Por: JOSÉ MARÍA MANUEL GARCÍA-OSUNA Y RODRÍGUEZ

     –Iltmo. Sr. Doctor José María Manuel García-Osuna y Rodríguez-

-ACADÉMICO-CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA DE ASTURIAS (RAMPA).

-SOCIO DE NÚMERO DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE MÉDICOS ESCRITORES Y ARTISTAS (ASEMEYA).

-DOCTOR EN MEDICINA Y CIRUGÍA.

-MÉDICO DE FAMILIA-ATENCIÓN PRIMARIA.

 

RESUMEN-

En la presente monografía me acerco a la vida y la obra, ambas azarosas, de uno de los griegos más destacados de la Antigüedad, personaje discutido donde los haya, que pasó por su época pisando fuerte y no respetando nada que no fuesen suspropios deseos en cada momento, el egoísmo y egocentrismo en grado superlativo. Y por qué será que los comportamientos políticos amorales e indignos  se repiten a lo largo de la historia, por aquello de: NIHIL NOVUM SUB SOLE; O TIMEO DANAOS ET DONA FERENTIS.

Una de sus peores anécdotas, según Plutarco, fue: “Alcibíades paseaba por Atenas con un perro magnífico, lo había comprado por sesenta minas, el can era admirable, y su cola reseñable Un día ordenó que se la cortaran. Todos los atenienses le criticaron por ello, pero él, muy tranquilo y risueño, comentó cínicamente que mientras los ciudadanos de Atenas se ocupaban del rabo de su perro no se fijaban en su mal gobierno, y en sus corruptelas y carencia de moral. Los atenienses siempre consideraron este desafuero como de muy mal agüero”.

 

I.-PRÓLOGO-

La Hélade-Grecia de la época de Alcibíades, a mediados del siglo V a.C., se está curando de las heridas que le habían producido las dos guerras contra los persas o Guerras Médicas, la Primera (492-490 a.C.), y la Segunda (480-478 a.C.).

La primera sería contra Darío I [Darayawuso “aquel que apoya firmemente el bien”. 549 a.C., TERCER REY DE LA DINASTÍA AQUEMÉNIDA DE PERSIA desde 521 a.C. hasta 486 a.C.];  y la segunda contra Jerjes I [Jshayarshaho “gobernador de héroes”. c. 519 a.C., QUINTO REY DEL IMPERIO AQUEMÉNIDA DE PERSIA desde octubre de 486 a.C. hasta agosto de 465 a.C. Es mencionado en el Libro Esther de la Biblia con el nombre de Asuero-Axashverosh-Ahasuerus].

-ARISTÓTELES DE ESTAGIRA-

 

Casi todas (salvo Argos, los príncipes de Tesalia, Macedonia, Tebas, o los aqueos meridionales del Peloponeso, y la ciudad fenicia de Cartago) las póleis se unieron contra los dos Grandes Reyes de Persia citados y los derrotarían: a Dario I en Maratón (año 490 a.C.); y a Jerjes I en Salamina (año 480 a.C.) y en Platea (año 479 a.C.), aunque el concepto global de Grecia era todavía inexistente.

Heródoto  de Halicarnaso (484-425 a.C.) en su Historia, VII, 60, 1, cita el número de soldados persas de Jerjes I que pudieron participar en la conflagración: «No puedo en verdad decir detalladamente el número de gente que cada nación presentó, no hallando hombre alguno que de él me informe. El grueso de todo el ejército en la reseña ascendió a un millón setecientos mil hombres; el modo de contarlos fue singular: juntaron en un sitio determinado diez mil hombres apiñados entre sí lo más que fue posible y tiraron después una línea alrededor de dicho sitio, sobre la cual levantaron una pared alrededor, alta hasta el ombligo de un hombre. Salidos los primeros diez mil, fueron después metiendo otros dentro del cerco, hasta que así  acabaron de contarlos a todos, y contados ya, los fueron separando y ordenando por naciones». 

En toda Grecia había una pléyade de póleis-ciudades, que controlaban un amplio hinterland, y continuaban rivalizando con sus vecinos.

Los sistemas políticos existentes eran cuatro: 1) Monarquía en Macedonia y diarquía en Esparta; 2) Tiranos y demagogos en Atenas y Tebas, que conseguían el poder engañando a sus ciudadanos; 3) Oligarquías, como las de Egina y Mesenia, que controlaban a esas ciudades y 4) Democracias como la ateniense, pero donde sólo participaban los ciudadanos o varones-libres. Por todo ello existían desterrados que buscaban mejoras políticas y económicas, estos extrañados iban a fundar colonias boyantes, que repetían comportamientos políticos aprehendidos en las metrópolis de las que procedían.

Desde el siglo VI a.C. las nuevas póleis se extendían ya por Oriente y Asia Menor (Jonia) y por Occidente, en la denominada Magna Grecia o sur de Italia, Cerdeña y Sicilia.  En todas estas colonias destacaban dos regímenes: la oligarquía y la democracia.

-PLATÓN DE ATENAS-

 

En el año 450 a.C. Atenas, que era la capital de la región del Ática estaba en el cénit de su poder, y su política era claramente imperialista. No obstante, presumían de su régimen político, que era una isonomía o igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, aunque solo para los varones y libres.

La soberanía popular residía en la Asamblea (ekklesía. Varones con dos años de servicio militar, de padre y madre ateniense. Declaraciones de guerra, la firma de la paz, la legislación, y la elección del strategos o comandante en jefe. En el siglo V a.C. eran 43.000 varones), de la que salían los quinientos miembros del Consejo (Boulé. 500 miembros. Anualmente, varones mayores de 30 años, su paga era de cinco óbolos/día. Funciones: Deliberativas, administrativas y judiciales), que elaboraba las propuestas para ser votadas en la Asamblea.

Los arcontes eran los magistrados que gobernaban la ciudad, y elegidos una sola vez en su vida. Los tribunales populares o dicasterios estaban conformados por ciudadanos de pleno derecho y mayores de 30 años.

Aristóteles (384-322 a.C.), en la Constitución de los atenienses describe el interrogatorio realizado por el Areópago (controlaba a los magistrados-arcontes, interpretaba las leyes y juzgaba los homicidios): «¿Quién es tu padre, y de que ‘demo’ proviene? ¿Quién fue padre de tu padre? ¿Quién tu madre? ¿Quién fue padre de tu madre, y en que ‘demo’ tuvo su origen? ¿Posees un santuario de Apolo legado por tus ancestros, y un Zeus que proteja tu hogar? ¿Dónde están tus santuarios? ¿Tienes un mausoleo donde repose tu familia? ¿Dónde se encuentra? ¿Tratas con el debido respeto a tus padres, y cumples con las obligaciones pecuniarias y militares que el estado impone?». 

