivalía a un debate intelectual, tuvo lugar más tarde entre Freisler y von Moltke en el juicio de este último celebrado tras muchas demoras en el siguiente mes de enero. Von Moltke dejó a su mujer una descripción detallada del juicio en cartas secretas, en las que pone de manifiesto un cierto placer en su duelo con Freisler. La primera fase de los juicios condujo a las inevitables sentencias de muerte.

Los prisioneros fueron exhibidos públicamente para recibir los salvajes ataques de Freisler, y después ser arrastrados a la prisión de Plötzensee, donde fueron ahorcados bajo la implacable luz de las cámaras de cine, y con cuerdas de piano colgando de ganchos de carne. Uno de los testigos presenciales de la ejecución nos ha descrito lo sucedido:

«“Imaginad una habitación con el techo bajo y las paredes encaladas. Por debajo del techo se había clavado en las paredes una viga de acero, de la que pendían seis grandes garfios como los empleados por los carniceros para colgar las reses. En una esquina había una cámara de cine. Los reflectores arrojaban una luz cegadora… Contra la pared una mesa pequeña con vasos y una botella de coñac para los testigos de la ejecución… El verdugo sonreía y hacía chistes sin cesar. La cámara no dejaba de funcionar, porque Hitler quería ver y oír cómo morían sus enemigos…Había llamado al verdugo y arreglado personalmente los detalles de la ejecución:quiero que sean colgados como animales descuartizados. Esas fueron sus palabras. Después de juicios similares, muchos de los simpatizantes de la resistencia fueron  exhibidos y colgados. Entre ellos von Trott zu Solz y Helldorf en agosto, von Hassell en septiembre, von Hofacker en diciembre y Nebe mucho más tarde, en marzo de 1945. A Rommel, el general más prestigioso de Hitler, cuya culpabilidad el Führer no se atrevía a hacer pública, se le ordenó que se suicidara en cuanto se hubiese recuperado lo suficiente de sus heridas. Murió por su propia mano el 14 de octubre delante de los dos generales (General de Infantería o Capitán-General Wilhelm Burgdorff y el Teniente-General o General de División Ernest Maisel) enviados para presenciar la auto-ejecución, y a continuación, para cumplir con los fines de la propaganda, fue celebrado un funeral con todos los honores. Su corazón pertenecía al Führer, proclamo el Mariscal de Campo Karl Gerd von Rundstedt durante la oración fúnebre» (R. Manvell; Op. Cit.).

-GERD VON RUNDSTEDT-

 

El Mariscal de Campo Erwin Johannes Eugen Rommel (1891-1944), apodado El Zorro del Desierto, era uno de los mariscales más mimados por Hitler. Al principio apoyó en la toma del poder por los nazis en contra del malhadado Tratado de Versalles, aunque estaba en contra del antisemitismo y de la ideología del NSADP. El 17 de julio de 1944, a las cuatro de la tarde fue alcanzado (en Francia) su coche  por una de las ráfagas de dos Spitfires de la RAF; Rommel salió despedido del vehículo con fractura cuádruple de cráneo y heridas múltiples. El GeneraloberstStülpnagel repitió su nombre bajo los efectos de un sedante y de la tortura subsiguiente, cómo complotado.

El jerarca nazi Martín Bormann (1900-1945), adversario declarado del Mariscal de Campo lo acusó sin ambages. “Es una mala manera de resolver las cosas. Ese hombre (Hitler) es la encarnación del demonio. ¿Por qué convertirlo en héroe o mártir? Mejor sería dejar que el ejército lo detuviera y lo juzgara. No destruiremos la leyenda de Hitler hasta que el pueblo alemán conozca la verdad”.

El 14 de octubre recibió la anunciada visita de los generales Wilhelm Burgdorf (1895-1945) y Ernst Maisel (1896-1978), eran las doce del mediodía.

