Almería arde con el fuego y la pasión de ‘El Amor Brujo’ de Víctor Ullate

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Un auténtico incendio arrasó el Auditorio Maestro Padilla anoche. Se trataba de ‘El Amor Brujo’, una revisión de la pieza que el coreógrafo Víctor Ullate estrenó en 1994 y que tras más de dos décadas sigue de total actualidad. Una propuesta con aires lorquianos y símbolos que remitían constantemente al fuego, la muerte y la pasión que arrastra todo a su paso. Los bailarines derrocharon fuerza y expresividad a raudales, en una puesta en escena sobria con una técnica precisa, vestuario de ensueño y la moderna propuesta del grupo de dark ambience ‘In Slaughter Natives’, que hizo estremecer al público que abarrotaba la sala en esta actividad del programa de otoño del Área de Cultura, Educación y Tradiciones del Ayuntamiento de Almería.

El crepitar del fuego fue el primer sonido de la noche, que hizo a la primera pareja de bailarines alzarse hacia al cielo al igual que las chispas que se proyectaban a sus espaldas. Con momentos de silencio y otros de sonidos de la naturaleza, los movimientos fluían e iban atrayendo al resto de componentes del cuerpo de baile, que bailaron bajo la luz de la luna. La brillante tarima sobre la que se deslizaban los descalzos interpretes los reflejaba a ellos y su pasión, como si bailaran sobre el agua, flotando.

Palmas y percusión llevaron a la pelea y el momento trágico en que la luna se tiñó de sangre para escuchar la canción popular ‘Nana’. Los símbolos lorquianos se sucedieron, no solo por la historia de pasión y los protagonistas gitanos, sino hasta por los detalles de la bruja y sus hechizos, que llenaron de aroma a incienso la sala, o por su traje con lunares en el interior, que daban una pincelada castiza a un vestuario contemporáneo y espectacular.

La parte central de la obra trajo a los pájaros de la muerte, un pasaje tétrico y trasgresor, cuya música y bailarines se volvieron tan negros como el escenario. Esta fue la parte con más carácter de la obra, con una música rítmica, penetrante y tenebrosa que daba lugar a movimientos sucesivos en canon de los bailarines, cuyas alas y plumas planeaban sobre el Auditorio como la mismísima parca.

Una pieza muy española alejó la oscuridad, trayendo de nuevo el amor a escena, pero esta vez un amor lleno de luz. La esperada ‘Danza ritual del fuego’, que comenzó con percusión y palmas en el suelo de los bailarines, iba anunciando que se acercaba el final.

“Lo mismo que el fuego fatuo, lo mismito es el querer”, sonó en la voz de Carmen Linares. Y así, con la luna como testigo mudo de todo, Almería cayó definitivamente bajo el influjo del hechizo de ‘El Amor Brujo’.

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