De la necesidad de los estudios de Humanidades

Manuel López Muñoz – Catedrático de Filología Latina y primer Decano de la Facultad de Humanidades – Universidad de Almería

“Humano soy, nada de lo humano me resulta ajeno”. Cuando Terencio escribió esto, hace más de dos mil años, no podía imaginarse que iba a acuñar una de las frases más redondas de la historia de la cultura occidental. Viene bien recordarla ahora que, como siempre, las autoridades sacan de paseo las tijeras de podar y nos señalan con su punta aguzada y su afilado borde el camino de la extinción.

La reflexión sobre el ser humano es la esencia de nuestra definición y de ella procede prácticamente todo. Las Ciencias Sociales hablan de las relaciones entre las personas; las Ciencias Experimentales estudian el sustrato que permite nuestra existencia; las Ciencias de la Salud nos ponen en relación con las condiciones necesarias para vivir, mejorar nuestra vida y, llegado el momento, afrontar la muerte; las Ciencias Humanas analizan los procesos de comunicación y de creación, en fin. Nada hay que no venga de las personas, se relacione con ellas o las afecte. Como dejó escrito Cicerón: “todas las disciplinas propias de los seres libres tienen entre sí una especie de vínculo de común parentesco”.

La especialización de los saberes nos ha permitido ir desarrollándonos como especie e ir conociendo mejor los elementos que necesitamos para mejorar las condiciones de nuestra vida. Se han creado nuevas disciplinas, todas útiles, todas necesarias, todas, como se dice ahora, “estratégicas”. Para mí, cada campo del saber es imprescindible y saber algo de cada cosa no me resulta un lujo, sino una necesidad. Por eso mismo, defiendo las Humanidades: no para proteger en lo posible una profesión (y estoy en mi derecho de hacerlo), sino para señalar que todos los conocimientos del ser humano deben guardarse y transmitirse a las generaciones más jóvenes.

La Universidad forma personas que trabajan sobre todo con el intelecto y, creo yo, debe tener como misión custodiar los saberes de la Humanidad y ampliar los límites del conocimiento. Que de ahí se derive una capacitación profesional me parece una consecuencia, no una finalidad. Las Humanidades tratan la Geografía, la Historia, las lenguas que se hablan y las que ya no, la Literatura, la Filosofia, la comunicación entre las personas… Estudian a los seres humanos en sí y en sus relaciones en el tiempo y en el espacio. Una Universidad que merezca ese nombre no puede privar a la sociedad de su derecho a formarse en todo esto.

Como la formación universitaria se articula en Grados, a uno de ellos debo referirme ahora: el Grado en Humanidades. La Universidad de Almería, que cuenta con capacidad docente sobrada para ello, debe reformarlo y adaptarlo a las circunstancias de nuestro tiempo y nuestro espacio, pero no eliminarlo sin más ni limitarse a borrarlo del mapa de titulaciones para introducir otro distinto. Eso sería, aparte de un caso único, una barbaridad (o sea, la conducta de unas hordas bárbaras), justo lo contrario del ideal intelectual que nos define como Universidad, esa institución en la que se cultivan los universos saberes. No dejemos que los árboles nos tapen el bosque: debemos ofrecer más y mejores estudios, no menos, para ofrecer un mejor servicio a la sociedad de la que formamos parte.

¿Queremos ser universitarios o no? El Grado en Humanidades debe adaptarse, pero nunca desaparecer. No lo acepto, no acepto que se pudiera convertir en moneda de cambio ni acepto que nadie hable de su eliminación porque, como soy humano y no creo en la barbarie, las Humanidades no me resultan ajenas.

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