Intervención del Secretario General de Agricultura y Alimentación Rafael Peral en El Ejido

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Buenos días, en primer lugar quiero agradecer a La Voz de Almería que me haya invitado a esta jornada, creo va a ser muy interesante.

Generosamente, mi ponencia cuenta con un título muy abstracto, que me iba a permitir hablar de lo que quisiera, pero precisamente esa indefinición ha hecho que me haya costado mucho preparar esta intervención.

La primera parte del título, la agricultura andaluza, nos lleva a algo que no existe, es decir, una única agricultura. Si hay algo que define a este sector en nuestra comunidad es precisamente su diversidad, con realidades muy diferentes. Mi posición en este momento es de privilegio, pues me permite trabajar para sectores que no tienen nada que ver los unos con los otros, pero que me ofrece también tener una perspectiva diferente para poder abordar los problemas e intentar trasladar experiencias y soluciones de unos a otros.

Como un ejemplo de esa gran diversidad os planteo una rápida foto de dos agriculturas muy diferentes. Por un lado, el olivar, un cultivo extensivo, a veces de secano, permanente, que ocupa una gran superficie, con una gran capacidad de fijación de carbono. Por otro lado, nuestro modelo productivo, las hortalizas en invernadero, concentrado en poco espacio, con un uso muy eficiente de los recursos y muy orientado al mercado. El primero ocupa 1,56 millones de hectáreas en Andalucía, con un valor de la producción agraria de 2.321 millones de euros. El segundo ocupa 35.300 hectáreas. (Almería y Costa granadina) y genera una producción de 2.326 millones de euros. Dos realidades y el mismo resultado.

Un economista muy probablemente se inclinaría por este último modelo, donde prima la eficiencia, sin embargo, un ambientalista optaría por el primero, con muchos más beneficios de carácter social o ambiental. La conclusión es que son dos modelos tan diferentes, que no se pueden comparar, no hay uno mejor que otro.

Nuestra mentalidad de almerienses nos lleva muchas veces a cuestionar el olivar, como si fuera nuestro competidor, como si sus ayudas nos las quitaran a nosotros. Sumad a las hectáreas de olivar el millón de hectáreas de la dehesa. Qué pasaría en Andalucía si desaparecieran? Seríamos un extenso desierto, físico y social.

Esa agricultura extensiva se enfrenta en los próximos años a una revolución tecnológica en toda regla. Vosotros no vais a vivir ese salto porque la tecnología forma ya parte de vuestros negocios, pero para ellos el cambio va a ser brutal. La agricultura es el futuro y así lo están viendo grandes fondos de inversión y países que están haciendo compras masivas de tierras agrícolas por todo el mundo.

Pero creo que lo verdaderamente relevante en este ámbito es hablar sobre alguno de los retos a los que nuestro sector hortofrutícola tiene que enfrentarse en los próximos años y explicaros algunas de las cuestiones que se están poniendo en marcha para hacerles frente o que debemos poner en marcha.

Dentro de la acción de la Consejería estamos elaborando en estos momentos una Ley, la Ley de Agricultura y Ganadería, que pretender responder a los retos del sector en los próximos años, por lo que me vais a permitir que también haga algunas referencias a la misma a lo largo de la charla.

Mi participación esta mañana la voy a centrar en los dos retos fundamentales a los que se enfrenta en estos momentos la agricultura, también la nuestra: la rentabilidad y la sostenibilidad. Ambos se expresan de forma diferente según las distintas “agriculturas” que hay en Andalucía.

La horticultura almeriense está en permanente crisis, pero seguimos creciendo en superficie, en exportación y somos ejemplo para muchos. Hoy está en Almería un grupo de cooperativas de Cádiz que quieren conocer algo más de nosotros. Para que os hagáis una idea, allí tiras una cáscara de pipa al suelo y nace un girasol. He dicho bien, no la semilla, la cáscara. Sin embargo, parece que esa escasez de recursos que hemos tenido siempre, esa falta de infraestructuras, en suma, todas las dificultades a las que os habéis enfrentado son las que precisamente nos han hecho como somos: competitivos.

