La descomposición del PP

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El PP ha vuelto a pasar otro día horribilis y ciertamente son muchos los que se vienen sucediendo pese a la advertencia del Presidente Honorífico, José Mª Aznar, lo que no hace más que presagiar lo que los actuales dirigentes se niegan a ver.
Yo vengo sosteniendo, como así lo saben los amables lectores que distraen su tiempo en este espacio periodístico, que en el Partido Popular se hace archinecesaria una refundación. Cuando comencé a decirlo se me acusó, siguiendo fielmente el manual del buen samaritano, de ser un resentido, pero la verdad es que al PP lo ha absorbido la corrupción en su clase política dirigente, algunos miembros de la misma no han tenido empacho en crear escuela sosteniendo que “en la política no existe la honradez”.
El Partido Popular, como también he expresado en alguna ocasión, estaba concebido bajo de denominación Partido Conservador para ser la encarnación de la refundación de Alianza Popular, una vez que AP se dividiera y UCD desapareciera. El error, desde mi punto de vista, fue dotar a la nueva organización política de un ideario materialista con la excusa de homologarlo a Europa cuando Alianza Popular fue un Partido Político humanista inspirado en los principios de la religión católica al ser la mayoritaria y tradicional en España.
Desde ese momento, el flamante Partido Popular se convirtió, desde mi humilde punto de vista, en una organización empresarial de carácter político y consecuentemente su dirección viene siendo lo más parecido al Consejo de Administración de una Sociedad Anónima.
Creo que el amable lector, al que agradezco muy sinceramente distraiga su tiempo en este espacio periodístico, entenderá que de la época en la que estoy situando el comienzo de la crisis de valores en el PP poseo un conocimiento de causa exhaustivo. Y de esta etapa de actividad política, en la que modestia aparte fui el Presidente Provincial de Partido Político parlamentario más joven de España y durante la que se me ofreció concurrir a unos comicios electorales en tres ocasiones, solo conservo orgullo por la confianza en mí depositada y satisfacción por la experiencia adquirida, de la que aún se me honra con reseñas históricas que agradezco muy sinceramente pese a discrepar con alguna de ellas por su manifiesta intencionalidad.
Pues bien, considerándome disculpado por este inciso personal que espero ampliar en un ensayo, el PP perdió sus principios ideológicos con la excusa de ampliar su base electoral que le condujera al Gobierno de la Nación, comenzando de este modo su carrera por la senda de la corrupción en sus filas. Y por esta senda perdió también sus valores y con ellos la clase social que en ellos se inspiraba, pasando desde las ‘personas de bien’ a harapientos personajes que concibieron la actividad política como un medio para conseguir lo que en la actividad privada nunca hubieran podido alcanzar.
El resultado fue que cualquier epíteto que se le atribuyera quedaba por debajo de la realidad, y a su inspirador se le comenzó a atribuir un conocimiento que condujo al sepulcral silencio del calificado. En época de abundancia casi todo es admisible, pero en las etapas de escasez la imaginación se convierte en una poderosa arma para combatir los potenciales agravios y el resultado fue que el PP se convirtió en el principal objetivo de la indignación popular que provocó la corrupción política y aumentada por la defensa a ultranza que de ella hacía en su negación de la mayor cuando se trataba de una evidencia.
No solo la corrupción ha sido el principal motivo que ha lapidado al PP sino los comportamientos añadidos en el trato con las clases sociales media y baja, llegándose a tener comportamientos propios del nazismo. De este modo está circulando la especial popular de que Franco mataba con un tiro en la nuca y el PP lo hace provocando un infarto, con el añadido de la negativa a condenar la dictadura de Francisco Franco, ‘Caudillo de España por la gracia de Dios’, a los 50 años de su muerte, cuando en Alemania está prohibido hacer proselitismo del régimen de Adolfo Hitler. En fin, el eslogan de Don Manuel Fraga ‘España es diferente’ alcanza en esta etapa todo su vigor.
Abordar la situación derivada de ese estado interno con la falsa renovación que supone el fichaje de una persona joven indigente para presentarlo como un alarde de renovación política y pretender utilizar a la Justicia sin que nada se mueva en el seno de la organización poítica solo conduce a lo que está conduciendo, como es que a algunos dirigentes les de vergüenza ser del Partido Popular y por consiguiente a la refundación del PP como la hubo en Alianza Popular, cuando los procuradores dieron paso a la juventud que hizo la Transición Política desde una segunda o tercera fila, aunque el error señalado haya abocado al Partido a una segunda refundación.

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