Ha muerto el emblemático actor Álvaro de Luna que rodara en Almería varias de sus películas más recordadas

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Álvaro de Luna nació el día 10 de abril del año 1935 en Madrid. A pesar de ser un actor que ha participado en muchas películas en la gran pantalla, así como en muchas producciones para la televisión, la gente le recuerda de manera especial por su interpretación del personaje de El Algarrobo en la serie “Curro Jiménez”.

Cuando terminó sus estudios de Bachillerato, se matriculó en la Universidad, donde estudió la carrera de Medicina. Sin embargo, su vocación era la de actor, y, en el año 1963 consiguió debutar, de la mano del director Antonio Isasi-Isasmendi, al conseguir que éste le ofreciera un papel en su película “La máscara de Scaramouche”. Este mismo año participó aún en dos largometrajes más, “Obhetivo: las estrellas” y “Los conquistadores del Pacífico”, esta última dirigida por José María Elorrieta.

La década de los 60 fue muy prolífica para el autor, ya que formó parte de un gran número de rodajes, muchos de ellos spaguetti western de los que se rodaban en dicha época. Entre los títulos de esta década podemos citar “Antes llega la muerte”, “Los cuatreros”, “Desafío en Río Bravo”, “Estambul 65”, nuevamente con Antonio Isasi, “Navajo Joe”, “Lola, espejo oscuro”, “Amor a la española” o “Las que tienen que servir”.

Se trataba de películas, la mayoría de ellas, de discutible calidad, propias de la época,  tónica que siguió en la década de los 70. Ya en los 80 empezó a rodar con algunos de los mejores directores de nuestro país, pudiendo destacar “Dulces horas” de Carlos Saura, “El balcón abierto” de Jaime Camino, “Mi general” de Jaime de Armiñán o “El tesoro” de Antonio Mercero.

A partir de los 90 hasta nuestros días, el actor empezó a rodar más películas de calidad, participando en algunos de los mejores largometrajes de la historia de nuestro cine, como “Lázaro de Tormes” de Fernando Fernán Gómez, “Silencio roto” de Montxo Armendáriz, “El viaje de Carol” de Imanol Uribe o “El prado de las estrellas” de Mario Camus.

En cuanto a la televisión debutó al mismo tiempo que en el cine, en el año 1963, en la producción “Rosi y los demás”, seguida de otras interpretaciones en diferentes series y programas como “La noche al hablar”, “Confidencias”, “Dos en la ciudad” o la exitosa “Historias para no dormir” de Narciso Ibáñez Serrador.

En el año 1977 llegó su gran éxito por su papel, ya mencionado de Algarrobo en la serie “Curro Jiménez”, todo un éxito de la pequeña pantalla. Posteriormente ha colaborado en otras series, algunas de las cuales han obtenido también un gran éxito, como “La barraca”, “Régimen abierto”, “El mundo de Juan Lobón”, “Farmacia de guardia”, “Carmen y familia”, “Herederos”, “Hospital Central”, “Gran Reserva” o “Águila roja”.

“Me hice demócrata en las tertulias del café Gijón” (Álvaro de Luna, premio Rabaliano 2016

“Aparte de entretener, el cine cuenta cómo somos los seres humanos, como nos comportamos”

(Foto: P. V.).

A punto de cumplir 81 años, Álvaro de Luna atraviesa con la vida y con la profesión una etapa dulce. Los premios y el trabajo se le acumulan a este veterano actor cuyo rostro es casi un icono desde que, en los años  70, la única televisión española difundió a los cuatro vientos “Curro Jiménez”, una serie de éxito arrollador que le convirtió ya para siempre en el imaginario colectivo  como el Algarrobo, el bandolero fortachón, ingenuo y de gran corazón.

Alvaro de Luna ante la escultura de Paco RAbal en la cuesta de Gos
Álvaro de Luna junto a la escultura del actor Paco Rabal en la Cuesta de Gos, lugar de nacimiento del actor. Foto: J. D. Oliver.

Fue su papel más popular, pero durante más de medio siglo, Álvaro de Luna ha trabajado en decenas de películas y series de televisión. Desde los años 50, este aspirante a médico y deportista de élite, que abandonó sus estudios para dedicarse al mundo de los especialistas cinematográficos, y que hizo sus pinitos en el cine actuando en un buen número de espaguetti westerns, ha desgranado su buen hacer como actor en numerosos títulos a la orden de directores como José María Elorrieta, Isasi Isasmendi, Sergio Corbucci, José María Forqué, Fernando Fernán Gómez, Imanol Uribe, José Luis García Sánchez, Antonio Mercero o Mario Camus.