Eran considerados ciudadanos a los varones mayores de 18 años. Quedaban fuera del sistema: las mujeres, los extranjeros o metecos y los esclavos.

En el Ática sobre unos 500.000 habitantes, sólo 40.000 varones tenían derechos políticos, y 300.000 eran esclavos.

En este siglo V a. C., Atenas estaba gobernada por Pericles (‘rodeado de gloria’. Circa 495 a.C. Gobernó Atenas entre los años 469 y 429. Fue apodado: ‘El Olímpico’, por su voz estentórea y sus enorme categoría de orador), que había enriquecido la ciudad hasta límites insospechados: en monumentos arquitectónicos (Partenón), literatura y pensamiento filosófico, pero también hacia un expansionismo imperialista, creando la Liga de Delos-alianza militar marítima o simaquia (año 477 a.C.), que llegaría a su fin en el año 404 a.C., cuando Atenas fue derrotada por Esparta, en la Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.), las póleis del norte helénico, Jonia y las Islas pagaban un impuesto del que se beneficiaba Atenas, y así los defendía de los persas merced a su poderosa flota.

En el Peloponeso se hallaba la pólis de Esparta, a orillas del río Eurotas, era la capital de Laconia-Lacedemonia, con un Consejo de Ancianos (gerousía. Los gerontes cooperaban en las deliberaciones y las normas de la diarquía lacedemonia o espartana), y sobre todo, los éforos (‘aquel que supervisa’) o magistrados de estirpe oligárquica (cinco por año, no reelegibles. Controlaban a los reyes. Presidían las asambleas. Los juicios civiles según el derecho consuetudinario. Recaudaban los impuestos y controlaban el calendario. Eran epónimos. Dirigían la política exterior, la educación  y el entrenamiento militar), elegidos por la asamblea del pueblo o Apella. En Lacedemonia, el Estado controlaba toda la vida del ciudadano, desde su nacencia hasta convertirlo en un ciudadano-soldado u hoplita (de infantería pesada. Coraza de bronce, cnémidas-tibiales, casco de bronce con protecciones para las mejillas, escudo-aspis-circular, de un metro de diámetro, lanza-dorude 2’7 m., y espada corta-xifos). Esparta no tenía apetencias imperialistas, pero sí controlaba a todas las póleis del Peloponeso, su número de ciudadanos era muy reducido.

Las mujeres espartanas gozaron de más derechos e igualdad con los varones que en ningún otro estado de la Antigüedad, solo Cartago se le podía igualar: “Mi escudo, mi espada y mi lanza son mis únicos tesoros. Los lacedemonios no preguntan cuantos son los enemigos, sino dónde están. Vuelve con el escudo o sobre él”.

En el siglo IV a.C., el 40% de las tierras espartanas estaban ya en poder de sus mujeres.

Citado por Plutarco en su “Vida de Licurgo” (capítulo XIV), una mujer ateniense se dirigió a Gorgo [506 a. C.-siglo IV a. C.], reina de Esparta y esposa del rey Leonidas I de Esparta [c. 540 a. C.-REY DE LA DIARQUÍA ESPARTANA en el año 489 o 488-murió en la batalla del desfiladero de las Termópilas contra el Gran Rey Jerjes de Persia, el 11 de agosto de 480 a. C.], su hijo fue el rey Plistarco de Esparta [¿?-480 a. C.-458 a. C.]: «Habiendo sido interrogada por una mujer del Ática, ateniense: ¿Por qué sois las únicas, vosotras las lacedemonias (laconias o espartanas), que mandáis a (sobre) los hombres (varones) lacedemonios? Es porque, contestó la reina Gorgo, somos las únicas que damos a luz a verdaderos hombres (varones)».

SÓCRATES DE ATENAS-

 

Los diarcas o reyes de Esparta eran la pareja de monarcas que regían dicha pólis. Pertenecían uno a los Agíadas (dorios) y el otro a los Euripóntidas (aqueos), sus poderes eran militares y religiosos. El rey era el comandante en jefe o hegemón, y combatía en el ala derecha, protegido por su guardia de corps o hippeis. A partir de año 506 a.C. o Divorcio de Eleusis, los monarcas hicieron ya sus guerras por separado. Entre Atenas y Esparta, por su diferente dimensión política solo quedaría el encono y el odio fratricida.

II.-ALCIBÍADES Y SU PERSONALIDAD PÚBLICA EN LA HISTORIA DE GRECIA-

En el mes de junio del año 407 a.C., Atenas se preparaba para la fiesta de la Plinterias (anual, en la vigésima segunda jornada del mes Targelión, equivalente en el calendario ático al mes de mayo; la palabra viene de plynein-lavar) en honor de la princesa ateniense Aglauro (hija del primer monarca ateniense Cécrope y de la reina Aglauro. Este monarca instituyó el matrimonio y la familia) en el altar de la diosa Palas Atenea (cuya estatua era despojada de sus vestiduras y ornamentos, cubierta de la mirada de los hombres, y realizado el servicio por las mujeres-praxiergidais), ara situada en la Acrópolis, una vez acabada la recogida de la mies; por ello los templos se cerraban y los negocios estaban prohibidos.

Los atenienses estaban histéricos y amedrentados a causa de los rumores sobre la existencia de conjuras contra su sistema político democrático. Y en esos días se presentó en El Pireo una inmensa flota con velas púrpura, decorada con guirnaldas y escudos dorados, venía cargada con los tesoros del campo de batalla contra el sátrapa persa de Lidia y Caria llamado Tisafernes (c. 445 a.C.-395 a.C.), unas 200 naves enemigas presentaban sus espolones cortados y transportaban a múltiples prisioneros.

La flota iba mandada por el mejor de los ciudadanos atenienses del momento, el libertador de Atenas, que en este momento era joven y estaba pletórico. Se trataba de Alcibíades-Escambónidas [c. 450 a. C.-404 a.C.], y su madre era Dinómaca, quien pertenecía al poderoso clan de los Alcmeónidas; Pericles y su hermano Arifrón eran primos-carnales de esta mujer, ambos tras su orfandad serían los tutores de Alcibíades, cuando su padre Clinias murió en la batalla de Coronea (año-447 a.C., ente la Liga de Delos dirigida por Atenas, y la Liga Beocia, durante la Primera Guerra del Peloponeso, 460 a.C. A 445 a.C.), a pesar de la norma legal ad contrarium de que lo hiciera la familia materna. Su hermano menor, Clinias, era considerado que estaba loco.

