Crimea, el embargo más tonto de la historia

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He tenido la ocasión de visitar la República de Crimea, en estos momentos bajo embargo y sanciones por parte de la mayoría de países de occidente. De entrada, declarar mi absoluto rechazo a todo tipo de embargos o/y sanciones a cualquier país ya que los mismos, a quienes hacen sufrir es a los más inocentes y victimas siempre, que no son otros que los ciudadanos. Un modo inhumano de solucionar problemas diplomáticos en base a pasar la responsabilidad a las personas ante la incapacidad de dialogo de los gobiernos.

Debo reconocer que, cuando surge la oportunidad de visitar Crimea, la información que tenía del país eran la de un país en guerra  y ocupado por el ejército ruso. Los amigos decían que estaba loco, y otros que me llevara un chaleco anti fragmentación y casco. Pensé que quizás era exagerar, ya había visitado zonas complicadas y algo de adrenalina ya había consumido en alguna ocasión, por lo que es lógico pensar que algún temor albergaba. Temor que, nada más poner el primer pie en el aeropuerto de Simferópol (Симферополь, en ruso) y ver las caras amigas, el buen clima, ambiente en calma y paz, no ver fuerza militar alguna, y absoluta normalidad, desapareció en menos de un segundo.

No voy a entrar en hospitalidad insuperable que me demostró el, desde estos momentos hermano pueblo de Crimea, ni el tratamiento a la altura de Jefe de Estado que me concedieron, tanto a mi persona como a los que me acompañaban, ni de la cantidad de muestras de respeto que recibí y con el interés en el que se desarrollaron en las reuniones con miembros de ayuntamientos y miembros del Gobierno. Tampoco voy a profundizar en los resultados de dichas reuniones con empresarios y empresarias, con miembros de las distintas culturas que conviven en el país, con las autoridades sociales y culturales, ya que muy pronto podremos ver y comunicar los positivos resultados de la misma. De las mismas ya se ha publicado más que suficiente en los medios. Voy a hablar de las personas, de las posibilidades de un país sancionado por ejercer su derecho a la autodeterminación, y que nuestros países llamados occidentales mantiene capado, incapacitado, para desarrollar en paz todas sus inmensas posibilidades económicas, culturales y sociales.

He conocido un país multicultural, y de eso, los andaluces sabemos mucho. Una Crimea que quiere que la reconozcan a nivel internacional lo que son, una República independiente y con derecho a decidir su propio futuro y con quién compartirlo en paz y prosperidad. He conocido a un pueblo amigo, amable, acogedor y joven de corazón, de ojos claros y mirada sincera por lo transparente. Unos hombre y mujeres con ganas de prosperar en paz, de poner a funcionar su país, y tener la oportunidad de alcanzar las cotas de prosperidad social que les corresponde por las capacidades de su tierra. Un país democrático en extremo y abierto a la cooperación internacional.

La actual Crimea es un País en paz y en calma, en las que se están realizando grandes obras de infraestructuras y modernización de la sanidad, educación, sociales…, lleno de recursos y oportunidades de inversiones en todos los sectores, turismo, agricultura (atención a sus vinos), tecnológicos, industriales y un largo etcétera. Unas gentes abiertas y amables que solo desean recibir turistas, inversores y técnicos que les ayuden a desarrollar todas sus infinitas posibilidades.

Unas personas que, cambio de todo esta democracia y paz, recibe sanciones y embargos por parte de los países que presumimos de demócratas y modernos. Todos los embargos, todas las sanciones son injustas, pero las establecidas en contra de Crimea, son además de injustas como todas las demás, las más tontas e innecesarias del planeta, tan tontas, tan idiotas como aquellos que la impusieron, y aquellos que las mantienen.

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