Escrito por JOSÉ VICENTE COBO

Algunas personas que han alcanzado una edad avanzada podrían argumentar: «Durante toda mi vida no me he preocupado de mis pensamientos ni tampoco de sus conte­nidos. Lo único que para mí ha tenido validez ha sido alcanzar lo que contri­buye a mi bienestar. He permanecido sano hasta la vejez. Me va bien». Sobre esto sólo se puede decir que des­pués de la vida terrenal todo continúa, pues la vida, que es Dios, no conoce inte­rrupción. El cosmos es infinito, y la pa­ciencia de Dios es la bondad, pero también la justicia.

 

El cosmos material se puede describir como un gran molino, en el que las rue­das se mueven según la ley de Siembra y cosecha. Como el cosmos material es grande, se puede decir que el molino de Siembra y cosecha va lento. A cada uno le deja mucho tiempo para que en su existencia alcance muchos valores es­pirituales, celestiales. A quien no lo quie­ra considerar así, tarde o temprano le llegará lo que ha sembrado, pues el moli­no de Siembra y cosecha contiene tam­bién la rueda de la reencarnación.

 

Gane para sí su alma en la juven­tud; esto significa: viva de tal modo que los valores de su existencia estén en con­formidad con lo más profundo de su al­ma, y usted alcanzará una vida valiosa y plena. Un hombre tal no envejecerá ni se hará senil, si no que se hará mayor de forma juvenil.

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