Y eran estos los mismos atenienses, que años atrás lo habían acusado de traición y condenado a muerte, quienes ahora lo vitoreaban, recibiéndolo con una bienvenida triunfal. Ahora bien, el hecho de que regresase, este atrabiliario personaje, en plena fiesta de las Plinterias fue considerado por algunos como de mal agüero, por lo que sus enemigos tomaron nota para tomar represalias si las “cosas políticomilitares” se torcían.                                                                                                                

Era el hombre más afamado de Atenas, del que se elaboraban las más controvertidas opiniones y “se conocía hasta el nombre de su nodriza”; era tan inteligente que sabía explotar las debilidades humanas a su conveniencia, buscando la inmortalidad que confiere la gloria. “Su mayor deseo era que la ciudad de Atenas le recordara en el futuro y que las generaciones venideras tuviesen a gala pertenecer a su dinastía” (V. M. Renero. “Alcibíades”).

Tucídides lo calificaba de: “Ser sumamente ambicioso, y proponer la desastrosa expedición a Sicilia, para obtener riqueza y reputación por medio de sus éxitos”.

Para Lisias: “Los atenienses debían mirar a Alcibíades como a un enemigo porque a tenor general de su vida, paga con injurias la ayuda de sus amigos”.

-ALCIBÍADES DE ATENAS-

 

Siempre deseaba más de lo ya conseguido, era un competidor por antonomasia, para demostrar públicamente sus cualidades. Se consideraba superior a todos los hombres pasados y presentes. Su maestro, Sócrates, decía: “Que Alcibíades no podía vivir sin que toda la humanidad estuviese saturada con su nombre y su poder”. Se adaptaba a cada situación y sacaba provecho hasta de la adversidad. Se decía de él que en la Jonia era más lujurioso que los jonios; en Tebas más tebano que ellos en la gimnasia; en Lacedemonia rivalizaba con los espartanos en dureza y austeridad y, por fin, en Tracia los derrotaba bebiendo vino.

Por lo tanto siempre estaba al lado de los más fuertes, y se convertía en uno de ellos si era oportuno. Defendía la democracia, pero siempre que él fuese superior; hacía lo que quería y cuando lo deseaba, se burlaba de sus conciudadanos y transgredía las normas de la convivencia si era su deseo. No obstante las capas más desfavorecidas de la sociedad lo adoraban y sus seguidores eran una multitud que soportaba, estoicamente, todas sus vejaciones.

En la Constitución de los atenienses, Aristóteles no lo incluye entre los mejores políticos de Atenas. Andócides (c. 440 a.C.-390 a.C.) lo calificaba como: “que no tiene por conveniente acompasarse él mismo a cumplir con las leyes de la ciudad, sino que lo hagáis vosotros a su propia conducta”. Aunque, Cornelio Nepote en su obra VIDAS escribe: “Alcibíades superó a todos los atenienses en nobleza y dignidad de vida”.

Incluso era proverbial su impiedad; solía dar consejos a la pólis sobre lo justo y lo injusto. “He estado examinando como te comportabas con tus admiradores y me he dado cuenta de que, por numerosos y orgullosos que fueran, ninguno de ellos se ha librado de verse superado por tu arrogancia” (Sócrates sobre Alcibíades en Plutarco).

Su osadía era tan enorme que Sócrates (470 a.C.-399 a.C.) la definía como “exaltación de espíritu”, esta ironía socrática resumía la gran insensatez de su alumno. Este maestro y filósofo, en el momento de su juicio condenatorio (Envenenamiento. En aplicación de condena a muerte por no reconocer a los dioses atenienses y por corromper a la juventud), se vio obligado a refutar el intento de culparlo por los crímenes de sus ex-discípulos, entre ellos Alcibíades; por lo tanto, en su Apología declaró: “Nunca he sido profesor de nadie”.

Alcibíades era reputado de adúltero, ladrón de esposas ajenas, incestuoso, borracho empedernido y perpetrador de actos ilegales de violencia.

Era amado por las mujeres, multitud de ellas casadas, tanto en Atenas como en Esparta; pero las abandonaba y se iba a los más afamados prostíbulos atenienses. Llevaba a prostitutas conocidas a sus campañas militares. “Era el único hombre de todas las mujeres”, sus adversarios políticos tenían miedo a denunciarlo por temor a encontrarse entre sus muchos maridos engañados.

Era la estrella de todos los banquetes, a los que se presentaba con su legión de aduladores siempre embriagados, donde rivalizaba en bebida, comida y discursos. “Era el ejemplo de la corrupción de la juventud ateniense, dispuesto a realizar actos ilegales e inmorales en cualquier momento por puro capricho, por burla, sin que le importasen los perjuicios que pudiera causar. No sólo se trataba de chiquillerías, como decían muchos atenienses, sino  de verdaderos ataques a las instituciones básicas del Estado; nadie se libraba de ser humillado por él, sin importarle la riqueza o el prestigio personal del ofendido; solamente existió una persona objeto de su respeto: Sócrates (V. M. Renero; Op. Cit).

Su actitud era un modelo para la juventud de Atenas que se hacía partícipe de sus actos. Su contradictoria personalidad era capaz de dirigir a un pueblo en momentos álgidos y más tarde hundirse en la corrupción más abyecta. Alcibíades lo tenía todo: belleza, talento, riqueza y nobleza.

Las atenienses cantaban su belleza física y se le conocía como “EL BELLO ALCIBÍADES”.

Él se encargaba de explotar su carácter viril, caminando con cierta afectación, llevando largo el cabello y ladeando el cuello con un cierto tic de coquetería; solía llevar unos zapatos diseñados en exclusiva para él y que eran llamados así. Padecía una leve dislalia (dificultad para la producción o articulación de uno o varios fonemas), pronunciando la: “e por la r”, lo que era objeto de befa por los comediógrafos de Atenas, pero que en él otorgaba una atractiva pronunciación a su voz.

Se consideraba, por su inteligencia, superior a todos los atenienses del momento y por ello manifestaba a Sócrates que no necesitaba instrucción, ya que sus cualidades innatas eran bastantes como para ser el mejor de Atenas.

Estudiaba las debilidades del pueblo ateniense y decía siempre lo que él deseaba escuchar, ocultando sus verdaderas intenciones. Era un brillante orador con una riqueza de léxico asombrosa para cada circunstancia; verbigracia, Thomas Habinek (catedrático  en la University of Southern California) cree que: “El orador era la personificación de la ciudad hablando con, y enamorada de, sí misma”.