Lucy vengo a decirte adiós. Dentro de un cuarto de hora estaré muerto. Sospechan que tomé parte en el intento de asesinar a Hitler. Al parecer, mi nombre estaba en una lista hecha por Goerdeler en la que se me consideraba futuro Presidente del Reich…Jamás he visto a Goerdeler…Ellos dicen que Von Stülpnagel, Speidel  y Von Hofacker me han denunciado. Es el mismo método que emplean siempre. Les he contestado que no creía lo que decían, que tenía que ser mentira. El Führer me da a elegir entre el veneno o ser juzgado por el tribunal popular”. Si no se suicidaba tomarían represalias contra su familia y contra su Estado Mayor y sus familiares. “Ante todo, debo pensar en mi esposa y en Manfred”.

El coche fue en dirección a Ulm; unos minutos más tarde el cianuro ya hacía su efecto y el Mariscal de Campo yacía encorvado y tendido en el asiento trasero.  “Su corazón pertenecía al Führer”. Era tranquilo, calmado, respetuoso, con los pies en el suelo y poco dado a sentimentalismos ni grandes efusiones, aunque con un punto de poeta. Cuidadoso con el dinero, rozando la tacañería; tenía mucho sentido del humor; para él: “la guerra era una ocupación estúpida y brutal”. Nunca estuvo afiliado al NSADP, y nunca cometió crímenes de guerra. La acusación partió del Generalleutnant Hans Speidel (1897-1984), jefe de gabinete de Rommel, presionado por Göring y Bormann, enemigos declarados de E. Rommel, que le prometieron salvar su vida y la de su familia a cambio de la del jefe del Africa Korps.

-GREGOR STRASSER-

 

No obstante la Gestapo no tenía por costumbre desprenderse tan rápidamente de sus víctimas, los más ágiles, intelectualmente, de entre los condenados conseguían con habilidad despertar la curiosidad y el interés de los policías de la Gestapo. El más conspicuo de ellos fue C. Gördeler, que aunque había sido sentenciado a muerte, el 8 de septiembre de 1944, desarrolló una técnica particular de resistencia, que consistía en realizar largas y complejas declaraciones y así se dilataba el período de investigaciones e interrogatorios, a la vez se dedicaba a escribir innumerables memoranda.

Inclusive, durante un tiempo, fue utilizado por los “cerebros” de la SS para que les ayudase a realizar mejoras necesarias en el aparato burocrático de todo el Estado nazi alemán, tenía confianza en poder, de esta forma, prolongar su vida hasta que la guerra finalizase, pero en un momento determinado descubrieron sus tretas y artimañas y, en febrero de 1945, fue ejecutado por ahorcamiento, poco después del militante del SPD Julius Leber (1891-1945) y el conde von Moltke, que le acompañaron en su ajusticiamiento en el citado mes de febrero.

 

XIII.-LA TORTURA DE FABIAN VON SCHLABRENDORFF-

Von Schlabrendorff estaba totalmente desprotegido en la tétrica prisión de la Gestapo, y era interrogado con suma crueldad por Walther Habecker, pero la fina inteligencia del detenido y su experiencia jurídica conllevaban que tuviese la certeza de que su torturador sabía mucho menos de lo que aparentaba, como conocía el estilo de la Gestapo de presentar falsos documentos y obligarles a firmar, que era lo que la policía política deseaba él, siempre lo negó todo, por lo que sus interrogadores estaban en una continua frustración.

Por ello fue torturado a conciencia, se lo mantenía medio muerto de hambre y encadenado de pies y de manos noche y día. Habecker lo agredía, físicamente, en la cara y le escupía cuando estaba esposado y lo mismo hacía la joven secretaria del interrogador, pero von Schlabrendorff los exasperaba más si cabe, cuando les recordaba que tales acciones eran ilegales.

La Gestapo no consideraba todo ello como una tortura, por lo que una noche Habecker ordenó que se le encadenasen los brazos a la espalda, mientras la joven secretaria citada miraba, sus manos fueron sujetadas en una prensa de tornillo, que introducía pinchos en las yemas de los dedos del preso. A continuación se lo sujetó a una cama con la cabeza envuelta en una manta y atravesaban con clavos sus piernas.

