Vida y Martirio de Tomás Valera

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Nace mi tío, Tomás Valera González, en la Calle Canalejas de la Villa de Sorbas el día  7 de octubre de 1918 en el seno de una familia de tradición Católica, siendo el segundo de los seis hijos habidos en el matrimonio de Horacio Valera Gutiérrez de Cabiedes y Mª Teresa González Crespo. Fueron sus hermanos: Juanita (fallecida al poco de nacer, Teresa, Ginés (mi padre, baloncestista y atleta destacado en los cuarenta), Luz y Ramiro, que murió joven en la postguerra. Su bautizo se celebró en la Iglesia Parroquial de Santa María, oficiado por el Siervo de Dios Fernando González Ros (mártir también en la persecución religiosa), siete días después, apadrinándolo sus abuelos maternos Ginés González y Mª Teresa Crespo.

 

Siendo destinado su padre como Administrador de la oficina de Correos en Sorbas, en esta localidad pasó los primeros años de su vida y cursó los estudios primarios en la Escuela pública, enseñándole las primera letras el Profesor  Eustaquio López Soriano.

 

Buen Cristiano, perteneció siendo niño al grupo de Tarsicios, dependiente de la Adoración Nocturna, que tienen como propósito formar a los infantes en la fe y hacer oración a Jesús en la Sagrada Eucaristía. Y poco antes de su detención, en la Juventud de Acción Católica, forma de apostolado creada por  Pío XI en la que los laicos se asocian para el anuncio del Evangelio, contribuyendo a la recristianización de las costumbres.

 

Con grandes cualidades para la música, su Maestro Pedro de Haro, conocido cariñosamente como “Perico”, le enseñó a tocar el clarinete y pronto formaría parte de la banda municipal de música que siempre acompañaba con gran devoción en todas las Semanas Santas a las imágenes que se procesionaban antes de la Guerra: Nuestra Señora de los Dolores, El Nazareno y al Patrón del Pueblo, San Roque, en sus fiestas del 16 de agosto.

 

Unos años después, mi abuelo Horacio pediría traslado a Almería para que estudiaran sus hijos y  aquí concluyó el Bachillerato mi tío Tomás, con 16 años, en el edificio que posteriormente albergaría a la Escuela de Artes y Oficios Aplicados de Almería. La familia se alojó en la casa propiedad de los Martínez-Godoy, con entrada por la Calle Gerona esquina Calle Real.

 

Fue una persona abierta, alegre, con ganas de vivir, “un castañuelas”, buen Cristiano y piadoso. Asistía a misa con mucha devoción a la Eucaristía y a la Santísima Virgen y hacía apostolado entre sus compañeros de Instituto. Al irrumpir la persecución religiosa, al tratar los milicianos de incendiar el templo en Sorbas, les espetó: “a la Iglesia no entra nadie porque yo me pongo por medio”.

 

Y precisamente este aspecto religioso de su vida fue el causante de su detención el 26 de agosto de 1936 al inicio de la Guerra Civil, con tan solo 16 años, en la pedanía  de Las Herrerías, de Cuevas de Almanzora, a la que había acudido a refugiarse a casa de sus tíos Miguel y Luisa Casanova después de pasar por Carboneras, ante los rumores de que había sido denunciado  por un compañero de estudios por “ser fascista peligroso con olor a cera” y significarse como joven Católico practicante. También acababa de publicarse en la prensa local la lista de los afiliados al Sindicato de Estudiantes Universitarios.  De allí salió encañonado con su tío, condenados y recluídos en la cárcel de “El Ingenio”, donde estuvieron presos dos años. Su tío sería trasladado al Hospital a causa de las dolencias por una úlcera en el estómago y allí murió.

 

Cuenta su hermana Teresa en la Positio sobre en su estancia en el presido la siguiente anécdota: “allí había gente de Almería y de otros lugares. Mi madre le llevaba todos los días la comida porque allí no le daban. Y mi hermano todos los días la repartía entre los que no tenían nada para comer. Mi madre se extrañaba porque él le decía que le llevaba poca comida. Después, por compañeros de prisión nos enteramos que repartía su comida con los que nada tenían”. Y su hermana Luz, testificó que “Él pudo decir en el juicio que no era Cristiano y librarse y sin embargo no lo hizo; se dejó matar”.

 

Al poco de ser nombrado en Almería el Gobernador Civil Eustaquio Cañas Espinosa, el día 3 de mayo de 1938 salió de la cárcel de “El Ingenio” una primera expedición de 301 presos políticos, con la misión de terminar las obras de la carretera de Turón a Murtas, de importancia estratégica para el aprovisionamiento de las tropas. En la expoliada Parroquia dedicada a la Encarnación, fueron recluidos todos estos cautivos y pasaron todo tipo de privaciones y vejaciones por los milicianos que los custodiaban mientras hacían trabajos forzados y remontaban “la cuesta de la amargura”.

 

El fatídico día de 20 de mayo de 1938, recién asesinado  el que fuera Alcalde de Almería José Alemán Illán, fueron a buscar a Tomás Valera a la brigada por su juventud, pues tan solo contaba con 19 años. Provisto de herramientas para dar sepultura al cadáver, cavó la fosa y  cuando se disponía a cubrir de tierra el cuerpo recibió un balazo en la cabeza que le hizo caer de bruces en la misma sepultura”. Un testigo ocular diría que murió al grito de ¡viva Cristo Rey!.

No siendo posible la identificación, sus restos fueron inhumados en el Mausoleo del Cementerio de San José. Además de  Tomás Valera, 7 Siervos de Dios murieron en Turón entre el 20 de mayo de 1938 y el 8 de junio: José Quintas; José Cassinello; Rafael García; Juan Moya; José Pérez; Francisco Salinas y Luciano Verdejo. El  25 de marzo se celebrará la ceremonia de beatificación de los 115 mártires de Almería incluidos en la causa ‘José Álvarez-Benavides y de la Torre y 114 compañeros muertos en odio a la fe”.

 

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