¿Cómo debo vestirme para ser un buen creyente?

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Muchas personas peguntan por qué Dios permite que este mundo se haya vuelto tan caótico, y la respuesta en muchas ocasiones llega de forma resignada por quienes han confiado su conducción a los guías eclesiásticos, que dice: «Eso son misterios de Dios». Puede que más de uno siga reflexionando poco convencido del siguiente modo: «He profundizado en muchas religiones creyendo encontrar aquí y allá destellos de la verdad; en alguna incluso hallé una verdadera lluvia de destellos, y creí ilusionado haber llegado a la meta, por lo que me adscribí a aquella religión. Pero pronto me sobrevinieron las dudas, pues me pregunté: ¿de qué me sirven los destellos de la verdad si no me he convertido en una persona diferente, es decir en una mejor persona? En mí justificado escepticismo y receloso pensé: seguro que todas las religiones tienen más destellos de la Verdad eterna, si se juntasen todos los destellos de todas las religiones igual se encontraría así a Dios. Pero en mí creció el desencanto: he buscado y rebuscado, estuve en esta y aquella religión, y no he encontrado a Dios».

Ciertamente muchos buscadores de Dios a lo largo de su peregrinaje han llegado desencantados a la siguiente conclusión: «Seguro que no soy el único que se pregunta dónde está Dios, y por qué se oculta Él, pero es que mis dudas sobre la existencia de Dios van creciendo cuanto más reflexiono sobre las vestiduras de sus representantes, es decir de sus trajes religiosos, también sobre la escenificación que se hace en las ceremonias y ritos, también en la liturgia. Y reflexiono: si ellos que van envueltos en sus llamativas vestiduras predican la humildad cuando tantas personas pasan hambre y necesidades, algo debe estar fallando».

Si por último te decides a conversar con los «expertos» sobre Dios, rápidamente llegas a la lamentable conclusión de que ellos están más lejos de Dios que quienes buscamos. Además todo representante religioso, también todo fiel arraigo en el fanatismo opinará que su religión es la única que salva, y que sólo en su religión se anuncia la verdad, el resto son falsas.

Estimado lector, nadie necesita dar ni un paso externo para encontrar a Dios, porque el Espíritu eterno a quien en occidente llamamos Dios es omnipresente, de modo que también está en el alma de cada ser humano. El omnipresente y libre Espíritu del Infinito, Dios, está en los reinos de la naturaleza, en cada árbol, en cada planta, en la hierba, en el animal y en la piedra. Y en el poderoso cosmos Él es el Espíritu eterno soberano. Los seres humanos no necesitamos ir a ningún lugar determinado para encontrar a Dios. Tampoco nos tenemos que vestir de forma especial para rezarle. Recordemos las palabras de Jesús de Nazaret: «Mirad los lirios en el campo cómo crecen, no trabajan ni hilan, y en cambio os digo que Salomón en todo su esplendor y gloria, no estaba tan bien ataviado como ellos». Dios por tanto está en nosotros. Dios está a nuestro alrededor. Dios está sobre nosotros. Él está entre nosotros, Él está a nuestra izquierda y a nuestra derecha. Él es el Espíritu Libre, la vida en todo.

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