La consecución del bipartidismo homologado con la Europa Occidental fue el encargo que el presidente Adolfo Suárez le hizo al dirigente de de Alianza Popular Gonzalo Fernández de la Mora, ex-ministro de Obras Públicas, catedrático de Universidad y reconocido experto internacional en materia electoral. El encargo se hizo tras la fagocitación política del Congreso de los Diputados durante la llamada legislatura constituyente resultante de las primeras elecciones generales del 1-J-1977 tras la muerte de Francisco Franco, lo que hacía al país ingobernable, por lo que se hizo necesario la reconstitución parlamentaria como existía en los países democrático de nuestro entorno europeo. Y quien mejor podría plasmar legalmente esta pretensión era el presidente de Unión Nacional Española (UNE) y uno de los ‘Siete Magníficos’, Gonzalo Fernández de la Mora, quien por cierto contaba como presidenta nacional de las Juventudes de UNE y que lo sería también de las Nuevas Generaciones a la que el presidente José María Aznar nombraría Ministra de Agricultura, Loyola de Palaciones.

Los inicios de la Transición Política en España no fueron fáciles aunque su consecución relegara o dispusiera su andadura hacia el camino del olvido, y uno de los aspectos que provocara sensibles tensiones personales fue el protagonismo del espacio político de la Derecha que inicialmente conseguiría protagonizar la coalición Unión de Centro Democrático (UCD), relegando a la que podría denominarse ‘derecha sociológica’ conformada por altas personalidades del Régimen de Franco, Alianza Popular, otra coalición electoral presidida por Federico Silva Muñoz y liderada por Manuel Fraga Iribarne. La controvertida relación personal resultante no supuso hándicap para Adolfo Suárez le encargara a Gonzalo Fernández de la Mora la consecución parlamentaria de un sistema político de libertades públicas plenamente homologado con la Europa Occidental, lo que encarnó la Ley’Hont.

Y en su exposición a la Junta Directiva Nacional nos explicó como síntesis Gonzalo Fernández de la Mora que dicha ley contaba con la singularidad de castigar parlamentariamente a los grupos políticos pequeños para beneficiar a las grandes formaciones políticas, resultando a grosso modo un Parlamento con dos grandes fuerza políticas y alguna pequeña a ambos lados, un espejismo de lo cual es la actual composición del Congreso de los Diputados.

Pero lo expuesto para el Congreso de los Diputados era también aplicable en las Elecciones Municipales o Locales, por lo que la repetición de una decena de candidaturas el 26-M predecía la victoria del Partido Popular, pese a su decaimiento en los dos comicios electorales que le precedieron. Diez candidaturas han provocado la cómoda victoria del PP como no podría ser de otro modo, lo que me induce a pensar malvadamente que ha sido provocado intencionadamente a sabiendas del mapa político local resultante.

Una simple muestra de la aplicación de que un mayor número de candidaturas siempre favorece al partido político mayoritario es lo que he pretendido, sin rigor alguno en su agrupamiento al sumarle a IU los votos de Podemos, al PSOE los de Roquetas Sí y a INDAPA los de Aguadulce en Marcha, resultando el siguiente resultado simulado, con lo que se puede asegurar con escaso temor a ser corregido que Aguadulce en Marcha, Podemos y Roquetas Sí han dado al PP un número mayor de concejales de los que se predecían:

 

 

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