Alternativas al cambio climático

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El impacto del Cambio Climático supone la mayor amenaza global para nuestra civilización en el siglo XXI. Afecta a todos los ámbitos de la vida de los seres vivientes, incidiendo con mayor dramatismo en las regiones y sectores más vulnerables.  Sin embargo, afrontar su impacto abre la oportunidad para adoptar cambios en nuestro modo de producir, de transporte y consumo, que garantice la satisfacción de las necesidades humanas así como el mantenimiento de la vida en el planeta, tal y como hoy la conocemos. ¡No hay planeta B!

La buena noticia la traen los acuerdos alcanzados en la pasada Conferencia de París de Cambio Climático, con el reconocimiento internacional del problema frente al negacionismo promovido por el sector energético e industrial y sus políticos lacayos. Estos acuerdos, ratificados en la cumbre de Marrakech, han establecido una serie de compromisos a nivel global. No obstante, la falta de consecuencia sigue siendo la tónica dominante, como así lo demuestra la reciente aprobación provisional por el Parlamento Europeo del CETA (con el apoyo de conservadores, liberales, y socialdemócratas) pendiente de ratificación por parte de los Estados miembros; y que junto al TTIP y TISA, forma parte de la tríada de acuerdos altamente energívoros de comercio e inversión internacionales que la UE está negociando.

Tengamos en cuenta, que desde la revolución industrial, nuestro modelo económico depredador viene utilizando al planeta como una fuente infinita de recursos, vertiendo los residuos en la atmósfera como si ésta fuera una alcantarilla, de tal manera, que ha erosionado los cimientos de la casa común:

  • Los gases de efecto invernadero (GEI) -fruto de la quema de los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón)- han saturado los sumideros naturales de CO2 (bosques, suelo y océanos).
  • La desforestación anual de selvas y bosques en el planeta es comparable a las provincias de Almería, Granada, Jaén, Málaga y Córdoba juntas.
  • Los océanos, que contienen más del 50% de CO2, han aumento su acidez (30%) y están provocando la subida del nivel del mar.
  • En la atmósfera aumenta, de manera alarmante, la mayor concentración de CO2 desde hace 650.000 años, resultando los últimos 12 años entre los 10 más calurosos de la historia registrada.
  • El deshielo avanza con la pérdida de 250 Km3 de hielo en Groenlandia, 152 Km3 en la Antártida, la reducción de glaciales en los Alpes, Himalaya, Andes, Las Rocosas, Kenia, Alaska, o los 10.000 m3 de hielo fósil y permafrost en la misma Sierra Nevada.

Y, todo ello, enmarcado en la nueva era “El Antropoceno” y la 6ª extinción masiva de las especies. Es obvio, que ante este escenario, no podemos dejar el cuidado de nuestra biodiversidad y de la vida en manos de este modelo.

 

      ¿Cómo nos afecta esta situación a Almería?

Según expertos e informes de organismos nacionales e internacionales, sitúan la degradación ambiental como la primera causa de migración mundial, fruto de los fenómenos meteorológicos extremos y la falta de capacidad para producir alimentos.

Este daño en los ecosistemas pone en entredicho los sectores económicos punteros almerienses: agricultura y turismo. Los cambios en el patrón meteorológico, con más sequías y menos recursos hídricos, lluvias torrenciales acompañadas del aumento de procesos erosivos y pérdida de terreno, proliferación de plagas, la puesta en marcha de cultivos en países del norte impensables hasta la fecha, etc. cuestionan el actual modelo agrícola agroindustrial. Asimismo, las olas de calor crecientes y de mayor intensidad, las noches tropicales que dificultan el sueño y agudizan los problemas de enfermedades aumentando la mortalidad, el aumento de medusas en nuestras playas, la destrucción de la costa por los temporales cada vez más intensos, el avance de la desertificación con la proliferación de tormentas de arena del Sahara, etc. comprometen nuestro turismo a corto plazo.

Al ser las ciudades responsables del 70-80% de las emisiones de GEI y diana de sus consecuencias, coloca al municipalismo como eje fundamental para fomentar la resiliencia, anticipar el futuro y adoptar las medidas necesarias para frenar este proceso; cuestión ya establecida en la conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Río 92 y la Agenda 21), y en la Conferencia Europea de Ciudades Sostenibles (Aalborg 94 y la Carta de Aalborg).

Sin embargo, pese a la puesta en marcha del Pacto de Alcaldables (Nueva Agenda Internacional -UE 2008-) que establece el aumento del 20 %  en eficiencia energética y cubrir el 20 % de la demanda con renovables; los Planes de Optimización Energética (POEs); el Plan de Acción Municipal (PAEM) para auditar energéticamente las instalaciones municipales y su ejecución, etc. cofinanciados por la JJ.AA, Diputación y Ayuntamientos; adolece de lo que tanto la ONU como la UE dicen: “…..la participación de todos los actores sociales de una localidad es fundamental….”.

 

¿Por qué no existe una Mesa por el Clima?

Sencillamente porque no es una prioridad para la política municipal ni provincial, no se aplican los acuerdos institucionales existentes, y se prefiere mirar para otro lado antes que poner límites a un crecimiento que nos pone al borde del precipicio. Sin embargo, resulta imperativo ponerse a trabajar para construir resiliencia en nuestra provincia de cara a los nuevos escenarios que tenemos por delante.

  • No olvidemos las condiciones y recursos de Almería (sol y viento) que permiten un fuerte despliegue de las energías renovables y, a corto plazo, cubrir las necesidades energéticas. “Trabajemos por la soberanía energética“.
  • La eficacia y eficiencia energética de las viviendas es otro aliado más, puesto que en la mayoría de las viviendas -incluidas las de reciente construcción- se pasa frío y calor por la falta de aislamiento térmico y acondicionamientos necesarios.
  • Tenemos en la agricultura ecológica y agroecología -de alto valor nutritivo y saludable- y la pesca artesanal, un mercado local como alternativa al mercado altamente dependiente en todos sus procesos (producción, transporte y comercialización) de la quema de combustible fósil. “Esto es hablar de soberanía alimentaria“.
  • Profundizar y desarrollar la movilidad sostenible (a pie, en bicicleta y transporte público), los grupos de productores y consumidores (circuitos económicos cortos), el turismo sostenible, etc.

Tomemos como ejemplo del camino emprendido por Almócita, recientemente premiado por el Grupo Ecologista Mediterráneo (GEM), en reconocimiento al trabajo realizado a favor del patrimonio natural, cultural y patrimonial, reinventándose en base a modelos de desarrollo más sostenible, y ofreciendo un presente que camina hacia un futuro esperanzador.

En definitiva, está en nuestras manos actuar más allá de la acción u omisión institucional, porque la verdadera tragedia del cambio climático es que hay alternativas. Por ejemplo, la reducción de los gases traza de la combustión diésel (hollín, carbón negro, etc.) podría enfriar el planeta en un plazo razonable. Ello daría el margen necesario para transitar hacia un modelo económico basado en energías limpias y renovables -descarbonizando la economía- que nos permitiría reducir los GEI (CO2, metano y Clorofluorocarbonatados), reduciendo los sectores de la economía marrón y creciendo en los sectores verdes sustentados por empleos justos social y  medioambientalmente sostenibles.

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