Yo también soy como Rita Barberá

Vaya por delante mi más sentido pésame y especial sentimiento por las circunstancias exactamente iguales que padecíamos la ExAlcaldesa de Valencia y Senadora por esta Comunidad Autónoma y este humilde periodista y observador político que viene analizando comportamientos públicos de nuestros personajes políticos, a quienes reto para que me digan la más ínfima intromisión en sus vidas privadas y quienes únicamente se centran en mi supuesta doble vida personal.

El fallecimiento de Rita Barberá es el nuevo modelo del PP parar acabar con las personas que le afectan determinantemente en sentido negativo, independientemente del signo político que sean, lo que vengo denunciando en cuantas ocasiones se me brindan, como bien sabe el amable lector que distrae su tiempo en este espacio periodístico. Así vengo sosteniendo que el Partido Popular no es un Partido Político franquista sino que sus comportamientos están inspirados en el nazismo, por cuanto no acaba con la vida de quien le estorba en un pelotón de fusilamiento sino que les provoca tal tensión que acaba con ellos de un infarto de miocardio.

‘Tod@s la mataron y ella solo se murió”, puede aplicársele el antiguo proverbio a Rita Barberá, quien imagino la tensión que habrá tenido que padecer para que haya acabado con su vida. No voy a entrar en los hechos que han provocado esa tensión, pero sí debo manifestar que no son suficientes para acabar con una vida que es el valor supremo que tenemos todo ser viviente.

La ExAlcaldesa de Valencia ha acabado como lo contrario de lo que la acusaban, se ha convertido en un icono del PP, para bien de sus dirigentes o para mal, tras haberle negado el saludo, convertirla en una apestada y retirado la afiliación mientras a otros los homenajean, de manera sectaria como suele ser el comportamiento de estos profesionales de la política que han conseguido aumentar desmesuradamente el arco ideológico de la Izquierda en España pese a encontrarse solos en el suyo.

Sabiendo cómo actúan estos mecarifes políticos, capaces de todo por tal de conservar el cargo público al no haber conseguido una actividad privada como el común de los mortales, no me extrañaría que hayan contribuido a aumentar la presión sobre la ExAlcaldesa y en la hora de su muerte hayan pretendido una reconciliación por si hubiese dejado algunos hechos testamentarios conocidos en su dilatada actividad política. Y no me extraña porque no me creo los sentimientos manifestados, y no aflorados, tras su muerte, a cuyo lecho parecen haber acudido a constatar más que a ejercer una solidaridad; y no me creo que se encuentren compungidos sus excorrelegionarios sino que además aprovechan lo tristemente acaecido para protegerse ellos y los suyos en casos similares.

No me creo que lo mediático haya sido determinante, porque ella sabría que se encontraba en la picota del interés público y conocería la función de los medios de comunicación, por lo que me resisto a creer en la influencia de este factor. En mi caso obviamente carezco del interés público pero no de la fijación que sobre mí ejercen algunos cargos públicos y principalmente uno es el que se dedica a entrometerse intolerablemente en mi vida privada, ciertamente con el regocijo de los que alimenta.

Amable lector, hay que vivirlo para creerlo, y padecerlo para llegar al extremo de afirmar que sería de ETA si estuviese en la misma situación en el País Vasco. Porque lo estoy padeciendo es porque no pude evitar que se me saltara una lágrima esta mañana cuando escuché primero en la radio que Rita Barberá había padecido un infarto de miocardio e instantes después que había muerto. Y lo primero que se me vino a la mente fue el sufrimiento que ha tenido que padecer al ver cómo muchos de sus correligionarios, y a buen seguro algunos de ellos se lo deben todo a ella, como sólo le han dado la espalda sino que la han elegido como trofeo ante sus superiores jerárquicos para promocionar a costa de ella.

Son los que yo vengo a llamar meritorios, que no son más que unos especímenes que únicamente tienen que hacer méritos ante su Jefe e interpretar su voluntad para que se lo reconozcan y medrar, de ahí la ingente cantidad de gentuza, en sentido literal del término, con que nos encontramos.

Por eso, por el sufrimiento que infringen a la persona objeto de atención sino también a la familia y al entorno personal, es por lo que me daría por infinitamente satisfecho si la muerte de la Senadora Rita Barberá sirviese para que cargos públicos del PP se humanizasen y trataran a las personas como humanos y no utilizasen este luctuoso suceso político en beneficio propio para que la Prensa no se haga eco comportamientos en los que ningún representante público debe reflejarse, que, desde mi siempre personal y humilde punto de vista, no habría que llegar a la resolución judicial sino que debería ser suficiente la mera sospecha fundamentada judicialmente.

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