Ése es probablemente el secreto de vuestro éxito. Creo que este modelo ha tenido una capacidad de adaptación admirable, ha sido capaz de hacer frente a retos colectivos de gran envergadura y superarlos, en algunos casos saliendo incluso reforzado. Y esto se ha conseguido gracias a esfuerzos propios, de aquí, no ajenos.

Partiendo de la rentabilidad, quiero hablaros un poco de concentración. Durante muchos años he escuchado que el problema más importante en Almería era la concentración de la oferta, que esa disgregación era lo que evitaba que contáramos con mejores precios, era como el bálsamo de fierabrás. De hecho, en los últimos años los números demuestran que esa concentración se está produciendo, contando con empresas de un nivel aceptable, sin embargo, esto no ha tenido traducción en los precios, salvo que lo que hayan contribuido sea a que no caigan más.

Llevemos al extremo la idea de la concentración, imaginemos un sector con dos o tres grandes grupos, ¿se acabaría la “guerra del céntimo”? ¿se produciría concertación de precios? ¿lo permitiría competencia? ¿cuál sería nuestra posición respecto a la distribución? ¿quién se beneficiaría más, las comercializadoras o los agricultores? Demasiados interrogantes. Creo que la concentración es buena, pero no en sí misma. Por mucho que nos concentremos nunca llegaremos a “hablarle de tú a tú” a la distribución. Contar con grupos más grandes lo que nos debe permitir es tener mejor fortaleza financiera, poder desarrollar programas de innovación, acceder a la mejor tecnología, atender de manera más amplia y eficiente a los mercados, optimizar costes, etc. Y todo ello junto nos permitirá obtener mayor rentabilidad, pero para ello no debemos olvidar que tenemos que hacer partícipe al agricultor, no se nos puede quedar descolgado. En los sectores donde la “industria” es muy fuerte lo que ocurre es que se añade un punto más de presión, salvo que esta “industria” adquiera un modelo de cooperación.

En los próximos meses vamos a poner en marcha varias iniciativas destinadas a la cooperación que anunciaremos en su momento. Formando parte de este paquete de medidas se encuentra la posibilidad de constituir nuevas agrupaciones de productores en el ámbito de la comercialización bajo subasta. A esto le vamos a unir en breve la definición de la figura de entidad asociativa prioritaria regional cuyo decreto ha iniciado su trámite en estos días, más otras medidas de incentivos que vamos a poner en marcha. El otro día, cuando la presidenta anunció el modelo de creación de Organización de Productores por parte de los agricultores que comercializan en alhóndigas alguien dijo que esto iba en contra de la concentración. Es posible, pero sí es cierto que la aumentará a nivel de los agricultores, pues los que iban a actuar individualmente ahora lo harán conjuntamente.

Así, la concentración no solucionará el problema de los precios, pero sí es cierto que puede contribuir a ello. Todos los años tenemos en Almería episodios de precios bajos, que duran un tiempo o que se centran en determinados productos. La ventaja de nuestro mayor tiempo de producción y la importante diversificación dentro de los cultivos típicos es que se producen situaciones muy diferentes, que, a nivel global, pueden compensar unas a otras. Es decir, es habitual que en una campaña haya agricultores que lo pasen mal y otros a los que le vaya bien, según hayan tenido mayor o menor acierto o suerte en los cultivos elegidos, los tiempos de recolección o el manejo del cultivo. Sin embargo, es cierto que la tendencia global, general, no es al alza. Crecemos en producción, pero no crecemos en precios. Este aumento de la producción está manteniendo la rentabilidad, pero no es suficiente para el futuro.

Un aumento del precio recibido por el agricultor debe venir por una mejor distribución dentro de la cadena o porque el consumidor esté dispuesto a pagar más por su producto. Ambas cosas son posibles.

