Este mundo y el Más allá están más cerca de lo que creemos

0

Cada ser humano y su alma son una enorme emisora que emite y recibe. Esto es igualmente válido para el alma desencarnada, es decir aquella que ya no habita un cuerpo humano. Todo aquello que el ser humano piensa, siente y hace tiene una energía determinada, es el potencial de emisión y recepción que el ser humano a cada momento graba y actualiza. A través de este potencial la persona recibe cada día y a cada instante indicaciones provenientes de su potencial de registro, es decir del lugar de registro donde está grabado y acumulado todo lo que un día pensó, habló, hizo o sintió. Estas indicaciones quieren llamar su atención para que tenga en cuenta o elimine esto o aquello, es decir, lo purifique. Lo que significa que la tarea para cada uno es poner en orden en esta existencia aquello que no sirve al bien común, a la unidad, a la paz ni a la libertad, como por ejemplo nuestros comportamientos egoístas que no beneficiaron a nuestro entorno, que dañaron a las personas a los animales y a la naturaleza.

 

No existe interrupción alguna en los procesos de emitir y recibir, tampoco cuando el cuerpo astral, el alma del ser humano, está desencarnado. Por consiguiente en cuanto el cuerpo ha fallecido, sucede lo mismo: el alma emite su fluido, sus frecuencias, y recibe lo que precisamente es activo en el alma, lo que es actual. Todo, absolutamente todo se basa en emitir y recibir.

 

De forma similar a como lo fue su ser humano, también el alma desencarnada será estimulada a través de su percepción sensorial a reconocer y a eliminar lo excesivamente humano, sus infracciones –las personas hablamos de pecados– contra la ley cósmica del amor a Dios y al prójimo. Correspondientemente a lo que es activo en ese momento, es decir haya de purificar, se desarrollan en el alma las respectivas imágenes, provenientes de las introducciones del que fue su ser humano. Podría decirse que dichas imágenes dan a entender al alma cuáles fueron los procesos pecaminosos a través de los que su ser humano obtuvo sus cargas.

 

Las imágenes muestran por lo tanto luz y sombras, estimulando con ello al alma a reconocer lo excesivamente humano, lo pecaminoso, a arrepentirse de ello y purificarlo. Ella debería así encontrar y recorrer paso a paso el camino hacia un determinado ámbito de purificación donde se hará consciente de otros aspectos negativos que ha introducido en su interior, que están activos y que a su vez se mostrarán en imágenes. Así el alma razonable y de buena voluntad puede poner en el orden legítimo lo que está pendiente de ser superado.

 

Las personas que creen en una vida después de la muerte y en un Ser superior, no importa si lo llamamos Creador, Espíritu Universal o Dios, deberían ser conscientes de que este mundo no está separado del Más allá. El físico nuclear francés Jean Charon habló de un «diálogo universal de las partículas elementales», donde observó aquello que los místicos han descrito desde tiempos inmemoriales como amor divino omnipresente. Así Dios ya no es un Creador separado de Su Creación pues Él está en ella, y este mundo y el Más allá no estarían tan separados como creemos.

Dejar respuesta