Las cosas por su nombre: es terrorismo machista

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Dicen que las comparaciones son odiosas pero voy a recordar una que hice en un artículo publicado, hace más de cinco años, en La Voz de Almería bajo el título: “¡Hay que actuar ya! Y no queremos estar solas”, y decía lo siguiente: “En 50 años ETA ha asesinado a 829 personas y el Estado ha movilizado decenas de miles de policías y militares, ha gastado recursos inmensos, los medios de comunicación han dedicado horas y horas al tema”. Leo el artículo cinco años después y lo único que cambiaría sería el terrorífico dato de mujeres asesinadas por el terrorismo machista desde el 2003, en aquella ocasión apunté 720 y hoy desolada, porque las cifras aumentan por horas, tengo que decir que son 876 mujeres asesinadas, con toda seguridad esta cifra habrá aumentado su macabro contador cuando se publique la columna.

Y sí, digo terrorismo machista como lo escribió mi compañera Beatriz Gimeno de la Red Ecofeminista en el artículo: “Terrorismo machista. Ya basta” y que recomiendo leer por su lucidez y contundencia. El terrorismo es la forma violenta de lucha política, la creación de un clima de terror e inseguridad. Una sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. Así que, como dice Gimeno, podemos llamar terrorismo machista a la violencia de género. Los hombres asesinan porque creen que las mujeres les pertenecen. La sociedad patriarcal se ha encargado de hacérselo creer y, ellos, que ni son psicópatas ni están locos, asesinan porque se creen en el derecho de matarnos y el sistema les ampara porque no pasa nada. A veces no se nos cree, se nos cuestiona y nos culpan de la situación e, incluso, los medios en sus titulares escriben “muere una mujer” y gritamos impotentes: ¡Basta ya! Es un asesinato. ¿Es que hay asesinados/as de primera y de segunda? Sí, es triste pero así es: con cada asesinato nos salen borbotones de rabia y dolor. A mí, personalmente, se me hacen insoportables los silencios en las concentraciones de denuncia porque no sirven para nada. Ya voy con ganas de gritar ante el paripé de la clase política para la foto, sus declaraciones y su incompetencia para llevar este terrorismo a primera línea de la agenda política, convirtiéndolo con urgencia en “Cuestión de Estado”: me indigna. No hacen nada y ni son capaces de estar junto a nosotras en el anonimato, ni de dejar el protagonismo a las mujeres en un día lleno de dolor: se merecen nuestra indiferencia y repulsa en este “postureo” político. No sé si nos quedan más lágrimas por los asesinatos de nuestras amigas, vecinas, hermanas y madres. Tengo miedo de que las olvidemos, de que queden invisibles o ninguneadas. El Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) ha atendido en 2016 a 729 mujeres de agresiones y/o abusos sexuales, un 5,2 % más que el año anterior. ¿Y esto no nos alerta? No, no nos alerta en esta sociedad indolente que nos tiene indefensas con el rumbo que están imponiendo los gobiernos en políticas sociales, siguen recortándolas a la vez que premian a los bancos y a las eléctricas. ¡Basta ya! de este cinismo político que les permite que no se les caiga la cara de vergüenza detrás de las pancartas contra la violencia de género. Urge la cuestión de Estado porque si no se habían dado cuenta: nos están matando y es insoportable.

Me gustaría no tener que hablar de esto nunca más y no preguntarme más por qué. Ni yo, ni sus familias, ni seres amados. No podemos más. No queremos aguantarlo más. Ni vivir con terror, ni con miedo, ni ser propiedad de nadie. Estamos tardando en parar el país con una movilización que haga priorizar las políticas. Exigirlo de manera multitudinaria para que se entere la clase política cínica, que gobierna este país en todos los ámbitos, que no perdonaremos ni olvidaremos. Escribiremos vuestros nombres, una a una, porque no queremos que seáis olvidadas, que seáis una simple cifra en un macabro contador y recordaros con vuestra preciosa sonrisa, que nos iluminaba día a día y que os arrebató, un fatídico día, un asesino que imponía terror. Llamemos a las cosas por su nombre es: Terrorismo machista.

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