Pero todo lo antedicho no le hubiese dado el impulso necesario, si no se encontrase siempre arropado por su familia. Por su lado paterno descendía de los Eupátridas, cuyos antepasados se remontaban a la época mítica de Atenas, uno de ellos había sido Clístenes, el reformador.

Por su madre pertenecía a los Alcmeónidas, cuyo ancestro era Alcmeón, el primer ciudadano de Atenas que había sido vencedor en las Olimpiadas, su origen se cifraba en Néstor de Pilos (llamado Nestor-Gerenio, era el más anciano y sabio de los aqueos que lucharon en Troya).

Sus antepasados habían sido cofundadores del sistema democrático y otros habían sufrido el ostracismo (la palabra óstrakon era el caparazón de tortuga o de cáscara de huevo o de barro, en forma de concha, donde se escribía el nombre de los ciudadanos que iban a ser desterrados) o destierro votado por la asamblea popular, que era el símbolo de la ignominia; además su familia tenía contactos importantes con grupos aristocráticos de la enemiga Esparta; estos lazos de amistad eran denominados como “proxenia”, incluso su nombre provenía de un aristócrata lacedemonio amigo de su familia.

Los medios económicos de los Alcmeónidas y de los Eupátridas eran los mayores en la región del Ática; incluso su familia había aportado trirremes para la flota ateniense; sus caballos eran los mejores de Grecia, y solía gastar grandes sumas de dinero en donaciones y caprichos. Su ingente patrimonio le permitía comprar voluntades y servidores, para que secundasen todos sus deseos.

Cuando fue stratego o comandante en jefe del ejército ateniense se le pagó el doble de lo habitual, a causa de cómo contuvo a los hoplitas espartanos-lacedemonios. Su fortuna era incalculable. Pero cuando murió, el dinero que pudo legar a sus hijos fue más bien exiguo. “Un canalla, al que si le hubierais ejecutado a la edad en que le cogisteis por primera vez delinquiendo contra nosotros, no se hubieran abatido tantas desgracias sobre la ciudad” (Lisias sobre Alcibíades en Plutarco).

 

III.-SU NACIMIENTO Y EVOLUCIÓN-

 

Ya en su época escolar dio muestras de soberbia y altanería, y se sentía capacitado para poder discernir entre lo justo y lo injusto.

En cierta ocasión una de sus tabas, que era un juego infantil muy común en Atenas, quedó atrapada por la yunta de un carro de bueyes, Alcibíades le exhortó al yuntero para que no siguiese avanzando, el individuo se burló del niño y este se colocó en el suelo desafiando al adulto a que pasase con su carro por encima de él, el hombre de los bueyes retrocedió horrorizado.

-TUCÍDIDES DE ATENAS-

 

Comenzó su educación a los cinco años y la terminó a los dieciocho, como era habitual en la Atenas del momento histórico que se contempla, pero esta situación sólo lo era para la plutocracia, ya que los pobres únicamente aprendían a leer.

La enseñanza era privada y el Estado sólo velaba por su calidad moral; los niños iban a la casa del maestro, y el Estado ateniense sólo subvencionaba la educación de los huérfanos de las guerras si estos eran pobres. La vida del maestro era objeto de constantes chanzas, ya que sus ganancias escolares eran casi nulas.

Pericles confío la educación de Alcibíades a un pedagogo esclavo tracio (serían los búlgaros de hoy) llamado Zópiro; el alumno permanecía en la clase del gramático o docente y luego le repetía la lección.

Primero aprendería el alfabeto, formando sílabas y palabras de difícil pronunciación, debía aprender los versos de los clásicos de memoria, sobre todo de Homero; escribiría sobre tablillas de madera cubiertas de cera con la ayuda de un cálamo, cuando alcanzase la soltura necesaria pasaría al papiro y a la tinta; la aritmética se reducía a las cuatro reglas.

Desde esta época empezó a sentir desprecio por los profesores, a los que consideraba misérrimos y que tenían menos talento que él. Una vez abofeteó a un maestro porque no poseía ninguna obra de Homero en su casa. A partir de los diez años, Alcibíades continuó incrementando su educación, en este caso con la música en la casa del tañedor de cítara o de lira, cuyo dominio era un signo de elevada formación cultural.

La música griega tenía relación con el orden social a mantener. Las canciones las aprendían de oído, al no existir la escritura musical tal como en la actualidad, y se iniciaban a la vez en el canto individual y coral.

Alcibíades llegó a ser un virtuoso de la cítara, pero rechazaba la flauta doble por considerarla propia de personas viles e indignas, además el flautista deformaba su rostro, al interpretar, de forma grotesca, inclusive este instrumento era considerado una mordaza para la voz, mientras que con la lira se podía recitar a la vez.

Para agravar más la opinión sobre dicho instrumento de viento, Alcibíades consideraba que la flauta provenía de uno de los enemigos, por antonomasia, de Atenas, que era la ciudad de Tebas. “Que toquen, pues, la flauta doble los hijos de los tebanos, pues ellos no saben conversar” (Plutarco.“La vida de Alcibíades”). Además la historia mitológica helénica indicaba que Apolo, fundador de los atenienses, era un gran amante de la cítara y había derrotado y desollado al fauno Marsías, inventor de la flauta doble. A partir de este momento la flauta doble sólo sería utilizada por las cortesanas o prostitutas de lujo, que amenizaban los banquetes en Atenas.

A los doce años los niños atenienses acudían a la Palestra, que era el gimnasio  o escuela de lucha necesaria para el desarrollo del cuerpo, la palestra funcionaba independiente o como una parte de los gimnasios públicos. La práctica deportiva se hacía totalmente desnuda. El ejercicio era el denominado como pentatlón griego, conformado por: lucha, carrera, salto, disco y jabalina.

La lucha consistía en enfrentarse con la cabeza agachada y los brazos extendidos, para poder agarrarse al cuerpo del contrario y tumbarle. Las posiciones eran adecuadas a cada instante del combate, pero Alcibíades iba a introducir innovaciones para poder triunfar siempre, quedando por encima de los demás a cualquier precio.

En una ocasión en un combate, estando a punto de caer al suelo derrotado, comenzó a morder los brazos del rival, que le apostrofó diciendo: “Muerdes, Alcibíades, como las mujeres”, “No –replicó él- como los leones” (Plutarco. Op. Cit.); no respetaba ni las normas más rigurosas del deporte. Alcibíades convertía la asechanza y el engaño en virtud y valentía. Para Alcibíades la humillación de la víctima no tenía sentido si esta fallecía en la confrontación. Pericles debió apartar a su hermano Arifrón de Alcibíades, para evitar que aquel cayese bajo un influjo tan negativo.

