Garrucha, quince meses después

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Como ahora se cumplen quince meses desde que tomó posesión la actual Corporación Municipal de Garrucha con su alcaldesa María López Cervantes al frente, es buen momento para analizar lo realizado en ese tiempo por el equipo de gobierno socialista.

Cuando en mayo de 2015 se celebraron las elecciones locales no se percibía en Garrucha un interés especial porque ganaran unos u otros.

La sensación era que a los votantes en general les daba igual el resultado. Basta recordar que los socialistas se alzaron con la mayoría absoluta por tres votos de diferencia respecto a los independientes del Giga. Es decir, si el Giga hubiera obtenido tres votos más el resultado hubiera sido distinto. Se trata, pues, de una circunstancia que debe ser preocupante para la alcaldesa, ya que con unos cuantos errores, entre ellos el de la inoperancia, bien aprovechados por la oposición como ocurrió en 2007, todo se va al traste y se produce el cambio.

En estos quince meses de gobierno socialista nada se ha hecho en Garrucha digno de mención, ni se aprecia que se vaya a hacer algo de entidad que recuerde la gestión de este equipo de gobierno. O sea, en ese aspecto el programa electoral socialista está intacto después de más de un año.

Sin embargo, con motivo de haberse cumplido el primer año de mandato la alcaldesa María López declaró en junio a la prensa: “En un año hemos construido los cimientos para que (Garrucha) sea la capital del Levante almeriense”. Y uno se pregunta, si nada digno de mención se ha hecho al cumplirse el año, ¿a qué cimientos se refería la alcaldesa? Quiero recordar que antes de cumplirse las cuarenta y ocho horas desde su toma de posesión, la alcaldesa ordenó quitar la bandera nacional de la rotonda de la calle Mayor.

Semejante acción, tan gratuita como sectaria, produjo sorpresa y disgusto en parte de la población. Cuando la alcaldesa María López hizo balance de su actuación al cumplirse los primeros cien días de su mandato, aparte de ponderar la mejora en la limpieza de las playas, puso énfasis en las gestiones llevadas a cabo en los bancos a fin de ir solucionando la pésima situación de la economía municipal que, según ella, había dejado el gobierno del PP.

Por cierto que durante los ocho años de mandato de los populares, estos sostenían que el estado de las finanzas municipales dejado por el alcalde Andrés Segura era pésimo, mientras que los socialistas mantenían todo lo contrario, a la vez que afirmaban que la administración de la hacienda por parte del alcalde Juan Francisco era un desastre. Fue una agria y turbia polémica que nada aclaró sobre el manejo de nuestro dinero, y como el asunto ha sido enterrado nos hemos quedado sin saber la verdad sobre las cuentas que dejaron unos y otros.

Al parecer hay dirigentes políticos a los que les cuesta trabajo entender que el dinero público merece el máximo respeto y su manejo ha de ser tan limpio como el agua clara, o sea, un manejo con la máxima transparencia, cosa a la que tenemos todo el derecho los contribuyentes. Durante los quince meses transcurridos, más allá del funcionamiento de los servicios básicos y de que se hayan realizado las actividades que le son propias a un municipio, se han mejorado la limpieza y servicios de la playa.

Asimismo, se han podado las palmeras del paseo y se parchea el pavimento estropeado de algunas aceras. Pero junto a los datos positivos citados hay otros que no lo son. Es preciso poner de relieve los fallos que se están cometiendo en el paseo marítimo, nuestro referente. Si bien se barre a diario su limpieza es deficiente, siendo muchas las manchas que tapizan las aceras por la falta de lavado, lo que da una imagen deplorable.

Asimismo, ha faltado una ordenación de las terrazas que invaden las aceras del malecón para que la gente pueda pasear sin obstáculos y no se queje. Y es que es mala política dejar que cada cual haga lo que le convenga a cambio del voto, pues la permisividad conduce al desgobierno, o sea, al desmadre. Si bien hace pocos días (9 sep.) la alcaldesa ha dicho a la prensa que durante el verano ha tenido a Garrucha en estado de revista. Luego está el asunto de los sueldos de los políticos.

Existe entre la población un cierto descontento por el dinero que le cuesta al Ayuntamiento el salario de los cargos electos. Los socialistas, mientras estuvieron en la oposición se mostraron contrarios al coste de los siete sueldos del PP. Cuando ganaron las elecciones en mayo de 2015, el 29 de junio siguiente se asignaron cuatro pagas (alcaldesa y tres concejales) por un importe global anual de 104.000 euros, quedando tres concejales socialistas sin paga. En la misma sesión la alcaldesa, según consta en acta, blasonó de ahorrarle al Ayuntamiento un 30% en sueldos de políticos. Habían cumplido así con su programa electoral, que decía:“Nos comprometemos a reducir la partida de cargos electos un 30%”.

