Tormenta policial en Garrucha

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ADOLFO PÉREZ LÓPEZ
ADOLFO PÉREZ LÓPEZ

Mal asunto es lo que publican los medios de comunicación sobre una reyerta habida hace pocos días entre dos policías locales de Garrucha. Al parecer llegaron a las manos en la armería municipal y según se dice el agredido acudió al servicio médico de urgencias a fin de ser atendido por las presuntas lesiones recibidas, para después denunciar a su agresor en el cuartel de la Guardia Civil. Denuncia que por lo visto fue retirada más tarde. Se trata de un suceso tan lamentable que esperemos que no se repita.

   A raíz de conocerse la pelea entre los dos policías locales, el ex alcalde Juan Francisco Fernández ha hecho unas demoledoras declaraciones sobre la plantilla de la Policía Local de Garrucha, que dichas por la persona que hasta hace quince meses y durante ocho años ha sido su jefe son preocupantes y merecen ser tenidas en cuenta. En la entrevista el ex alcalde se despacha a modo, sin tapujos, dejando constancia del pésimo concepto que tiene de la mayor parte de los policías locales de Garrucha, muy politizados, según dice. Y llega hasta poner en cuestión el grado de desempeño de su función policial al afirmar con toda claridad que “cuanto más lejos estén de los problemas, menos problemas habrá”, y añade: “Si un pueblo no puede confiar en su policía, ya me dirá usted el crédito que puede tener ese cuerpo”. Semejantes juicios de valor se comentan por sí mismos.      

   El ex alcalde Juan Francisco se explaya en diversos aspectos del régimen interno de la plantilla, revelando así el pésimo ambiente que se respira en el seno de la misma. Pésimo ambiente que es fruto, según dice, de la gestión que lleva a cabo el jefe de la Policía Local sobre el que pone el acento, y cita como prueba la pelea entre los dos agentes, de forma que la armonía que debe presidir la relación entre los miembros del cuerpo policial se ha dividido en banderías con escasa o nula empatía entre ellas, lo que es una pésima noticia.

   Según dice Juan Francisco, el jefe de la Policía Local es un activo militante socialista, ferviente conseguidor de votos para el PSOE. Al respecto cabe decir que para nada es bueno que los funcionarios municipales se distingan en la contienda política y electoral de los partidos en los municipios pequeños. El sentido común aconseja que lo acertado es mantenerse al margen por razones harto comprensibles. También dice que incluso dentro del partido el jefe de la Policía Local ha pretendido imponerse a la propia alcaldesa como si de iguales se tratara, o sea, con el trato propio de los compañeros socialistas. Cuesta creer que la alcaldesa asuma el quebranto de su autoridad por parte de su subordinado. Claro que a veces sucede que quien manda se subordina al subordinado.

   Como contrapunto a lo dicho sobre la forma de conducirse de los policías, Juan Francisco habla de sus retribuciones y afirma que todo les parece poco, lo que no es una novedad, y aclara que hace poco se ha debido inyectar liquidez en la partida de personal para hacer frente a los pagos por los servicios prestados fuera de la jornada laboral, lo que es normal si esos servicios cuentan con el control del equipo de gobierno, junto con el visto bueno del interventor, garante de que se cumpla la legalidad vigente. Asimismo, sería preciso que la alcaldesa cuidara para que el reparto de esos servicios sea equitativo a fin de que todos se beneficien en igualdad de esos complementos retributivos, cosa que parece que no se cumple.

   La pelea entre los dos policías y lo que cuenta el ex alcalde en la entrevista, más las secuelas de la infamia que los socialistas pretendieron cometer contra los policías Ramón y Antonio, cosa que no lograron rematar pero sí pagaron el intento en las elecciones locales de 2007, son signos que indican la existencia de un ambiente policial enrarecido, campo de cultivo para que anide la no deseable discordia. Son realidades que están ahí, sin que sepamos su grado de influencia en la convivencia y el servicio. El tiempo dirá como evoluciona la cuestión.

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