ILTMO. SR. DR. DON JOSÉ MARÍA MANUEL GARCÍA-OSUNA Y RODRÍGUEZ-

-ACADÉMICO-CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA DE ASTURIAS (RAMPA).

-SOCIO DE NÚMERO DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE MÉDICOS ESCRITORES Y ARTISTAS (ASEMEYA).

-DOCTOR EN MEDICINA Y CIRUGÍA.

-MÉDICO DE FAMILIA-ATENCIÓN PRIMARIA

-RESUMEN-

En el presente trabajo asistimos a los estertores agónicos de los deseos, planes e ilusiones de la reina Isabel I de León y de Castilla y de Aragón, su edificio y su vida llegan a su fin y el poder nuevo en las Españas va a provenir de la Europa Central, son los Habsburgo. Esta nueva familia será un desastre absoluto para las Españas, ya que sus apetencias dinásticas y sus tactismos religiosos llevarán al desastre económico a la península; todo lo contrario que tenía pensado Fernando “el Católico”. Sus deseos irán dirigidos hacia el enaltecimiento de su ducado patrimonial de Borgoña Su heredera Juana I tampoco es un dechado de perfección mental; en este caso será maltratada físicamente, aunque ella siempre poseerá un sentido muy desarrollado de la majestad heredada de todos sus antepasados. Esto último ocurrirá, sobre todo, en las relaciones de Juana I de León y de Castilla y de Aragón con los Comuneros de León y de Castilla. La reina Isabel I llegará al final de sus días, un terrorífico cáncer de cérvix uterino la matará. Esta enfermedad, repugnante y maldita, ya hacía estragos en esa época entre las mujeres

I.- EL CARDENAL JULIÁN DE LA ROVERE, ES EL NUEVO PAPA JULIO II-

 El Cónclave, para la elección del nuevo Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, se celebraría en Roma, con la victoria del candidato español: el nieto del papa Sixto IV (cardenal Francisco de la Rovere, 1414-1484. Papa de 1471 a 1484), cardenal Giulio della Rovere (1443-1513. Papa de 1503 a 1513), que se convirtió en Julio II. «Se trataba de un político de gran calidad, cuyo aspecto militar ha sido utilizado en contra de sus otras condiciones. Gran mecenas, decidido a convertir a Roma en la ciudad más importante del mundo, para que de esta manera proporcionar a la Iglesia dignidad, entendía que la soberanía sobre el patrimonio de San Pedro garantizaba la independencia del Pontificado. En este sentido, los señoríos establecidos en él eran un impedimento y la presencia de franceses en Milán y españoles en Nápoles, una amenaza. Hizo del despojo y la expulsión de César Borgia una parte esencial de su programa» (L. Suárez Fernández. Isabel I, Reina. Ariel. 2001).

-EL PAPA JULIO II-

César Borgia sería “alojado- aherrojado” en el castillo de La Mota de Medina del Campo. La tregua del 25 de febrero de 1504 se realizó en función de dos parámetros:

1) sobre la base del acuerdo de Lyon, aunque los españoles custodiarían la dote de la princesa Claudia, o 2) admitiendo la restauración de don Fadrique con las debidas garantías de disponibilidad de bases para el equilibrio en el Mediterráneo. Nápoles era una conquista incómoda, pero necesaria para la hegemonía de Francia o de España en el Mare Nostrum.

II.- NACE EL INFANTE DON FERNANDO-

La reina Isabel I la Católica tenía noticias, fidedignas, del extraño comportamiento de su hija Juana, desdoblamiento de personalidad que desembocaba en una obsesión concreta, relacionada con la concupiscencia erótica, que se tornaba en posesiva cuando se refería a su marido, al que amaba y odiaba con la misma vehemencia o violencia; no obstante en los momentos escasos de lucidez razonaba con la aguda inteligencia de las hijas de los Reyes Católicos.

