¿Ypor qué debería la Universidad estar al servicio de la sociedad?

Llevo ya demasiado tiempo oyendo que la Universidad tiene que estar al servicio de «la sociedad» y he decidido que ya tengo bastante de esta cantinela que se repite como un mantrasin pararse a pensar sus consecuencias. La Universidad no está al servicio de nadie y tampoco sus profesionales. Estar al servicio de «la sociedad» significa obedecer sus órdenes, estar siempre en espera de que alguien nos diga qué debemos hacer, cuándo y cómo. No lo acepto. No soy siervo de nadie o, dicho en latín, “non serviam”.

La Universidad es un motor intelectual. Nuestro trabajo consiste en analizar la realidad y proponer campos de estudio que guarden relación con ella, sea investigando o formando, porque ambas son tareas propias y necesarias. En una Universidad al servicio de «la sociedad», solo podríamos estudiar y enseñar lo que se nos ordenara y dejaríamos de ser un motor de desarrollo para convertirnos en un triste engranaje. El profesorado universitario tiene como misión formar y formarse, enseñar y aprender, enseñar a pensar y hacerse preguntas en libertad. Obedecer los dictados de «la sociedad» es castrar nuestro potencial y limitar nuestra tarea a lo que hay en vez de a lo que podría haber.

La sociedad… ¿De qué sociedad hablamos? La sociedad es una confluencia de intereses divergentes y muchas veces contradictorios. Si una parte de “la sociedad» definiera como prioridad, por ejemplo, idear nuevas armas y otra parte idear formas de acabar con ellas, ¿a cuál deberíamos servir? ¿A ambas o a una sola? Que se nos considere «al servicio de» nos podría llevar a tener solo los estudios que quiera una parte de la sociedad o a investigar solo aquello que le interese a la parte de la sociedad con capacidad para imponerse, o sea, a la buena sociedad. Frente a esto, yo digo que no estoy al servicio de la sociedad porque, siendo como soy parte de ella, no puedo ser a la vez siervo y amo. Nuestros presupuestos son, sin duda alguna, públicos y están para que cumplamos con nuestra función, que es la de ofrecer y desarrollar el servicio público de la Educación Superior. Si Galileo, Newton o Pasteur hubieran estado al servicio de la sociedad, quizá no habrían podido dedicarse a sus estudios. Habríamos ganado grandes teólogos, seguramente, pero habríamos perdido su capacidad de cambiar el mundo.

En estos 25 años de Universidad de Almería que ahora se celebran con oropel y alharaca, hemos formado a decenas de miles de personas, hemos producido millones y millones en inversión local, hemos recibido millones y millones en fondos de investigación. Y seguimos haciendo el trabajo para el que estamos: formar, investigar, proponer y abrir nuevos campos en el conocimiento. No podríamos si estuviéramos constreñidos a obedecer a «la sociedad». No. Esto lo hacemos porque somos parte de la sociedad, porque creemos en nuestro trabajo y porque tenemos libertad para desarrollarlo dentro de los límites que nos imponen las dotaciones presupuestarias, las decisiones de los órganos de control y nuestras propias capacidades.

Así que, no, ni por asomo estamos al servicio de la sociedad. Somos parte de ella y tenemos todo el derecho a reclamar que se nos trate como a iguales: no somos siervos de nadie ni esclavos de intereses ajenos. Somos la Universidad de Almería, prestamos un servicio público del que rendimos cuentas, formamos personas libres, no somos superiores a nadie ni tampoco tenemos que obedecer las consignas de nadie que nos considere inferiores, esto es, a su servicio.

Dejemos ya de repetir consignas vacías y propongamos ideas consistentes: eso es hacer Universidad.

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