Almería, ¿aún reinos de taifas?

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Mi ciudad es un reino de taifas en pleno siglo XXI. Mientras en unas concejalías se pasean por Europa con los procesos participativos en la regeneración de centros históricos, la otra, la que construye la ciudad, parece que no va con ella el tema.
La falta de transparencia y de participación en los procesos de planificación de la ciudad de Almería son más que un hecho. Frente al Urbanismo convencional planificado y regulado, existe otro que se desarrolla en base a la auto organización de un grupo, de personas, comunidad o colectivos profesionales, que pasa a la acción y reivindica su derecho a otro modelo de ciudad, participando de abajo hacia arriba en la transformación urbana, sin una planificación previa impuesta. Esta apuesta, con reivindicaciones y propuestas, tiene como objetivo la mejora del entorno cercano: la vivienda, barrio y ciudad. Pero esta idea, que puede ser muy “atrevida”, se lleva realizando en diferentes ciudades de todo el mundo, no es nada novedoso ni siquiera en Almería: La Chanca se pasea como un referente histórico por Europa. Son tema de estudio en diferentes universidades como la de arquitectura y sociología. En Almería, los programas europeos como, URBAN, URBACT-LINK y ROMA-NET, tratan de eso. Entre todo el tejido social se analizan las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades, porque en tiempos de crisis es la comunidad la que es fortaleza en la adversidad.La falta de transparencia, que caracteriza a los asuntos claro-oscuros de nuestra ciudad. La desidia y la dejadez con la que se tratan los temas urbanísticos, por todas las administraciones es un clamor. ¡Sí! Se reúnen con todos los actores, pero si éstos son los que traen el lucro. No lo hacen así con el ciudadano, con el que habita el lugar. Tiene que ser la ciudadanía la que saque a debate los temas de la ciudad (Toblerone, Molineta, Centro Histórico,…), porque entre ellos existe algo parecido a un “pacto entre caballeros”. Cuando hacen un atisbo de participación, porque Europa lo exige, se invita a las voces no discordantes, a los que no generarán dudas en sus objetivos. ¿Por qué es tan difícil el diálogo cuando la ciudadanía está dispuesta a trabajar por un proyecto de ciudad? Y lo más sombrío si cabe aún: si hay algo que pueda sonar diferente a su coro celestial lo “solucionan” enviando “submarinos” con insultos, amenazas, acosos y difamaciones. Así es cómo se hace participación en mi ciudad, y esto queda muy lejos de las ciudades europeas con las que nos codeamos.

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