Cuando don Felipe y doña Juana se separaron en el mes de diciembre de 1502 en Madrid, la princesa se forjó en su desequilibrada mente que eran sus padres los que querían separarla de su esposo, a esta esquizofrenia contribuyó la habitual desconfianza de la corte borgoñona hacia los Reyes Católicos.

El máximo adversario del archiduque Felipe “el Hermoso” era el diplomático don Gutierre de Fuensalida, que había sido incorporado a la corte del infante don Carlos como maestresala.

El 10 de marzo de 1503 doña Juana dio a luz a un nuevo retoño, otro varón, al que se le bautizó como don Fernando, así se lo conectaba con los Trastámara y no con los Habsburgo.

Don Felipe desde Lyon exigió que la madre se reuniese lo más pronto posible con él, sin importarle que no se hubiese restablecido del todo. Cuando doña Juana fue informada de que existían serias razones para demorar su viaje hasta que don Felipe estuviese en Bruselas, se produjo una terrible crisis familiar (18 de junio), en la cual la princesa insultó gravemente a su madre, desvariando a ojos vistas.

El disgusto provocó la recaída de la reina doña Isabel I la Católica en su enfermedad y tuvo que ser atendida en Alcalá de Henares; los médicos advirtieron que una nueva recaída podía ser fatal y debían serle evitados los disgustos.

«Por aquellos días, coincidiendo doña Juana en la misma ciudad, comenzó a mostrar la peor voluntad: respondía con insultos a quienes se atrevían a formularle alguna rectificación o advertencia, se negaba a comer y sospechaba de todos sus servidores como si viviese rodeada únicamente de enemigos. Todas las personas de su séquito, preocupadas por el informe de los médicos, coincidieron en la necesidad de ocultar a la reina todas estas cosas. Con ello empeoraron la situación» (L. Suárez Fernández. Isabel I, Reina. Ariel, 2001).

  -ÓLEO, FERNANDO E ISABEL, SIGLO XV. AGUSTINAS DE MADRIGAL DE LAS ALTAS TORRES-

III.- UNA TÉTRICA NOCHE EN EL CASTILLO DE LA MOTA DE MEDINA DEL CAMPO (VALLADOLID)-

Al final del verano de 1503, con una dulzura extraordinaria, Isabel I “la Católica” explicó a su hija que habían comenzado los preparativos del viaje, con la finalidad de tranquilizarla. Fueron juntas hasta Segovia, le indicaba que se estaba firmando una tregua con Francia, para que ella pudiese atravesar ese país sin problemas.

Se comenzó a preparar los carros que la iban a llevar desde Burgos hasta Fuenterrabía. En noviembre de 1503 se firmó la tregua mencionada, bajo los auspicios de la reina francesa Ana de Bretaña y de la duquesa  Margarita de Saboya, pero los acuerdos no eran válidos para la frontera de Nápoles, la duración de los acuerdos era corta, pero Juana lo supo:

«Acababa de llegar un gentilhombre enviado por don Felipe I “el Hermoso”, llamado Claude de Sully, quien, entre otras cosas, era portador de una emotiva carta del infante don Carlos a sus abuelos suplicándoles que no le tuviesen apartado de su madre. La misiva era falsa, ya que don Carlos, que había cumplido solamente tres años, no estaba en condiciones ni siquiera de dictar a los escribanos ninguna epístola. Temiendo la reina que con estas noticias, su hija, “con la pasión que tiene”, cometiera algún disparate, comenzó a tomar medidas a fin de evitarlo» (L. Suárez Fernández. Isabel I, Reina. Ariel, 2001).