Es difícil de explicar por qué un producto fresco, que no sufre transformación, puede llegar a tener variaciones tan elevadas desde que sale del invernadero hasta que lo consume el cliente. El coste de manipulación, logística y las mermas no justifican las diferencias. Esta variación puede tener muchas explicaciones, pero no todas son convincentes. Hay que hacer un esfuerzo por trabajar desde una perspectiva de cadena alimentaria, sentando a la mesa a productores, comercializadores, distribuidores e incluso consumidores y poner las cartas boca arriba. El enfrentamiento, la lucha con la distribución no nos va a llevar a una solución. La cooperación y el conocimiento de los canales y del consumidor nos puede llevar a encontrarla. En nuestra Ley de Agricultura hemos querido potenciar esta visión de cadena sentando en una mesa a todos los eslabones, dando cabida en las interprofesionales a la distribución comercial, luchando contra prácticas abusivas o trasladando más responsabilidad a la distribución respecto a la calidad del producto que está vendiendo. No se trata de machacar a la distribución, sino de colaborar con ella y buscar un objetivo común. Os necesitáis los unos a los otros.

Un reglamento o un decreto no va a solucionar el problema de los precios. No estamos en una economía planificada donde el estado marca los precios y, por tanto, la competitividad de los sectores. Los precios los pone el consumidor, eligiendo nuestro producto porque le da algo a cambio: salud, disponibilidad, sabor, evocación, patriotismo, etc. Tenemos que convencer al consumidor, no al distribuidor. Y el problema es que estamos muy lejos de él. No lo conocemos y no tenemos interés por hacerlo.

Fuera de la cadena agroalimentaria, otra opción está en la diferenciación, en acceder a segmentos de mercado donde el cliente está dispuesto a pagar un poco más. Éste es el caso de las “especialidades” que están llevando a la producción hortícola de Almería a contar con una variedad muy amplia dentro de la corta gama de productos que cultivamos. Al final se trata de adaptarse más a lo que el consumidor quiere.

Un ejemplo de esto es el ecológico, que en los últimos años está teniendo un auge muy importante. La producción ecológica es compleja, pero ciertamente en estos momentos está consiguiendo compensar esta complejidad con un precio mayor, es un cultivo rentable hoy día.

En Andalucía hemos aprobado recientemente el III Plan Andaluz de Producción Ecológica (PAPE), con el que queremos consolidar la posición de liderazgo de nuestra región y promover el consumo interno, que se encuentra en niveles muy bajos. En ese mismo Plan recogemos también la necesidad de reforzar los sistemas de control. El crecimiento esperado y nuestra posición de líderes nos lleva a tener que ser más rigurosos en el control. Estamos trabajando en un decreto que dará un rango normativo a la producción ecológica y a su control, atendiendo a las especificidades de nuestra región. Queremos que el productor de ecológico sea una persona convencida y consciente del impacto que puede tener un error o un fraude en su actuación, un impacto que va más allá de que le retiren el certificado, pues puede perjudicar a un gran número de agricultores. La producción ecológica es hoy una opción viable económicamente, con un mercado en crecimiento, pero hay que asumir una responsabilidad.

A esta apuesta de los productores debemos responder las administraciones, con ayudas públicas, pero también con celeridad administrativa. En cuanto a incentivos, el PAPE cuenta con un presupuesto de 300 millones de euros. Tan sólo en este año se van a comprometer incentivos por 208 millones de euros, con un incremento presupuestario de 45 millones de euros. Respecto a la celeridad administrativa, tenemos en este momento un escollo con los expedientes de conversión que estaban resultando un cuello de botella. Nuestro compromiso está por resolverlos antes de final de enero y estudiar un sistema más ágil que incorporaríamos al decreto antes mencionado.

Precisamente la producción ecológica es el mejor ejemplo de coexistencia de esos dos retos que comentaba al inicio, el de la rentabilidad y el de la sostenibilidad, pues ambos elementos se están dando de forma simultánea en este momento. Todo ello, nunca lo olvidemos, porque el cliente está valorando el producto y lo que trae consigo.

En el apartado de sostenibilidad, Almería ha avanzado mucho en los últimos años. El más claro ejemplo está en las técnicas de control biológico de plagas, que en estos momentos son un escaparate. La llamada “revolución verde” nació, como todos ustedes saben, de un problema y nuevamente la horticultura demostró su capacidad de hacer de la necesidad virtud.

