Catalunya, democracia ofendida

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Un Govern de la Generalitat de Catalunya, elegido de forma democrática y mayoritaria por un Parlament de Catalunya, democrático, que emana de unas urnas legales, en una elecciones legales y democráticas al amparo de Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General, ha sido detenido en una acción ultra rápida, más ultra rápida que nunca de una Justicia española que, si se distingue por algo, es por su eterna lentitud.

La democracia se sustenta en la política, en la resolución de los problemas de la sociedad mediante el uso de la palabra, diálogo, consenso, transparencia, hermandad y, sobre todo, con la mirada siempre puesta en el bien común de la ciudadanía. Creo que hasta aquí, todos los demócratas estamos de acuerdo. El problema, la diferencia, el cambio de vía, de dirección, comienza cuando el Gobierno de Estado español, sin duda elegido de igual modo democrático y legal que el Govern de Catalunya, fracasa de forma estrepitosa en la política, renuncia a la misma, crea el más grave problema político de la democracia española, y en vez de dimitir y convocar elecciones generales para que sea otro Gobierno quien solucione el problema, pone la resolución del mismo en manos del Poder Judicial. Sin duda la peor de las soluciones posibles.

Poner a todo un País al borde del caos, separando familias, amigos. Poner en riego la economía, el futuro democrático, político y social por ineficacia y negligencia, digámoslo ya, de un presidente Rajoy, que con esa costumbre de intentar que los problemas se solucionen por sí mismo, no será ilegal o denunciable, pero sí negligente e irresponsable, a la vista está, de este desastre, de este callejón sin salida en la que ha puesto a todo un país. Es por tanto el único responsable del desastre.

Lo más grave a nivel político es poner en un brete al Poder Judicial. Poder Judicial que, en efecto es la garantía de cualquier Estado de derecho. No voy a entrar en valorar si en estos momentos es del todo independiente o no. No tengo la capacidad para ello. Quiero pensar, porque me siento demócrata, que, en efecto, funciona la separación de poderes, aunque una gran parte de los ciudadanos lo dude en estos momentos. Por tanto, no responsabilizo ni al Fiscal general del Estado, ni a los Jueces de aplicar unas leyes, en estos momentos legales por constitucionales. Hacen su labor, de igual modo que las fuerza y cuerpos de la seguridad del Estado que solo cumplen órdenes. Culpo al Gobierno del PP de Mariano Rajoy por incompetente e irresponsable. Ni la actual España ni los españoles son culpables más allá de continuar votando al partido más corrupto, engañados por una prensa nada creíble y vendida a los intereses de este mismo partido.

Por tanto, el problema de Catalunya, ya no es el problema de Catalunya… es el problema de todos los demócratas del actual Estado español. No es un problema ya de independencia o no, llevo meses diciéndolo, sino un problema de democracia o dictadura. Por ello, es el momento de la unidad de los demócratas para volver a conquistar la democracia perdida. No debe unir en primera instancia, quitar de modo democrático, con la ley en la mano, vía urnas, al actual Gobierno de España del PP apoyado por sus cómplices políticos de Ciudadanos, y lo que es más triste, de un PSOE que ha se apartó hace tiempo de la izquierda progresista para hacerse colaborador necesario de la política más radical y extrema derecha desde el 75.

Catalunya, a pesar de los enormes esfuerzos y sacrificios no será independiente sin la ayuda de todos los demócratas de la Península. El contrincante político, ese conjunto anacrónico PPSOECs del que hablamos, y este monstruo de tres cabezas, o se les derrota en lo electoral desde la unidad y se instaura una verdadera democracia, o caeremos todos presos en una dictadura oculta tras la desfasada e inútil constitución del 78.

Es por ello que es de vital importancia poner en marcha un instrumento político que, por un periodo de tiempo limitado, convierta los nacionalismos en reformismo. Sin reformas constitucionales y jurídicas no será posible los cambios territoriales. Llevar la lucha política al terreno de las reformas previas. No hay otro camino.

Para ello, los que defendemos que la península no es la España una, sino un territorio compartido por distintas naciones, necesitamos realizar un enorme esfuerzo de generosidad y solidaridad para conquistar el Gobierno de España y, desde el poder, comenzar un verdadero proceso constituyente de una Constitución que reconozca la realidad de las distintas naciones y que, por tanto, consagre el derecho a la autodeterminación de cada uno de los territorios si de ese modo se expresa de forma mayoritaria.

El PPSOECs se han unido en la ofensa a la democracia, no lo pueden ocultar ya para, entre otras cosas, intentar tapar la más que escandalosa cadena interminable de corrupción “¿no estarán encarcelando a todos para después dictar una amnistía para librar a todos los corruptos?” No podemos caer en esta burda trampa. La democracia, las libertades personales y colectivas están en verdadero peligro. No solo en la actual España, en Europa.

Recordar que, en el 36, cuando se alzó el fascismo contra la Republica española, Europa miró hacia otro lado, no quiso implicarse. Solo algunos internacionalistas y Rusia, siempre Rusia, se implicaron hasta donde pudieron en la defensa de la democracia española. Triunfó el nazismo, el fascismo en España, y poco un par de años después sucumbió toda Europa bajo el mismo yugo. Hoy se repite la historia por desgracia. Europa, esta Europa de los mercaderes, mira hacia otro lado ante el ataque de la derecha a uno de los pilares básicos de cualquier democracia como es el derecho a las urnas, al derecho inalienable a decidir de los pueblos. Si los demócratas europeos, si la Europademocrática no reacciona de inmediato y apoya a Catalunya, a los reformistas de la actual España, a los demócratas, Europa caerá de forma irremediable en el mismo caos, en el mismo retroceso democrático.

Ante la ofensa hacia la democracia en Catalunya, en el resto del actual Estado español, unidad. No queda otra solución posible. Unidad para conquistar el poder con sus propias armas. Unidad para cambiar las leyes y liberar al Poder Judicial de esta penosa carga que no le corresponde. Unidad para reformar esta Europa de las naciones caducas y corrupta en la Europa de los pueblos. Unidad para dotar a los europeos de una nueva realidad desde la Europa de los pueblos, más justa, social y democrática. Unidad para derrotar a este surgimiento del neofascismo. Unidad para conquistar la democracia y nunca más, permitir que ningún gobierno tape, calle o ignore la única voz a la que debe servir, la voz de los ciudadanos.

 

Pedro I. Altamirano

Presidente de la Asamblea Nacional Andaluza

@AsNacionalAnd @altamiranoMLG

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