Además Alcibíades, como todos los niños de la aristocracia ateniense, practicaría la hípica, y por medio de ella desarrollaría su gran pasión por las carreras de caballos.

La etapa previa a la mayoría de edad se denominaba efebia, y era el momento en el qué los adultos los imbuían de valores morales, los cuales se acercaban a las palestras para admirar sus jóvenes cuerpos.

La pederastia, para los griegos, tenía un carácter iniciático. “No era comparable al moderno concepto de homosexualidad. En la isla de Creta, la tradición establecía que grupos de adultos secuestrarían a los adolescentes, a los que se llevaban fuera de la ciudad amándolos durante dos meses; al cabo de ese tiempo el amante regalaba al amado un equipo militar completo. En Esparta los niños de doce años eran confiados a amantes escogidos entre los mejores adultos para que les enseñaran a ser verdaderos espartanos. Posemos inscripciones en algunos templos que hablan de prácticas sodomitas vinculadas a divinidades protectoras de la infancia y primera juventud” (V. M. Renero; Op. Cit.).

Los atenienses eran abiertamente machistas. Las mujeres del Ática eran consideradas menores de edad a todos los efectos, y estaban siempre bajo la sombra protectora de los hombres. Los hombres del Ática consideraban a sus mujeres intelectualmente inferiores. Solo el poeta Aristófanes (444 a.C.-385 a.C.) sería una excepción. El matrimonio heterosexual servía para perpetuar la especie y trazar los linajes. Platón (427 a.C.-347 a.C.) indica, sin ambages: “Solo dos almas masculinas, más elevadas que las de las mujeres, podían complementarse y dar sentido al amor”. 

-PERICLES DE ATENAS-

 

En Atenas se aceptaba con ciertos límites y sin total unanimidad estas relaciones íntimas entre adolescentes y adultos. Había leyes que prohibían la entrada de ciudadanos adultos, junto con esclavos y extranjeros, en las escuelas atenienses, con la finalidad de observar la gimnasia juvenil en la palestra. Los llamados neaniskoi, que eran jóvenes de 20 a 25 años, tenían prohibida la seducción de menores de edad.

Las sanciones a los profesores que se aprovechaban de sus alumnos eran muy importantes, prohibiendo a los educandos permanecer en las escuelas entre la puesta del sol y el alba; y se privaba a los infractores de sus derechos de ciudadanía y obtenían el rechazo social.

Si se usaba la fuerza para la seducción o se incitaba a la prostitución al puber, la sanción era económica. La relación de pederastia se entendía como una enseñanza espiritual e intelectual, detrás de todo ello estaba el que las mujeres al carecer de derechos se pasaban toda su vida en el gineceo y no se las veía en la sociedad.

La relación amorosa entre jóvenes y adultos estaba sometida a un código tácito, que diferenciaba entre el amor físico y lascivo y el amor celestial a impúberes, y a los que nunca se abandonaba por el mero deseo por otro niño. La edad de la pederastia iba desde los 13 hasta los 18 años, por debajo de esa edad se denominaba violencia sexual y el rechazo social era evidente.

Los efebos eran calificados por sus amantes según criterios estéticos, tales como: “culos largos” y “culos estrechos” o “vírgenes” y “blancos” por tener cierta palidez femenina y “negros” o desagradables. El joven siempre era el sujeto pasivo. La aparición del vello corporal era antiestético y era el límite para comenzar a ser activo en las relaciones sexualessensu stricto. Si todo este comportamiento se prolongaba en la adultez era objeto de burla, chanza y rechazo.

El matrimonio no suponía nunca el final de tales prácticas y a ningún ciudadano se le ocurría acusar de infidelidad a quien mantuviese relaciones extraconyugales, ya que en la Grecia de la Antigüedad el concepto de fidelidad obligaba únicamente a la esposa y no al marido” (V. M. Renero; Op. Cit.).

Alcibíades, por su belleza física innata, tampoco esquivó a adultos que quisiesen cortejarle; solía humillar y castigar a quienes buscaban su amor y su cuerpo. Cuando era un niño se escapó con un sujeto afamado por su vileza y su lujuria, Pericles decidió esperar antes de denunciar su desaparición, que le hubiese supuesto el descrédito para el futuro de su pupilo.

Uno de sus amantes escribía: “El amor que siento por Alcibíades me ha llevado a una experiencia puntualmente análoga a la de las Bacantes (sacerdotisas del dios Dionisos), que cuando están inspiradas pueden hacer brotar leche y miel allí donde otros no sacaron ni siquiera agua de un pozo. Igualmente yo, incluso si no he aprendido nada que pueda transmitir a alguno por hacerlo bueno, he pensado que, en virtud de mi amor, mi compañía habría podido hacerlo mejor” (Plutarco; Op. Cit.).

Sócrates comenzó a observar como Alcibíades empezaba a desarrollar una absoluta carencia de valores éticos, y. sobre todo, lo desastroso que suponía para su evolución intelectual y moral la cohorte de aduladores que siempre lo rodeaban, incluso comparándole con Pericles e indicándole que lo superaría en poder y en fama.

Pronto fue famosa su actitud libertina y lujuriosa, y su molicie, en toda Atenas. Se rumoreaba que se acostaba con su propia madre y hermana, algo a todas luces falsísimo, pues Alcibíades no tenía hermanas. En cierta ocasión se fue a la ciudad de Abydos-Abido (ciudad de Misia en el Helesponto; existía una homónima en Egipto), famosa en toda la Hélade por sus prostitutas, con una de sus amantes y allí con una cortesana llamada Medontis, mantuvo un trío sexual, de ella tendría una hija, que también sería compartida con su amante.

Con los aduladores hacía experimentos de demagogia para el futuro, lo más sorprendente era que aquellos a los que humillaba seguían profesándole una gran devoción. En otra ocasión se llevó, al estar en avanzado estado de embriaguez, las copas de oro y plata de un banquete al que había sido invitado, ante el escándalo de los asistentes, el anfitrión alabó el hecho de Alcibíades sintiéndose muy honrado por que le hubiese robado todas sus pertenencias.

En cierta ocasión que Pericles no le pudo recibir, por estar estudiando como rendir cuentas a los atenienses, Alcibíades manifestó iracundo y en voz alta que: “¿No sería mejor que Pericles examinase como no rendirles cuenta?” (Plutarco. Op. Cit.). Por todo lo que antecede, y hasta este momento histórico, el joven Alcibíades era una incógnita para Atenas, y sus ciudadanos lo observaban con curiosidad, suspicacia  y admiración.