Se confiesa de izquierdas, y aboga, siempre, por el diálogo, algo que mamó en las tertulias del Café Gijón, a las que fue asiduo durante décadas, y que aprendió de maestros como Fernán Gómez o Paco Rabal.

Precisamente su amistad con Paco Rabal, doctor Honoris Causa por la Universidad de Murcia, y con quien trabajó en tres películas, es lo que le ha hecho merecedor del título de Rabaliano 2016, la distinción que otorga cada año la Asociación aguileña Milana Bonita, y en la que participa el Ayuntamiento de aquella localidad y la Universidad de Murcia.

-Respuesta: Bueno, bueno, -exclama sorprendido-, está bien. Lo de cauteloso es porque soy miedoso y cobarde, y eso me hace ser cauto. Todo lo que digan es bueno, me parece bien.

-P: Te diré la verdad: ese Álvaro de Luna que describen ahí es del condestable de Castilla Álvaro de Luna que vivió hace 600 años.

-R: Valido de Juan II de Castilla –celebra riendo la broma-. Lo cierto es que yo era discreto cuando era joven.

-P: ¿Ahora, Álvaro de Luna ha dejado de ser discreto?

-R: Conforme se avanza hacia el aterrizaje definitivo dejas de ser discreto y empiezas a decir lo que sientes cada vez con más intensidad.

Tampoco quieres hacer creer a los demás que eres distinto de como eres. Pero sí que me parece que está bien esa ocurrencia que has tenido.

-P: Volvamos al Álvaro de Luna actual. A ti se te ha visto en actos de contenido político. ¿Crees que los artistas, los intelectuales,… tienen en cierto modo la obligación de comprometerse con la sociedad en la que viven?

-R: No sé si como artistas tenemos alguna obligación. Uno tiene obligación de vivir conforme a sus pensamientos. Yo creo que uno como persona tiene la necesidad de exteriorizar sus sentimientos y la realidad socio-política que percibe. Pero en ese sentido, creo que no hay ninguna diferencia entre un actor, un doctor, un psiquiatra, (¿has visto que toco la medicina no?, -risas-), un escritor, un carpintero o un leñador. Depende de donde tenga uno las referencias. Cada cual debe militar, o al menos votar, en función de sus percepciones.

acto rabaliano 2016
Uno de los momentos del acto de Rabaliano 2015. Foto: J. D. Oliver.

-P: Pero la proyección de un artista es mucho mayor que la de una persona anónima.

-R: Yo no creo en la equidistancia, en lo ambidiestro. Algo hay que elegir, y uno ha de comprometerse con lo que piensa. Desde hace muchísimos años, sobre todo desde que volví de Italia, soy de izquierdas. Volví siendo de izquierdas. Y sigo en la izquierda.

-P: Recientemente te pudimos ver apoyando a los titiriteros encarcelados. ¿Qué opinión te merece este caso?

-R: Yo creo que se ha sacado de contexto este asunto. Había claramente una equivocación en cuanto que la sesión de los titiriteros no era para público infantil. Pero el actor no tiene culpa de lo que está escrito, eso forma parte de la libertad de creación.

Pienso que, de ninguna forma, alguien que hace una función, pueda ser responsable de lo que se dice en ella. De otra forma, todos los directores, todos los actores, muchísimos escritores, y no te quiero decir los articulistas, estaríamos en la cárcel.

No tiene sentido que alguien, a estas alturas, pueda ir a la cárcel por una idea. Aunque con el cambio de la ley esto es muy peligroso, sobre todo porque coarta la libertad de expresión.

entrega premio rabaliano alvaro de luna
El actor recibe el premio Rabaliano de manos de Benito Rabal, hijo de Paco Rabal. Foto: J.D.Oliver.

-P: A lo mejor tú habrías estado en la cárcel por bandolero ¿no?.

-R: Sí, por ser bandolero. Aunque en mi época de estudiante, alguna vez también me trincaron en alguna manifestación, pero eran años que no tienen nada que ver con estos, afortunadamente.

Recuerdo una vez que nos detuvieron a la salida de la universidad. Me preguntaron a qué partido político pertenecía en el año 36. Pero yo había nacido en el 34, así que imagínate.

acto rabaliano cuatro
Algunos de los invitados y organizadores de la edición Rabaliano 2015. Foto: J. D. Oliver.

-P: Y estos momentos políticos por los que pasamos ¿Qué te parecen?

-R: Me parecen difíciles. He vivido en Italia una época de mi vida, y luego pasé por Francia antes de volver a España. Estoy habituado a que haya cambios de gobierno. En las democracias uno tiene que habituarse a pactar, pero al votante no se le puede marear todo el rato preguntándole lo que quiere. Una vez que lo ha decidido, son los políticos quienes tienen que ponerse de acuerdo desde la transversalidad -¿Palabra esplendida no?-, aceptando que todo lo del otro no es malo y que todo lo tuyo no es perfecto. Eso permite llegar a acuerdos.

