El perro como filosofía política

Muchos de nuestros gobernantes se reflejan en el perro para dotarse de sus colaboradores, conformando sus equipos en la falsa creencia de que el perro siempre tiene que ir atado y con bozal al no entender que un perro puede ir suelto perfectamente y ser mucho más fiable si ha adquirido unos principios en el ejercicio del adiestramiento recibido.

Yo soy de los que piensan que es mucho más fiable un perro educado y suelto que uno salvaje y que se ve abocado a ir siempre atado, en la seguridad de que el que va con collar y bozal tiende a soltarse y a descontrolarse provocando la deslealtad adquirida en el propietario en tanto que el perro adiestrado nunca se alejará del dueño al que siempre servirá con suma fidelidad y lealtad.

Lo que vengo a decir es que muchos de nuestros gobernantes, no todos por suerte para la ciudadanía, se rodean de colaboradores que única y exclusivamente necesitan su modus vivendi y que se erigen en los más conspícuos atrayentes para conocer al personaje político en toda su dimensión, en la seguridad de que lo conseguirán porque lo único que le une es lo material.

Esta conformación convierte al personaje político en un responsable gubernamental infinitamente vulnerable, ya que sus colaboradores solo se deben a lo material y en consecuencia se encuentran sometidos a los vaivenes del mejor postor. Consecuentemente, esa vulnerabilidad comienza a manifestarse por la aproximación a los potenciales adversarios políticos del responsable gubernamental y de ahí sus derivaciones hacia lo que se presupone el principio del fin.

Generalmente suelen ser personajes políticos, como habrá podido deducirse, que han conformado ese equipo de colaboradores sobre la base de lo material, en lo que no han escatimado medios porque, entre otras razones, son públicos y distribuidos a su antojo y en función de sus intereses. Pero al existir únicamente esa ligazón material, por principio, le convierte en un gobernante vulnerable ya que su equipo está sometido a los vaivenes materiales, por lo que la mal llamada traición suele producirse con suma frecuencia y en toda su dimensión en ese núcleo de colaboradores que por infinidad de razones deciden someter a este tipo de desconfiados gobernantes a una cierta tensión cuando no a su decadencia en las mil y una formas.

Y nos hallamos en la antesala de unos comicios electores, los municipales, a los que sucederán los autonómicos y si se agota el mandato los generales, en los que persistentemente se suelen posicionar los colaboradores, produciendo en algunos casos auténticos terremotos políticos. De ahí la importancia, desde mi punto de vista, que tiene la conformación de los equipos de colaboradores, si han sido elegidos por puro materialismo y su elección ha estado basada en principios, entendiendo que los primeros conforman un grupo frágil y el segundo es un cinturón compacto, inspirando paradójicamente, desde mi punto de vista, más confianza los segundos que los primeros.

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