Sé que comenzar mi opinión con el nombre de la joven activista sueca es arriesgado, porque nada más leer el titular muchos habrán suspirado por el hastío que le provoca escuchar hablar de ella, pero creo que justo ahora es necesario hacerlo. Si son capaces de dejar aparcados los prejuicios hacia su persona y dedican algunos minutos de su confinamiento a escuchar, no oír, sus intervenciones, descubrirán que muchas de sus exigencias las estamos repitiendo hasta la saciedad desde hace un mes. Usted también.

Su principal reivindicación siempre ha sido “escuchemos a los científicos, invirtamos en ciencia”. Durante la COP25, después de recorrer los mismos pasillos donde ahora se agolpan los enfermos, perseguida por cientos de periodistas, se dedicó a darle voz a los únicos que pueden sacarnos del desastre. Nuestro futuro depende de aquellos a los que ninguneamos, a los que le escamoteamos recursos, a los que no escuchamos cuando vienen con datos contrastados. Da igual si hablamos de emergencias climáticas, sanitarias, sociales, para prevenir los problemas de mañana hay que estudiar el presente, adelantarse a ellos, y solo con el apoyo a la ciencia podremos hacerlo con garantías de éxito. A ver si cuando se acaben los aplausos a los héroes en los balcones, nos acordamos de seguir invirtiendo en ellos o nos conformamos con erigir un monumento en su honor.

Otra de sus grandes frases es “vosotros sois la esperanza”. Su continuo mensaje es la confianza en el ser humano, en la capacidad que tenemos para actuar conjuntamente, en la fuerza, y el poder, de la comunidad para cambiar lo que nos rodea, en la responsabilidad de cada uno de nosotros para que cuando esto pase no volvamos a agachar la cabeza y dejemos que nos separen. Este virus nos ha demostrado que cuando pensamos en la vida, en el ser humano por encima de la economía, el planeta también lo agradece. Otro camino es posible, pero, y recurriendo a otra de sus frases, “el cambio no va a venir de los poderosos, si no de la masas que demandan acción. Nosotros vamos hacer el cambio”.

Para Greta, los grandes culpables de la crisis climática siempre han sido los políticos, marionetas en manos del poder económico, peleles de usar y tirar, que sonríen y asienten ante nuestros problemas, pero que no hacen nada por solucionarlos porque no les afectan. A ellos le ha dedicado grandes frases, pero hay una que ahora es impactante. Se la dijo a todos los presentes en el Foro Económico Mundial de Davos en enero de 2019, “no quiero que tengas esperanza, quiero que entres en pánico. Quiero que sientas el miedo que yo siento todos los días y luego quiero que actúes”. Con esta pandemia nuestros políticos han sentido el pánico al descubrir que el dinero no lo compra todo. Hemos visto como han ido cambiando sus ideas y su forma de actuar a medida que se han visto tan frágiles como el resto. Donald Trump, Boris Johnson, Vladimir Putin, han tenido que replegarse ante las leyes de la naturaleza, asustados por un virus que no respeta ni nombres ni balances económicos.

Y no es casualidad que esos mismos países que empezaron negando la pandemia, son los mismos que frenan los acuerdos internacionales de la lucha contra el Cambio Climático. Son los que ponen a la economía por encima del ser humano, los que piensan que es buena idea sacrificar a parte de su población para no entrar en recesión, los que se sientan encima de sillones de oro a manejar el mundo a su antojo. Son los que pasean su prepotencia, su soberbia, su falta de empatía por los más débiles, por los pasillos de los edificios de Congresos donde se celebran las Cumbres Internacionales, que nunca sirven para nada, y donde ahora se acumulan los cuerpos de cientos de ciudadanos. Una triste, pero real metáfora que viene a recordarnos que negar las evidencias, es poner en riesgo la vida de millones de personas.

Para terminar recupero una frase que pronunció en mayo del año pasado en Viena, “es la crisis más importante que ha enfrentado la humanidad jamás” agregando que “los humanos tienen una gran capacidad de adaptación, y cuando tomamos conciencia del peligro, actuamos, cambiamos”.

Todas sus frases son tan validas para este momento porque el problema no es el virus, ni el cambio climático, es el modelo que ha dirigido el mundo en las últimas décadas, el que ha puesto el capital por encima de las personas.

Estamos en peligro, provoquemos el cambio.

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