En Segovia Isabel I “la Católica” envió al obispo don Juan Rodríguez de Fonseca, de Córdoba a Medina del Campo, para que doña Juana no hiciese ningún disparate:

«Cómo primera providencia, el obispo dispuso que se retirasen todas las caballerías que se encontraban en el patio del castillo, impidiendo de este modo el viaje. Doña Juana, vestida únicamente con ropa de dormir, cubriéndose con un ligero manto, trató de salir al campo en la desolada estepa del Antiguo Reino de León. Fonseca cerró las puertas y avisó rápidamente a la reina doña Isabel de lo que ocurría. Aferrada a las piedras del muro, frente al campo gris de aquel frío noviembre de la meseta leonesa, la princesa pasó un día y una noche sin tomar alimentos ni dormir, sostenida por la fuerte tensión nerviosa que padecía. Con gran esfuerzo, al amanecer, pudieron sus servidores conducirla hasta una cocina inmediata, donde permaneció cuatro o cinco días, calentándose en la mugrienta chimenea que era usada por los soldados de la guardia» (L. Suárez Fernández. Isabel I, Reina. Ariel, 2001).

                              -CASTILLO DE LA MOTA. MEDINA DEL CAMPO-

La reina, a pesar de la altísima fiebre que padecía, fue a Medina del Campo:

«Yo vine aquí, con  más trabajo y prisa, y haciendo mayores jornadas de las que para mi salud convenía. Y aunque le envié a decir que yo venía a posar con ella, rogándole que se volviese a su aposentamiento, ni quiso volver, ni dar lugar a que le aderezasen el aposentamiento hasta que vine yo y la metí. Y entonces ella me habló tan reciamente, de palabras de tanto desacatamiento y tan fuera de lo que una hija debe decir a su madre, que si ya no viera la disposición en que ella estaba, yo no las sufriera de ninguna manera»(L. Suárez Fernández. Isabel I, Reina. Ariel, 2001).

«Desde el mes de noviembre de 1503, a un año de su propia muerte, la reina Isabel I de Castilla y de León tiene constancia triste de que su hija doña Juana, la Princesa de Asturias, reconocida y jurada como tal por las Cortes de los Reinos de Castilla y de León ¡estaba loca! La reina estaba acongojada, entre aquellos muros en Medina del Campo, que era un poco su villa predilecta, en donde tantas cosas habían tenido comienzo, consciente de que había entrado en la etapa final de una existencia que se había iniciado medio siglo antes, en otra localidad de las inmediaciones, Madrigal de las Altas Torres. Todos los sentimientos y las convicciones que la hicieron admirable para muchos y odiosa para otros; su profunda fe católica, la obediencia a la Iglesia Católica de Roma, el austero sacrificio, la piedad acendrada, el afecto profundo y sincero a su regio marido don Fernando V “el Católico”, se van a quintaesenciar en aquel último año. Podía repasar in mente, cómo sucede al final de cada existencia y si se conservan facultades mentales plenas, sus logros, sus trabajos y sus esperanzas: todo ello aparece plasmado en su celebérrimo Testamento. Ninguno de los dolores que puede padecer una mujer le fueron ahorrados a doña Isabel I de Castilla y de León, comenzando: por la presencia en la propia Corte de dos bastardos de su esposo, a los que cuidó, buscando para ellos un buen destino; la muerte sucesiva de sus hijos los infantes don Juan y doña Isabel y de su nieto el niño-infante don Miguel; la locura de su hija doña Juana; el desvío afectivo y político del archiduque don Felipe I “el Hermoso” lanzado a una conducta política divergente; el alejamiento físico de las otras dos hijas, doña Catalina y doña Juana; el vacío terrible de aquellas habitaciones palaciegas sin vástagos de la propia dinastía que pudiesen continuar su obra»(L. Suárez Fernández. Isabel I, Reina. Ariel, 2001).

IV.- FLANDES SIGUE CREANDO PROBLEMAS-

La sentencia arbitral de 1475, en la castellana urbe de Segovia, no era, ahora, la mejor solución para que perdurase la unión de los Reinos hispanos, si Fernando “el Católico” no continuaba con el poder en todos ellos, “en memoria del singular amor que a su señoría siempre tenía y como él había de morir, y que le espero en el otro siglo”.

