El mundo podría sanar

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Quien aspira a la vida comunitaria y a la unidad, quien en su vida terrenal tiene en cuenta la regla de oro para la vida de Jesús de Nazaret que dice: “No hagas a tu prójimo aquello que no te gustaría que te hicieran a ti”, no se pronunciará contra nadie, no matará ningún animal ni comerá su carne, tampoco actuará con violencia contra la Madre Tierra. Las personas que tienen esta consciencia no serán seres solitarios, sino que hasta la edad avanzada saborearán la dulzura de la vida interna y llenarán así sus días, que entonces verdaderamente estarán llenos de mucha, mucha vida.

 

No importa en qué edad nos encontremos, si nos desarrollamos espiritualmente no desaprovecharemos nada, todo lo contrario, ganaremos en fuerza vital porque vivimos. El corazón de quien en su juventud llenó su corazón con las riquezas de la vida interna, seguirá latiendo con pulso juvenil también en la vejez.

 

El mundo podría sanar si cada vez más personas aprendiesen a estar con ambos pies sobre la tierra, pero también con la cabeza y con el corazón más cerca del Cielo. Nosotros los seres humanos estamos en la tierra para aprender y para recorrer nuestro camino en esta vida, el cual nos conduce a la madurez interna y a estar alertas. El estar atento y también la sabiduría la alcanza sólo aquel que encuentra paso a paso el camino hacia la consciencia de que la vida es el tesoro de la eternidad, y que sólo el Espíritu puede iluminar al alma y mantener joven al cuerpo.

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