Creo que el actual es un momento de reflexión. Después de la Transición, la sociedad española se aceptó en su variedad. Nos abrazamos con la gente que venía de fuera. Los que estábamos dentro aceptamos que la derecha impusiera ciertas cosas, todos transigimos. En estos momentos creo que los políticos tienen que acercarse, tienen que empezar a mirarse a los ojos y pensar en lo que es bueno para unos y para otros.

Menos mal que no hay mayoría, las mayorías casi siempre producen gobiernos excesivamente férreos. Es mejor ceder y pactar, llegar a acuerdos, aunque sean mínimos, porque llegar a acuerdos es salir adelante.

No quiero que haya elecciones, aunque si las hay tampoco pasa nada. Pero creo que será una frustración para la sociedad, que no entenderá que los políticos, que viven con un sueldo de la ciudadanía, no se pongan de acuerdo.

La gente de mi generación ha llegado a muchos acuerdos con gente de muchas ideologías, ¿por qué los políticos no van a llegar también?.

-P: A ver si es cierto porque ya ha pasado mucho tiempo desde que el Rey encomendó al primer candidato formar gobierno.

-R: El momento es difícil, y no sólo en España, sino en Europa. Es sorprendente que Europa pase a ser un club económico exclusivamente, que no tenga sentimientos. Que paren esa guerra, que la paren de una vez. Siempre hay intereses en juego, pero nosotros, los europeos, tenemos que estar a favor de los seres humanos.

-P: Sin duda. Y centrándonos en el terreno del cine y de la interpretación, hablabas de tu primera etapa en Italia. ¿Qué recuerdos guardas de aquella primera época?

-R: Si pienso en mi evolución, ahora, tras tanto tiempo, creo que fue casi un milagro, porque pasé del deporte en la universidad a ser especialista de cine. Durante los primeros años viví de esa profesión, que tenía más que ver con el circo que con la interpretación. En Italia estuve un tiempo largo de mi vida, y allí empecé a trabajar lo que se llamaban películas de sandalia, aquellas películas de romanos, y también empecé a hacer papeles muy cortos en los westerns.

Aunque tenía mi domicilio en Italia, volví a España y comencé a trabajar en Almería, el centro del cine español en ese momento. En 1965 rodé “Estambul 65”, con Isasi Isasmendi, y en esos momentos decidí que quería ser actor.

Isasmendi me enseñó a amar el cine. Era una persona muy inteligente, tanto que pensé que si alguien tan inteligente se dedicaba a esto es porque merecía la pena dedicarse a ello. Si echo la vista atrás, mis ilusiones de joven se han cumplido con creces, cómo iba a pensar entonces que, con más de 80 años iba a estar yo subido en un escenario recorriendo España. Me parece como un premio, no me lo acabo de creer, después de tanto tiempo.

-P: Es cierto, porque estás en una edad en la que un español medio, normalmente está jubilado ya mucho tiempo, y tú sigues al pie del cañón.

-R: Precisamente hoy he quedado a comer con Héctor Alterio, al cual aprecio muchísimo. Es uno de los mejores actores que vino de Argentina, y nos han llamado a los dos para hacer una película. Él hizo el film “El hijo de la novia”, que fue una bomba en cine. Ahora yo hago en el teatro el papel que él hizo en la gran pantalla. Es un auténtico disfrute.

Los actores aguantamos mucho tiempo si no tenemos la mala suerte de una enfermedad, como les ha ocurrido a algunos de mis más queridos compañeros.

Nos ayuda a mantenernos bien esa necesidad que tenemos de leer y de estudiar. Todos los días, trabaje o no trabaje, tengo que pasar la función para que no se me olvide. Es algo que ayuda a mantenerte activamente joven. Pero sobre todo, lo que más me mantiene joven es tener gente cerca de mí, de todas las edades. Diferentes generaciones que tienen ilusiones, que tienen que salir adelante, que te comunican sus pasiones, sus inquietudes, sus problemas…

-P: Te has quedado sólo entre la pandilla de bandoleros que nos hicieron disfrutar tanto a los españoles.

-R: Sí. Ya no están Pepe Sancho ni Sancho Gracia. Eran más jóvenes que yo y se han ido a volar antes. Me acuerdo mucho de ellos.

-P: En un futuro muy lejano ¿Cómo te gustaría que te recordara la gente?