Pero ello no era posible en los Reinos de León y de Castilla. En el caso de que doña Juana fuese incapacitada, todos los poderes pasarían a su atrabiliario y desatinado esposo Felipe “el Hermoso”, que tantas bellaquerías había hecho, por medio del cual los flamencos se tirarían como lobos hambrientos a devorar la rica presa española. Isabel I “la Católica” ordenó al Consejo Real de Castilla y de León que preparara una pragmática que impidiese a don Felipe nombrar consejeros y oficiales que no fuesen de Castilla y de León; había que conseguir, además, educar a Carlos de Gante en España.

«En enero de 1504, por medio del comendador Fuensalida, se hizo al archiduque don Felipe “el Hermoso” la siguiente propuesta: si enviaba a su hijo don Carlos a la corte de España para que recibiera en ella su formación como rey, se entregaría al archiduque el reino de Nápoles, sin otra condición que situar allí 100.000 ducados que serían entregados a la Casa del propio don Carlos. En un primer momento, don Felipe se mostró dispuesto a aceptar» (L. Suárez Fernández. Isabel I, Reina. Ariel, 2001).

-PINTURA DE LA REINA JUANA I “LA LOCA” DE LEÓN Y DE CASTILLA Y DE ARAGÓN-

El 1 de marzo de 1504, gracias a la tregua de la victoria de Garellano, doña Juana pudo atravesar Francia sin dificultad. En Blois se le hizo comprender al monarca Luis XII que ahora eran las tropas españolas las que dominaban las relaciones entre ambos Estados. El taimado rey francés informó a Fernando V “el Católico” que aceptaba la nueva situación, pero con condiciones:

1) Con la restauración de don Fadrique en el trono de Nápoles o 2) Con el arbitraje del papa Julio II, al que nada complacería más que ver a Italia libre de tropas foráneas. En este estado de cosas se informó a don Felipe el Hermoso de que Fernando “el Católico” lo estaba engañando, puesto que el rey de Aragón aceptaba ambas soluciones tan diferentes; sería el final cuando en el año 1506 el propio rey Fernando II de Aragón “el Católico” llegaba a Nápoles para incorporarlo a los territorios de los Reinos de Aragón. Nápoles sería la manzana de la discordia, permanentemente entre Francia y España.

En Flandes don Felipe I “el Hermoso” estaba tratando de librarse de su inestable esposa, cuyos arrebatos constituían un lastre para sus intenciones de conseguir el poder completo sobre los Reinos de Castilla y de León, cuando la reina Isabel I “la Católica” falleciese.

Doña Juana podía ser una esquizofrénica, que lo era, pero no era una estulta o una indocta y nunca aceptaría su incapacitación por mediación de su esposo.

-PINTURA DEL REY FELIPE I “EL HERMOSO” DE LEÓN Y DE CASTILLA Y DE ARAGÓN-

En septiembre de 1504 don Felipe arrastró a su padre Maximiliano a la firma de una alianza secreta con Luis XII, que permitiría al Capeto destruir la hegemonía española en Italia. Isabel I “la Católica” deseaba que doña Juana fuese reconocida como: “reina verdadera y señora natural” por las Cortes de Castilla y de León.

«Por su parte Isabel I “la Católica”, teniendo en cuenta los méritos, excelencia y extraordinaria capacidad de don Fernando V, sus “tan grandes y señalados servicios” que le convertían en el “mejor rey de España”, llegaba a esta capital decisión; según el Testamento que ella mismo dictó –téngase en cuenta que los testamentos reales eran ley fundamental en lo referente a la sucesión-, cuando doña Juana estuviese ausente de los reinos de Castilla y de León o “estando en ellos no quiera o no pueda atender a la gobernación de estos reinos”, de ellos debía hacerse cargo Fernando V “el Católico” y no otra persona alguna. Como es sabido, en este punto el Testamento no se cumplió. La previsión de la reina no significaba ningún cambio en la costumbre jurídica de sus reinos, referida al derecho de las mujeres a reinar. Antes al contrario, era una precaución ante posibles maniobras a favor del consorte»  (L. Suárez Fernández. Isabel I, Reina. Ariel, 2001).

