Comportamientos no autorizados

Las voces autorizadas del pueblo no son precisamente la voz del pueblo. Es una contradicción en sí misma, pero lo ocurrido en el Reino Unido con el Brexit, con el acuerdo colombiano y la reciente elección del, a la sazón, grotesco o, cuando menos pintoresco Trump, certifican los rumbos separados entre los ciudadanos y los dirigentes y, confirma la rebelión de los primeros contra las élites conductoras de voluntades. Por más que se empeñen los gurús políticos, económicos y mediáticos, en la era de la globalización y la comunicación inmediata, doblegar voluntades, cada vez resulta más complicado.

Señores, ¡¡esto no es lo que era!!. Ahora, es el pueblo el que empieza a fijar el rumbo, para bien o para mal, de sus gobernantes y no al contrario. La ciudadanía empieza a tomar las riendas de su destino como medida de protección contra los que estando legitimados por las urnas tienen comportamientos no autorizados.

Los irresponsables y manirrotos autorizados han causado una grave herida en las clases medias, medular de las sociedades desarrolladas y sostén del estado del bienestar que, consciente del maltrato al que ha sido sometida, han activado el impulso de supervivencia, innato en todo ser humano. Las miradas están puestas en el poder financiero y sus cómplices políticos como responsables, por avaricia, de la devaluación laboral y la consiguiente pérdida de condiciones de vida de este importante segmento de nuestra sociedad. Este profundo cambio, obliga a la sociedad civil a visualizar las cosas con un prisma distinto, a sentir diferente y, sobre todo, a adaptar su comportamiento para protegerse de los vaivenes que alteran su esfera de confort, tomando conciencia de que con su voto tienen la capacidad de cambiar las cosas.  Aunque siempre habrá alguien dispuesto a quemar la bandera de la democracia, si el resultado no le complace.

Ni que decir tiene que todo esto es terreno abonado para profetas de discurso fácil que aprovechan para capitalizar el descontento general, convirtiéndose en la voz del pueblo a través de mensajes simples, sencillos y acomodados al escenario de cada momento. Cada país tiene su propia metodología argumental pero el mismo y único objeto,  llegar a ser voz autorizada, o lo que es lo mismo, tener el poder.

Es ahora en este tiempo convulso lleno de cambios cuando los sindicatos tenemos que trabajar más que nunca por los derechos de los trabajadores, sin prometer milagros, pero sí que estos se sientan representados y con la sensación de que se pueden cambiar las cosas. La Independencia y Profesionalidad, con mayúsculas, señas de identidad de CSIF, nos sitúa en óptima posición para poder demostrar que las cosas se pueden hacer de otra forma.

El proceder y forma de hacer de los legitimados para realizar el inevitable cambio, fijará el futuro de esté presente incierto.  No tiene por qué ser malo ni peor, estoy convencido que será consecuencia de otra realidad por la que la sociedad salga fortalecida. Así pues, afrontemos el sensato despertar de las clases medias con espíritu de concordia y pongamos todo de nuestra parte para que la necesaria solidaridad del esfuerzo común presida las actuaciones de los actores  protagonistas.  Se llamen como se llamen.

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