Totalitarismo mediático

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“La ética debe acompañar siempre al periodismo, como el zumbido al moscardón”. Gabriel García Márquez, hijo del exilio andalusí en Aracataca (Colombia).
El antaño  denominado ‘cuarto poder’ vive horas bajas. No por demérito de la práctica totalidad de los reporteros. Hacen lo que pueden cada vez más precarizados en su labor. Ni aún por la competencia de blogueros, tuiteros o media virtuales contrahegemónicos, que proliferan cual hongos por las redes sociales. Lo que subyace bajo esta catástrofe debería inquietarnos mucho más que al viticultor, si observa que los rosales frente a sus líneos de vides se mustian. Indican que la enfermedad, la muerte, acecha a todo el predio.
Sin Libertad de Prensa no puede existir democracia, ni siquiera un mísero simulacro. Al subordinar el oficio a poderes económicos en la sombra, o a gobiernos autoritarios, la sociedad misma está condenada. Lo vemos a  diario en dictaduras militares o despotismos del llamado Tercer Mundo, donde se reprime a los comunicadores. Se les hace ‘desaparecer’, encarcelados, torturados, asesinados… por millares. Héroes que el Estado silencia. Semillas pisoteadas de frondosos árboles futuros, de inapreciable valor, perdidas para siempre. Nuestra deuda con ellos carece de límites.
Resulta extraño, por el contrario, en sociedades ‘occidentales’ de no tan perversa brutalidad sistemática como las subdesarrolladas, el cínico desprecio a un código deontológico inherente a ese abnegado trabajo. Por parte de muchos de los mismos que viven de él, y por falta de exigencia de las acríticas víctimas de la creación de artificiosos ‘estados de opinión’. No sólo para condicionar gustos, modas o tendencias. El peligro máximo viene del fraudulento y criminal uso de los media para depuraciones ideológicas, de la más variada índole. Llegados a este punto, los métodos de la Inquisición no se hallan lejos.
Al hacer memoria sobre los grandes genocidios de la historia reciente, no resulta difícil encontrar a los instigadores de las barbaries. Recordemos las racistas campañas propagandísticas para satanizar a los judíos, en la tiranía hitleriana, planificadas desde el Ministerio de Goebbels. O los exterminios de negros cristianos hutus contra los tutsis de la misma confesión, matados a machetazo limpio por centenares de miles, mientras la radio local azuzaba a la población para aniquilarles (el Tribunal de La Haya llegó a procesar a algunos de aquellos locutores de la Radio de las Mil Colinas). O los años de plomo en Euskal Herria, cuando nos presentaban a todos los vascos de potenciales terroristas, según inescrupulosos media… y un cúmulo de monstruosidades de prolija enumeración.
Focalizar la mayoría de los medios de información una única noticia definida, reiterada ad nauseam, enmascarando otras no menos relevantes, o difundir banalidades -no sólo futbolísticas- otorgándoles preponderancia, no pocas veces sirve para ocultar espantosos delitos de muy superior envergadura. Igual que de la noche a la mañana Pedro Sánchez parece que se ha volatilizado de la faz de la tierra, si la ‘Brunete mediática’ se pone en marcha también puede suceder lo opuesto. Los que vivieron el final de la última dictadura se acordarán de la utilización del fenómeno de El Lute, un simple quinqui en esos grises años convertido en Enemigo Público Nº 1, para camuflar las atrocidades de la policía franquista contra la disidencia. O lo de ahora, muchísimo peor, fabricar el espantajo de inmigrantes diabolizados, con objeto de impedir flujos interculturales, encubrir su inmisericorde explotación, o que no se mezclen con las mujeres locales por puro odio segregador; o para que los cultos religiosos predominantes en cada lugar sigan detentando la primacía, por la vía xenófoba del miedo al otro programada, en vez de competir en generosidad y en buenas obras.
Por eso debiera asquearnos el reprobable espectáculo del nulo rigor en las prelaciones noticiables, hecho que denota la ausencia de ética en muchos ‘profesionales’ del trampantojo informativo, a las órdenes de neofalangistas cebrianes sin escrúpulos. Rasgamientos de vestiduras teatralizados cuando se trata de demonizar, con cualquier excusa, al político de la oposición que carece del respaldo de ‘lobbies’ financieros, solapando a un tiempo expolios perpetrados por los fieles al nacionalcatolicismo gubernamental. Incitaciones encubiertas al odio hacia las minorías, con el subterfugio de montajes parafascistas. Dar cobertura a conflictos extranjeros a la carta, según conveniencia de trusts, al mandado de los gerifaltes de turno. Espirales de silencio. Constructos de ‘realidad’ falaces. Sesgos malintencionados reveladores de espurios intereses. Tendenciosidad mezquina según el objetivo a cubrir tenga respaldos sectario-mafiosos, o bien se representa al contrario como insignificante mosca cojonera, a la que desacreditar o aplastar. Costosas maquinarias de publicitación de partidos hegemónicos pagadas con los impuestos de todos, incluso donde la pobreza reina, como en Andalucía. Manifestaciones de protesta execradas o ninguneadas. “Lo que no se publica no existe”, llegaría a dictaminar sin ambages Luís Mª Anson, expresidente de la Agencia EFE (“con F de Falange”, afirmaba).
Llamamos a la ciudadanía al más enérgico boicot, individual u organizado, a cuantos atenten contra los Derechos Constitucionales -de toda Constitución- a la Libertad de Conciencia y Expresión, e impidan el pluralismo informativo, sobre todo a las empresas que represalien a periodistas discrepantes, a los no sumisos ante ‘poderes fácticos’ soterrados.
Podréis ‘matar al mensajero’, aplastar las flores con vuestra arrogancia homicida. Pero entonces, adversarios de lo humano, de la vida, significará que ya no estaremos aquí. Porque os combatiremos en todos los frentes, sin descanso, tregua ni cuartel por Andalucía libre, los Pueblos y la Humanidad, hasta nuestro último aliento…

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