Cataluña, una vez más

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Escrito por SEBASTIÁN LORCA, que es escritor
Harto de escuchar o hablar siempre de lo mismo y pretendiendo concluir con el tema del Proceso Independentista de Cataluña que tantas páginas ha ocupado, hago acopio de voluntad para romper mi auto-promesa de no volver a escribir sobre el tema y sí anotar determinados apuntes que he tenido el placer de considerar, después de más 350 entradas en este blog.
Nacionalismos. Independentismos. Anarquismos. Extremismos. Comunismos. Capitalismos… no tendrán cabida en un mundo global donde la soberanía local apenas si existirá en beneficio de la libertad, la democracia y la solidaridad. Sería un gran error pensar que la vocación catalana es anarquista y subversiva del orden social, aunque haya quien lo crea.
“El miedo y el egoísmo (dos debilidades humanas) han sido las causas del sentimiento religioso al ser el hombre más débil que la Naturaleza. De haber sido más fuerte, jamás hubiese acudido al cielo”. Un pueblo catalán pobre nunca hubiera iniciado un proceso de separación de España.
“Nacimiento, desarrollo, apogeo, decadencia, fin: todo cuanto ha existido, existe y existirá en el Universo está encadenado a seguir este curso o ley natural de las cosas. Nada escapa a este destino”. Cataluña no es una excepción. Cataluña es España y a ella, como ésta a Europa, está encadenada o mucho han de cambiar las cosas.
Se suele decir que el catalán es, en su mayoría, un ser eminentemente separatista. Error. Lo que es, en su minoría, es esencialmente fanático, que no es lo mismo. Y su fanatismo es tanto mayor cuanto menor es su cultura. Es la educación (y no el fanatismo) la energía que eleva a los hombres a entendernos. Valga el símil para afirmar que la emigración no existe: lo que en realidad existe, es la pobreza, la miseria, la guerra, sin las cuales nadie migraría.
Inventar es más fácil que explicar. Por tanto, la fantasía que espolea es favorable, y la razón, que ha de explicarse, es adversa. De ahí, que los dirigentes tergiversen conceptos con el ánimo de hacer historia y entrar en ella viviendo lo mejor posible, a costa de ideas equivocadas.
En Cataluña, el independentismo, lo mismo que “la religión, nació en lo más fértil del campo de la imaginación; abonado por la ignorancia y regado por la fe para ser, rápidamente, en el bosque de los errores, el árbol más frondoso”. De éste surgen frutos mentirosos concebidos por dirigentes, provechosos para ellos y los interesados en la independencia; no así para los seguidores, por amplio que sea su número. Igual que sucedió con el culto religioso estableciendo un verdadero comercio de cosas materiales, aunque sus mercancías fueran, y sigan siendo, simplemente, promesas e ilusiones.
¿Cuántos políticos independentistas son adivinos augurando lo que les interesa? ¿Por qué no renuncian a ser diputados de España si ésta “les roba, los somete y no es democrática”? “Los no agradecidos son malnacidos” y falaces los que dicen cosas horribles por lograr un fin que a pocos favorece. Solo buscan el voto aunque sepan que sus partidarios no mejorarán sus vidas.
Todo bastante claro. Tanto como lo es el independentismo para quienes quieran entenderlo. No es posible la idea de vivir al margen del resto de las naciones y menos aún como ellos quieran. Eso no deja de ser una entelequia, un despropósito, una vanidad in solidaria. Algo que solo puede mantenerse con una moral alta como la del Alcoyano C.F., confiando en remontar un seis cero en el último minuto del partido. La fe ciega en un proyecto carente de oposición. Uno mismo. Un único habitante en un lugar sin obstáculos con los que estrellarse.

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