 

 

V.- MUERTE DE LA REINA ISABEL I “LA CATÓLICA” DE CASTILLA Y DE LEÓN Y DE ARAGÓN-

El 26 de septiembre de 1504 Fernando V “el Católico” llamó al secretario regio don Gaspar de Gricio y le dictó cartas para don Juan Manuel (señor de Belmonte), el obispo de Catania y el embajador Fuensalida; se debía informar a los príncipes de Asturias con la más absoluta de las reservas, sobre la muerte de la reina Isabel, que había tenido ya “dos recias siciones” y su resistencia se agotaba.

«Debían, pues, estar preparados para venir a España en cuanto un correo especial se lo advirtiese. Prevenía al príncipe para que no hiciese nombramiento alguno antes de que tuviesen oportunidad de cambiar impresiones acerca de las personas más convenientes. A través de esta comunicación, don Felipe podía entender que se iba a reconocer su potestad para regir en Castilla y en León, ateniéndose Fernando V “el Católico” al papel de consejero» (L. Suárez Fernández. Isabel I, Reina. Ariel, 2001).

-PINTURA DE LA MUERTE DE ISABEL I “LA CATÓLICA” DE LEÓN Y DE CASTILLA Y DE ARAGÓN. EDUARDO ROSALES, 1864-

Isabel I “la Católica” firmó su Testamento el 12 de octubre. En Flandes doña Juana al comprobar que una dama flamenca ocupaba el puesto oficioso de amante de don Felipe I el Hermoso:

«Como una brava leona se enfrentó con ella y la abofeteó públicamente. Don Felipe I “el Hermoso” (1478-1506) se volvió contra su mujer, que no sabía comportarse dentro de los hábitos propios de aquella Corte, la agravió con palabras y aún dicen haber puesto las manos en ella» (L. Suárez Fernández. Isabel I, Reina. Ariel, 2001).

 Tras este hecho doña Juana había entrado en un período de psicosis maniacodepresiva, ya que no se dejaba servir más que por esclavas, se lavaba constantemente la cabeza y se bañaba de continuo; don Felipe la presionaba para conseguir que firmase un “cheque en blanco” entregándole todo el poder, nunca lo conseguiría.

El duque de Nassau fue a verla para exigirle, de orden de su marido, que despidiese a las esclavas si quería tener de nuevo a su esposo en su cama:

Vos no podéis excusaros de venir con esta embajada, pero juro por esta cruz que me lo pagareis. Decid al Príncipe que se venga a dormir, que las esclavas ya no están aquí”. Don Felipe no volvió a su lecho, pero cerró las puertas tratando de recluirla.

«Una noche don Felipe se retiró a una cámara situada inmediatamente debajo de la que ocupaba su esposa y le hizo saber que  le exigía la transmisión plena de poderes: la pobre doña Juana estuvo toda la noche golpeando el suelo –“señor, háblame, que quiero saber si estáis ahí”- tratando de abrir un boquete con su cuchillo» (L. Suárez Fernández. Isabel I, Reina. Ariel, 2001).

Los embajadores españoles protestaron del trato que se daba a la princesa y don Felipe les contestó que consideraba aquello como un “deservicio hacia su persona”. Doña Juana había dejado de comer; en España su madre moría el 26 de noviembre de 1504, “tan santa y católicamente como vivió”.

Su último pensamiento, en su Testamento, es para los indígenas de Las Indias Occidentales, a fin de que fuesen tratados como súbditos, esto es, como personas libres destinadas a convertirse en cristianos. “… como propios vasallos nuestros como ya lo son, y como si fuesen naturales de estos dichos Reynos de Castilla et de León…”.