Era lo razonable para un municipio como Garrucha, con 8.626 habitantes, pues cuatro sueldos es más que suficiente y siete una exageración. Pero la promesa socialista duró poco, al parecer los tres concejales sin salario no quedaron satisfechos con la medida adoptada puesto que poco tiempo después se les puso también a ellos, de modo que cada uno de los siete miembros del equipo de gobierno disfruta ya de su paga, cuyo importe global anual es de 164.000 euros, el 9,77% más que el PP, que era de 147.978 euros. Dándose la circunstancia de que el sueldo anual de uno de ellos es de 26.000 euros por cuatro horas de jornada, igual cantidad que los dos concejales con dedicación exclusiva.

La cuestión es que estamos pagando siete sueldos por un importe anual de 164.000 euros en contra de lo prometido y lo que debería ser. Con el aumento del número de pagas a los concejales socialistas se ha disparado el gasto por este concepto. Sin embargo, se ha recortado el dinero de las fiestas patronales de modo que en los dos últimos años no han estado a la altura que debían, han sido las fiestas propias de un municipio menor. Garrucha merece unas fiestas acordes con su categoría y no de rango inferior. Y es que las fiestas no mejoran aunque se empeñe la alcaldesa con bulliciosos ditirambos.

Según consta en el acta de la Junta de Gobierno Local de 30 de noviembre de 2015, la alcaldesa contrató doce días antes a una arquitecta, novia de un familiar de uno de los concejales socialistas. La contratación se realizó sin ningún procedimiento legal y contó, según dice el acta, con la advertencia de ilegalidad por parte del secretario, lo que es bastante grave. Es lo que se conoce como resolución injusta a sabiendas de su injusticia.

Temeridad y prepotencia se llama eso. También se ha denunciado que ahora los vehículos del Ayuntamiento se reparan en un taller de Mojácar donde trabaja un familiar del mismo concejal socialista anterior. Es lo mismo que los socialistas denunciaron y llevaron al juzgado respecto al hermano del alcalde anterior. Tales políticas, junto con las de inoperancia y desgobierno son las que poco a poco originan decepción en la gente y socavan la credibilidad de los políticos. Una noticia preocupante es la que nos informa de que la alcaldesa – mal aconsejada – y su grupo estudian la posibilidad de sacar a Garrucha de Galasa para irse a otra empresa, sin que sepamos las razones que dan lugar a ello. Mientras, se afanan en ponerle palos a la rueda de Galasa.

No quiero ni pensar en el desastre que sería para Garrucha que se efectuara el cambio de empresa y se produjera un naufragio, y todo por la animadversión política que les produce el PP. Además de Galasa hay otros asuntos relacionados con la Agencia Pública de Puertos de Andalucía (APPA) sobre los que llamar la atención de la alcaldesa. Son los que siguen: Sabido es que la reciente ampliación del puerto deportivo le ha supuesto a Garrucha la pérdida de parte de su poca playa.

Para compensar esa pérdida la empresa portuaria (APPA) firmó un convenio con la Dirección General de Costas mediante el que se comprometía a construir una playa en el tramo comprendido entre el castillo y la gasolinera. Asimismo, para compensar, la APPA prometió al Ayuntamiento dotar al municipio de una estación de autobuses y un recinto ferial. Todo esto formaba parte del proyecto puerto – ciudad que con tanto ardor nos ‘vendió’ la empresa portuaria para lograr sus beneficios económicos.

Pero el resultado a la vista está, la parte de playa se perdió y nada de lo prometido se ha cumplido, sin que nadie se lo haya exigido como es debido. Y para más inri, este verano la APPA ha puesto al cobro los aparcamientos del puerto, lo que colisiona con el proyecto puerto – ciudad que nos ‘vendieron’, a la vez que perjudica al turismo, O sea, no se cumple con lo acordado y encima se le ponen palos a la rueda municipal; mientras, el Ayuntamiento calla.

Pero si antes no se ha hecho nada para conseguir esos bienes a los que Garrucha tiene derecho, no sabemos si la alcaldesa se siente obligada a dar la batalla para conseguirlos, además de evitar el perjudicial cobro de los aparcamientos. De lo que suceda sobre estos asuntos les tendré informados puntualmente.

Hasta aquí mi relato sobre la actuación del gobierno municipal socialista en los quince meses que lleva al frente del Ayuntamiento de Garrucha, ahora que sea el amable lector el que compare lo que se dice en este escrito con la realidad que conozca y saque su propia conclusión.

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