Más adelante fue atado a un artefacto medieval, que elongaba su musculatura hasta el paroxismo brusca o lentamente. Por fin se lo ató como si fuese un paquete y fue golpeado en la cabeza con bastones, cuando perdió el conocimiento fue llevado a su celda y arrojado a su camastro, empapado en sangre. Tras varios días de padecimiento atroz sufrió un Infarto Agudo de Miocardio.

«Todos descubrimos que un hombre puede soportar mucho más dolor del que estamos acostumbrados a creer. Quienes no habíamos aprendido a rezar lo hicimos, y descubrimos que la oración y solamente la oración puede aportar algún consuelo en tales terribles angustias, y que significa más que lo que el hombre puede aguantar. Aprendimos que las plegarias de nuestros amigos y parientes pueden transmitir corrientes de fortaleza a nuestro ser»(Fabian von Schlabrendorff, “Memorias”, apud R. Manvell; Op. Cit.).

En esta situación tan catastrófica comenzó a contemplar la posibilidad de suicidarse. De pronto se le ocurrió implicar, de forma dramática e histriónica, a su gran amigo muerto von Tresckow, por lo que manifestó a sus torturadores que el complot había existido, pero no con la finalidad de matar a Hitler, sino para tratar de convencerlo de que renunciase a dirigir la guerra. Von Schlabrendorff contentó con esta confesión, tan inesperada, a la Gestapo, que dejo de torturarlo y sólo fue expulsado del ejército y detenido para ser juzgado en el mes de diciembre de 1944. La Gestapo, no obstante, todavía tenía una carta para forzarlo, más si cabe, y para ello fue conducido al campo de Sachsenhausen, donde se le mostró el lugar de las ejecuciones sumarias, que iba a ser lo que le esperaba a él y a los demás conjurados, luego se lo colocó ante el cadáver exhumado de von Tresckow, exigiéndole que confesase antes de la cremación del cuerpo de su querido familiar, pero ante este macabro espectáculo se negó a hablar.

-ERICH VON MANSTEIN-

A finales de diciembre su caso fue aplazado, el 3 de febrero fue llevado con von Kleist ante el juez Freisler (“Le mandaría directo al infierno”. “Con gusto le cederéel paso a usted primero”); von Kleist declaró que la oposición a Hitler “era la voluntad de Dios”, pero las sirenas por los bombardeos de los aliados disolvieron el juicio, von Schlabrendorff fue conducido maniatado al refugio, pero una bomba cayó sobre la sala del tribunal del pueblo y una viga aplastó al crudelísimo juez Freisler, que murió en el acto, y entonces, el expediente de von Schlabrendorff quedó totalmente destruido; la Prinz Albrechtstrasse fue también alcanzada por las bombas.

El 7 de febrero de 1945 el clérigo luterano Dietrich Bonhoeffer (1906-1945) y Müller fueron llevados al campo de concentración de Buchenwald; mientras que Canaris, Oster, Schacht, Halder y otros eran conducidos al homónimo de Flossenburg. Von Schlabrendorff fue juzgado el 16 de marzo de 1945, con el juez Freisler muerto y la derrota inevitable de Alemania, von Schlabrendorff se defendió con toda energía, protestando en relación a las torturas que había padecido, ya que la tortura había sido abolida de Prusia en el siglo XVIII, se derrumbó anímicamente y lloró amargamente, se le declaró inocente pero no se le liberó, ya que sabía demasiado. A finales de marzo ya estaba recluido en Flossenburg, donde los hombres y las mujeres eran asesinados desnudos, por la SS, a diario.

-ERWIN ROMMEL-

XIV.-LA ELIMINACIÓN DE LOS OTROS CONJURADOS; Y LOS QUE SÍ SE SALVARON-

 

El 10 de abril de 1945, con los cañones de los norteamericanos y de los británicos tronando en sus cercanías, Canaris, Oster y Bonhoeffer fueron ajusticiados desnudos, por el método del ahorcamiento lento, inexorable y doloroso en grado superlativo. Von Dohnanyi fue sacado del hospital, a finales de abril, y ahorcado de forma inmediata, tras los juicios que presidía, ahora, Huppenkothen. Von Schlabrendorff fue trasladado al campo de concentración de Dachau, allí estaban confinados, Müller, el pastor luterano Emil Martin Niemöller (1892-1984), y las familias de von Stauffenberg, Goerdeler, von Tresckow y von Hofacker.

