Mojácar acondiciona el cementerio para el Día de los Santos

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El Ayuntamiento de Mojácar, a través de la Concejalía de Obras, ha terminado los trabajos de repaso en el Cementerio de la localidad que, con motivo del día de Todos los  Santos, se realizan en estas instalaciones.

Aunque las labores de mantenimiento y jardinería se van efectuando a lo largo de todo el año, siempre se pone especial incidencia en días tan señalados, donde la tradición marca la vista obligada a los seres queridos que ya no están entre nosotros.

El Cementerio de San Agustín se trasladó en 1921 desde su anterior emplazamiento, en la zona de la Fuensanta, hasta la Era del Lugar, donde se encuentra en la actualidad.

Dispone de una superficie de 11.770 metros cuadrados, distribuidos en módulos, con  calles de piedra y jardinería. Respeta la fisonomía característica del antiguo cementerio mojaquero que, a diferencia de otros modelos arquitectónicos funerarios, es de planta cuadrada, ajardinada en las zonas centrales, y parques de arbolado.

Destaca, a demás de la jardinería, el atento cuidado y mantenimiento  de todo el recinto que lo convierte en un lugar doblemente especial. Esmero y preocupación que se ha incrementado en estos últimos años en la funcionalidad de las instalaciones y accesos.

Cerca de mil trescientas personas reposan en el cementerio de Mojácar. Ha sido necesaria realizar ampliaciones sin perder en ningún momento su aspecto ni sus características. Las nuevas tendencias funerarias y las preferencias sobre la incineración, hizo que el Ayuntamiento de Mojácar también se viera en la necesidad de construir un columbario donde depositar las cenizas de los fallecidos.

Entre la paz y belleza de las instalaciones del Cementerio de San Agustín, se esconde, un poco también, la historia de la propia Mojácar. Con la misma armonía y naturalidad que en vida se cruzaron las dispares tradiciones y costumbres de los que allí reposan, se entremezclan igualmente símbolos, lápidas e inscripciones  que familiares y amigos han dejado como testimonio póstumo de una Mojácar, única e irrepetible, que ni el tiempo puede borrar.

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