La reina ordenó la venta de sus bienes personales para hacer limosnas, pero con la salvedad de que don Fernando “el Católico” escogiera aquellas cosas de su preferencia para que “viéndolas, pueda tener más continua memoria del singular amor que a su señoría siempre tuve”.

«Pagar las deudas; convertir en limosnas el dinero dedicado al boato del funeral; reservar los oficios para los naturales de los reinos de Castilla et de León; conservar el patrimonio regio; devolver a los ciudadanos sus términos; conservar las rentas públicas a fin de no tener que incrementar los impuestos; amortizar la deuda pública; cumplir los tratados internacionales; retener Gibraltar dentro del patrimonio regio sin volver a enajenarlo en señorío; no consentir el quebranto de la justicia; mantener al día la recopilación de leyes, fueros y pragmáticas. “Siempre favorezcan sus herederos mucho las cosas de la Santa Inquisición contra la herética pravedad”; pero no existe la más mínima referencia  a hebreos y musulmanes y ordena que se continúe la guerra sin cuartel contra el Islam, en el norte de África» (L. Suárez Fernández. Isabel I, Reina. Ariel, 2001).

-PINTURA DE LOS EMPERADORES CARLOS V E ISABEL-

Aquella terrible y dramática noche del susodicho 26 de noviembre de 1504, a la luz de las velas, Fernando V “el Católico” de Castilla y de León y II de Aragón dictó al secretario don Gaspar de Gricio la carta donde comunicaba la triste noticia a los reinos de Castilla y de León y de Aragón.

«Aunque su muerte es, para mí, el mayor trabajo que en esta vida me pudiera venir, y por una parte el dolor de ella y por lo que en perderla perdí yo y perdieron todos estos reinos de Castilla et de León, me atraviesa las entrañas, pero por otra, viendo que ella murió tan santa y católicamente como vivió, es de esperar que Nuestro Señor Jesucristo la tiene en la gloria que es para ella mejor y más perpetuo reino que los que acá tenía» (L. Suárez Fernández. Isabel I, Reina. Ariel, 2001).

El nieto de la reina fallecida, Carlos V “el Emperador”, será el factotum de la “gloria imperial” hispana y dará carta de naturaleza a los deseos del “extraño” don Felipe I “el Hermoso”, obviando a su regia-madre, doña Juana I “la Loca” (Toledo, 6 de noviembre de 1479-REINA DE CASTILLA Y DE LEÓN desde 1504/ Y REINA DE ARAGÓN Y DE NAVARRA desde 1516-Tordesillas, 12 de abril de 1555); la Toledo imperial se le enfrentará en las Comunidades, dos de sus hijos más preclaros, don Juan de Padilla (Toledo, 10 de noviembre de 1490-Villalar, 24 de abril de 1521) y doña María Pacheco (Granada, 1497-Oporto, 1531. Si preguntas mi nombre, fue María, /Si mi tierra, Granada; mi apellido /De Pacheco y Mendoza, conocido /El uno y el otro más que el clareo día /Si mi vida, seguir a mi marido; /Mi muerte en la opinión que él sostenía /España te dirá mi cualidad /Que nunca niega España la verdad), estarán en el ojo del huracán. “Cogito ergo sum”.

