Semanas después de su tuit, Miguel Bosé sigue siendo noticia. Personalizo en él porque su insistencia, las ganas de explicar sus teorías, a pesar de haberse convertido en el pim, pam, pum, en el hazmerreir de medio mundo, le honran.  Estoy completamente seguro de que la mayoría de ustedes habrá oído lo que escribió en aquel mensaje, pero no las explicaciones del mismo que publicó en su cuenta. Y además, cada vez que lo han escuchado, las risas, los chascarrillos, la ridiculización del personaje han acompañado a sus palabras.

Soy consciente de que al salir en defensa de aquellas palabras, a los ojos de la mayoría me convertiré  en un conspiranoico, en un antivacunas, en un alarmista, en un catastrofista o en un antitecnologista.  Asumo el riesgo, pero este debate no va de si las vacunas son buenas o malas, si el coronavirus ha sido provocado o no, o si el 5G es el futuro.  Lo que se ha puesto de manifiesto es la falta de libertad para expresar lo que deseamos, la censura que se hace en los medios de comunicación y en las redes sociales para que no se hable de determinados temas y la falta de pluralidad en la información que nos llega.

Muchos dirán que Miguel Bosé se ha expresado libremente, y así ha sido, pero ¿se le ha dado la oportunidad de explicar en las grandes cadenas de televisión, en las radios nacionales, qué quería decir? No. Sin embargo cuando se separó de su pareja fueron varias semanas las que estuvieron detrás de él para obtener unas declaraciones, incluso en algún noticiario se habló del tema. Eso si era importante, pero señalar el negocio que se esconde tras las empresas farmacéuticas y en el de las tecnológicas, a costa de la salud de los seres humanos, de la biodiversidad del planeta, de las injusticias sociales, de la vulneración de derechos esenciales como la libertad de movimiento, de un medio ambiente sano, los relacionados con la infancia o con los derechos humanos, sin olvidar la violación de los derechos democráticos a poder decidir  la vida que quieres para tus hijos, para el planeta, la sociedad en la que quieres vivir, eso no es importante. Son chaladuras de un pobre diablo, que quiere protagonismo porque su carrera musical no es la que era.

En apenas 240 caracteres, Miguel Bosé y otros muchos que podrían dedicarse a disfrutar de todo lo que han conseguido, a lucir tipito e ir de buena gente, señaló dos de las grandes amenazas que se ciernen en el mundo.

Dejaré las vacunas a un lado, y al filántropo y altruista Bill Gates, la segunda fortuna más grande del planeta, 110.000 millones de dólares, que un día decidió invertir  su dinero y su tiempo para acabar con el hambre y las enfermedades en el planeta. Labor, que además de una imagen impecable le siguen generando millones de dólares cada año. Nos centraremos en el 5G, la tecnología del futuro.

Al 5G la llaman la cuarta revolución de la especie humana, a la altura del fuego, de la agricultura y de la revolución industrial. Gracias a esta tecnología el mundo va a estar conectado, no habrá ningún rincón del planeta, por remoto que sea, donde no haya cobertura. Esto tiene unas grandes connotaciones y aplicaciones positivas, que no hace falta explicar, porque ya no las explican muy bien en los grandes medios.

De lo que no hablan es de las consecuencias que traerá “el internet de las cosas”. Para conectar todos los aparatos que tenemos en casa por señales wifi, hará falta desplegar 50.000 satélites, ahora hay orbitando unos 5.000, colocar repetidores y receptores cada 100, 200, metros en las ciudades, y cada 250, 500, en las carreteras. Aparatos que de forma milimétrica cubrirán con ondas electromagnéticas toda la faz de la Tierra, las 24 horas del día, el resto de nuestra existencia.

Ese despliegue, esa inversión, conociendo la historia de la humanidad, no se hace por nuestro bienestar, sino que lo que se busca es conocer al detalle cada uno de los movimientos que hacemos, con quien hablamos, lo que nos gusta o nos disgusta, y lo más peligroso de todo, con la capacidad de dirigir nuestro pensamiento. Ustedes dirán que eso no es nuevo, que ya lo hacen, pues lo que estamos viviendo será un chiste cuando estemos vigilados por toda la tecnología que tenemos en casa.

Pero lo más peligroso y delictivo del tema, es el riesgo para nuestra salud. Al estar irradiados a todas horas por ondas electromagnéticas, que según las empresas de telecomunicaciones son inocuas para el ser humano, pero que numerosos estudios científicos han demostrado que son las causantes de muchas enfermedades, de la pérdida de biodiversidad del planeta, y de los posibles peligros genéticos, mutaciones y malformaciones en los seres vivos, que se pueden derivar de ellos.

Lo que pedía Miguel Bosé con ese famoso y ridiculizado tuit, era lo que se está pidiendo desde la Plataforma Ciudadana Stop 5G creada a nivel mundial, que es una moratoria, para realizar los estudios necesarios que confirmen la inocuidad de esta tecnología, y sobre todo que se distribuya la información para que la gente pueda decidir si está dispuesta a convertirse en conejillos de indias, en poner su salud y la del planeta en riesgo, por tener acceso al segundo a internet, para que decidan por ellos y dirijan sus pasos.

A veces habría que escuchar al loco, al que dice lo que todos callan, al que levanta la mano cuando todos asienten, al que duda, al que critica, al que reclama su derecho a tener toda la información para poder decidir, al que pone su honor, su imagen, su credibilidad en riesgo sin ningún interés. Infórmate del 5G, indaga sobre cada una de las palabras de Miguel Bosé y luego decide a quien creer, porque si no lo haces ahora, llegará un momento que no será posible. 1984 ha llegado.

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