La guerra contras los perros

Me encontraba esta mañana tomando café en Almería cuando un camarero me ha llamado la atención para que leyera la noticia de que se había organizado una unidad policial en Roquetas de Mar para perseguir a los dueños de perros que no limpien las cursimente llamadas heces, respetuosamente denominadas cacas y vulgar e históricamente mierdas. Ciertamente las autoridades municipales que han emprendido una batalla contra los perros no están exentas de toda razón, pero también es verdad que la razón se encuentra en el punto medio y no en los extremos.

Hasta hace algún tiempo los perros se tenían como guardianes de las viviendas y para contribuir al sustento familiar mediante la caza, pero la sociedad ha evolucionado y ahora los perros se tienen en las casas en gran número de casos para paliar estados psicológicos cuando no enfermedades mentales, con lo que los dueños de los perros rozan la enfermedad cuando no la poseen claramente. Espero no se me entienda mal con atribuir a muchos dueños de perros contar con alguna situación de inestabilidad, lo que no resulta nada extraño porque el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Lo que pretendo con este matiz histórico en la propiedad de los perros es atraer la atención de nuestros alcaldes para que sean algo más sensibles con los dueños de los perros y que no sean tratados como insociables sino más bien como personas sensibles que encuentran en sus perros una parte de su vida personal.

Roquetas de Mar no es el primer municipio en fijar una posición contra los dueños de los perros pero sí se ha convertido en la más rigurosa al crear una unidad canina en la Policía Local para luchar contra las heces de los perros y equipararlos potencialmente a encontrarse fuera de la Ley, lo que llama poderosamente la atención cuando es el segundo municipio español con mayor número de delitos tras Torrevieja, y cuenta, por ejemplo, en su carril-bici con tramos sumamente peligrosos para los ciclistas y para cuantos lo invaden. Creo sinceramente que esta acción política correrá la misma suerte que el uso exclusivo del carril-bici por los ciclistas, el depósito a última hora del día de la basura o la limitación de la velocidad por vehículos, ya que en un año preelectoral como es el actual y el próximo no debe sentarle muy bien a una persona, a la que le han aconsejado médicamente que tenga un perro, tener que pagar 25.000 pesetas de antaño (150 €) por haberse olvidado en casa o no haber comprado una bolsa al hacer la compra para recoger la caquita de su perrito. Y ello sin saber donde llevar a su perro para que haga sus necesidades fisiológicas al no contar el casco urbano y las urbanizaciones con áreas donde el perro pueda defecar libre y solitariamente.

En Mojácar me contaban este verano que la alcaldesa ha vuelto a poner un tramo de playa para que la usen los perros, ya que han sido muchos los visitantes que han acudido durante sus vacaciones con sus perros y no los han abandonado como ocurría en épocas vacacionales. El gesto ha sido muy aplaudido tanto por los dueños de perros como por vecinos en general.

Al hilo del comentario sobre la unidad policial se me indicaba satisfactoriamente la construcción de un parque canino en Almería, gesto que al parecer ha tenido una gran acogida social y que muestra la sensibilidad del Equipo de Gobierno en torno a los perros, que en vez de perseguir a sus dueños han optado por aliarse con ellos y brindarles un espacio para que hagan sus necesidades fisiológicas. Y a buen seguro que los resultados serán infinitamente mejores que si hubieran optado por la represión.

Por su parte, en Garrucha se ha optado por una tercera vía que ha consistido en el insulto y la descalificación del dueño de perros que no llevan la bolsa, para frustración de hipermercados que habían encontrado a algunos Ayuntamientos en sus aliados, y no saben donde llevar a los perros para que hagan sus necesidades porque no existe espacio alguno dedicado a estas tareas, por lo que acuden al frondoso Paseo Marítimo para que allí las hagan. Siendo conscientes de que se llevan los perros al Paseo Marítimo para estos menesteres resulta llamativo que no lo desinfecten para extinguir los posibles parásitos que puedan generarse en estas zonas.

En fin, a tenor de lo expresado pienso honesta y sinceramente que las autoridades municipales deberían ser más sensibles al tratar el supuesto problema que generan los perros porque, como he dicho al principio ya no son guardianes ni cazadores sino mitigadores de estados anímicos, los dueños necesitan de su compañía en gran número de casos para conseguir una calidad de vida mejor. Y en cualquier caso deberían tener en cuenta las autoridades municipales que se consigue más y mejor buscando la complicidad ciudadana que no considerándola como potencial delincuente al estar situándose fuera de la Ley.

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