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-MONOGRAFÍAS: José María Manuel García-Osuna y Rodríguez: 1ª)ISABEL LA CATÓLICA DE CASTILLA Y DE LEÓN. SU TRONO ASEGURADO Y LOS TRATADOS ATLÁNTICOS. Nalgures-La Coruña-2012. 2ª)ISABEL LA CATÓLICA DE CASTILLA Y DE LEÓN EN LA GUERRA DE GRANADA. Péndulo-Baza-2008. 3ª)ISABEL LA CATÓLICA DE CASTILLA Y DE LEÓN, Y LA DECISIÓN POLÍTICA DE TARAZONA: Salamanca-Médica-2009.  4ª) ISABEL LA CATÓLICA EN EL TRONO DE CASTILLA Y DE LEÓN HASTA LA MUERTE DE ENRIQUE IV. Alfaquín-Toledo-2008. 5ª) ISABEL LA CATÓLICA DE CASTILLA Y DE LEÓN. Y LA RESTAURACIÓN DE LOS VALORES DE LA IGLESIA CATÓLICA. Boletín de la Real Academia Vélez de Guevara-Écija-2011. 6ª) ISABEL LA CATÓLICA Y LA GRAN ALIANZA CON PORTUGAL. Médicos-Albacete-2012. 7ª) BOABDIL EL CHICO Y LA CAÍDA DEL ISLAM HISPÁNICO. DESDE EL AÑO 1487, HASTA LA CAÍDA DE BAZA. Péndulo-Baza-2012. 8ª) EL REY FERNANDO EL CATÓLICO. Nalgures-2018. 9ª) ISABEL LA CATÓLICA, MADRE DE LA REINA JUANA I LA LOCA. LA MUERTE DE LA REINA DE CASTILLA Y DE LEÓN. Nalgures-La Coruña-2014.

–CURRICULUM  UITAE-

-+HISTORIADOR DE HISTORIA-16.

-+-HISTORIADOR DIPLOMADO EN  ESTUDIOS AVANZADOS  DE HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL.

-+DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS ZAMORANOS “FLORIÁN DE OCAMPO”.     (CSIC).

-+DEL ATENEO DE VALLADOLID (CREACIÓN AÑO-1872).

-+DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS GERUNDENSES (CSIC).

-+DE LA REAL SOCIEDAD ARQUEOLÓGICA TARRACONENSE (CSIC).

-+DEL CÍRCULO CULTURAL PÉNDULO DE BAZA (UNESCO).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE GRANADA Y SU REINO. (CSIC).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS BENAVENTANOS “LEDO DEL POZO” (CSIC).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS FENICIOS Y PÚNICOS (CSIC).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS JEREZANOS (CSIC).

-+DEL ATENEO JOVELLANOS (CREACIÓN AÑO-1953).

-+DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE ESTUDIOS CLÁSICOS (CSIC).

-+DE LA ASOCIACIÓN HISPANIA NOSTRA.

-+ASESOR DE LA ASOCIACIÓN CULTURAL REINOS DE ESPAÑA (FEAH)

-+DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE ESTUDIOS MEDIEVALES (CSIC).

-+207 TRABAJOS DE HISTORIA PUBLICADOS.

-+34 BIOGRAFÍAS DE MÚSICOS DE MÚSICA ACADÉMICA PUBLICADAS.

-+105 CONFERENCIAS IMPARTIDAS SOBRE HISTORIA.

-LIBROS PUBLICADOS-

1.-EL GRAN REY ALFONSO VIII DE CASTILLA, “EL DE LAS NAVAS DE TOLOSA”. Editorial Alderabán/Alfonsípolis. 2012.

2.-BREVE HISTORIA DE FERNANDO “EL CATÓLICO”. Editorial Nowtilus. 2013.

3.-EL REY ALFONSO X “EL SABIO” DE LEÓN Y DE CASTILLA. SU VIDA Y SU ÉPOCA. Editorial El Lobo Sapiens/El Forastero. 2017.

4.-EL REY ALFONSO VII “EL EMPERADOR” DE LEÓN. Editorial Cultural Norte. 2018.

5.-URRACA I DE LEÓN. PRIMERA REINA Y EMPERATRIZ DE EUROPA. Editorial El Lobo Sapiens/El Forastero. 2020.

6.-EL REY RAMIRO II “EL GRANDE” DE LEÓN. EL “INVICTO” DE SIMANCAS. Editorial Alderabán/Alfonsípolis. 2021.

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