IV.-LA BODA DE ALCIBÍADES-

En cierta ocasión cuando paseaba con sus amigos, Alcibíades, se encontró con Hipónico, uno de los hombres más ricos de entre los atenienses, que tenía dos hijos, Calías e Hipareta, los cuales los había tenido de su matrimonio con Aspasia de Mileto (c. 470 a.C.-c. 400 a.C. Maestra de retórica y logógrafa), la que luego sería futura pareja de Pericles.

Alcibíades lo abofeteó, en la calle, para tratar de hacer una gracieta a sus amigos.  El escándalo en Atenas fue enorme, por lo que Alcibíades se vio obligado a disculparse y rogó a Hipónico que lo azotase públicamente. Luego tuvo el atrevimiento de pedirle la mano de Hipareta; Hipónico aceptó, ya que a pesar del tufo de montaje que tenía la susodicha petición, Alcibíades no dejaba de ser una de las familias más nobles de entre los atenienses.

La mujer en Esparta gozaba de igualdad ante el hombre, tanto en el derecho a la educación obligatoria, como a la formación atlética y artística; inclusive tenían un privilegio especial para ser propietarias de propiedades.

Cuando el rey Pirro del Epiro [318 a.C.-REY DEL EPIRO, desde 307-302 a.C., y entre 297 a 272 a.C.] cercó la ciudad (272 a.C.), se decretó que las espartanas se retirasen, pero ellas replicaron: “Estamos resueltas a morir o vencer con vosotros; nos insultáis creyendo que somos bastante cobardes para sobrevivir a la patria”. “Nuestras mujeres no tienen debilidades de madre”.

Teócrito (ca. 310 a.C.-ca. 260 a.C.), en su obra Idilios, XVIII representa: “A dos chicas reclamando fieramente su participación  en las mismas carreras que los chicos, a lo largo del río Eurotas y su recurso a los ungüentos, como estos últimos. Por lo demás, ellas se entrenaban también desnudas. Este entrenamiento no era realmente una preparación para el combate: los chicos y las chicas se ejercitaban por separado. Sin embargo, el vigor de las mujeres espartanas era proverbial en Grecia”.

Clearco de Solos (mitad del siglo III): “Informa que ellas se apropiaban de hombres adultos y solteros y les golpeaban para obligarles a casarse, lo que implica una fuerza y determinación importante”.

Asimismo, una de las facetas del entrenamiento deportivo femenino se refería a la equitación. De esta forma, las figurillas votivas encontradas en el templo lacedemonio de Artemisa Ortia muestran a las espartanas montando a lo amazona. Las mujeres de Esparta sabían leer y escribir. El matrimonio en Laconia se producía a los 30 años para los varones y 18 para las mujeres.

La intermediaria-celestinesca afeitaba el cráneo de la esposa, le proporcionaba vestidos y la dejaba sola en un pajar, a oscuras. El esposo, al salir  de la ‘sisitia’, o comida en común, se reunía con su mujer, siempre en la oscuridad, y  después de tener una relación con ella, volvía a marcharse para reunirse con sus compañeros de dormitorio. El matrimonio permanecía así secreto, hasta el primer hijo. Así los esposos ‘ignoran la saciedad y el declive del sentimiento que entraña una vida en común sin trabas’. Si los viejos maridos eran incitados a ‘prestar’ a sus mujeres a jóvenes fuertes. Las mujeres a veces toman un amante, de modo que el niño que naciera pudiera heredar dos lotes de tierra en lugar de uno.” (según Plutarco).

La mujer en Atenas era totalmente dependiente del marido y carecía de derechos, pasando de la tutela del padre a la del marido, de su primogénito, y si era viuda de su pariente más próximo, por lo tanto bajo la autoridad de un tutor. ‘Era una eterna menor o infantil’. No poseía ni derechos jurídicos ni políticos

                -BUSTO DEL REY LEONIDAS I DE ESPARTA (540 a.C.-480 a.C.)-

Su vida transcurría en el gineceo, inclusive, en ocasiones, el marido poseía la llave de la puerta e impedía a la esposa pasear por el resto de la casa. Las mujeres eran casi de forma absoluta educadas para realizar las labores del hogar, sólo participaban en las fiestas consagradas a Palas Atenea, en este momento se elegían los maridos ideales para ellas, por sus padres. El matrimonio era una necesidad social y religiosa, para subrayar las alianzas familiares y económicas.

El varón se casaba a partir de los veinte años, tras finalizar su servicio militar de dos años, y la mujer a los dieciséis (entre 15-18 años). La boda consistía en una “entrega de prenda”, tras un apretón de manos entre padre o tutor y el novio, unos días después se celebraba la boda per se. Las bodas se celebraban durante la luna llena, en enero, que era el mes de Hera, la gran diosa y esposa de Zeus.

La novia consagraba sus juguetes, se purificaba con el agua traída desde la fuente de Calírroe (fuente del Ágora ateniense). La casa de la novia se engalanaba y allí se celebraban los esponsales. Las mujeres “comían” la boda en salas separadas, los platos eran cocinados con sésamo que simbolizaba la fecundidad.

Por la noche la novia era llevada al domicilio marital, en un carro conducido por un amigo del novio; la madre llevaba una tea. Los padres del novio la rociaban con nueces e higos secos, para a continuación comer, ella sola, la tarta nupcial y dulce de membrillo; luego la novia entraba en la alcoba nupcial y allí se quitaba el velo, ya, ante su esposo. Al día siguiente los padres de la novia acudían con regalos y la dote estipulada. La esposa ya estaba preparada para mantener el hogar y proporcionar hijos a la familia y al Estado ateniense. En ocasiones el amor surgía entre los novios.

La fidelidad femenina era estricta, debiendo parir hijos legítimos, que heredasen los bienes paternos. Si la fémina era adúltera sorprendida, el seductor podía ser matado in presentia, y la adúltera era devuelta a sus padres. El esposo  podía recurrir a los servicios de una heterahetaira (chica de compañía: artista, prostituta, contertulia y acompañante. Participaban en los simposios o reuniones festivas de políticos-filósofos-artistas-eruditos), o introducir una concubina (una esclava o la hija de un ciudadano pobre).

En el caso de la boda de Alcibíades, este recibiría diez talentos de plata (equivalente a 10 millones de pesetas) como dote, “una dote tal que ningún griego había obtenido antes”. Como Calías no se fiaba de su cuñado, por como trataba a su hermana con constantes infidelidades y humillaciones, decidió donar su patrimonio al Estado, para evitar que Alcibíades fuese su heredero.