Tenemos retos muy importantes en este área. Los invernaderos aún son vistos como algo artificial, con un impacto ambiental muy elevado. Creo que no es cierto. Es imposible hacer más con menos recursos. Los invernaderos son muy eficientes en el uso de recursos, no sólo de agua, sino también de espacio. Por contra, toda concentración elevada de una producción genera problemas de acumulación. En cuanto al uso de productos químicos o respecto a la gestión de subproductos o residuos. Pero para eso también está habiendo solución. La producción integrada, el control biológico y la producción ecológica están haciendo que se disminuyan de forma notable el uso de productos químicos de síntesis.

En cuanto a la gestión de residuos, se ha hecho un importante esfuerzo por el control del plástico. Hoy ya no es un problema.

Los restos vegetales han sido también otra de nuestras pesadillas a lo largo de los años, hoy están razonablemente controlados y en vías de solución. El propio sector ha entendido que la gestión de estos restos es no ya una obligación legal, sino de mercado. El modelo de gestión que hemos plasmado en la Estrategia de Gestión de Restos Vegetales responde precisamente a lo que el sector estaba implantando. No hemos inventado una solución mágica, nos hemos limitado a recoger las mejores prácticas y lo que el sector quería. Por primera vez en muchos años vamos a poder contar con una estrategia definida y con apoyo público. La producción de compost a partir de estos restos es una de las soluciones, pero también lo es el abonado en verde o la transformación en alimento para ganadería. El sector está lo suficientemente maduro en relación a este reto como para poder decir que puede ponerlo como ejemplo de gestión exitosa en los próximos años. Desde la Administración vamos a dar apoyo, con un esquema de ayudas que va a abarcar todas las fases del modelo y también con un esfuerzo de diagnóstico y optimización normativa.

Y siguiendo con la sostenibilidad, me sumerjo ahora en el tema de la jornada: el agua. Creo que es el principal reto que tenemos hoy encima de la mesa y hay que agradecer a La Voz que haya elegido esta temática. Es un problema que lleva demasiado tiempo encima de la mesa y no se le ve una solución sencilla. Tengo que reconocer que la música de fondo que nos está llegando suena bien, y que éste puede ser el momento en que demos pasos hacia adelante, decisivos, “históricos”.

Que haya agua para todos va a requerir un esfuerzo de generosidad que el sector debe liderar. La participación de la Administración es muy importante, pero no tanto como la vuestra. Hace falta un plan global, en el que por medio de un acuerdo privado – público optimicemos todos los recursos disponibles y ejecutemos los que puedan faltar. En este plan es incuestionable la seguridad jurídica en la propiedad del agua. El resultado debe ser que todo el mundo tenga su posición clara, sus papeles, para entendernos. La preservación de los acuíferos es otra línea roja a incluir, dando sostenibilidad al sistema. Y la asunción de un coste apropiado a la rentabilidad del cultivo también. Si estáis dispuestos a asumir esos compromisos nos pondréis a nosotros, a las administraciones, en una posición muy difícil. Dadnos razones para no poder decir que no.

La legalidad del agua no es cuestionable. Que una Administración pida los “papeles” del agua es normal. No es sólo cuestión nuestra, viene en los reglamentos europeos y el verdadero peligro no está en que los pidamos nosotros, la verdadera espada de Damocles está en el que pone la mayor parte del dinero. Y no, no me estoy refiriendo a la Comisión Europea, me estoy refiriendo a vuestros clientes. En Huelva los supermercados ya están pidiendo los documentos del agua antes de firmar los contratos. ¿Cuánto tardará eso en llegar aquí? No es ya una cuestión de sostenibilidad, quiero que lo veáis como una cuestión de supervivencia.

El uso del agua aquí es plenamente eficiente. No se malgasta, no se derrocha, se convierte eficientemente en valor, en riqueza. Pero eso que todos nosotros sabemos tenemos que explicarlo, el consumidor debe saberlo. La agricultura intensiva es eficiente en el uso de recursos, es el más por menos, su impacto ambiental es alto en el lugar en el que se produce

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