Marina Álvarez afirma que la nueva Estrategia de Seguridad Alimentaria persigue garantizar “el máximo nivel de protección de la salud de la población”

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La consejera de Salud, Marina Álvarez, ha afirmado hoy en Sevilla que la Estrategia de Seguridad Alimentaria para Andalucía persigue garantizar “el máximo nivel de protección de la salud de la población”. Así, durante la jornada de presentación de este documento, aprobado en septiembre por el Consejo de Gobierno, ha puesto en valor que la Estrategia sea fruto de fuertes alianzas “que permitan lograr el equilibrio entre los legítimos intereses empresariales y los derechos ciudadanos”. La consejera ha estado acompañada por la secretaria general de Salud Pública y Consumo, Josefa Ruiz, el secretario general de Agricultura y Alimentación, Rafael Peral, la directora general de Salud Pública, Remedios Martel, y el subdirector de Protección de Salud, Jesús Peinado.

La consejera asiste en Sevilla a la jornada de presentación de este documento que compromete a todos los sectores de la cadena alimentaria en un modelo integrado de intervención y desde la perspectiva ‘de la granja al tenedor’.

La Estrategia plantea una respuesta integrada al compromiso que adquirió el Gobierno andaluz en el IV Plan Andaluz de Salud, como es “proteger y promover la salud de las personas ante los efectos del cambio climático, la globalización y los riesgos emergentes de origen ambiental y alimentario”, según Álvarez, quien ha añadido que se trata de “un proyecto largamente esperado, que servirá de marco orientador a medio plazo para las intervenciones en seguridad alimentaria en Andalucía”.

Álvarez ha asegurado que las crisis de seguridad alimentaria vividas en las últimas décadas han puesto de relieve que “la globalización y las nuevas tecnologías afectan a la inocuidad de los alimentos, a través de una compleja interrelación de factores, que aumentan los riesgos de origen biológico, químico y físico”. Por ello, la Estrategia trata de responder a los nuevos retos asociados a la alimentación, así como a su uso inadecuado y los graves riesgos para la salud que ello conlleva.

Durante su intervención, Álvarez ha subrayado que la Estrategia es fruto de un trabajo realizado con una importante participación de todos los sectores implicados en la cadena alimentaria, como son asociaciones científicas y organizaciones de consumidores, así como representantes de los sectores agroalimentario y de la restauración, junto a distintos departamentos del Gobierno andaluz. A todos estos agentes ha querido agradecer su implicación y compromiso con la salud, así como la “generosidad para compartir conocimiento y amplitud de miras para incorporar nuevos cometidos en la seguridad alimentaria, para dar respuesta a los nuevos retos asociados a la alimentación”.

Estas alianzas con la ciudadanía, los operadores económicos y otros organismos que intervienen en la cadena alimentaria son “colaborativas, estables y de largo recorrido”, según la titular de Salud, quien ha puesto como ejemplo la estrecha colaboración que existe con la Consejería de Agricultura, departamento muy comprometido con este proyecto.

“Estamos ante un proyecto ambicioso, muy ilusionante, que asume los retos de la nueva salud pública desde un posicionamiento proactivo, de anticipación, promoción y mejora del bienestar de las personas y responsables de las propias empresas elaboradoras de alimentos”, ha enfatizado la consejera de Salud.

Sistema Andaluz de Seguridad Alimentaria

La consejera ha asegurado que esta Estrategia “compromete a todos los sectores de la cadena alimentaria en un modelo integrado de intervención, desde una perspectiva conocida como ‘de la granja al tenedor’, a través de la creación del Sistema Andaluz de Seguridad Alimentaria, el primero de estas características a nivel nacional”.

El objetivo principal de este Sistema es garantizar la orientación de las políticas hacia la protección de la salud en todos los eslabones de la cadena y posibilitar la coordinación entre ellos, dada la transversalidad de la seguridad alimentaria. Asimismo, habilita instrumentos directos de comunicación, transparencia y rendición de cuentas para situar a la ciudadanía en el centro del sistema y facilitar su participación.

Marina Álvarez ha explicado que Andalucía no parte de cero en este ámbito, pues ya desde 1981, año en que la comunidad autónoma asume las competencias en las políticas de seguridad alimentaria, se ha venido adaptando los clásicos modelos de inspección y control a los nuevos paradigmas, “con un trabajo constante, difícil y comprometido de todas las partes involucradas, hasta disponer de una buena estructura funcional, un buen cuerpo de conocimiento y un conjunto de procesos de calidad, que nos permite su aplicación de manera homogénea en todo el territorio”.

Es por ello, que la Estrategia “llega en un buen momento”, en palabras de Álvarez, ya que “la organización se encuentra bien preparada para asumir las prioridades que nos plantea el futuro a medio plazo, situando a la ciudadanía en el centro del sistema”.

Características de la Estrategia

La Estrategia de Seguridad Alimentaria de Andalucía incluye medidas de simplificación de trámites administrativos para las empresas, así como de fomento de los mecanismos de autocontrol, vigilancia de la calidad nutricional y promoción de las alianzas entre administraciones, ciudadanía y los operadores económicos.

En este sentido, presta especial atención a garantizar la veracidad de la información que se ofrece sobre calidad nutricional y posibles propiedades saludables y establece un seguimiento prioritario de las denominadas “declaraciones nutricionales” y “alegaciones saludables”, es decir, los datos con que se presentan ciertos productos como poseedores de una propiedad adicional beneficiosa para la salud o la nutrición.

La Estrategia también actualiza el ámbito de las inspecciones y controles oficiales completando la acción de policía sanitaria con otras medidas dirigidas a la autorregulación, la colaboración y el fomento de las responsabilidades compartidas. En este ámbito, se da prioridad a la vigilancia de la calidad nutricional, la prevención de las enfermedades transmitidas por algunas comidas, el fomento de los hábitos saludables y la incorporación de nuevos controles para garantizar que los alimentos no sólo sean seguros, sino también adecuados desde el punto de vista de la salud.

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