Por fin todos fueron liberados por los norteamericanos el 4 de mayo de 1945, con ellos se salvaron Hjalmar Schacht (1877-1970), E. von Kleist, H. Fritzsche, O. John, L. von Hammerstein, Eugen Karl Gerstenmaier (1906-1986), H. B. Gisevius, D. Ziegler, A. von dem Busche y elo General Rudolf-Christoph Freiherr von Gersdorf (1905-1980); pero más de 200 personas fueron eliminadas por el paroxismo vengativo y sanguinario del Führer Adolf Hitler y su régimen de terror.

El conde Peter Yorck von Wartenburg, ahorcado el 8 de agosto de 1944, y primo de von Stauffenberg, escribió la carta de despedida a su mujer como homenaje a todos los que eran ejecutados con tanta celeridad, saña y vileza. «Espero que mi muerte sea aceptada como satisfacción por todos mis pecados y como un sacrificio expiatorio…Mediante este sacrificio, la distancia que separa al mundo de Dios quizá se acorte un poco… Queremos encender una antorcha de vida; nos rodea un océano de llamas» “PARENTANDUM REGISANGUINE CONIURATORUM ESSE”.  

 

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-Ziemke, E. F. (1982): La batalla de Berlín, fin del Tercer Reich. San Martín.

 

-CURRICULUM  UITAE-

 

-+HISTORIADOR DE HISTORIA-16.

-+-HISTORIADOR DIPLOMADO EN  ESTUDIOS AVANZADOS  DE HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL.

-+DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS ZAMORANOS “FLORIÁN DE OCAMPO”.     (CSIC).

-+DEL ATENEO DE VALLADOLID (CREACIÓN AÑO-1872).

-+DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS GERUNDENSES (CSIC).

-+DE LA REAL SOCIEDAD ARQUEOLÓGICA TARRACONENSE (CSIC).

-+DEL CÍRCULO CULTURAL PÉNDULO DE BAZA (UNESCO).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE GRANADA Y SU REINO. (CSIC).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS BENAVENTANOS “LEDO DEL POZO” (CSIC).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS FENICIOS Y PÚNICOS (CSIC).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS JEREZANOS (CSIC).

-+DEL ATENEO JOVELLANOS (CREACIÓN AÑO-1953).

-+DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE ESTUDIOS CLÁSICOS (CSIC).

-+DE LA ASOCIACIÓN HISPANIA NOSTRA.

-+ASESOR DE LA ASOCIACIÓN CULTURAL REINOS DE ESPAÑA (FEAH)

-+DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE ESTUDIOS MEDIEVALES (CSIC).

-+205 TRABAJOS DE HISTORIA PUBLICADOS.

-+33 BIOGRAFÍAS DE MÚSICOS DE MÚSICA ACADÉMICA PUBLICADAS.

-+105 CONFERENCIAS IMPARTIDAS SOBRE HISTORIA.

 

-LIBROS PUBLICADOS-

1.-EL GRAN REY ALFONSO VIII DE CASTILLA, “EL DE LAS NAVAS DE TOLOSA”. Editorial Alderabán/Alfonsípolis. 2012.

2.-BREVE HISTORIA DE FERNANDO “EL CATÓLICO”. Editorial Nowtilus. 2013.

3.-EL REY ALFONSO X “EL SABIO” DE LEÓN Y DE CASTILLA. SU VIDA Y SU ÉPOCA. Editorial El Lobo Sapiens/El Forastero. 2017.

4.-EL REY ALFONSO VII “EL EMPERADOR” DE LEÓN. Editorial Cultural Norte. 2018.

5.-URRACA I DE LEÓN. PRIMERA REINA Y EMPERATRIZ DE EUROPA. Editorial El Lobo Sapiens/El Forastero. 2020.

6.-EL REY RAMIRO II “EL GRANDE” DE LEÓN. EL “INVICTO” DE SIMANCAS. Editorial Alderabán/Alfonsípolis. 2021.

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