-R: Ayer estaba desayunando en Águilas y se me acercó una mujer de mediana edad, y me dijo “Yo tenía una hermana que tenía un cáncer terrible, y el único momento del día que no necesitaba que le pusiéramos morfina era cuando salía Curro Jiménez. Ella murió, pero siempre tengo aquel recuerdo cuando le veo en televisión, y pienso: ¿cómo podría decirle que ha llevado tranquilidad a una persona en medio del sufrimiento?”. Esas cosas son muy importantes.

Recuerdo otro caso que me impactó mucho: haciendo la película “El cabezota”,  en Asturias, se me acercó un señor y me dijo “ Me gustaría que subiera a mi casa para darle un abrazo a mi hijo”. Allí fuimos mi mujer y yo. Era un hombretón corpulento y con problemas mentales. Cuando me vio empezó a dar saltos de contento, y el padre me dijo que a él no le reconocía. Me dijo que sólo me conocía a mí y al Rey de España, porque lo veía por televisión al final de la programación. Un día se lo conté al Rey don Juan Carlos.

Son cosas que uno se llevará para siempre. A menudo se me acerca gente tras una representación de teatro y me da las gracias por haberles hecho reír o llorar. Esa es nuestra vida: hacer sentir, reír, llorar…

-P: Has venido a la Región de Murcia como Rabaliano, el premio que concede cada año la Asociación Milana Bonita a los amigos de Paco Rabal. ¿Qué recuerdos guardas de nuestro paisano?

-R: Conocí a Paco en Roma. Creo que acababa de hacer “El eclipse”, de Antonioni. Era una persona muy reconocida, y no sólo por su capacidad artística, sino también por sus cualidades humanas, por su ternura…, te taladraba el alma, todo el mundo hablaba bien de él. Paco Rabal siempre me hablaba de Águilas.

La mejor descripción que puedo hacer de Paco es la que hizo Fernán Gómez, que para mí, fue mi gran maestro, no sólo en la interpretación sino en la vida.

Cuando llegué a España, Paco me dijo “lleva este sobre, lleva cuidado, llévalo en el bolsillo no lo lleves en la maleta”. Eran tiempos difíciles, se trataba de un manifiesto por la libertad. Tenía que entregárselo a Fernán Gómez para que lo firmara. Ya lo había firmado Alberti, Buñuel, Picasso… Así pues, me presenté ante Fernán Gómez y le dije  “Mira, que tu amigo Paco me ha dado esto para ti” y abriendo el sobre, exclamó: “Ay este Paco, siempre tan preocupado por los demás”. Acto seguido leyó el manifiesto y dijo “Paco es todo pasión y dignidad.” Y eso es lo que ha sido Paco en su vida para mí.

-P: Afirmas que Fernando Fernán Gómez fue tu gran referente.

-R: Fue mi gran maestro. Fernando era un observador que tenía facilidad para contar lo que veía. Lo más importante es cómo se comportaba con los demás, con los compañeros era muy generoso, y no solo invitándonos a cenar cuando él era el único que tenía dinero, sino también aportándonos cosas que nos podían valer como un tesoro intelectual. Y lo hacía sin darle ninguna importancia, como los grandes maestros.

-P: ¿Goza el cine de la consideración que debería en los ámbitos académicos?

-R: Estamos pasando un momento difícil. Hay una desviación hacia el mundo del corazón y no hacia el mundo del estudio. El cine es necesario porque es espejo de la historia. Es una frivolidad pensar que el cine es solo espectáculo. Aparte de entretener, el cine cuenta cómo somos los seres humanos, como nos comportamos.

-P: A tus 81 años estás atravesando un momento dulce, hace poco recibiste un premio a toda una carrera en Alicante, ahora este reconocimiento, por otro lado, la obra de teatro que estás representando…

-R: Es reconfortante pensar que la gente de la profesión reconoce tu trabajo.

-P: Eras un asiduo  de las tertulias del café Gijón, ¿Piensas que se ha perdido el gusto por el diálogo pausado, por la confrontación de ideas, o sigue existiendo?

-R: Yo creo que ese tipo de tertulias ya no existen en los cafés. Los ruidos, la televisión… embarullan todo excesivamente.

Yo creo que me hice demócrata en las tertulias del café Gijón. Fue en ellas donde entendí que uno no siempre tiene toda la razón, que los comentarios de los otros son tan importantes como los de uno mismo, que no todo es verde o azul, sino que hay colores intermedios.

En primera persona:

“Aparte de entretener, el cine cuenta cómo somos los seres humanos, como nos comportamos”.

“Me hice demócrata en las tertulias del café Gijón”

“Desde hace muchísimos años, soy de izquierdas. Volví de Italia siendo de izquierdas. Y sigo en la izquierda”.

“No creo en la equidistancia, hay que elegir”.

“Los políticos tienen que empezar a mirarse a los ojos y pensar en lo que es bueno para unos y para otros”.

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