Su vida de crápula era la misma que la que llevaba de soltero; Hipareta le amaba profundamente, pero Alcibíades seguía con sus juergas y borracheras, e incluso en alguna ocasión pretendió llevar a prostitutas a su hogar. Hipareta lo abandonó, harta de padecer penalidades sin cuento y presentó una demanda de divorcio, lo que no estaba permitido para la mujer; solo el tutor podía pedir la disolución del contrato; además en Atenas sólo el hombre podía repudiar a la esposa y por cualquier motivo, la mujer únicamente lo podía hacer si existían fehacientes malos tratos.

Hipareta se personó en el Ágora, la plaza pública o Foro de Atenas, y, ante el arconte epónimo, presentó una demanda escrita de divorcio. Alcibíades llegó al lugar, y agarró a su mujer violentamente con fuerza por los brazos, la arrastró por dicho Ágora, y ante todos los atenienses se la llevó al domicilio familiar por la tremenda.

He aquí lo que le importan, a Alcibíades, las leyes, los magistrados y los atenienses” (Andócides sobre Alcibíades, según Plutarco). Pero poco tiempo después Hipareta falleció, cuando su esposo se encontraba en la Jonia; tuvieron un hijo, llamado también Alcibíades y nacido hacia el año 417 a.C. y una hija que se casó con un primo-carnal, hijo de Calías, que la abandonó por incesto; también tuvieron otro hijo, Clinias, que falleció en la más tierna infancia.

En Atenas su hijo adolescente se comportaba igual que el padre lo había hecho en el pasado. “Los enemigos de Alcibíades veían en su hijo las consecuencias del vicio y del talento corrupto que le habían sido inoculados por el padre y, por todo ello,  se incrementaba la desconfianza del pueblo hacia él. Alcibíades rompió, por tanto y de forma definitiva las relaciones paterno-filiales, hasta tal punto llegó su odio hacia su vástago que llegó a decir que: ‘ni aún muerto, estaba dispuesto a recoger sus huesos’” (Plutarco; Op. Cit.).

V.-LA MUERTE DE ALCIBÍADES-

Tras la destitución de Alcibíades, de nuevo el caos y la desesperación campaban por sus respetos en Atenas, ya que la escuadra ateniense sufría pequeñas derrotas navales ante el almirante espartano Lisandro (¿?-395 a.C.), y lo que hacía la Asamblea era juzgar a todos sus generales cuando perdían en la más pequeña escaramuza bélica, así se hizo con seis de los diez strategos substitutos de Alcibíades, condenados a muerte por no haber podido rescatar a los náufragos atenienses de una batalla contra Esparta; entre los ajusticiados se encontraba el hijo de Pericles.

-PLUTARCO DE QUERONEA-

En el verano del año 405 a.C. Atenas designó a nuevos strategos para dirigir su flota de 180 naves. Desde Samos se dedicaron a devastar las costas de Asia Menor, amenazando a los aliados de Esparta, pero entonces el almirante espartano Lisandro (¿?-395 a.C.) se dirigió al Helesponto para evitar el abastecimiento ateniense del trigo de la región del mar Negro.

La escuadra ateniense atacó a Lisandro, que se retiró prudentemente hasta Egospótamos (405 a.C.), en la costa tracia; durante los cuatro días siguientes el abastecimiento de los espartanos fue muy fácil, lo que fue observado por Alcibíades que tenía sus posesiones muy cerca del lugar. Entonces se dirigió hasta la flota ateniense y expuso, sin ambages, la situación lamentable en que se encontraban. Los strategos lo despidieron con cajas destempladas y Alcibíades se contentó con ser un privilegiado espectador de la inevitable derrota de los atenienses.

El quinto día Lisandro moviliza su flota y envía a un grupo de hoplitas, también, a tierra para atacar a los atenienses que buscaban provisiones. El desastre de la milicia ateniense fue inconmensurable y sólo siete naves se salvaron, los prisioneros atenienses fueron ejecutados junto a la mayor parte de sus strategos.

Lisandro fue expulsando a todas las guarniciones atenienses de las ciudades del Helesponto. En Atenas el clamor por la tragedia fue unánime y el terror que producía la posible llegada del ejército lacedemonio fue inenarrable.

Salvo Samos, la casi totalidad de la Hélade se había pasado al bando de los espartanos. En el comienzo del año 404 a.C. Lisandro con 150 naves entró en la rada de El Pireo y en una acción combinada con el ejército terrestre del rey lacedemonio Agis II [¿?-17º REY EURIPÓNTIDA DE ESPARTA, desde 427 a.C., hasta 400 a.C.] avanzó hasta los aledaños de la capital del Ática.

El hambre comenzó a hacer estragos entre la población ateniense, por lo que se enviaron embajadores al campo espartano, aunque Lisandro no aceptó las súplicas de Atenas y sólo les permitió el sometimiento sin condiciones. La esclavitud era el futuro inminente de los orgullosos atenienses.

Tras cuatro meses de hambruna y penalidades, los embajadores de Atenas fueron recibidos en el campo espartano y ante la Asamblea de los aliados de los lacedemonios tuvieron que sufrir la cólera de sus terribles enemigos, tales como Tebas y Corinto, que pedían a los espartanos que arrasasen la ciudad y esclavizasen a sus ciudadanos.

Pero Esparta no estaba dispuesta a realizar tamaño desafuero y sólo exigió que fuesen derribados los Muros Largos que unían la polis con El Pireo: 1º) que se destruyeran las fortificaciones portuarias. 2º) que se entregasen todas las naves atenienses salvo doce. 3º) que se aceptase el regreso de los desterrados oligárquicos. Y, 4º) que Atenas entrase en la alianza de ciudades bajo la égida espartana, por lo que, a pesar de los recalcitrantes, la mayoría de la Asamblea ateniense aceptó las condiciones.

En abril del año 404 a.C. las tropas lacedemonias entraban en la ciudad más eximia del Ática e imponían su forma de gobierno, que iba a dirigir un Consejo oligárquico de treinta ciudadanos.

El rey Agis II abandonaba Decelia (fuente decisiva de suministros para Atenas) y licenciaba a sus tropas; a la par Lisandro sitiaba Samos, que era obligada a aceptar un gobierno oligárquico próximo a los intereses de Esparta.

Alcibíades temeroso, entonces, de las represalias espartanas se dirigió al Gran Rey-Shah de Persia, Darío II Ocos [¿?-GRAN REY DE PERSIA, entre 423 a.C., hasta Naqsh-e-Rostam, 404 a.C.], para tratar de convencerlo del peligro que suponía, para los persas, la hegemonía de los espartanos en Grecia.

