En teoría debería utilizar estas líneas para contestar a la parlamentaria Teresa Rodríguez (@TeresaRodr_) pero soy más de aprovechar oportunidades y ella, sin saberlo, ha abierto la ventana por la que trasladar a todos aquellos que tienen capacidad de mando, ya sea único o compartido, que los problemas desde la distancia duelen menos. Que las soluciones las tienen quienes hacen las curas a pie de campo, en las ucis, y que normalmente el problema no es otro que la falta de medios para hacerlo de la manera que realmente toca.

Verán, parece que al estar los bares cerrados la nueva barra en la que compartir lo insustancial son las redes sociales, pero con la diferencia de que ahí todo queda escrito y lo pasajero, lo efímero, se graba a fuego en momentos en los que no, rotundamente no, no se puede jugar alegremente con la realidad para parecer más sensible, más humano. Ahora no toca eso, ahora toca ser frío, efectivo, capaz y resolutivo, no protagonista. Sencillamente esto no es una fiesta, sino un entierro, porque abandonamos un mundo que creíamos que conocíamos y nos enfrentamos a otro en el que a muy pocos antecedentes históricos podemos echar mano para guiarnos.

La inmigración ilegal, la situación de los asentamientos, el porqué vienen hasta aquí y aceptan esas condiciones de vida como punto de partida para un futuro de éxito que imaginan viendo la televisión vía satélite en un poblado o desde el desierto, no puede ser el comodín de toda crisis.

Seamos claros. La situación de los asentamientos es la misma que hace quince, seis meses o doce años. Los mismos enganches ilegales de siempre y que conforme detectamos ponemos en conocimiento de Red Eléctrica, comunidades de regantes o administraciones con competencias. Al menos en Níjar, que es lo que me toca, lo hacemos así. Pero intentar centrar el foco en ellos ahora, me temo y lamento que tiene que ver muy poco con la solidaridad, con una preocupación real por su existencia o subsistencia.

Me molesta excesivamente que siempre se busque entre las diferencias de color el posible motivo de enfrentamiento, rechazo o lástima. Y me explico. Las personas que trabajamos como comunidad, que vivimos como comunidad, nos protegemos como comunidad.

En Níjar, donde me toca, no tenemos ese concepto de “nijareños y comunidades extranjeras”. Tenemos vecinos. Unos de toda la vida, otros de paso. Buena parte de ellos vienen a trabajar por temporadas y luego se van. Visto desde la distancia puede parecer otra cosa, pero un señor o señora que tiene un invernadero, un almacén o un bar en el que trabajan personas de distinta procedencia, nacionalidades o colores de piel se preocupa de ellos como de cualquier otro vecino, porque dependen mutuamente uno del otro para cubrir sus necesidades.

Todos los que viven en los asentamientos están dedicados a labores agrícolas, tienen experiencia en el campo, así que en vez de verlos como un problema, igual tenemos que observarles como una solución para esas miles de personas que se están demandando para recoger cosechas como la fresa, frutales y otros que entran ahora en temporada y que no podrán optar por la entrada de cupos de mano de obra desde los países de origen.

Es una solución, posible, tanto para los asentamientos de Níjar, los de Poniente o las infraviviendas y hacinamientos que se viven desde los barrios más humildes de las capitales hasta el último pueblo o barriada de aquí a Granada por la carretera de la costa o el chabolismo vertical de Cádiz. Este no es un problema de un lugar concreto, sino de una sociedad que ha crecido no lo ordenadamente que nos hubiese gustado. Ahora bien, si quieren centrarse en Níjar como ejemplo me parece perfecto, pero siempre que sea para dar soluciones de habitabilidad, regulación, asistencia o integración. Las propuestas, las soluciones las tenemos, pero las lástimas que cada uno apechugue con las suyas en su conciencia, que hoy no tenemos tiempo para ello.

Repito. Los asentamientos, la inmigración ilegal no es un problema nuevo. No es solucionable a golpe de tuit o titular buscando el aplauso de los balcones, pero sí que es cierto que ahora y en este momento, pueden ser una oportunidad para todos, y precisamente porque no tenemos antecedentes ni posibles soluciones a esta crisis. Y se lo digo de otra manera. Toca prueba y error, y mucha solidaridad y generosidad para que cuando las cosas salgan mal no lo utilicemos como arma arrojadiza, sino que mostremos aliento para intentar algo nuevo, para no cejar en el empeño de encontrar soluciones. Eso es humanidad, y eso lo que toca.

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