El introductor de embajadores iba a ser el sátrapa persa de la Frigia helespóntica, Farnabazo II (c. 435 a.C.-post 373 a.C.), quien admirado de las ropas al estilo persa y del conocimiento de la lengua persa con que se adornaba Alcibíades, le concedió el mando sobre un distrito en Frigia.

En Atenas los Treinta gobernaban por decreto y ocupaban con sus partidarios todos los cargos públicos, inclusive solicitaron una guarnición a Esparta para mantener el orden público. La milicia lacedemonia se encargó de una represión a gran escala sobre todos aquellos que se oponían a la oligarquía.

La única esperanza de unos y de otros era, de nuevo, Alcibíades, aunque los oligarcas lo contemplaban como una amenaza permanente para el régimen y un motivo de esperanza para los ciudadanos libres. Por todo ello convencieron al stratego-almirante-espartano Lisandro, y este consultó a los magistrados espartanos, que le ordenaron que asesinase al alcmeónida.

-HOMERO DE QUÍOS-

También en la corte del Gran Rey las “cosas” habían variado, ya que el nuevo monarca persa, Artajerjes II Mnemón [c. 436-GRAN REY DE PERSIA entre 404 a.C., hasta 358-356 a.C.], estaba enfrentado con su hermano Ciro el Joven (424 a.C.-401 a.C.) desde la niñez. Este último preparaba un golpe de estado apoyado en los pueblos de Asia Menor y en los hoplitas espartanos.

Alcibíades denunciaría el complot espartano y así esperaba obtener el apoyo del Gran Rey contra Esparta, y tomar él el poder en Atenas, pero Farnabazo II pretendía llegar antes a Susa (capital imperial persa) y contar él la misma maquinación, por lo que le daba largas a Alcibíades.

Es en este momento cuando Lisandro se presenta ante el sátrapa exigiendo la muerte para Alcibíades, ya que si no lo hacía, Esparta, rompería su alianza con Persia.

Farnabazo II aceptó y envió a sus sicarios a Melissa, en Frigia, donde Alcibíades vivía con su nueva amante Timandra; ya aquel había tenido visiones agoreras para su persona y su vida.

Para impedir su huida lo cercaron y prendieron fuego a la casa; Alcibíades echó ropas y vestidos al fuego, y desnudo solo con el manto y su espada o daga se presentó ante sus asesinos, estos huyeron y desde lejos le lanzaron flechas y dardos hasta que lo alcanzaron y cayó muerto.

Según Cornelio Nepote, Vidas VII (c. 100 a.C.-25 a.C.): “Timandra cubrió el cuerpo de Alcibíades con su propio vestido y lo incineró muerto, con las mismas llamas del incendio de la casa”.

Alcibíades fue decapitado y entregada, su cabeza, a Farnabazo II. Timandra realizó las oportunas honras fúnebres con gran dolor. Era el otoño del año 404 a.C., tenía 45 años.

Sobre su tumba se levantó, a posteriori, un monumento y el emperador romano Publio Elio Adriano [Imperator Caesar Divi Traiani filius Traianus Hadrianus Augustus. Itálica, 24 de enero de 76-EMPERADOR DE ROMA, desde 117, hasta Bayas, 10 de julio de 138], quien sería uno de sus grandes admiradores futuros, ordenó que se colocase una imagen marmórea de Alcibíades sobre dicho cenotafio, y que se sacrificase un buey en su honor cada año.

Así desaparecía del planeta Tierra uno de los personajes más conspicuos e iconoclastas de la Historia de la Antigüedad. Seruitutem, honorificam modo, non aspernatur”; ET “Patrem Familias ventacem non emacen esse oportet”.

-ESTATUA DE PALAS ATENEA NIKÉ-

 

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-Struve, V. V. (1986): Historia de la Antigua Grecia. Akal/Sarpe.

-CURRICULUM UITAE-

-+HISTORIADOR DE HISTORIA-16.

-+-HISTORIADOR DIPLOMADO EN  ESTUDIOS AVANZADOS  DE HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL.

-+DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS ZAMORANOS “FLORIÁN DE OCAMPO”.     (CSIC).

-+DEL ATENEO DE VALLADOLID (CREACIÓN AÑO-1872).

-+DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS GERUNDENSES (CSIC).

-+DE LA REAL SOCIEDAD ARQUEOLÓGICA TARRACONENSE (CSIC).

-+DEL CÍRCULO CULTURAL PÉNDULO DE BAZA (UNESCO).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE GRANADA Y SU REINO. (CSIC).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS BENAVENTANOS “LEDO DEL POZO” (CSIC).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS FENICIOS Y PÚNICOS (CSIC).

-+DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS JEREZANOS (CSIC).

-+DEL ATENEO JOVELLANOS (CREACIÓN AÑO-1953).

-+DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE ESTUDIOS CLÁSICOS (CSIC).

-+DE LA ASOCIACIÓN HISPANIA NOSTRA.

-+ASESOR DE LA ASOCIACIÓN CULTURAL REINOS DE ESPAÑA (FEAH)

-+DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE ESTUDIOS MEDIEVALES (CSIC).

-+203 TRABAJOS DE HISTORIA PUBLICADOS.

-+32 BIOGRAFÍAS DE MÚSICOS DE MÚSICA ACADÉMICA PUBLICADAS.

-+105 CONFERENCIAS IMPARTIDAS SOBRE HISTORIA.

-LIBROS PUBLICADOS-

1.-EL GRAN REY ALFONSO VIII DE CASTILLA, “EL DE LAS NAVAS DE TOLOSA”. Editorial Alderabán/Alfonsípolis. 2012.

2.-BREVE HISTORIA DE FERNANDO “EL CATÓLICO”. Editorial Nowtilus. 2013.

3.-EL REY ALFONSO X “EL SABIO” DE LEÓN Y DE CASTILLA. SU VIDA Y SU ÉPOCA. Editorial El Lobo Sapiens/El Forastero. 2017.

4.-EL REY ALFONSO VII “EL EMPERADOR” DE LEÓN. Editorial Cultural Norte. 2018.

5.-URRACA I DE LEÓN. PRIMERA REINA Y EMPERATRIZ DE EUROPA. Editorial El Lobo Sapiens/El Forastero. 2020.

6.-EL REY RAMIRO II “EL GRANDE” DE LEÓN. EL “INVICTO” DE SIMANCAS. Editorial Alderabán/Alfonsípolis. 2020.

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